| Los doce trabajos de
Heracles |
| La Il�ada narra el ardid de Hera, que cambio en sentido favorable la promesa de Zeus. Pero con esto no se concluye que Heracles estuviese sometido personalmente a su primo, pese a que el retraso de su nacimiento lo convirtiera de modo general en �s�bdito" suyo. Seg�n Eur�spides, Heracles hab�a deseado volver a Argos, a lo cual Euristeo accedi� con la condici�n de que realizase antes ciertas tareas, las principales de las cuales ten�a como objeto liberar al mundo de cierto numero de monstruos. Aunque mas generalmente se considera esta esclavitud como la expiaci�n del asesinato de los hijos que hab�a tenido con M�gara (un crimen involuntario pero no por ello dejaba de ser deshonroso). Despu�s de esta matanza, Heracles hab�a ido a Delfos para consultar el or�culo de Apolo Pitio; este le hab�a ordenado que se pusiese al servicio de su primo por espacio de doce a�os. Apolo y Atenea a�adieron que, como premio a sus penalidades, obtendr�a la inmortalidad. Estas variantes proceden de la reflexi�n del pensamiento griego sobre el mito, responden a la necesidad de justificar moralmente las pruebas de un h�roe que se quer�a presentar como el justo por antonomasia. Si comparamos -la esclavitud de Apolo en casa de Admeto como purificaci�n por la matanza de los C�clopes, dentro del propio heracleo, la excalvitud del h�roe bajo �nfale como purificaci�n por el asesinato de �fito-, podemos darnos cuenta que no son primitivas en el mito. En el pensamiento m�stico, los trabajos de Heracles vinieron a representar la �pruebas del alma� que se libera progresivamente de la servidumbre del cuerpo, as� como las pasiones, hasta la apoteosis final. Los mit�grafos de la �poca helen�stica hab�an establecido un �canon� de los Doce Trabajos, clasific�ndolos en dos series de seis. Los seis primeros tienen como escenario el Peloponeso; los otros seis se distribuyen por el resto del mundo: Creta, Tracia, Escitia, el Occidente extremo, el pa�s de las Esp�rides y los infiernos. No obstante, exist�an numerosas variantes, tanto en lo que respecta al orden de los trabajos como a su n�mero (Apolodoro, por ejemplo, solo reconoce diez). Las armas de Heracles. El arma mas caracter�stica de Heracles, la maza, fue tallada por el mismo durante su primer �trabajo�, la caza del le�n de Nemea. Unas veces se admite que la fabrico la misma Nemea; otras, en el Helic�n; otras incluso a orillas del golfo Sar�nico, con el tronco de un olivo silvestre. Sus otras armas sonde origen divino: la espada la recibi� de Hermes; el arco y las flechas, de Apolo; Hefesto le hab�a regalado una coraza dorada, y Atenea hab�a a�adido un peplo. Pero es de notar que, seg�n ciertas tradiciones, esta diosa le proporciono todas las armas excepto la maza. Finalmente, los caballos eran un regalo de Poseid�n. |
| El le�n de Nemea.
