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Argentina:
Algunos apuntes sobre la realidad nacional
Por Ezequiel Gamarra
Si
el lector observara los periódicos editados en los últimos
seis meses, notaria un tema constante, que hasta el momento se ha
mostrado como el causante de uno de los mayores dolores de cabeza
del gobierno: la escalada permanente de los precios, es decir, la
inflación. Alrededor de este tema se han esgrimido múltiples
conjeturas, sobre sus causas y consecuencias, pero lo que parece
generar mayor polémica es la política oficial hacia
el tema. Desde que comenzó a implementarse la política
de control de precios, no ha dejado de tensarse la cuerda entra
el gobierno de Nestor Kirchner y el capital mas concentrado radicado
en el país, pero específicamente ha sido la ultima
medida tomada por este ultimo la que ha desatado el torbellino.
Hace pocas semanas el gobierno tomó la decisión de
suspender las exportaciones de carnes por 180 días, a fin
de empujar hacia la baja los precios del producto. Esta medida no
sólo va en contra de los principios básicos de la
economía de mercado, principios que el gobierno sostiene,
sino que representa un durísimo golpe a los intereses del
capital ligado al campo y a la exportación agropecuaria,
hoy por hoy, la principal actividad económica.
Ciertamente
la medida ha sido recibida con euforia por ciertos sectores de la
"progresia" argentina, pero ya nos hemos referido a la
supuesta filiación "izquierdista" de la gestión
K y aquí no volveremos a repetirlo, a estas alturas de los
acontecimientos, insistir con la fábula del sujeto-presidente
que logró burlar a la "corporación política"
y llego para gobernar en favor de los desposeídos es una
quimera que sólo se le podría ocurrir a la siempre
trasnochada centro izquierda argentina y la no menos trasnochada
derecha resentida.
Nos centraremos en otro punto, porque la cuestión de los
precios nos viene a develar aspectos mucho más profundos,
nos muestra que es lo que significa el termino "estado burgués"
en un sentido fuerte, y nos permite ver como es la compleja e intrincada
relación que el gobierno mantiene con las clases dominantes,
y en especial ver como lo que parece ruptura, en si forma parte
de la racionalidad del propio Estado y de lo que el kirchnerismo
representa como fuerza política.
"El
comité de administración"
En
escritos anteriores ya habíamos sentado lo que para nosotros
representa el kirchnerismo como fenómeno político,
pero se hace muy oportuno recordar brevemente aquí este punto.
La crisis de la convertibilidad modificó sustancialmente
las relaciones de fuerza al interior de las clases dominantes, fracciones
del capital que hasta entonces habían permanecido subordinadas
en las relaciones de poder, emergieron como la nueva fracción
fundamental. Nos referimos a los grupos del capital mas concentrados
de la industria y el campo, grupos de fuerte inserción exportadora
y profundamente penetrados por el capital extranjero. Este nuevo
reordenamiento de la gran burguesía, ahora bajo la égida
de la "fábrica" y la "estancia", es el
principal responsable de este "nuevo" modelo económico
y encuentran en el kirchnerismo su expresión política
más acabada. Nicos Poulantzas utilizaba el termino Bloque
de Poder (que aquí hemos tomado prestado) para definir este
tipo de fuerza social: el conjunto de las fracciones del capital
bajo la égida de la fracción hegemónica. Pero
este filósofo hacia una aclaración muy importante:
la burguesía es tan heterogénea como contradictoria,
dicho bloque de poder dista mucho de ser una convivencia pacífica,
más bien la burguesía tiende a desgastarse en luchas
intestinas, ya que el botín es la renta socialmente producida
por el trabajo. En este sentido al modificarse las relaciones de
fuerza al interior del bloque cambian las necesidades político-estructurales
del mismo. Es así que desde las principales usinas de pensamiento
del capital, como pueden ser los coloquios de IDEA o la conferencia
industrial argentina, se han hecho múltiples vindicaciones
cagadas de retórica, donde trasluce la línea que pretende
conformar un nuevo "bloque de poder" donde estos grupos
puedan subordinar al resto de las fracciones del capital e incluso
a sectores del movimiento obrero, a fin de logran imponer un programa
a largo plazo sustancialmente distinto al programado en los 90,
aunque con sus mismos efectos sobre la sociedad.
