El mito de Osiris

 

 

 

 El mito de la "muerte y resurrección de Osiris" fue un hecho capital de la antigua religión egipcia, una idea moral que la convirtió en una religión de salvación. Según el mito (como se lo entendía durante el Reino Nuevo), Osiris es asesinado por Set y desde ese momento el mundo creado se encontró amenazado por el caos. Isis, la del amor infinito, logró por medios mágicos devolverle la vida a su amado en forma parcial, ya que nunca consigue reconstituir su fuerza creadora, simbolizada por el sexo del dios. Osiris mutilado es incapaz de asegurar el triunfo del bien, sólo Atum es capaz de controlar el caos porque guarda en sí el principio creador (Ra). Osiris en un impulso hace un llamamiento a Ra. Ambas deidades se confundieron en un abrazo, y a Osiris, aún sin haber recobrado su sexo, le es devuelta toda su fuerza creadora. De este modo Osiris ha hecho triunfar definitivamente el bien, puesto que desde ese momento en adelante Osiris unido a Ra participará del principio creador del mundo. Ha resucitado y vivirá eternamente en el divino reino de Occidente donde es Rey y Juez supremo.

 Debido a este hecho, el culto osiríaco y el solar se unieron constituyendo una única divinidad. Desde entonces el principio del bien, Osiris, se encuentra unido de forma inseparable al principio creador Ra. Como el alma del hombre es asimilada a Osiris después de la muerte, es necesario que haya practicado el bien para poder alcanzar la vida eterna. Pero para que el alma no sucumba ante el mal debe seguir el ejemplo de Isis: practicar el amor al bien, es decir, abandonarse al amor de Dios. También es preciso volverse a Dios para suplicar su ayuda, esto es, tener fe en el Creador Supremo; y practicar, preservar y obedecer a su hija Maat. Sólo después de haber cumplido estos requisitos el alma justificada -al igual que la de Osiris- se unirá a la del Ra para participar de la unidad de Dios.

  Cada año en la ciudad santa de Abidos se representaba el drama de la muerte y resurrección de Osiris, donde eran revividos varios episodios de la vida, muerte y resurrección del dios. En la obra el papel del dios era representado por una estatua de madera de tamaño natural adornada con oro y piedras preciosas. El papel de Horus solía ser representado por el rey en persona, pero algunas veces el monarca lo delegaba a algún funcionario importante. Los otros papeles eran repartidos entre los sacerdotes y las sacerdotisas. Las diosas Isis y Neftis eran representadas por sacerdotisas consagradas al culto de Isis desde la niñez. Las sacerdotisas se preparaban durante largo tiempo para poder entonar los himnos religiosos durante la representación de los misterios. El pueblo podía presenciar la búsqueda del cuerpo de Osiris que tenía lugar a orillas de un canal en donde se suponía el dios había muerto. Las sacerdotisas que tomaban el lugar de Isis y Neftis se soltaban el cabello y se manchaban el rostro y las ropas con fango como símbolo de dolor. Así corrían a lo largo del canal buscando el cuerpo de su hermano asesinado, el que finalmente encontraban a un lado del canal. Acto seguido las diosas congojadas entonaban juntas el "Lamento de Isis y Neftis" donde intentan volver a Osiris a la vida. Los gritos y sollozos del pueblo, que se dolía ante la muerte de su señor Osiris, acompañan a las diosas.

 El culto de Osiris les aconseja a los hombres que consagren su vida al bien, porque éste es el requisito indispensable para ganar la vida eterna. De esta forma, la religión se convierte en la guía del pueblo egipcio sobre el que influirá cada vez más. En la antigüedad los hombres comenzaron a iniciarse en los "Misterios de Osiris" con el deseo de conocer la verdad que se oculta bajo el mito. La concepción de Dios continuó espiritualizándose, creando la desventaja de no poder llegar a todos los estratos de la sociedad por igual. En las capas más intelectuales de la población egipcia el culto es puramente espiritual. Para alcanzar la vida eterna no es de importancia la sepultura que le sea destinada al difunto; sólo una vida dedicada al bien asegura la vida eterna. Por consiguiente, no importa si el cuerpo se encuentra enterrado y olvidado en al arena o momificado en un magnífico mausoleo, sólo importa la pureza de la vida que el difunto ha llevado. En cambio los hombres de condición social más humilde que no comprendían los símbolos religiosos, les dieron a éstos un sentido real y entendieron los mitos como verídicos. Adoraron a Osiris bajo su expresión mitológica con un fervor cada vez mayor. En cuanto a la vida de ultratumba, lo importante es creer en ella y saber que le aguarda a los que son conscientes de practicar el bien en su vida diaria; pudiendo el hombre basarse en la teología o en la mitología para llegar a comprender la vida futura.

 

 

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