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En muchos casos, el equipo que tiene
la oportunidad de ejecutar un golpe franco después de que el tiempo de juego
haya finalizado, no está realmente interesado en intentar marcar un gol,
bien porque el resultado del partido ya
está claro, o porque el golpe franco se ha producido demasiado lejos de la
portería del equipo contrario. Aunque técnicamente las reglas requieren que el
golpe franco sea ejecutado, los árbitros deberían mostrar sensatez y considerar
que el golpe franco ha sido ejecutado si el jugador que está próximo a la
posición correcta simplemente deja caer el balón o lo entrega a los árbitros.
En aquellos
casos donde está claro que el equipo
quiere intentar marcar un gol, los árbitros deberían encontrar el equilibrio
entre permitir esta oportunidad (incluso por muy pequeña que sea) y asegurar
que la situación no se deteriore en un consumo de tiempo o en un “teatro”
frustrante. Esto significa que los árbitros deberían conseguir que los
jugadores de ambos equipos se situaran en las posiciones correctas firme y
rápidamente, para que el golpe franco se ejecute sin demora. Tienen que
aplicarse las nuevas restricciones indicadas en la Regla 2:5 respecto a las posiciones
y los cambios de los jugadores (4:5 y
13:7).
Los árbitros
deben estar muy atentos a otras
infracciones en las que pueden incurrir cualquiera de los dos equipos. El
avance persistente de los defensores debe ser sancionado (15:4, 15:9, 16:1c, 16:3c). Además, los jugadores atacantes a
menudo infringen las reglas durante la ejecución, por ejemplo, cuando uno o más
jugadores sobrepasan la línea de golpe franco después del toque de silbato,
pero antes del lanzamiento (13:7, 3º
párrafo), o cuando el lanzador se mueve o salta mientras ejecuta el
lanzamiento (15:1, 15:3). Es muy
importante que no se conceda ningún gol que se haya marcado
antirreglamentariamente.
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