| Teseo |
| Teseo es el h�roe de la �tica por excelencia, sim�trico al h�roe dorio Heracles, cuyas principales haza�as tuvieron por teatro el Peloponeso.
Las principales fuentes para la leyenda de su vida son escritas por Plutarco, y las noticias de Apolodoro y Diodoro. Se dice que Teseo hab�a vivido una generaci�n antes de la guerra de Troya, en la que participaron sus dos hijos, Demofonte Acamante. As� que seg�n lo escrito por Plutarco y seg�n las noticias de Apolodoro y Diodoro, es m�s joven que Heracles en una generaci�n por lo menos, en algunas tradiciones se asocia a los dos h�roes en las grandes expediciones colectivas de la edad legendaria, la conquista del vellocino de oro la guerra contra las Amazonas. Pero esta relaci�n entre los dos h�roes tan solo trata de armonizar la imposici�n de una leyenda inveros�mil por su cronolog�a. I or�genes einfancia Existen dos tradiciones sobre los or�genes de Teseo: la humana y la divina. La primera lo presenta como hijo de Egeo y Etra, que uni� as� en �l la sangre de Erecteo y, por el padre de �ste Erictonio , la de Hefesto con la de P�lope y T�ntalo. Se contaba que egeo, no logrando tener hijos de sus sucesivas esposas, hab�a ido a consultar el or�culo de Delfos. La contestaci�n de dios se hab�a efectuado a trav�s de los versos oscuros, que prohib�an �desatar el odre de vino antes de haber llegado a la ciudad de Atenas�. No comprendiendo el significado de estas palabras, Egeo se hab�a desviado de su ruta para ir a consultar al rey de Trec�n, Piteo, uno de los hijos de P�lope. Piteo comprendi� inmediatamente el sentido del or�culo; se las arreglo para embriagar a Egeo, y por la noche puso a su lado a su hija Etra. Egeo se uni� a ella, y Etra concibi� un hijo, que seria Teseo. Pero tambi�n se dec�a que este era en realidad hijo de Poseid�n. La misma noche en que Etra se uni� a Egeo, hab�a sido enga�ada por un ensue�o que le hab�a enviado Atenea, a ofrecer un sacrificio en una isla, donde hab�a sido violada por Poseid�n, que le hab�a dado un hijo. Este era el hijo de Egeo crey� que era suyo. Teseo pas� los primeros a�os en Trec�n, confiado a su abuelo Piteo. Egeo, que tem�a a sus sobrinos los Palantidas, no hab�a querido llevarse el ni�o a Atenas. Al partir hab�a ocultado una espada y un par de sandalias detr�s de una gran roca, este secreto lo confi� a Etra rog�ndole que no lo relevase al hijo que hab�a de nacer hasta que el ni�o fuese lo bastante fuerte para mover la roca por s� solo y coger los objetos que hab�a debajo. Entonces calzado con estas sandalias y armado con la espada deb�a partir secretamente en busca de su padre, para evitar que los Palantidas tramasen su perdida. Teseo tuvo por pedagogo a un cierto C�nidas, a quien los atenienses de le �poca hist�rica sacrificaban todav�a un carnero la v�spera de la fiesta de Teseo. Se contaba tambi�n en Trec�n un rasgo revelador de la valent�a del ni�o: un d�a en que Heracles era hu�sped de Piteo hab�a dejado su piel de le�n a su lado, los ni�os de palacio, creyendo que un le�n vivo hab�a entrado en la habitaci�n, huyeron dando gritos. Solo Teseo, que en aquellos d�as contaba con tan solo siete a�os, cogi� un arma de uno de los criados atacando al monstruo. Ya adolescente, Teseo se traslado a Delfos, donde siguiendo la costumbre establecida, ofreci� su cabellera al dios. Pero, en vez de cortarse todo el cabello, se limit� a afeitarse la parte delantera de la cabeza, de la misma manera que los Abantes (pueblo belicoso mencionado en la Il�ada, instaurando asi una costumbre atestiguada en �poca antigua. II Regreso a Atenas. A la edad de diecis�is a�os, Teseo alcanzo tal vigor, que Etra considero que hab�a llegado el momento de revelarle el secreto de su nacimiento. Lo condujo junto a la roca donde Egeo hab�a ocultado la espada y las sandalias. El joven de un empuj�n cambio la roca de lugar, cogi� los objetos y decidi� encaminarse a Atenas para darse a conocer. Acord�ndose de las recomendaciones de Egeo y deseosa de evitar todo peligro a su hijo, Etra le rog� insistentemente que tomase la ruta mar�tima para trasladarse de Trec�n a �tica, Piteo uni� sus recomendaciones a las de Etra. Para ello dijo a Teseo todos los riesgos que le esperaban en la ruta terrestre, a lo largo del istmo (*) de Corinto. En efecto, en este momento Heracles se hallaba en Lidia, esclavo de �nfale, y todos los monstruos que se hab�an escondido por miedo al h�roe volv�an a mostrarse y reanudaban sus depredaciones. El istmo estaba infestado de bandidos. Pero Teseo no quiso saber nada de estos consejos; celoso de la gloria de Heracles, se propuso imitarlo. Dio muerte sucesivamente, a Perifetes, en Epidauro, y se apodero de su maza; al bandido Sinis, en