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Venezuela:
Por las sendas de la Revolución Bolivariana Por
Matias Maito y Patricio DeLuca Lemos
Por
las sendas de la Revolución Bolivariana
No
queremos ciertamente, que el socialismo sea en América calco
y copia.
Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida con nuestra
propia realidad,
en nuestro propio lenguaje al socialismo indo-americano.
José Carlos Mariátegui.
La
Revolución Bolivariana se nos presenta en un grado de maduración
tal que es preciso detenerse con suma atención para examinarla
con cierta precisión. No nos proponemos aquí desentrañar
en su totalidad el proceso revolucionario, sino más bien
nos contentamos con descubrir algunas de sus contradicciones y potencialidades,
asumiendo determinadas preguntas, intentando posibles respuestas.
Es
claro que el proceso revolucionario no concibe una explicación
del tipo de un producto lógico, exacto (como tantos analistas
sociales quisieran). En su defecto, el proceso no es otra cosa que
el resultado de una combinación de resistencias políticas
protagonizadas por antiguos sectores subalternos de la escena venezolana,
y que tiene como embrión y disparador los acontecimientos
del año 1989: un estallido social -el Carachazo- que por
cinco días conmovió la rutina de la sociedad venezolana.
En esa oportunidad se embotó el aguijón del neoliberalismo
en la sociedad, sus mismos marginados saltaron a la arena política
abriendo una herida ideológica que continuó con las
rebeliones militares del '92, sucedidas luego por encendidas luchas
sociales durante el resto de la década del '90; como gustaríamos
mostrar, aquella herida permanece aún abierta. Ante esta
sucesión de resistencias poco articuladas, el movimiento
engendra su panoplia, Hugo Chávez, conductor de un movimiento
y un proyecto que no se acaba en él, que busca trascenderlo.
Estamos
inventando la receta
Lejos
de los férreos dogmatismos impuestos a través de anacrónicas
y extremadamente rígidas interpretaciones de los clásicos
pensadores del socialismo decimonónico-injustamente vilipendiados,
en buena parte como consecuencia de aquellas acríticas y
nefastas lecturas-, aunque, por supuesto, nutriéndose permanentemente
de tan vastas elucidaciones teóricas; antes que la materialización
de un programa de laboratorio preconcebido, que la cristalización
de un modelo ya delineado por expertos en ciencias, el socialismo
del siglo XXI es un proyecto siempre inacabado, en constante redefinición;
que se sustenta en un constante aprendizaje y no teme volver sobre
sus pasos porque sólo responde ante sus protagonistas, sostenedores
y creadores: el pueblo, en pleno proceso de organización.
No
sería del todo osado afirmar que algo comparte con un acto
improvisado: no lo irreflexivo ni el carácter laxo de toda
improvisación, menos lo fortuito ni la escasez de preparación;
la Revolución Bolivariana posee fortísimos sustentos,
pero su libreto se escribe a la par que se realiza. Tal vez por
eso combina una serie de elementos (teóricos tanto como prácticos)
difíciles de combinar -casi impensables de combinar- para
cualquier prejuicioso analista político.
El
problema de la moral. Raíces y derivaciones
"Ahora
bien, entre los elementos que pudieran definir el socialismo del
siglo XXI yo diría que el primer rasgo es el moral"
afirma Hugo Chávez. "Hay que comenzar por ahí,
por la conciencia, por la ética. El Che escribió mucho
de la moral socialista. Desde la visión del mundo que cada
cual tenga, debemos recuperar el sentido ético de la vida.
Sin duda lo que digo tiene mucho de cristianismo: 'Amaos los unos
a los otros' o 'Ama a tu prójimo como a ti mismo'. En realidad
se trata de eso: de la solidaridad con el hermano. Luchar contra
los demonios que sembró el capitalismo: individualismo, egoísmo,
odio, privilegios. Creo que por ahí habría que comenzar.
Es un trabajo de todos los días, una tarea cultural y educativa
de largo aliento. En Venezuela hemos comenzado a debatir ese aspecto
y es muy positivo. Es
un arma en la lucha contra la corrupción, un mal que es propio
del capitalismo.
Empresas y
empresarios corrompidos, negocios oscuros, funcionarios corruptos,
movidos sólo por la ambición. Aunque también
la corrupción se ha dado en el socialismo ese fenómeno
tiene una raíz capitalista, es la ambición de riqueza.
El socialismo debe defender la ética, la generosidad. Bolívar
fue un ejemplo: abandonó todo por ser útil a su país.