El le�n de Nemea es un monstruo hijo de Ortro y nieto de Tif�n. Su madre es Equinda. Es hermano de otro monstruo, la esfinge de Tebas. Hera lo educo �o tal vez la diosa de la Luna, Selene, que lo hab�a dado en pr�stamo a Hera- y lo situ� en la regi�n de Nemea, donde asolaba el pa�s, devorando sus habitantes y ganados. Este le�n ten�a por guarida una caverna con dos accesos, y era invulnerable. Heracles empez� por dispararle flechas, pero sin ning�n resultado; entonces amenaz�ndolo con lamaza, le obligo a entrar en la cueva y obturo una de las entradas. Acogi�ndolo luego entre sus brazos, lo ahogo. Muerta la fiera, Heracles la despellejo y se revisti� con su piel; la cabeza le sirvi� de casco. Cuenta Te�crito que el h�roe estuvo largo tiempo perplejo ante esta piel, que ni el hierro ni el fuego pod�an rasgar. Finalmente, se le ocurri� la idea de desgarrarla con las propias garras del monstruo, de este modo consigui� su prop�sito. En el transcurso de la caza al le�n de Nemea se sit�a el episodio de Molorco. Morlaco era un pobre campesino que habitaba en las cercan�as de Nemea y cuyo hijo hab�a sido devorado por el monstruo. Cuando Heracles se encamina a luchar con el le�n acert� a presentarse en su casa, donde fue objeto de una hospitalaria acogida. Para honrar a su hu�sped. Molorco quiso sacrificar el �nico carnero que pose�a, todo su bien. Heracles lo disuadi� de ello, pidi�ndole que lo aguardase por espacio de un treinta d�as, transcurridos los cuales, si no lo ve�a regresar, pod�a considerarlo muerto y sacrificar el carnero en memoria suya; pero si antes de expirar el plazo volv�a victorioso, el animal seria ofrecido a Zeus Salvador. Pues bien, hab�a llegado el d�a trig�simo, y Heracles no estaba a�n de vuelta. Molorco crey� que hab�a muerto y se dispuso a sacrificar el carnero, como se lo hab�a pedido Heracles; pero antes de que el sacrificio se consumara, vio llegar a Heracles revestido con pierde le�n. Ofreci� entonces el carnero a Zeus Salvador, y en el lugar del mismo holocausto. Heracles instituyo unos juegos en honor de Zeus, los juegos nemeos, que, mas tarde, habr�an de ser renombrados por los Siete Jefes en su marcha contra Tebas. Heracles llevo el le�n a Mecenas, y Euristeo quedo tan asustado ante el valor del h�roe, capaz de abatir semejante un monstruo, que le prohibi� la entrada en la ciudad, orden�ndole que, e adelante, dejase su bot�n ante las puertas de ella. Se dice que Zeus puso el le�n entre las constelaciones para perpetuar la haza�a de Heracles. |
| La hidra de Lerna.
Lo mismo que el le�n de Nemea, la hidra de Lerna es un monstruo, hijo de Equidna, y cuyo padre es Tif�n. Fue criada por Hera para que sirviese de prueba a Heracles. Se precisa que la diosa la cri� debajo de un pl�tano, cerca d ela fuente de Amimone. Se representa esta hidra como una serpiente de varias cabezas, cuyo n�mero varia desde cinco a seis hasta cien, seg�n los autores. A veces, incluso eran tenidas por cabezas humanas. El h�lito que sal�a de sus fauces era sumamente mortal, hasta el punto de que quienquiera que se acercase, incluso el monstruo dorm�a, mor�a infaliblemente. Devastaba tambi�n las cosechas y los ganados del pa�s. Para combatirla, Heracles recurri� a las flechas encendidas; pero tambi�n se dice que le corto las cabezas con una harpe (especie de cimitarra). Le ayudo en la haza�a su sobrino Yolao, ayuda tanto m�s necesaria cuanto que de cada cabeza cortada surg�a otra nueva. Para impedir que reto�asen, Heracles pidi� a Yolao que incendiase el bosque vecino, y, con auxilio de los tizones quemaba cada vez la herida, imposibilitando as� que la carne se reprodujese. A veces se dec�a que la cabeza del centro era inmortal; sin embargo, Heracles la coro y la enterr�, colocando encima una enorme roca. Finalmente, empapo sus flechas en veneno (o en la sangre) de la hidra, y de este modo las convirti� en venenosas. En la lucha contra Heracles, Hera hab�a enviado a la hidra un aliado en forma de cangrejo gigante que mordi� al h�roe en el tal�n; pero este no le aplasto. Seg�n Apodoro, Euristeo se neg� a contar este trabajo entre los diez que hab�a de imponer a Heracles: pretextando que le hab�a ayudado Yolao. Los mit�grafos han formulado una interpretaci�n evemerista del mito de la hidra de Lerna. Dicen que la hidra de renacientes cabezas es en realidad el pantano de Lerna, desecado por Heracles. Las cabezas son las fuentes, que lograban siempre filtrar, haciendo est�riles los esfuerzos del h�roe. Otra interpretaci�n pretend�a que Lerno era en realidad un rey del pa�s cuya ciudad se hallaba en Hidra. Rodeaban a Lerno cincuenta arqueros, y cuando uno ca�a, era reemplazado por otro en el acto. Esto hab�a dado origen a la leyenda de las cabezas que volv�an a nacer. |
| El jabal� de Erimante.
