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Hécuba
Hécuba es la segunda esposa de Príamo. Su genealogía fue tema de controversia desde la antigüedad. Dos tradiciones estaban frente a frente: una de ellas la consideraba hija de Diamante, el rey de Frigia; otra, como de Ciseo, rey de Tracia. En el primer caso, descendía del rio Sangario. Una variante de esta tradición dice que el rio Sangario ha sido, no su bisabuelo, sino su padre, que había engendrado a Hécuba con la ninfa Evágora. Se le atribuye como madre a la hija de Janto, Glaucipe. Los autores que la creen hija de Ciseo le dan como madre a Teleclea. La mujer de Diamante había sido la ninfa Éunoe.
La tradición que relaciona a Hécuba con Diamante y con el territorio de Frigia es la de la
Ilíada. Los trágicos, y especialmente Eurípides, prefieren orígenes Tracios. El problema genealógico planteado por Hécuba era tan complejo que el emperador Tiberio, dado la ironía, gustaba de proponerlo a los gramáticos de la época.
Hécuba es célebre por su fecundidad. A veces se dice que dio a Príamo diecinueve hijos;  Eurípides eleva este número a cincuenta. Apolodoro, cita solo catorce: Héctor, el primogénito; París (v.        ), por sobrenombre Alejandro, el segundo, cuyo nacimiento fue precedido de un sueño profético; luego cuatro hijas, Creúsa, Laodicea, Polixena y Casandra – aunque esta sea considerada generalmente como hermana gemela de Troilo, o bien de Heleno, que, como ella, poseía el don poético; los últimos fueron varones: Deíífobo, Héleno, Palmon, Polites,Ántifo, Hipónoo, Polidoro y troylo, el menor y el más querido, el favorito del primogénito Héctor Se le atribuye también el decimo-quinto hijo, Polidamante (v. Genealogía) )
En homero, Hécuba tiene un papel bastante borroso. Interviene en segundo plano para moderar el arrojo de Héctor, llorar sobre su cadáver y rogar a Atenea que aleje de la ciudad la desgracia. Pero desde las epopeyas cíclicas y, sobretodo, en los trágicos, la figura de Hecúba se acrecienta hasta el punto de convertirse en el símbolo de la majestad y el infortunio.
Se contaba que antes de dar a luz a su segundo hijo, había tenido un extraño ensueño: vio salir de su seno una antorcha, que prendió fuego a toda la ciudad de Troya, e incluso los bosques de Ida. Los adivinos fueron consultados, y declararon que el niño que iba a nacer seria la causa de la ruina de la ciudad. Decidieron matarlo cuando naciera, pero Hécuba se negó a que lo mataran, Incapaces de matar al niño, y se limitó a encargar a uno de sus criados, Agelao, que lo abandonara en el monte Ida. El niño fue salvado, ya mas tarde volvió a Troya (v.Paris).
Otra versión cuenta que los adivinos -y especialmente Ésaco, uno de los hijos de Príamo) - habían simplemente prevenido al rey, anunciándole que el niño que nacería en una fecha determinada provocaría la ruina de Troya, por lo cual era conveniente darle muerte, así como a su madre. En el día indicado, sucedieron los nacimientos: el de Paris y el de Munipo. Hijo de Cila y temetes, hermano y cuñado de Piamo. Piamo condenó a muerte a Cila y Munipio.
Esta leyenda del sueño de Hécuba está destinada a retrotraer hasta ella los orígenes del crimen que significo la perdición de Troya, ya simplemente por el hecho de haber sido la madre de Paris, ya por haberse negado a matar a este, contra el parecer de los dioses. De esta manera quedaban justificadas hasta cierto punto las desgracias que cayeron sobre la ciudad.
Al ser tomada Troya, Hécuba había perdido a casi todos sus hijos. Uno de ellos, Polidoro, había sido confiado por Príamo al rey del Querosoneso Polimestor –quien según la tradición de la leyenda se había casado con una de sus hijas, Ilíone- (v. Deípilo y Polimestor), con objeto de ponerlo en lugar seguro. Al mismo tiempo, Príamo había encargado a Polimestor la custodia de valiosos tesoros para su hijo. Pero una vez Troya hubo caído, y muerto Príamo, Polimestor pensó apropiarse las riquezas de las que era depositario, para lo cual dio muerte a Polidoro arrojándolo al mar su cadáver –según otra versión, mato por error a su propio hijo, Deípilo-. Este cadáver fue depositado  por las olas en la costa de Tróade en el momento en que Hécuba iba a ser desembarcada como  cautiva troyana, que la suerte había a tribuido a Ulises. La anciana reina, al reconocer el cuerpo de su hijo, decide vengarse. Envía una de sus criadas en busca de Polimestor con un pretexto engañoso: simulando ignorarlo todo, desea decirle donde se encuentra el tesoro que hasta  entonces había escapado de las pesquisas de los conquistadores. Movido por el afán de lucro, Polimestor acude, y cuando lo tiene a su alcance, le arranca los ojos, no sin antes que las cautivas troyanas hayan dado muerte, ante su vista, a sus hijos que le acompañan.
Con el fin de castigarla por este crimen, los griegos deciden lapidarla. Pero bajo el monton de piedras se encontró, en vez del cadáver, una perra con ojos de fuego. O bien se cree que  Hécuba fue transformada en perra cuando la perseguían los compañeros de Polimestor, deseosos de vengar a su rey. Otra tradición contaba que Hécuba se había transformado en perra, a bordo de la nave que la conducía a Grecia, y que se había arrojado al mar.
Otra versión de su muerte en el oráculo de Héleno.
Andrómaca
Mérope
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Príamo
Arisbe
Diversas concubinas, entre las cuales:
Gorgitión (etc)
Láotoe
Castianira
Licaón
Hécuba
Astérope
Paris, llamado Alejandro
Héctor
Ésaco
diez y nueve hijos, de los cuales:
Pólidoro
Escamandrio
llam. Astianacte
Enone - Helena - Helena - Andrómaca   Helicaón - Acamante - Encas - Imbrio
Laodamante
Ascanio
Múnito
Córito
Políxeno
Héleno
Casandra
Laódice
Creúsa
Medicaste
Deífobo
Paris
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