C�ncreas, que descuartizaba a los viajeros sirvi�ndose de un pino; a la cerda de Cromi�n fiera que hab�a matado ya a muchas personas, y que se la consideraba hija de Tif�n y Equidna. La llamaban Fea, por el nombre de la vieja que la alimentaba. Teseo mato al animal de un sablazo. Llegando a las Rocas Escironias, extermino al bandido Escir�n. Luego lucho contra Cerci�n, en Eleusis, a quien dio muerte. Algo mas lejos, acabo con Damastes, apodado Procrustes. Superadas todas estas pruebas, Teseo llego al borde del Cefiso donde se encontr� con hombres de la raza de los Fit�lidas, que lo acogieron favorablemente y adem�s se prestaron a purificarlo de los asesinatos que hab�a cometido. Una vez purificado Teseo entro en Atenas el d�a octavo del mes de los hecatombe�n. En aquel tiempo, los asuntos de la ciudad se hallaban en su auge de confusi�n. Egeo estaba bajo el dominio de la maga Medea, que hab�a prometido curarlo, por medio de hechizos de su desolada esterilidad. Teseo llego precedido de una gran fama de destructor de monstruos. Medea adivino enseguida su verdadera procedencia. Pero Egeo, que ignoraba que este extranjero era su hijo, tuvo miedo. Medea no hizo nada para sacarlo del error, muy al contrario, lo persuadi� a que lo invitara a un banquete con el pretexto de honrar al reci�n llegado, en realidad lo que quer�a era desembarazarse de el envenen�ndolo. Teseo acepto la invitaci�n mas no quiso darse a conocer inmediatamente. Pero durante la comida sac� la espada que su padre hab�a dejado para el, como para cortar con ella la carne, Al verlo, Egeo verti� la copa ya preparada con el veneno y reconoci� oficialmente a su hijo ante todos los ciudadanos reunidos. Medea fue repudiada y desterrada por Egeo. Se contaba tambi�n que, antes de tratar de envenenarlo, Medea hab�a intentado destruirlo envi�ndolo a luchar contra el toro monstruoso que asolaba el llano Marat�n y del cual se dice a veces que no era otro que de Creta conducido por Heracles al Peloponeso, de donde se hab�a escapado (v. Heracles). Esta fiera lanzaba fuego por las narices. Teseo lo capturo, lo encadeno y lo ofreci� en sacrificio a Apolo Delfinio. Este sacrificio, se dec�a que se efectu� en presencia de Egeo, cuando Teseo �que aun no se hab�a dado a conocer- -saco la espada para cortar los pelos de la frente del animal-, Egeo reconoci� el arma que hab�a dejado bajo la roca de Trec�n. Esta versi�n del reconocimiento, incompatible con la citada anteriormente, se deb�a sin duda a la intervenci�n de alg�n poeta dram�tico. Durante la cacer�a del toro de Marat�n se sit�a el episodio de H�cale, narrado por Cal�maco en un breve poema celebre. H�cale era una vieja que viv�a en una caba�a en el campo. En su casa paso el h�roe la noche que precedi� a la captura del toro. H�cale le asisti� en la vela de las armas, mostr�ndose extremadamente amable, ofreci�ndole efectuar un sacrificio a Zeus si el joven volv�a vivo de la aventura. Pero al regresar con la presa, H�cale hab�a muerto, estando su cuerpo ya en la pira. Teseo instituyo entonces en su honor un culto a Zeus Hecalisio. Una vez reconocido oficialmente por su padre, Teseo hubo de luchar contra sus primos, los cincuenta hijos de Palante. Como quiera que Egeo hab�a permanecido sin descendencia, los Palantidas esperaron recoger la sucesi�n. Pero al ver que con el retorno de Teseo la sucesi�n se les escapaba, se amotinaron y trataron de apoderarse del trono a la fuerza. Dividi�ndose en dos grupos, uo ataco la ciudad abiertamente desde Esfeto, mientras el otro se emboscaba en Gargeto con objeto de coger al enemigo por la espalda. Pero levaban consigo un heraldo oriundo de Agnute, llamado Leos. Este Leos revelo a Teseo el plan de los Palantidas. Teseo ataco al grupo que estaba emboscado, aniquil�ndolo; los dem�s se dispersaron, y la guerra quedo terminada. Debido a esta guerra se explica el hecho de que las gentes de Agnunte no se casaran nunca en Palene �la ciudad cuyo ep�nimo era Palante- . A veces se dec�a que para expiar esta matanza de los Palantidas Teseo hab�a sido desterrado de Atenas y obligado a un a�o en Trecen . tal es la versi�n seguida por Euripides en su Hip�lito; pero como a�ade que Teseo iba entonces acompa�ado de Fedra y que all� ella concibi� su culpable pasi�n por su yerno, se saca la conclusi�n de que la cronolog�a ordinaria de los acontecimientos se halla alterada, as� que la expedici�n contra las Amazonas queda situada con anterioridad a la matanza de los Palantidas, lo cual es contrario a la tradici�n mas difundida, parece ser una innovaci�n del poeta. |
| (*) Un istmo es un estrechamiento o lengua de tierra que une a trav�s del mar dos continentes o una pen�nsula con un continente. |