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Cuando la muerte viene del cielo
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La inesperada noticia saltó hace dos años. Betty Cash, protagonista de uno de los sucesos ufológicos más importantes de los años ochenta, fallecía en Birmingham, Alabama (EE.UU.). El cáncer contra el que luchaba desde hacía años acabó por sesgar su vida. Una irónica casualidad provocó que falleciera justo el mismo día en que se cumplía el 18º aniversario de su espectacular encuentro OVNI. Un suceso que marcó el inicio de su dramática enfermedad... Pero vayamos por partes... "Me
quemaba por dentro" De acuerdo al relato que Betty Cash efectuó al investigador John Schuessler, "sentía que me estaba quemando por dentro. La luz me cegaba tanto que no era capaz de ver para mover el auto hacia atrás, y tenía miedo de moverlo adelante, hacia el objeto". Betty, con la intención de librarse del sofocante calor, salió del coche y permaneció fuera hasta que el "diamante" desapareció. Por su parte, Landrum sólo estuvo en el exterior del vehículo durante dos o tres minutos. Colby, el nieto de ésta, permaneció todo el tiempo en su interior. No son banales estos apuntes, que ya evidencian que no todos los testigos se expusieron por el mismo tiempo a la energía que emanaba del OVNI. Cuando el objeto desapareció, surgieron en la escena unos extraños helicópteros. Pudieron contar hasta 23 y parecían seguir la estela del "diamante". Lo peor estaba por llegar: Quizá como consecuencia de la proximidad al OVNI, los testigos sufrirían diferentes dolencias físicas. Quien se levó la peor parte fue Betty Cash; curiosamente, quien más tiempo estuvo en el exterior del coche. Los primeros síntomas que sufrió fue el malestar que le producía encontrarse cerca de una fuente de calor. Luego llegarían las primeras náuseas y posteriores vómitos. Ante la cada vez más preocupante sintomatología, Betty fue ingresada durante tres semanas y media en el Hospital Parkway de Houston. Su rostro, además presentaba quemaduras y mechones enteros del cabello se comenzaron a desprender de su cuero cabelludo. Finalmente, el diagnóstico médico fue desesperanzador: cáncer. La señora
Landrum, que sufrió irritación ocular y quemaduras de menor consideración, y
su nieto, que presentó un repentino crecimiento de vello en brazos y
espalda, amén de trastornos del sueño e incontinencia urinaria, también
manifestaron las consecuencias de la proximidad del OVNI, aunque no de forma
tan acusada. Recuadro.
¿Encuentro mortal en Zaragoza? Eran las tres de la mañana, y como en otras ocasiones, Luis González Pellicer y su esposa Bienvenida López, vecinos del pequeño pueblo de Mediana, subieron a bordo de su vieja furgoneta en dirección a Mercazaragoza (un gran punto de venta alimentaria situado en la capital maña) para abastecer el pequeño negocio familiar. Justo cuando se disponían a salir del pueblo, "algo" les estaba esperando. Así nos lo narró su hija Ana: "Salieron de casa, y al llegar a lo alto de la loma, se les puso un 'cacharro' de esos a cada lado. Estaba horrorizados, pero ellos siguieron. Tampoco podían volver, ya que del mismo pánico no podían reaccionar. Mi madre siempre decía: 'eran como unas campanas plateadas, con unos colores extraños, algo inexplicable, precioso'". Perplejos, los testigos continuaron su marcha en dirección a Zaragoza sin perder de vista a los dos silenciosos acompañantes. Algunos kilómetros más adelante, aquellas "campanas de luz" desaparecieron súbitamente, como si nunca hubieran estado ahí. Todo pareció quedar ahí, pero en enero de 1987, la pareja comenzó a sentirse mal. "No podía comer, se ahogaba, la estudiaron en un montón de médicos...", nos dijo la hija de Bienvenida, la primera en sentir los efectos de su enfermedad. Pero todo fue inútil. En mayo, Bienvenida falleció víctima de un cáncer con metástasis por todo el cuerpo. La familia, sin tiempo para superar la desgracia, asistió a la reproducción de los mismo síntomas en Luis; padecía el mismo mal que su esposa. Y a los tres meses, falleció. Desde entonces, la familia vive convencida de que aquellas dos extrañas campanas luminosas causaron el cáncer que acabaría, años más tarde, con la vida de los desafortunados testigos...
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