Hay que recordar también a Cristo y lo que dijo al hombre
rico que quería ir al cielo: 'vende todo lo que tienes y
repártelo entre los pobres'. El hombre se puso a llorar porque
no era capaz de hacer eso. Fue entonces cuando Cristo lanzó
aquella frase 'será más fácil que un camello
entre por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los
cielos' ".
Afirma Chávez
que el primer rasgo del socialismo del siglo XXI es entonces el
moral para, inmediatamente, recuperar una serie de valores propios
del cristianismo: principalmente el mensaje de amor y hermandad
de los textos bíblicos; asimismo, rescata y alza la figura
de Jesucristo como "el primer revolucionario" de nuestra
era. La apelación al cristianismo es una apelación
a sus aspectos más humanistas, solidarios y revolucionarios,
y muy distante está de retomar aquellos elementos que históricamente
han servido a la conservación de los más retrógrados
sistemas sociales tales como la afirmación del estatismo
de todo orden social o de que toda estructura social está
-y así debe serlo- atravesada por infranqueables e inamovibles
jerarquías.
Sin embargo
-y aquí el mensaje se distancia del más tradicional
mensaje religioso- el nudo de los problemas sociales que hoy aquejan
a la humanidad no se encuentra en una hipotética esencia
humana corrompida desde sus orígenes, en una incierta naturaleza
humana ahistórica -ahistórica y, por lo tanto, inmodificable-
que lo llevan a incurrir en los peores vicios. Recibiendo una fortísima
influencia del pensamiento de Marx, afirma que el nudo tiene raíces
históricas, es decir, nació en un determinado momento
histórico, frente a determinadas circunstancias, y morirá
con el desarrollo de la historia; el nudo de los problemas es el
capitalismo, que hoy se nos presenta bajo la forma de capitalismo
neoliberal. El capitalismo genera egoísmo e individualismo,
así como también, de más está decirlo
-pero valga aclarar que las miserias no son únicamente espirituales-,
priva a la mayor parte de la humanidad de los medios necesarios
para subsistir.
Los aportes bíblicos son combinados con aquellos provenientes
de la literatura marxista así como con el pensamiento y la
historia de ciertos referentes del pasado venezolano como Simón
Bolívar confluyendo en un desarrollo teórico polémico
y original.
Articulaciones
La
historia es analizada desde un punto de vista holístico.
Si bien es fundamental distinguir la particularidad histórica
y cultural de cada sociedad para analizar las problemáticas
específicas, no debe dejarse de lado que existe una misma
matriz estructural -el capitalismo- que atraviesa la realidad de
todas las sociedades en el mundo entero. En una cumbre de presidentes
sudamericanos en Río de Janeiro Chávez sostuvo que
"no es posible salir de la miseria dentro del capitalismo".
Y así como Marx y Engels afirmaban allá por 1848 que
el desarrollo de la gran industria produce las condiciones no sólo
para la formación de una enorme clase obrera sino también
para su concentración y, por lo tanto, para la formación
de coaliciones contra la burguesía, hoy en día, en
momentos en que el capitalismo ha colonizado al mundo entero, parece
inevitable, para superar el actual momento histórico, la
integración de los pueblos -y cada vez suena más insostenible
la posibilidad de dar una solución exclusivamente nacional
a los problemas-. "No hay solución nacional para los
problemas; son globales y así debemos enfrentarlos"
declaró Chávez.
Evidentemente
la apelación a la integración de los pueblos no es
sólo retórica sino que se demuestra en la práctica
con el intento de entablar fuertes relaciones no sólo con
los países sudamericanos sino con otras naciones situadas
del otro lado del globo (intentos que actúan como modelos
urgentes hoy en día en el caso del conflicto argentino-uruguayo).
La política petrolera es un claro ejemplo de lo antedicho:
la Revolución Bolivariana ha realizado enormes avances en
la recuperación de los recursos petroleros para el pueblo
venezolano, lo que le ha valido y le vale al Estado dotarse de una
extraordinaria fuente de recursos teniendo en cuenta la alta cotización
actual del barril de crudo. Esos recursos sirven por un lado para
financiar las políticas de desarrollo social, pero por otro
lado también son utilizados estratégicamente de manera
innovadora como parte de un viejo pero muy postergado anhelo: como
afirma en una entrevista Gustavo Márquez, ministro de Estado
para la Integración y el Comercio, "el petróleo
ya no es sólo un instrumento para generar rentas, sino también
un instrumento político para promover la integración
de los pueblos". Sin embargo estos intentos por promover la
integración hasta hoy en día han sido transitados
casi exclusivamente por canales en donde los pueblos y sus organizaciones
no tienen cabida; han sido protagonizados por las dirigencias políticas
y empresariales únicamente, a través de los vínculos
diplomáticos que la legalidad y el protocolo exigen.
