El anciano Proteo hab�a dicho a Tetis:
�diosa del mar, concibe; ser�s madre de un joven que en sus a�os de fortaleza superar� las haza�as de su padre y ser� llamado m�s importante que �l�. As� pues, para que el mundo no tuviese nada mayor que J�piter, aunque en su pecho hab�a sentido unos fuegos nada tibios, J�piter evit� la uni�n con la marina Tetis y orden� a su nieto el E�cida que los sustituyera en sus deseos y que vaya a unirse a la doncella marina[�] All� se adue�a de ti Peleo, cuando yac�as vencida por el sue�o y, puesto que t�, pretendida con s�plicas, lo rechazas, intenta la violencia anudando tu cuello con ambos brazos; y, si no hubieses recurrido a tus acostumbradas artes cambiando muy a menudo tu figura, �l habr�a salido victorioso en su osad�a; pero t� unas veces eras un ave (sin embargo, �l sujetaba el ave), otras eras un pesado �rbol: Peleo se adher�a al �rbol; la tercera forma fue la de una moteada tigresa: aterrorizado el E�cida solt� aquellos brazos del cuerpo. Y �ste adora a los dioses del mar con vino vertido sobre las aguas con entra�as de ganado y con humo de incienso, hasta que el vate de C�rpatos le dijo desde la mitad del abismo: �E�cida, conseguir�s la boda deseada; t� al punto, cuando descanse dormida en la helada cueva, suj�tala sin que se d� cuenta con lazos y con una fuerte cadena. Y que no te enga�e adoptando cien figuras, antes bien oprime t� cualquier cosa que sea hasta que vuelva a adquirir la forma que fue antes�. Estas cosas hab�a dicho Proteo y escondi� su rostro en el agua y lanz� sus olas sobre las �ltimas palabras. Tit�n estaba pr�ximo al ocaso y ocupaba el mar Hesperio con el carro que hab�a descendido, cuando la hermosa nereida, abandonando el mar, penetra en su acostumbrado lugar de descanso. Apenas se hab�a adue�ado Peleo de los miembros virginales, ella adopta nuevas formas, hasta que se da cuenta de que sus miembros est�n sujetos y sus brazos extendidos en diferentes direcciones; entonces por fin lanz� un gemido y dice: �Vences no sin la voluntad de los dioses�, y se mostr� como Tetis. El h�roe abraza a la que se declara vencida, y se adue�a de sus deseos y la llena del gran Aquiles.�
Durante las bodas de Tetis y Peleo surgi� uno de los mitos que relacionan el mundo de los dioses con las m�s remota historia humana de los griegos. El juicio de Paris. |