Si somos basura ¿quien nos reciclará?
Somos los cartoneros libres (no organizados en “cooperativas”)
del Conurbano que cirujean en la Ciudad de Buenos Aires. No sabemos
cuantos somos y que fuerza económica o política representamos,
pero sí sabemos que tenemos un gran peso social, porqué
de nuestra fuerza de trabajo dependen casi todas las villas del conurbano.
Tenemos las más variadas formas de trabajo (inventadas por nosotros
y no por las ONG´s), no nos conocemos todos personalmente (pero
nos reconocemos inmediatamente en la calle) y no formamos un bloque
homogéneo que se presta a fáciles clasificaciones administrativas,
análisis sociológicos o descripciones literarias y filmográficas
de tono lacrimógeno.
Hasta ahora (y por suerte) escapamos a toda definición sociológica,
posiblemente porque lo típico nuestro es lo atípico. La
comunidad nuestra tampoco es uniforme, es muy compleja y hay mucha variación,
diferenciación y pluralismo entre nosotros y esta es una de las
razones porque estamos abiertos a cualquier colaboración técnica
externa, incluso con personas provenientes de clases sociales con las
cuales estamos enfrentados en la vida diaria.
Pero
todo tiene un límite: las grandes líneas de nuestras posturas
y exigencias las definimos nosotros y no unos líderes autodeterminados
que nos ven como conejos de India de una “sociedad nueva”.
Agradecemos
a los intelectuales que dedican su precioso tiempo y su capacidad de
pensar en solitario al cartonero y a la “dignificación
de su trabajo”, su “reinsertación en la sociedad”
(gracias también por avisarnos que no pertenecemos a la misma)
y por darnos el chance de “demostrar al Estado y a la sociedad
toda que trabajamos para una Argentina mejor”.
De
estas (y otras) expresiones que constituyen citas textuales de documentos
producidos por nuestros benefactores, deducimos que la clase media,
sus empresas, su justicia y su gobierno están trabajando –
que sorpresa!- para una Argentina peor: que sea entonces la Argentina
mejor para los cartoneros y la Argentina peor para la clase media.
Tampoco representamos una “población en riesgo” o
“vulnerable” o abandonada “por la ausencia del estado”.
El estado y sus representantes de clase media siempre estuvieron presentes
en las villas donde vivimos: reprimiendo, matando, amenazando, comprando
votos, robando en instituciones públicas (como hospitales y escuelas)
etc. Todo “democráticamente” mediante una maquinaria
infernal de clientelismo que llega hasta el último pasillo.
A
pesar de la gran inhomogeneidad de nuestra formación social,
existe una lista de puntos fundamentales donde nosotros, los cartoneros,
todos coincidimos. Una de nuestras tareas futuras será volcar
estos puntos en un programa de mínimas.
Enumeremos
algunos de estos puntos ( la lista no será exhaustiva):
El
cartonero libre exige que sea él quien elige a su acopiador,
sin restricción alguna. No acepta la dependencia de un acopiador
determinado a través del tiempo. Insiste en su libertad de vender
en cada momento al mejor postor.
Sin
embargo saludaría un sistema de precios mínimos estables
garantizado por el gobierno federal y políticas que fomentan
el reciclado (por ejemplo con reglamentaciones ecológicas y limitaciones
a las importaciones de materias primas por motivos ecológicos
o estratégicos).
Comentario:
tanto en cantidad de personas como en volumen económico las cooperativas
y otras empresas sociales de reciclaje representan hoy en día
un factor despreciable en relación con los cartoneros libres.
El cartonero libre acepta su forma autónoma de trabajar que incluye
la preselección de los materiales reciclables al aire libre.
No le pide a nadie que le “dignifique su trabajo” (con guantes
que no han sido inventado todavía, con chalecos que son una ofensa
al paisaje, con carretas “ergonómicas” salidas de
una mesa de diseño y reglamentados por decreto etc).
En particular no desea cambiar su recorrido por un encierro en un galpón
(generalmente con problemas higiénicos) y por un trabajo rutinario
bajo la explotación de algún puntero o excompañero
llegado a más. No da crédito a la frecuentemente anunciada
estabilidad laboral y salarial en las cooperativas y recicladoras.
El
cartonero necesita su tiempo y esfuerzo para sobrevivir en medio de
los basurales creados por la clase media. Por esta razón, su
visión de la ecología es diferente. De un lado es consciente
de la amenaza para el medio ambiente y su propia salud que proviene
de los basurales, del otro lado no está dispuesto a someterse
a un reglamento concebido en la mesa de diseño de un grupo de
tecnócratas que sueñan con nuevas tecnologías del
reciclaje.
El cartonero ofrece su propia forma de trabajo para el reciclaje y no
quiere que nadie se le rediseñe su profesión, ni siquiera
en nombre de la “dignificación” de su actividad.
El cartonero es consciente que por el momento él es el único
actor real en Argentina que se dedica al reciclaje.
Los ONG´s ( por ejemplo Greenpeace) abundan en declaraciones de
intenciones, pero todavía no reciclaron ni un solo kilo de papel.
Por
su gran complejidad interna y su inhomogeneidad, la comunidad de los
cartoneros libres queda indiferente y hasta resistente a la ideologización
de su situación social y laboral. Jamás los cartoneros
van a seguir en bloque un alineamiento político. Tampoco van
a defender sus intereses apostando a las promesas de un determinado
partido o político. Siempre se limitarán a lo suyo dispuestos
a negociar sus intereses con el poder de turno, independientemente de
cuestiones ideológicas.
Acciones
inmediatas:
La
primera urgencia del cartonero es una ley que regula su actividad.