Ahora
bien, necesariamente las estructuras materiales son la materia prima
de la cual se nutre el ámbito político, el Estado,
tanto el de Kirchner como el de sus antecesores, necesariamente
debe garantizar la reproducción de determinado "modelo"
de acumulación capitalista dado que son expresiones políticas
de poderes "económicos" (la distinción es
puramente analítica, sabemos perfectamente no tiene realidad
empírica), pero auque tenga su cuota de realidad seria un
error pensar que el presidente Kirchner y su gobierno es un mero
lacayo del capital, es mucho más que eso. Si el presidente
y su gabinete ubieran atendido los intereses inmediatos de las fracciones
del capital al cual representa, el sistema hubiera estallado por
los aires en tres meses.
A
qué nos referimos con esto, la burguesía argentina,
como toda burguesía, tiene una fuerte tendencia autodestructiva
(aunque también tiene un agudo instinto de supervivencia).
Los intereses que se manejan dentro de este "Bloque de poder"
no son para nada homogéneos, sino mas bien profundamente
contradictorios, la Unión Industrial Argentina (U.I.A) no
para de pedir protección y subsidios, es por ello que apoya
las retenciones a las exportaciones, la legendaria Sociedad Rural
Argentina (S.R.A.) los aborrece, y dispara tanto contra el gobierno
como contra la U.I.A. A esto se suman la mediana empresa y la C.G.T.
a golpear a estas dos y dar su apoyo al gobierno., por no mencionar
las "preocupadas" declaraciones de la banca internacional
y local deseosas de recuperar sus otrora jugosas tasas de ganancia.
Si nos situamos en el degradado contexto social argentino, es sencillo
denotar que como toda situación de pobreza, exclusión
y desgarramiento social, veremos que es un verdadero caldo de cultivo
para los estallidos sociales, de seguir la suba de los precios,
por ejemplo, ¿Cuántos trabajadores serian arrojados
a una miseria, mayor aun de la que ya padecen? ¿Cuánto
podría durar este frágil "consenso" que
el gobierno a construido"? Necesariamente el gobierno debe
tratar de contener la pobreza o tomar alguna que otra medida de
coyuntura a favor de la sociedad. El estado debe garantizar la reproducción
de sistema, y hacerle caso al interés inmediato de la burguesía
es sinónimo de firmarle carta de defunción. Hegel
planteaba el Estado es la realización de la racionalidad
universal, pero como bien lo aclaraba Marx, el estado burgués
realiza la razón universal de la burguesía, en otras
palabras, el gobierno debe lidiar con el interés inmediato
del Bloque de poder y su interés general, no puede ni satisfacerlos
a todos ni satisfacerlos del todo, en si, debe proteger al Capital
de si mismo.
"Los
negocios comunes"
Ciertamente, las luchas inter burguesas son fuertes y virulentas,
el botín lo amerita, pero al introducir en la relación
de poder a la clase trabajadora, el conjunto de los sectores dominantes
cierran filas, es la única situación donde el Bloque
de Poder abandona las pujas internas para defender su interés
de "clase". El gobierno ha sido testigo de verdaderos
soliloquios del capital contra su tímida política
de ajustes salariales vía decreto ejecutivo. Después
de la debacle social del 2001, la economía argentina viene
mostrando importantes indicadores de crecimiento, situación
que condujo a los trabajadores a presionar en pos de mejoras salariales,
que en algunos casos se resolvió mediante la organización
legal sindical y en otras fueron desbordadas las conducciones por
las organizaciones de base de los obreros. En este sentido, según
los datos ofrecidos por el ministerio de trabajo, en todo el 2005
se homologaron 572 acuerdos y convenios colectivos entre capital
y trabajo. La cifra fue un 64% mas elevada que en el 2004 y parece
ser una tendencia.
Sabemos
perfectamente que la distribución del ingreso en el país
viene en picada ya desde la segunde mitad de la década del
50 (tendencia que ha sido mundial), en el año 1954 los asalariados
disponían de mas del 50% del producto bruto, en el 2004,
su participación no llegaba al 24% y sigue en caída.