El tercer trabajo impuesto por Euristeo consisti� en traerle vivo un monstruoso jabal� que viv�a en el Erimanto. Heracles, con sus gritos, forz� al animal a salir de su ba�il, lo impuls� hasta la extensi�n de espesa nieve que cubr�a el pa�s, consigui� fatigarlo y de este modo lo capturo; finalmente, carg�ndoselo sobre sus espaldas, regreso a Mecenas. Al verlo, Euristeo, aterrorizado, se oculto en una jarra que tenia preparada como refugio en caso de peligro. Se ense�aban en Cumas, Campania, los colmillos del jabal� de Erimanto, conservados como exvoto. Durante esta cacer�a le ocurrieron a Heracles aventuras con el centauro Folo. |
| El cuarto trabajo. La cierva de Cerinia. Euristeo impuso a Heracles fue la captura de una cierva que habitaba en �noe. Eur�spides cuenta simplemente que era un animal de gigantesca talla, que asolaba las cosechas. Heracles la mato, y consagro su cornamenta al templo de Artemio Enoatis. Pero esta versi�n no es solo aislada, sino que se halla en contradicci�n con la leyenda tal y como se cuenta generalmente. Tiene por objeto borrar del ciclo lo que parec�a un rasgo de impiedad del h�roe. Esta cierva seg�n Cal�maco, era una de las cinco que que �rtemis hab�a encontrado en otros tiempos paciendo en el monte Liceo. Todas ten�an cornamentas doradas y eran m�s grandes que toros. La diosa quedo con cuatro, que engancho a su cuadriga; pero la quinta, por orden de Hera, se refugio en el monte Cerinia, y con el tiempo sirvi� como prueba a Heracles. El animal estaba consagrado a�rtemis, se dice que llevaba un collar con la inscripci�n: �Taigeto me ha dedicado �rtemis�. Matarla e incluso tocarla era, por tanto un acto imp�o. Esta cierva era muy veloz. Heracles la persigui� un a�o entero sin alcanzarla; sin embargo, acabo fatig�ndose y busco refugio en el monte Artemiso. Como Heracles porfiaba en su persecuci�n, quiso atravesar el ri� Lad�n, en Arcadia. En este momento, el h�roe la hiri� levemente con una flecha, despu�s de lo cual le fue muy f�cil apresarla y carg�rsela sobre los hombros. Pero cuando atravesaba Arcadia, se encontr� con �rtemis y Apolo; ambas divinidades quisieron quitarle el animal, que les pertenec�a; lo acusaron, adem�s de haber tratado de darle muerte, lo cual constitu�a un sacrilegio. Heracles salio del apuro cargando la responsabilidad a Euristeo, hasta el extremo de que los dioses terminaron devolvi�ndole la cierva y autoriz�ndolo a proseguir su camino. |
| El quinto trabajo
Las aves del lago Estinfalo. Las aves que viv�an en una espesa selva a orillas del lago Estinfalo, en Arcadia, hab�an huido en otro tiempo ante una invasi�n de lobos. Se hab�an multiplicado en proporciones extraordinarias, hasta el punto de convertirse en una plaga para los pa�ses vecinos. Devoraban los frutos de los campos y destru�an las cosechas; por eso Euristeo ordeno a Heracles que acabase con ellas. La dificultad consist�a en hacerlas salir del tupido bosque, para conseguirlo, el h�roe recurri� a unas casta�uelas de bronce que el mismo se fabrico o acaso le dio Atenea, elaboradas por Hefesto. El ruido de este instrumento las asusto, por lo cual abandonaron la espesura, as� Heracles pudo derribarlas f�cilmente a flechazos. Otras tradiciones presentan a estos animales como aves de rapi�a que devoran incluso a personas. O bien se dec�a que sus plumas eran de acero, aguad�simas, y que las disparaban como flechas contra sus enemigos. |
| Sexto trabajo
