Bolivia: El desempate Por Leandro Gamallo

El 22 de enero último, día de la asunción del nuevo gobierno boliviano, el ahora vicepresidente y sociólogo Álvaro García Linera sentenció en su discurso: Bolivia vivió años de "empate catastrófico entre lo viejo que no acababa de morir y entre lo nuevo que no acababa de nacer"(1). ¿A qué se refiere García Linera con este "empate catastrófico"?

Antonio Gramsci habla de empate hegemónico para mencionar la imposibilidad de una fracción burguesa de imponerse sobre la otra, lo cual significa, por lo mismo, una crisis de hegemonía o la crisis del Estado en su conjunto. Pero, ¿cuáles son las fuerzas oscuras que "no dejan gobernar"(2)? ¿Cuáles son las fuerzas que no habían logrado sacarse ventajas hasta hace unos meses para imponerse al resto de la sociedad produciendo una verdadera crisis política y de gobernabilidad?

La primera fuerza a la que hace referencia García Linera actúa en las regiones de Santa Cruz y Tarija y la conforman El Comité Cívico, La Federación de Empresarios y La Cámara de Empresarios de Santa Cruz. Los mismos representan a los sectores económicamente más poderosos de Bolivia que quieren traducir su poder económico en liderazgo político. Estas fracciones encarnan a las multinacionales y a las elites blancas de las ricas regiones petroleras y gasíferas mencionadas. Desde 1985, con las reformas liberales instauradas por la Nueva Política Económica mediante el decreto 21.060 de Víctor Paz Estenssoro (privatización de minas, telecomunicaciones, transporte aéreo y ferroviario, agua y electricidad así como de los sectores petroleros y gasíferos) esa fracción social viene gobernando ininterrumpidamente a través de gobiernos de derecha y de "izquierda". El crecimiento sostenido de la economía cruceña desde la aplicación de las reformas es la mejor prueba de que esas políticas fueron funcionales a un modelo ligado a la inversión extranjera y a los mercados internacionales. En la actualidad, el reclamo permanente de los cruceños es el de Autonomía, puesto que dicha fracción de clase, al no poder erigirse como un proyecto hegemónico para toda Bolivia, aspira a controlar férreamente su riqueza y desde ahí presionar al poder central. Imponiendo su autonomía, Santa Cruz, rica en agroindustria, explotación maderera y gas, se asegura la posibilidad de poder competir con el poder político del altiplano occidental.

¿Cuál es, pues, ese poder político que amenaza la hegemonía oriental obtenida durante lustros?

Con los años, un nuevo movimiento social emergió desde el seno de la sociedad civil para contrarrestar aquella supremacía: los movimientos sociales indígenas. Nos encontramos aquí con la segunda de las fuerzas a la que hacía referencia García Linera. Siendo el 62% de la población(3), la historia de los pueblos indígenas bolivianos (y del continente) está atravesada por exterminios, explotación, humillación e inclusión parcial a la estructura e identidad nacionales. Habiendo obtenido la mayoría de los derechos civiles y políticos en 1952 con la Revolución de Paz Estenssoro (el mismo que inició las reformas liberales en 1985), el pueblo indígena recién se hizo cargo de estos derechos en los últimos años provocando un verdadero desborde democrático de la sociedad sobre las instituciones de exclusión y dominio prevalecientes. Como nunca, el indígena ha tomado conciencia de que es un sujeto político de transformación, de que es una fuerza social de interpelación al Estado y, por sobre todo, de que esto (y sólo esto) es la herramienta de liberación e inclusión social por siglos postergada. En este sentido, Bolivia está viviendo una verdadera revolución democrática en el significado más estricto del término: por primera vez, el indígena como ciudadano, tomando conciencia como tal, y haciendo ejercicio pleno de su ciudadanía exige al Estado el reconocimiento de sus derechos cívicos, políticos y sociales. Con esta inédita ampliación de lo político, los movimientos sociales indígenas están introduciendo un profundo proceso de igualación sustantiva de la población superando la discriminación sufrida durante siglos, (el MAS es uno de los primeros partidos en depositar en el Congreso a cholas, mineros, campesinos, cocaleros y otros sectores sociales históricamente excluidos de la arena política boliviana).

Como puede verse, las fuerzas enfrentadas en Bolivia actualmente no son sólo políticas, sino que abarcan además un plano étnico, cultural, geográfico e histórico. Paradójicamente, y esta vez producto de dichas diferencias culturales históricas, hay movimientos e intelectuales indígenas que también propugnan el autonomismo. Sin embargo, estos intelectuales no logran ubicar al sujeto económico que podría sostener al "país indígena". En las zonas rurales el 80% de la población tiene sus necesidades básicas insatisfechas y el régimen de producción se encuentra reducido a pequeños minifundios de escasa productividad.

Ante esto se halla el MAS (Movimiento al Socialismo), una coalición flexible de múltiples movimientos sociales indígenas y no indígenas, rurales y urbanos, laborales gremiales y campesinos que han expandido al ámbito parlamentario y estatal sus esfuerzos de movilización. En esta lucha en y por el Estado, las fuerzas del MAS se encaminarán a la puesta en marcha de un nuevo modelo económico que el propio Álvaro García Linera ha denominado "capitalismo andino-amazónico. Es decir, la construcción de un Estado fuerte, que regule la expansión de la economía industrial, extraiga sus excedentes y los transfiera al ámbito comunitario para potenciar formas de autoorganización y de desarrollo mercantil propiamente andino amazónico"(4). Según García Linera hay dos razones que no permiten visualizar, en el corto plazo, la posibilidad de un régimen socialista en Bolivia: la inexistencia de un proletariado y le debilidad del potencial comunitarista agrario y urbano.

En suma, hoy esta segunda fuerza parece haber desnivelado la pugna social a su favor. El MAS tiene mayoría en ambas cámaras, la gobernación de dos departamentos y, lo más importante, el apoyo (para nada incondicional) de las bases sociales indígenas. Es ésta su mayor fuerza pero también su mayor amenaza: la independencia de los movimientos asegura que, de no cumplir con lo prometido, el gobierno de Evo tendrá que vérselas con ellos tal como sus antecesores.

Habrá que ver si el MAS tendrá la voluntad política y será capaz, dentro de la organización política representativa burguesa, de convertir sus históricas y particulares demandas en una "estructura normativa general que consolide un rediseño estatal que, de darse, será muy distinto a todos los tipos de Estados republicanos conocidos hasta hoy"(5).

1 Diario La Prensa 23/01/2006
2 Palabras del entonces presidente Mesa extraídas del periódico Los tiempos de Cochabamba el 10/01/2005
3 Censo Nacional de 2001, Instituto Nacional de Estadísticas de Bolivia
4 Álvaro García Linera, Le Monde Diplomatique: revolución democrática en Bolivia. Enero de 2006
5 Álvaro García Linera, Le Monde Diplomatiqe: Bolivia, un laboratorio de inclusión democrática. Julio de 2005


   
 
 
 
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