Aún
no se han realizado avances muy significativos al nivel de la integración
de los pueblos latinoamericanos más allá de sus cúpulas
gubernamentales.
Estos aspectos, con sus limitaciones, conviven armónicamente
con una recuperación de la historia nacional y de los héroes
nacionales, de la simbología así como de las epopeyas
independentistas y revolucionarias. La Revolución Bolivariana
intentaría continuar y profundizar un ciclo de luchas abierto
varios siglos antes.
"Bolívar y Sucre hicieron algo grande, cumplieron la
primera etapa de la jornada. Luego vino el frío, se congeló
todo, y luego la resurrección y aquí estamos nosotros,
pero en la misma larga batalla" afirma Chávez. La historia
de Venezuela -así como la de todos los países de la
Patria Grande que soñó Bolívar- es la de una
emancipación siempre incompleta, que comenzó con las
rebeliones indígenas, prosiguió con la gesta por la
independencia y continuó durante el resto del siglo XIX,
durante el siglo XX y aun hoy en las luchas contra las oligarquías,
las luchas antiimperialistas y anticapitalistas. Aquí no
se traza un hilo histórico entre una "primera independencia
política" y una "segunda independencia económica
en tránsito", procesos pura y exclusivamente nacionales
y despojados de todo conflicto de clase en su interior; la continuidad
se centra en las luchas de los oprimidos por despojarse del dominio
establecido desde dentro y desde afuera. La Revolución Bolivariana
es un intento por articular las luchas locales, las nacionales y
las globales.
Democracia
revolucionaria y socialismo del siglo XXI
"Estamos
en una transición y como decía Gramsci, que muera
lo que tiene que morir y que nazca lo que tiene que nacer. Una transición
que me atrevo a llamar 'democracia revolucionaria', (
) Es
una fase de transición hacia el socialismo". Según
el comandante Chávez, la Revolución está transitando
el camino hacia el socialismo, pero aún se encuentra en una
etapa anterior: la democracia revolucionaria. Lo original del proyecto
es que el camino no está ya delineado, y el socialismo -horizonte
máximo de la Revolución- tampoco es un estadío
que se conozca con exacta precisión. Tal vez la sentencia
de Simón Rodríguez -maestro de Bolívar y uno
de los máximos referentes del proceso- sea la que mejor explique
este aspecto: "O inventamos o erramos" afirmó.
Tomando las enseñanzas de su maestro, el mismo Bolívar
insistió en la necesidad de desarrollar esquemas analíticos
y políticos diferentes de los esbozados por los pensadores
europeos -ambientados en y orientados hacia su propia coyuntura-.
Bolívar resaltaba la importancia de estudiar la especificidad
de la situación americana para después diseñar
un modelo acorde a aquella.
La
Revolución Bolivariana está inventando pues el camino
al socialismo, pero todavía se debate en su interioridad.
Nos encontramos con una muy variada gama de fuerzas (partidos políticos,
organizaciones populares, burocracia estatal) que sustentan el proceso,
pero entre quienes existe una tensión todavía irresuelta
que en algún momento deberá terminar de dirimirse.
Por un lado hallamos un típico Estado elefantiásico
latinoamericano: de inconcebibles estructuras y ocupado por una
burocracia con un alarmante grado de corrupción, que pelea
constantemente por auto-perpetuarse en su posición. Esta
burocracia es un clarísimo obstáculo para la aplicación
de las políticas de desarrollo, para la democratización
del poder y para la profundización del proceso. El presidente
parece ser muy conciente de esto y, justamente teniendo en cuenta
aquello, está insistiendo en la formación de una especie
de burocracia "paralela", diferente en su composición
así como en su estructuración, más cercana
a las necesidades del pueblo, más cercana a la autogestión
popular. Modesto Emilio Guerrero nos brinda una clave para desentrañar
las nuevas estrategias políticas que aspiran a que la sociedad
logre desembarazarse de la tutela burocrática; en ese sentido
afirma que sin las organizaciones populares "no era posible
la aplicación de las nuevas políticas públicas".
Aquellas, "sin separarse físicamente de sus comunidades
han sostenido también la aplicación de los planes
de desarrollo social (las Misiones), ya que era imposible hacerlo
desde los organismos ejecutores oficiales, los Ministerios. Como
me dijo una profesora, coordinadora de la Misión Robinson,
'si hubiéramos esperado a que desde el Ministerio de Educación
se apliquen las misiones Robinson, Ricaurte o Ribas, ya habrían
tumbado al presidente varias veces' ". Las Misiones constituyen
uno de los ejes fundamentales de la Revolución y dichas planes
de desarrollo no pasan por los tentáculos de la vieja burocracia
estatal sino que son gestionados por otros canales. Esta cuestión
da cuenta de los conflictos irresueltos dentro del mismo Estado.