Los establos del rey Augurias. Augurias era un rey de �lide, en el Peloponeso. Era hijo del Sol. Hab�a heredado de su padre numerosos reba�os pero no se cuidaba de quitar el esti�rcol que iba deposit�ndose en los establos, quedando as� el suelo privando de abonos y vi�ndose el pa�s condenado a la esterilidad. Por orden de Euristeo, que quer�a humillar al h�roe imponi�ndole un trabajo servil, Heracles hubo de encargarse de limpiar estos establos. Antes de hacerlo, empero, estipulo con Augias un salario: seg�n unos, el rey se compromet�a, si Heracles lograba realizar la limpieza en un d�a, a entregarle parte de su reino; seg�n otros, tenia que entregarle, en iguales condiciones, la d�cima parte de sus reba�os. Heracles consigui� realizar la proeza concentrando en el patio del establo, desviando el esti�rcol al curso de dos r�os, el Alfeo y el Pereneo; sin embargo, Agurias le neg� el salario convenido, llegando incluso a desterrar al h�roe de su reino. M�s tarde, �ste hubo de emprender una guerra contra �l. Seg�n Apolodoro, Euristeo tampoco quiso contar este trabajo entre los diez que deb�a imponerle, arguyendo que Heracles hab�a percibido (o al menos pedido) un salario por la limpieza de los establos y que, por consiguiente, hab�a dejado de estar a su servicio aportando su prestaci�n personal. |
| El s�ptimo trabajo.
El toro de Creta. El toro de Creta es el animal que, seg�n unos, hab�a raptado a Europa por cuenta de Zeus �en la versi�n que no admite la metamorfosis del dios en toro- y, seg�n otros, hab�a sido amante de Parsife. Finalmente, una tercera tradici�n lo presenta como un toro milagroso salido del mar un d�a que Minos hab�a prometido sacrificar a Poseid�n. Pero Minos al ver la belleza del toro, lo envi� a sus reba�os, y sacrifico al dios otro menos precioso, de lo cual se vengo Poseid�n volviendo furioso al animal. Este animal era el que por orden de Euristeo, Heracles hab�a de traer vivo. El h�roe paso, pues, a Creta y pidi� la ayuda de Minos; este se la neg�, pero lo autorizo a apresarlo a condici�n de hacerlo solo. Heracles capturo el toro, y regreso con el a Grecia. Present�ndolo a Euristeo, el cual quiso dedicarlo a Hera. Pero la diosa se neg� a aceptar un presento ofrecido en nombre de Heracles y solt� la bestia, que recorri� la Arg�lide, cruzo el istmo de Corinto y llego a �tica. |
| Octavo tarbajo de Heracles.
Las yeguas de Diomedes. Diomedes era el rey de Tracia propietario de unas yeguas que se nutr�an de carne humana. Eran cuatro, llamadas Podarlo, Lamp�n, Janto y Denio. De las dos tradiciones relativas a esta leyenda, la mas antigua es la que cuenta que Heracles parti� solo para Tracia por v�a terrestre y entrego a Diomedes a la voracidad de sus animales, despu�s de lo cual, estos saciados , se dejaron conducir sin dificultad. La otra, mas reciente, vincula la leyenda a la fundacion de la ciudad de Abdera. |
| Noveno trabajo.
El cintur�n de la reina Hip�lita. A petici�n de Admete, hija de Euristeo (v.Admete), Heacles se dirigi� al reino de las amazonas a la conquista del cintur�n de su reina, Hip�lita. Este cintur�n �se dice-era del propio Ares que lo hab�a dado a Hip�lita para simbolizar el poder que ella pose�a sobre su pueblo. Heracles se embarco con varios compa�eros voluntarios en una sola nave, y , tras numerosas aventuras llego al puerto de Temiscira, que es el del pa�s de las Amazonas. All� Hip�lita consiente de buen grado en cederle su cintur�n, pero Hera, disfrazada de amazona, suscita una disputa entre los hombres del sequito de Heracles y las amazonas. Se entabla una batalla campal, y Heracles crey�ndose traicionado da muerte a Hip�lita. Otras tradiciones cuentan, por el contrari�, que se rompieron las hostilidades con el desembarco de Heracles y sus compa�eros. Unas de las amigas (o la hermana) de Hip�lita, Melaipa, cayo prisionera en la acci�n y, ara rescatarla, Hip�lita concert� una tregua, en la que intercambiaba su cintur�n contra la libertad de Melanita. En el camino de retorno, Heracles se enfrento a�n con nuevas aventuras, especialmente en la costa troyana. |
| D�cimo trabajo.
