Valle de
las Reinas

Cómo ocurre en el Valle de los Reyes, en el de las Reinas las moradas eternas de
los difuntos se abren en la roca y se desarrollan en cámaras y corredores.
Carecen de superestructura y muchos de ellos son simplemente un pequeño pozo que
conduce a la Cámara del Sarcófago y alguna sala auxiliar. Otros, están ricamente
decorados, mejor acabados, sobre todo los de las dinastías XIX y XX y ofrecen
una visión más fresca, menos abigarrada que las tumbas de los faraones.
Con Ramsés II se inaugura aquí la tumba a dos niveles y con Ramsés III los
hipogeos se construyen a imitación de los del Valle de los Reyes, aunque de
menores dimensiones. Así encontramos un buen número de tumbas ramésidas carentes
de ángulos en el eje principal.

Las moradas eternas de estas mujeres y príncipes también están orientadas de una
forma concreta: de Sur a Norte, sobre todo los de época ramésida, pero como
ocurre en el Valle de los Reyes la orientación geográfica no era la misma que la
simbólica, sino que ésta se determinaba en un eje mágico Este-Oeste. ?por qué
esta orientación?.
Para el pensamiento del hombre del Valle del Nilo el punto cardinal Este era el
lugar donde nacía el sol, es decir el término donde también nacía el difunto
regenerado, el lugar donde se fusionaba a Ra al amanecer, para viajar en su
barca y obtener su protección. El Oeste, el punto donde el sol se pone. Era el
mundo de los muertos, el lugar donde accedía al Más Allá, territorio que debía
recorrer al llegar la noche.
Como ocurre en todas las tumbas, la parte más importante es la Cámara del Sarcófago, donde reposaba el difunto en el interior de su sarcófago. Al hablar del Valle de los Reyes mencionábamos el nombre que recibió esta sala: “Cámara del Oro” y explicábamos el sentido de este nombre. Sin embargo queda aún por aclarar un simbolismo importante, aquel que integra al difunto en el cosmos haciéndole parte de él. De hecho esta dependencia se interpreta como un microcosmos, es el punto donde se produce la regeneración del fallecido y como tal tiene un cielo, personificado por el propio techo de la tumba y por lo tanto relacionado con la diosa del firmamento Nut y un suelo, el propio del hipogeo que guarda conexión con el dios de la tierra Geb. Este juego mitológico también puede aplicarse a la tapa y a la caja del sarcófago, obteniendo así un mundo reducido que reproduce el universo donde el difunto está completamente fusionado y protegido por dos dioses importantísimos del panteón. En la tumba el “alma” del finado sufría una transmutación que le facultaba para su existencia eterna.