Por
otra parte, el presidente Chávez se apoya en una serie de
partidos políticos (entre ellos el de mayor renombre es el
MVR -Movimiento Quinta República-) cuya estructuración
y modus operandi poco tienen que envidiarle a los viejos aparatos
políticos -hoy casi desaparecidos o transformados- que sostuvieron
la aplicación de las más salvajes políticas
neoliberales (el proyecto que en teoría defiende el MVR y
los demás partidos que apoyan al presidente sí es
radicalmente diferente del de los anteriores).
En la vanguardia de la Revolución se encuentran las organizaciones
populares: pugnando por la profundización de aquella, incentivando
el ya no tan incipiente pero aún insuficiente proceso de
organización popular, buscando estimular con un mayor grado
de intensidad el "empoderamiento" del pueblo, explorando
y recorriendo las vías de la "democracia participativa
y protagónica". "Estamos acorralando al Estado"
me dijo un militante de la Revolución, la frase resume la
potencialidad y el conflicto; las nuevas organizaciones se están
disputando el lugar con la vieja burocracia y los partidos políticos.
Estas han mostrado un crecimiento importantísimo estos últimos
años (sobre todo a partir del año 2002, año
del golpe de Estado -momento que marca un antes y un después
en el proceso revolucionario-) y contienen, como afirma Modesto
Emilio Guerrero, "lo creativo, rozagante y dinámico
de lo naciente, junto con una inmadurez en programa, tradición
y teoría".
El
dilema es entonces "acorralar" al Estado o estancar el
proceso dejándolo a la buena de las estructuras partidarias
que lo sostienen (estructuras que anidan los mismos viejos vicios
de los anteriores partidos) y delegándolo a la corrompida
burocracia estatal de la que la Revolución no ha logrado
todavía emanciparse. El mismo Chávez debe mediar ahí.
El "infiltrado" del pueblo en el Estado -como a algunos
les gusta llamarlo- es muy conciente de esta pugna al interior de
las fuerzas que mencionamos y de la enorme dificultad que implica
deshacerse de las viejas estructuras, más aún cuando
los nuevos movimientos populares no se encuentran aún lo
suficientemente maduros como para cargar sobre sus espaldas todo
el peso del proceso revolucionario.
Si
bien el propio Estado -sectores de él, para ser más
precisos- han fomentado y fomentan con creces el proceso de "empoderamiento"
del pueblo, aquel se encuentra todavía recorriendo sus primeros
pasos (no está de más aclarar que otra de las diferencias
fundamentales respecto de los clásicos populismos latinoamericanos
es que se respeta como un valor fundamental la autonomía
de las organizaciones, exentas de cualquier tipo de control externo,
burocrático o sindical, aunque la relación entre estas
y el Estado -además de ser ciertamente asimétrica
debido a la diferencia de recursos con los que cada uno cuenta-
no está libre de tensiones).
La
Revolución es un proceso siempre inacabado, sostenido por
una serie de fuerzas ideológicamente heterogéneas
y con intereses muy disímiles; en Venezuela se está
con la Revolución o contra ella, pero el proceso en su interioridad
no tiene un rumbo definido porque ahí mismo hay un conflicto
no resuelto. El alcalde de un municipio afirmó hace poco
que "el socialismo del siglo XXI es que la gente sea capaz
de gobernarse a sí misma". Tal vez la sentencia condense
la mayor potencialidad de los cambios que hoy se viven por aquellas
tierras, pero debemos capacitarnos para gobernarnos a nosotros mismos,
debemos dotarnos de recursos -ideológicos y materiales- y
debemos ser concientes de que el conflicto no es únicamente
hacia afuera, frente a las clases pudientes -acérrimas opositoras
del proyecto bolivariano- y frente al imperialismo; fundamentalmente
debe resolverse una batalla, al interior de lo que llamamos -con
un grado de generalidad muy alto- "fuerzas revolucionarias":
la que separa a quienes por diferentes motivos intentan estancar
el proceso, y a quienes abogan por su profundización, por
el camino de la democracia participativa y protagónica, acorralando
al Estado, para que la figura del propio Chávez -hoy vital
e indispensable sostén del movimiento- pueda ser finalmente
prescindible o al menos logre poder pasar a un segundo plano sin
mayores peligros para el tránsito de la Revolución,
porque en ese caso será la sociedad organizada quien, habiéndose
desprendido de la celosa tutela del Estado, tenga en sus manos la
construcción de una realidad fuera del capitalismo. En ese
momento recién hablaremos de socialismo.
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