Necesariamente hay razones mayores que la codicia para que la burguesía
no ceda un centímetro en esta cuestión. El actual
modelo argentino basado en la exportación de bienes primarios,
tiene una deficiencia estructural severa, los capitales locales
no se encuentran en condiciones "materiales" para competir
en los mercados externos, es decir, posee un notable atraso técnico-tecnológico,
es por ello que busca ganar competitividad a base de precios, de
ahí la devaluación, pero también baja los precios
abaratando los costos, en especial los laborales. El dato central
del modelo argentino es que para poder reproducirse, necesariamente
de sobre explotar a la mano de obra, mediante salarios magros y
extensión de la jornada de trabajo.
Aquí
es donde al gobierno se le presente la misma diatriba que en la
cuestión de los precios. Por un lado tiene a una depauperada
sociedad que ya no podría tolerar exclusiones mayores y por
otro al Bloque de Poder, del cual es expresión política,
obstinado en no proceder a la más mínima distribución
del ingreso. La pregunta es ¿Cómo garantizar el "orden"
en un país con un sistema que permanentemente desgarra el
tejido social? Hasta el momento, el gobierno a tenido éxito,
ha logrado mantener bajo control la protesta social, a cooptado
a sectores importantes de la clase trabajadora ocupada y desocupada,
y sus "distribuciones" del ingreso no afectan la estructura
central de "modelo", dado que este proceso de recomposición
salarial, digamos natural en una fase ascendente de la economía,
lejos de revertir la situación de desigualdad y marginación
de las masas trabajadoras, la viene a consolidar.
La
situación es verdaderamente contradictora, porque nos encontramos
inmersos en un agudo proceso de concentración y centralización
del capital (repetimos, que es global), de ahí la aguda lucha
ínter burguesa, proceso que tiene como dinámica la
acumulación cada vez mayor de las riquezas nacionales. Pero
por otro lado, el gobierno necesariamente tiene que frenar o intentar
revertir la exclusión social, de lo contrario no puede garantizar
la estabilidad del sistema. Es sencillo notar lo contradictorio,
porque el gobierno del estado casi no tiene márgen para realizar
esta tarea dado que el propio "modelo" que sostiene no
arroja márgenes para ello. Hasta ahora lo ha logrado, no
obstante el consenso es precario, y necesariamente lo va a ser.
Algunas
reflexiones finales
Tal
vez el dato más notorio acerca del Kirchnerismo como fenómeno
político es que esta logrando (al menos hasta el momento),
reconstruir con sorprendente habilidad un Estado Burgués
propiamente dicho, y no porque anteriormente no existiera, sino
porque los mandatarios anteriores no tuvieron la capacidad que tiene
este gobierno para garantizar las condiciones de reproducción
que un modelo capitalista requiere. En las décadas anteriores
se recurrió al saqueo indiscriminado de la riqueza social,
el resultado: el 19 y 20 de diciembre. Este gobierno es mucho mas
hábil, sabe donde detenerse, sabe donde avanzar, esto es
lo que lo hace ser mucho mas útil al capital (mas allá
que este no lo advierta) que el "cómplice" que
tenían en los 90.
Un
escenario semejante debería marcar estrategias mucho más
inteligentes que las que se vienen llevando a cabo, porque una vez
mas, la burguesía va un paso delante nuestro, y este no es
el punto donde se lanzan clamores a la organización popular,
ya lo hemos hecho en un sinnúmero de oportunidades no lo
repetiremos, todos ya estamos absolutamente convencidos de su imperativa
urgencia. Pero si debemos comenzar a profundizar ciertas discusiones,
porque es una realidad que en este momento estamos yendo a la cola
de los acontecimientos. Pero no hay que confundirse, una fuerza
popular no debe ser oposición (solo al principio se lo es)
debe ser alternativa de poder. Porque es una completa verdad que
el factor central, para que este sistema pueda cuadrar, es la completa
pasividad popular. En otros tiempos el capitalismo podía
metabolizar a sectores combativos, porque podía ceder, hoy
tal es el impulso de la concentración y centralización
del capital que no puede ni plantearse esa posibilidad. De ahí
la desesperación del gobierno ante el más mínimo
indicio del desmadre de cualquier conflicto. El estadio actual del
capitalismo global, del cual nuestro país es expresión,
está llevando a contradicciones cada vez más agudas,
cada vez más insoportables, y desgraciadamente no sólo
no hay fuerza popular capaz de aprovechar las contradicciones sino
que no hay siquiera quien las discuta. Ya es momento de empezar
a ejecutar eso que pensamos, eso que decimos, porque sinceramente,
no tenemos otra opción.

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