Hestia / Vesta
La diosa del Hogar, del cual es personificaci�n, es la primera hija de Crono y Rea, hermana de Zeus y Hera.
Pese a haber sido cortejada por Apolo y Poseid�n, obtuvo de Zeus la gracia de guardar eternamente su virginidad. Adem�s Zeus le concedi� honores excepcionales: los de ser objeto de culto en todas las casas de los hombres y en  los templos de cualquiera de las divinidades.
Un d�a Priapo embriagado intent� violarla. Dorm�an todos los dioses bajo el efecto del vino. Un asno rebuzn�. Despert� Hestia, tambi�n dormida y se levant� furiosa contra Priapo, que huy� a todo correr.
En el fondo es una personificaci�n de la Madre Tierra, que con su calor mantiene la vida y da los frutos que produjo la fecundaci�n de la lluvia, Su car�cter de castidad, raro en los mitos griegos y en otros muchos, es como una indicaci�n de la santidad de la tierra que, a pesar de tantas inmundicias que en ella caen, es fuente de purificaci�n para el mundo.
Mientras los dem�s dioses van y vienen por el mundo, Hestia permanece inm�vil en el Olimpo. As� como el hogar  domestico es el centro religioso de la morada, Hestia es el centro religiosos de la mansi�n divina.
Esta inmovilidad de Hestia explica que no desempe�e papel alguno en las leyendas.
No pasa de ser un principio abstracto, la Idea del hogar , mas bien que una divinidad personal.
Otra versi�n sobre Hestia dec�a que: despu�s de la rebeli�n contra su padre, jur� permanecer virgen.

Hestia = Vesta la diosa Romana
Entre los romanos fue tan privilegiado su culto, que hubo una instituci�n de Vestales, o sea, v�rgenes consagradas a Vesta, que es la forma latina de Hestia.
Todos los dioses ten�an a su disposici�n una casta propia de sacerdotes que se encargaban del cuidado de sus respectivos templos. Sin duda, uno de los grupos de sacerdotisas m�s destacado sea el de las Vestales, j�venes consagradas a la diosa Vesta, conocida en Grecia como Hestia.
La selecci�n de las Vestales, cuyo n�mero pas� de cuatro a seis, correspond�a en un principio a los reyes pero despu�s esa atribuci�n se traslad� a los pont�fices. Las Vestales deb�an ser ni�as de entre seis y diez a�os pertenecientes a una clase social libre y no pod�an tener ning�n defecto f�sico. Cuando eran aceptadas se les cortaba el cabello y se las vest�a con una gran t�nica blanca llevando en sus quehaceres diversos tipos de velos.
Las Vestales deb�an cuidar de que jam�s se apagase el fuego eterno del templo de Vesta porque �ste representaba el porvenir del imperio. Si alguna vez el fuego se extingu�a las Vestales recib�an severas palizas y todo el mundo entraba en profunda depresi�n y p�nico ante lo que pudiera suceder hasta que los sacerdotes reavivaban de nuevo el fuego usando directamente los rayos del sol.
Al igual las Vestales deb�an guardar un total celibato y tanto las ad�lteras como los hombres que abusaran de ellas eran castigados con la pena de muerte. La muerte de las Vestales no era, sin embargo, igual a la del resto: en medio de espantosas ceremonias en las que se recordaba a las divinidades m�s malignas, la Vestal castigada deb�a bajar a su propia tumba, donde se la encerraba con una lamparilla, algo de aceite, un pan, agua y leche. As� pues, la infortunada mor�a de inanici�n.
A pesar de todos estos horrores, las Vestales que cumpl�an su deber recib�an m�ltiples honores. Todos los magistrados, y por supuesto, las gentes de menor clase les ced�an el paso. Su palabra era digna de cr�dito por s� sola en los juicios y si se encontraba por la calle un reo solo con afirmar que el encuentro era fortuito, �ste quedaba en libertad. Todos los secretos del estado le eran confiados y tambi�n se les reservaba el mejor sitio en el circo. Adem�s, todos sus gastos eran responsabilidad del Estado de por vida.

Despu�s de treinta a�os consagradas a esta labor, pod�an abandonar sus funciones y casarse, pero perdida su juventud, la mayor�a se quedaba al cuidado de las novicias que all� ingresaban.
Hosted by www.Geocities.ws

1