Los bueyes de Geriones. Geriones hijo de Criador, pose�a inmensas manadas de bueyes, que guardaba su pastor Euriti�n en la isla de Iritia. Euristi�n tenia como axiliar al monstruoso perro Ortro, nacido de Tif�n y de Equidna (v), no lejos de all�, Menetes, el pastor de Hades, apacentaba los reba�os de este dios. La isla de Eritia estaba situada en el occidente extremo. All� Euristeo envi� a Heracles con la orden de traerle los preciosos bueyes. La primera dificultad estaba en cruzar el Oc�ano, y, para resolverla, el h�roe pidi� prestada la �copa del Sol�. Era esta una gran copa en la que el Sol se embarcaba todas las noches, cuando hab�a llegado al Oc�ano, para regresar a su palacio situado en el oriente del mundo (v, Helio).pero el Sol no se la cedi� espont�neamente. Mientras el h�roe atravesaba el desierto de Libia, el calor solar lo hab�a incomodado hasta tal extremo que hab�a amenazado al astro con dispararle sus flechas. Este le pidi� que no lo hiciese, y Heracles accedi� a condici�n de que el otro le prestase su �copa� para cruzar el Oc�ano hasta Eritia; el Sol acepto el trato. Luego una vez embarcado, el h�roe hubo de amenazar al dios Oc�ano con sus flechas, quien, para ponerlo a prueba, lo sacud�a con cierta rudeza sobre las olas. Oc�ano tuvo miedo, y la traves�a fue tranquila en lo sucesivo, hasta la llegada Eritia. All� lo vio el perro Ortro y se lanzo contra el, pero fue abatido de un mazazo por Heracles. Otro tantote ocurri� al boyero Euriti�n, que acudido en auxilio de su perro. Luego parti� con los bueyes, Menetes, el pastor de Hades, testigo presencial de la escena, corri� a avisar a Geriones, quien se presento al momento, dio alcance a Heracles en las m�rgenes del rio Antemo y le ataco; pero no tardo en caer bajo las flechas del h�roe. Entonces este embarco los animales en la copa del Sol y puso proa a la orilla opuesta del Oc�ano, a Tartesos. En el curso de regreso de Heracles a Grecia con su reba�o se le sit�an la mayor�a de las aventuras que s ele atribuyen en el Occidente mediterr�neo. |
| El und�cimo trabajo.
El can Cerbero. Este trabajo impuesto a Heracles por Euristeo consisti� en enviarle a los infiernos la orden deque le trajese de all� el perro Cebero. Heracles pese a su valor, no hab�a podido salir bien de esta empresa, si, por mandato de Zeus, no le hubiese ayudado Hermes y Atenea. Ante todo, se hizo iniciar en los misterios de Eleusis, que ense�aba precisamente a los creyentes la manera de llegar con plena seguridad al otro mundo despu�s de la muerte. Segunda tradici�n mas generalizada, Heracles para bajar a los infiernos, tomo el camino del T�naro. Pero los habitantes de Heraclea del Pronto pretend�an que hab�a descendido y regresado por la misma Boca: la Boca del Infierno, situada cerca de su ciudad. Al verlo llegara su reino, los muertos sintieron miedo y huyeron; solo dos le aguardaron: la Gorgona Medusa y el h�roe Meleagro. Heracles desenvaino la espada para acometer a la primera, pero Hermes, que le guiaba, le advirti� que era solo una sombra vana. Contra Meleago tenso el arco pero el se le acerco y le relato su fin en t�rminos tan conmovedores que Heracles no pudo contener las lagrimas. Le pregunto si le quedaba alguna hermana; Meleago le contesto que Deyania a�n viva, y el h�roe le prometi� casarse con ella. M�s all� encontr� a Teseo y Pir�too, que estaban vivos, pero a quienes Hades tenia condenados por haber llegado hasta su mansi�n para llevarse a Pers�fone . Heracles con permisote Pers�fone, liberto a Teseo, mas Pir�too hubo de quedarse en los infiernos, como castigo