El Valle de los Reyes

 

Los enterramientos del Valle de los Reyes están proyectados siguiendo una planificación precisa que obedece a un sentir marcadamente religioso:

 Un primer eje permite la entrada de la luz, lo que indica un simbolismo solar.

 El segundo eje permanece en la oscuridad, es ctónico y guarda una estrecha conexión con la Duat, el mundo subterráneo, territorio que el difunto deberá atravesar tras su muerte para poder llegar a su meta: su vida póstuma en el Más Allá. Un tercer eje está marcado por los techos, adornados con motivos estelares, es el eje celeste tan importante como los dos primeros. Precisamente estas distribuciones mágicas determinan los textos religiosos que han de inscribirse en el interior de las tumbas

La orientación del enterramiento también constituyó un factor importante. Es por ello que, en teoría, la entrada debía estar situada en el Sur y la Sala del Sarcófago al Norte. Sin embargo, los obreros no siempre pudieron seguir esta orientación debido a fallas en el terreno y a zonas de mala calidad en la montaña. Por ello en los muros del foso, se horadaban cuatro nichos y en ellos se depositaban cuatro ladrillos mágicos que tenían una función protectora. Estos estaban relacionados con los cuatro hijos de Horus (Amset, Hapi, Duamutef y Kebehsenuf) y con los puntos cardinales. Mediante su inclusión se conseguía una orientación mágica, no siendo necesario que la orientación real se llevara a la práctica. La decoración guarda una perfecta simetría axial

 


Un enterramiento tipo de comienzos del Reino Nuevo consiste en lo siguiente: una montaña de lascas y piedras esconden una puerta de madera de cedro o adobe que da entrada a la tumba y otras puertas similares separan las distintas partes del enterramiento. Tras la primera puerta, unas escaleras o una rampa descendente conduce a un corredor en pendiente excavado en la roca e interrumpido por una o varias salas que a veces tienen pilares trabajados en la montaña. El corredor se divide en un número variable de pasillos, de dos a cuatro, según la tumba.

Precediendo a la antecámara encontramos un pozo cuya función consistía en dificultar las posibles profanaciones e impedir, dentro de lo posible, la entrada de agua a la parte principal de la tumba en las tormentas. Algunos autores son de la opinión que este pozo, además, podía tener cierta simbología religiosa, relacionada con las aguas maternas donde se forma un nuevo ser y donde se produce el renacimiento en el comienzo de los tiempos, según la cosmogonía egipcia.

 


Al fondo de la tumba encontramos la antecámara y la cámara del sarcófago. La Cámara del Sarcófago es la que acoge el cuerpo del rey en el momento de su entierro, la zona más importante del hipogeo.

observando la arquitectura general de las tumbas reales tebanas no es difícil adivinar que el eje del enterramiento fue variando con el transcurso del tiempo. A grandes rasgos, existen momentos cruciales que debemos destacar: la primera tumba del valle, la de la reina Hatshepsut tiene el corredor en arco, algo que no volverá a repetirse. Años más tarde, bajo Amenhotep II el eje se transforma haciendo un recorrido en escuadra. Este eje se romperá al menos dos veces durante el Reino Nuevo: durante los reinados de Thutmes IV y Amenhotep III. A partir de Horemheb, sufre una modificación más: se hace totalmente recto y sin recodos. Este es el tipo que ha dado nombre a hipogeo o siringa cuya traducción es "tubo de flauta". Esta regla se rompe sólo dos veces: con los faraones Ramsés II y III.
Algo similar ocurre con las salas y almacenes que forman la tumba. Estos también sufren modificaciones con el transcurso del tiempo.

 

A partir de Thutmes III la sala situada entre el pozo y la cámara del sarcófago, se construye labrando dos pilares cuadrados, a modo de sujeción. La Sala del Sarcófago, que comenzó siendo rectangular en la tumba de Hatshepsut, pasó a tener forma oval o de cartucho recordando el recorrido solar y el símbolo Shen que determina el concepto "eternidad". Mas tarde, vuelve a ser rectangular, ampliándose con Sethy I, que la divide en dos transformando la primera parte, en una antecámara con 4 o 6 pilares cuadrados, más alta que la propia cámara del sarcófago y elevada por unos escalones. Además sobre la cámara sepulcral se construye un techo abovedado.

 

 

 

 

 

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