Pl�stenes II
T�ntalo II
Pelopia
Hipodam�a
Agamen�n
Agamen�n aparece en la leyenda como rey por excelencia, encargado, en la Il�ada, del mando supremo del ej�rcito aqueo.
Por los nombres de sus antepasados, unas veces se le considera Atrida, otras Pel�pida, incluso se le considera Tant�tida (v. Genealog�a).
La Il�ada hace de el rey de Argos, a veces es de Micenas, dando entonces el trono de Argos a Diomedes �esta �ltima versi�n es del catalogo de las naves, pasaje interpolado, mas reciente que el resto del poema-. Finalmente, en la tradici�n m�s tard�a, Agamen�n pasaba por ser rey de Lacedemonia, con la capital en Amiclas.
Respecto a su filiaci�n (A�rope y Atreo). Agamen�n estaba casado con Clitemestra, que desempe�a en la historia un papel important�simo. Clitemestra, hermana de Helena y, como ella, hija de Leda y Tindareo
hab�a sido antes esposa de T�ntalo, hijo de Tiestes; pero Agamen�n hab�a dado muerte al  marido al mismo tiempo que a un ni�o reci�n nacido, hijo de T�ntalo y de Clitemestra.
Como consecuencia de este doble asesinato y del casamiento, aceptado a disgusto, de Clitemestra con Agamen�n, los Dioscuros C�stor y P�lux, hermanos de la doncella, persiguieron al rey, que tuvo de buscar refugio junto a su suegro, Tind�reo. Finalmente, C�stor y P�lux consintieron en reconciliarse con Agamen�n, pero la union con Clitemestra, iniciada con un crimen, estaba maldita, como lo prueba el curso de la leyenda.
Con Clitemestra, Agamen�n engendro tres hijas: Cris�temis, La�dice e Ifianasa, en �ltimo lugar, un hijo, Orestes. Tal es la primitiva forma de la leyenda. Pero m�s tarde aparece una hija, Ifigenia, distinta de Ifianasa y, finalmente  en lugar de La�dice, los poetas tr�gicos mencionan a Electra, totalmente desconocida por el autor de la Il�ada. De estos hijos, los tr�gicos conocen sobre todo a Ifligenia, Electra y Orestes.

Guerra de Troya.

En ocasi�n en que un gran n�mero de pretendientes solicitaban la mano de Helena, Tind�reo, aconsejado por Ulises, los at� por un juramento, en virtud del cual se compromet�an a respetar la decisi�n de Helena y a no disputar la decisi�n de la muchacha por el pretendiente elegido. M�s a�n: si era atacado, los dem�s deb�an acudir en auxilio. Cuando Paris hubo raptado a Helena, Menelao fue a pedir ayuda  a Agamen�n. Este record� a los jefes el juramento prestado, as� se form� el n�cleo del ej�rcito destinado a atacar Troya.
Agamen�n fue elegido, de com�n asenso, comandante supremo, ya sea debido a su valor personal, ya por efecto de una campa�a electoral llevada con habilidad. Las tropas se concentraron en �ulide. En la Il�ada, Zeus env�a en seguida un presagio favorable: despu�s del sacrificio a Apolo, una serpiente se lanz�  desde el altar a un �rbol vecino devorando ocho gorriones, que hab�an en el nido, as� como a la madre, nueve p�jaros en total. Luego la serpiente se transformo en una piedra. Calcante dijo que Zeus quer�a significar con ello que Troya seria conquistada al cabo de un periodo de diez a�os. Esquilo conoce otro prodigio: una libre pre�ada, desgarrada por dos �guilas. Calcante interpreto este signo diciendo que Troya perecer�a pero que �rtemis no estar�a a favor de los griegos.
Seg�n un poema posterior a la Il�ada (sin duda, los
cantos Cipios) , los griegos, por ignorar la ruta hacia Troya, desembarcan al principio del Misia, tras varios combates, son dispersados por una tempestad, regresando cada cual a su pa�s. Ocho a�os despu�s de este rev�s, vuelven a reunirse en �ulide: pero el mar  queda cerrado  a los barcos por una persistente calma. Preguntando entonces al adivino Calcante, est�, responde que la calma se debe a la c�lera de Artemis. Esta c�lera tienen varias causas: bien porque Agamen�n, al matar a la cierva, se hab�a jactado de que �rtemis no lo hab�a hecho mejor; bien porque Atreo no hab�a sacrificado en otros tiempos el cordero de oro a la diosa (v.        ), o porque Agamen�n hab�a prometido a �sta ofrendarle el producto m�s bello del a�o en que naciera su hija Ifligenia, y no le hab�a sacrificado a la joven. Por todos estos motivos, la diosa exig�a sacrificio: el de Ifligenia. Agamen�n accedi�, ya sea por ambici�n, ya por el bien p�blico; pero ello acaeci� aun m�s el odio de Clitemestra hacia su marido.
Habi�ndose puesto en marcha, la expedici�n, la flota hizo escala en T�nedos, donde, por primera vez, se manifest� la hostilidad latente entre Aquiles y Agamen�n en una disputa que prefigura la que ante Troya, pondr� en peligro a los griegos. Por aquel tiempo, Agamen�n mando que fuese abandonado en Lemnos Filoctetes, cuya herida desped�a un hedor nauseabundo y cuyos gritos perturbaban los sacrificios.