a su audacia. A continuaci�n, el h�roe dio libertad a Asc�falo, quien, desde que cometi� su falta, permanec�a aprisionado por un enorme bloque. Cierto es que Dem�ter lo transformo pronto en una lechuza, con lo cual vario su suplicio. Para dar sangre a posmuertos, que, mediante liberaciones sangrientas, pueden recuperar un poco de vida, Heracles ideo sacrificar algunos animales sacados de los reba�os de Hades. al verlo, el pastor Menetes trato de oponerse, pero Hercles lo agarro por la cintura y le quebr� varias costillas, lo habr�a matado de no interceder Pers�fone. Finalmente Heracles llego a presencia de Hades y le pidi� autorizaci�n para llevarse a Cerbero. El dios accedi�, pero con la condici�n de que hab�a de dominar al animal sin recurrir a sus armas habituales, revestido simplemente con su coraza y su piel de le�n. El h�roe ataco a Cerebero, o agarro por el cuello y, a pesar de que el rabo del perro, que acababa en una especie de dardo como el del escorpi�n, le pico repetidas veces, no solt� la presa hasta que la tuvo dominada. Subi� luego ala tierra con su bot�n, saliendo por la boca del infierno situada en Trec�n. Al ver Cebero, Euristeo experimento tal terror que corrio a ocultarse en su jarra, su habitual refugio. No sabiendo que hacer con el perro, Heracles lo devolvi� a su due�o Hades. |
| Doceavo trabajo.
Las manzanas de oro de las Hesp�rides. Cuando la boda de Hera con Zeus, la Tierra �Gea- hab�a dado ala diosa como presente nupcial, unas manzanas de oro, que Hera encontr� maravillosas, hasta el punto que las mando plantar en el jard�n de las inmediaciones del monte Atlas. Como las hijas de Atlante sol�an ir a saquear este jard�n, la diosa hab�a confiado la custodia de las manzanas y el �rbol maravillosos que las produc�a a un drag�n inmortal de cien cabezas, nacido de Tif�n y Equidna. Asimismo, hab�a colocado como guardianas a las tres ninfas del atardecer, las hesp�rides, llamadas Egle, Eritia y Heperaretusa, es decir, la �Resplandeciente�,la �Roja� y la � Arterusa de Poniente�, nombres que recuerdan los matices del cielo cuando el Sol va hacia el ocaso. Estas eran las manzanas de oro que Euristeo ordeno a Heracles le trajese. El Jard�n de las Hesp�rides se ubica ya en el oeste de Libia, ya al pie del Atlas, ya en el pa�s de los Hiperb�reos. La primera preocupaci�n de Heracles fue la de informarse del camino que conduc�a al pa�s de las Hesp�rides. Para ellos parti� en direcci�n Norte, a trav�s de Macedonia. Primero se encontr� con Cicno, hijo de Ares, al que derroto en las m�rgenes del Esquedoro. Se adentro en Liria, hasta las orillas del Eridano, donde le salieron al paso las ninfas del rio, hijas de Temis y Zeus, que viv�an en una caverna. A las preguntas del h�roe, ellas contestaron que solo el dios marino Nereo pod�a informarle sobre el pa�s que buscaba. Lo llevaron ante Nereo mientras este dorm�a, y, aunque el dios adopto toda clase de formas, Heracles lo amarro solidamente y no lo solt� hasta que le revelo el lugar donde se hallaba el Jard�n de las Hesp�rides. Desde ese momento, el itinerario del h�roe se hace poco inteligible. Se cuenta que desde las orillas del Eridiano, paso a Libia, donde se bati� con el gigante Anteo; recorrio entonces Egipto, donde estuvo apunto de ser sacrificado por Busilis . de alli paso al Asia y luego a Arabia, donde dio muerte a Emati�n,hijo de Titono; despu�s marcho a trav�s de Libia, hasta el �Mar Exterior�. All� se embarco en la �Copa del Sol�, para arribar en la ribera opuesta al pie del C�ucaso. |
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