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Como un
principio que guía la interpretación de la Regla 10:3, los árbitros deberían
tener en cuenta el objetivo de animar a los equipos para hacer uso de un saque
de centro rápido. Esto significa que los árbitros deberían evitar ser rigurosos
y no deberían interferir o sancionar a un equipo que intenta un saque de centro
rápido.
Por ejemplo,
los árbitros deben evitar que sus tareas de anotación u otras interfieran con
la disposición a controlar rápidamente las situaciones correctas de los
jugadores. El árbitro central debería estar siempre dispuesto a pitar en el
preciso momento en que un lanzador alcanza la posición correcta, comprobando
que no hace falta corregir las posiciones de otros jugadores. Los árbitros deben
tener en mente que los compañeros del lanzador están autorizados a traspasar la
línea central tan pronto como suene el silbato. (Se trata de una excepción del
principio básico de la ejecución de los saques).
Aunque la
regla establece que el lanzador debe pisar la línea central y estar con un
margen de tolerancia de 1,5 metros del centro, los árbitros no deberían ser
excesivamente rigurosos ni tampoco preocuparse por los centímetros. El objetivo
principal es evitar situaciones injustas para el adversario en lo que se
refiere a cuándo y dónde se hace el saque de centro.
Además, la
mayor parte de los campos no tienen el punto central marcado, y algunos
terrenos incluso tienen la línea central interrumpida por anuncios
publicitarios. En estos casos, el lanzador y el árbitro estarán obligados a
estimar cuál es la posición correcta. Cualquier insistencia en la exactitud
sería poco realista e inapropiada.
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