Transcurrieron los nueve primeros a�os de asedio, en el decimo a�o, Agamen�n participa, con Aquiles en diversas incursiones de pirater�a contra las ciudades de los contornos. Del bot�n cobrado, Aquiles se quedo con Briseida, Agamen�n, con Criseida, hija del sacerdote de Apolo, Crises. �ste reclamo  a su hija contra rescate, pero Agamen�n rehus�, en castigo Apolo envi� una peste al ej�rcito griego. Aqu� empieza  la narraci�n de la Il�ada. La asamblea de los soldados obliga a Agamen�n a restituir a Criseida; pero el rey pide, a cambio, que Aquiles le entregu� a Briseida. Es la excusa perfecta para despertar la c�lera de �ste: Aquiles se niega y se retira a su tienda. Entonces Agamen�n manda reclamar oficialmente a Briseida por los heraldos, Taltibio y Eur�bates.
Aquiles no tiene m�s remedio qu entregar a la doncella, pero se niega a combatir. A petici�n de Tetis, Zeus env�a a Agamen�n un ensue�o enga�oso, haci�ndole creer que tomar� Troya sin  la participaci�n de Aquiles. Por otra parte, un antiguo or�culo hab�a revelado al rey que la ciudad caer�a  cuando se produjese la  discordia en el campamento de los aqueos.
Comienza la lucha, en la que Agamen�n interviene personalmente y realiza diversas haza�as destacadas; pero cae herido y ha de retirarse de la batalla. Despu�s del ataque al campamento, y viendo que todo est� perdido a menos que Aquiles vuelva a combatir a su lado, se reconcilia con el envi�ndole  a Briseida, prometi�ndole adem�s, la mano de un de sus hijas y valiosos regalos. Desde este momento no se habla a penas ya de Agamen�n en la Il�ada, todo el inter�s se concentra en Aquiles.
Las epopeyas posteriores relataban otras intervenciones de Agamen�n en los acontecimientos que siguieron a la muerte de H�ctor y a la de Aquiles, especialmente en los combates  que se entablaron en torno al cad�ver de �ste y las disputas por la posesi�n de las armas del h�roe (v. Ayax, hijo de Telam�n). La Odisea refiere que, despu�s de la ca�da de Troya, recibi� como parte del bot�n a la profetisa Casandra, hija de Pr�amo, de la que tuvo dos hijos gemelos; Teledamo y Pen�lope.
El retorno de Agamen�n a su partida de Tr�ade hab�an dado motivos para narraciones �picas. La
Odisea alude ya a una querella que se redujo entre Agamen�n y Menelao al querer �ste partir tan pronto como hubo terminado la guerra, mientras que aqu�l deseaba quedarse el tiempo necesario para congraciarse con Atenea ofreci�ndole presentes. Los poemas de los Retornos cuentan tambi�n como, en el momento de desembarcar, se le apareci� la sombra de Aquiles tratando de retenerlo predici�ndole sus futuras desdichas. Al mismo tiempo,  la sombra le exigi� el sacrificio de Pol�xena, una de las hijas de Pr�amo.
Al llegar a su patria, Agamen�n fue acechado por un esp�a que hab�a apostado Egisto, amante de Clitemestra. Egisto invita a Agamen�n a un banquete, asesin�ndolo, as� como a sus compa�eros, ayudado por  veinte hombres ocultos en la sala del fest�n.
Otras versiones de la misma leyenda presentan a Clitemestra participando en el crimen y matando tambi�n a Casandra, su rival. Pindaro a�ade que, en su odio contra la estirpe de su marido, quiso incluir la muerte de Orestes, su propio hijo. En los poemas tr�gicos, las circunstancias varias: ora es Agamen�n, como en homero,  es herido estando  en la mesa, ora es inmolado en el ba�o en el momento que, enredado en la camisa que le diera su mujer, cuyas mangas hab�a cosido, no pod�a defenderse. Higinio dice que le instigador del asesinato fue �ax, hermano de Palamedes, deseoso de vengar as� la lapidaci�n de �ste, ordenada por Agamen�n. Parece que �ax hab�a contado a Clitemestra que su marido se dispon�a a colocar a Casandra en su lugar. Esto habr�a impulsado a Clitemestra a cometer el crimen, hiriendo a Agamen�n con un hacha cuando ofrec�a un sacrificio, matando al mismo tiempo a Casandra. Esta versi�n es muy parecida a la historia de Egialea y Diomedes.
Ya se sabe como mas tarde, Agamen�n es vengado por su hijo Orestes (v. Orestes).
Zeus
Pluto
Pluto
T�ntalo
P�lope
Br�teas
N�obe
Hip�tee
Astidamia
Crisipo
Trec�n
Escir�n
Piteo
Alc�too
Tiestes
Nic�pe
Atreo
A�rope
Etra
Egeo
Teseo
Peribea
Telam�n
�yax
De la union con su cu�ada
A�rope
A�rope
Egisto
union incestuosa con su padre
Zeus
Tind�reo
Leda
C�stor
P�lux
Fil�noe
Timandra
Clitemestra
Agamen�n
Casandra
P�lope II
Teledamo
Ifianasa
(o Ifigenia)
Orestes
Cris�temis
La�dice
(o Electra)
Menelao
Helena
Anxibia
Estrofio
P�lades
Atreo
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