Para
esto hace falta una ley que regule el tratamiento de los RSU y las obligaciones
y derechos de los actores que intervienen. Por otra parte hace falta
una segunda ley que regule específicamente los aspectos sociales
y laborales de los cartoneros (organización, remuneración
para tareas de limpieza pública, salud, jubilación, escolarización
de los hijos, guarderías etc).
Cuestiones
de comercialización y capacitación y sobretodo la formación
de empresas sociales son cuestiones de segundo orden que necesitan más
tiempo y pueden esperar.
Cabe
mencionar que los cartoneros libres, por su forma de trabajar, no tienen
ningún interés primario en el tema de las empresas sociales.
Para ellos, se trata de un tema completamente ideologizado, incluso
abusado por ONG´s e instancias gubernamentales y, en sus efectos
inmediatos, marginal. En particular, el cartonero libre no espera, más
bien duda, que alguna vez habrá un cambio estructural debido
a la distribución de subsidios a particulares y pequeños
colectivos.
La Ciudad de Buenos Aires persigue actualmente una política hostil
al cartonero y a su actividad, tratando de desanimarlo en su trabajo
de recolección de residuos reciclables en el territorio municipal.
Los antecedentes y el texto final de la nueva ley Basura Cero y las
negociaciones secretas con TBA con el fin del levantamiento del Tren
Blanco pueden servir como ejemplos.
Sin
duda alguna juegan un papel fundamental los intereses económicos
de las empresas del sector que se mezclan con los intereses del sistema
partidario (Buenos Aires debe ser la única ciudad del mundo donde
una empresa basurera tiene una representación parlamentaria).
Lamentablemente no tenemos pruebas de las negociaciones detrás
de puertas cerradas que acompañan este contubernio, pero no dudamos
de su existencia.
Con
la ley Basura Cero, la Ciudad de Buenos Aires otorga un cómodo
plazo de 20 años a las empresas del sector de la basura para
prepararse para el reciclaje high tech que les aseguraría todas
las ganancias de la venta más los subsidios que les desembolsaría
el tesoro público por motivos ecológicos. Sumando los
30 años que tuvieron ya estas empresas para inventarse un sistema
de reciclaje a su medida, llegamos a 50 cómodos años de
reflexión sobre la mejor y más rentable manera de reciclar.
Si
el “espíritu empresarial” y los “conocimientos
tecnológicos” de estas empresas no alcanzaron hasta hoy
para proponer un sistema de reciclaje, como vamos a pensar que les alcanzarán
los próximos 20 años, mientras la Provincias de Buenos
Aires se convertiría por completo en un basural a cielo abierto
del consumismo de clase media de la Ciudad de Buenos Aires?
Sea
como sea, hoy en día existe una alternativa en forma de un ejercito
de cartoneros libres del Conurbano que viajan todos los días
a la Ciudad de Buenos Aires y reciclan ya 30% de la basura generada
allí. Con un mínimo esfuerzo administrativo y organizativo
(amparado por la Ley 992 “Valdés”), sería
posible que los cartoneros actuales separarían la basura compostable
de la otra (se trata de 50% de la basura) y que reciclarían todos
los metales, plásticos, envases tipo de cartón cera y
vidrios (y no solamente papel y pet).
El reciclaje en estas condiciones aumentaría inmediatamente a
80% de la basura (sumando únicamente compostables y reciclaje
actual) e implementando la infraestructura necesaria para vidrios etc.
el reciclaje podría fácilmente llegar a 90% de la basura.
Con
otras palabras, gracias a los cartoneros, la sociedad dispone de una
herramienta para alcanzar los objetivos de la ley Basura Cero en tiempo
real (y no en 20 años), mientras la ley Basura Cero existente
representa un obstáculo para este objetivo.
Un
despropósito y anacronismo como la ley Basura Cero de la Ciudad
de Buenos Aires es únicamente posible gracias a la connivencia
del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires que tolera que la Ciudad
de Buenos Aires sigue contaminando los suelos de la Provincia con una
masa creciente de basura no separada, sin limitación alguna de
tiempo o volumen (“veinte años no es nada...”).
Por
esta razón es de fundamental importancia que la proyectada ley
de “Gestión Integral de RSU” no repita a nivel provincial
los mismos errores que la ley Basura Cero de la Ciudad de Buenos Aires
y que tampoco dé lugar a los municipios de repetirlos. Tanto
en su forma jurídica (claridad, transparencia y completitud)
como en su contenido debe ser una ley ejemplar que puede ser usada para
indicar a la Ciudad de Buenos Aires en qué sentido y espíritu
la actual ley Basura Cero debe ser modificada.
Por
otra parte no es el momento de complacencia e indulgencia en temas ecológicos
y sociales: la Ciudad de Buenos Aires no solamente se desentiende por
completo de los problemas ecológicos que esta causando a la Provincia
de Buenos Aires y a sus habitantes, sino, expulsando la población
pauperizada (“polvorizada” sería mejor, pero “indigente”,
“carenciada” son unos de los epítetos en curso) a
la periferia, se desentiende también de un grave problema social.
Los cartoneros no son subasalariados que llegan todas las noches pateando
hasta la costanera de la Ciudad de Buenos Aires, sino, por lo menos
formalmente, se trata ciudadanos argentinos. Si la Ciudad de Buenos
Aires no quiere entender esto, mejor terminemos con la ficción
de la “República Argentina”.
Por
lo tanto, la proyectada ley “Gestión Integral de RSU”
debe también facultar al gobierno de la Provincia de imponer
sanciones, tomar medidas (incluyendo represalias) contra municipios
dentro y fuera de su jurisdicción que se resisten adaptarse a
las pautas de la misma.
Lidia
Quinteros
Delegada del Tren Blanco de José León Suárez
FCGBM