Jiddu Krishnamurti
El Futuro de la Humanidad
k
Uno se pregunta cu�l es el futuro de la humanidad, el futuro de todos
esos ni�os que vemos gritando, jugando, con sus rostros tan felices,
dulces y hermosos; �cu�l es el futuro de ellos? El futuro es lo que
somos ahora. Esto ha sido hist�ricamente as� a trav�s de muchos miles de
a�os: el vivir y el morir y todo el tormento de nuestra existencia.
Parece que no prestamos mucha atenci�n al futuro. Vemos en la televisi�n
el interminable entretenimiento que se desarrolla desde la ma�ana hasta
tarde en la noche, excepto en uno o dos canales, pero las transmisiones
de �stos son muy breves y no demasiado serias. Los ni�os se entretienen.
Todos los comerciales alimentan la sensaci�n de que con esto se nos
distrae. Y ello ocurre pr�cticamente en todo el mundo. �Cu�l es el
futuro de estos ni�os? Est� el entretenimiento del deporte: treinta,
cuarenta mil espectadores mirando a unas pocas personas en el campo de
juego y gritando hasta quedarse roncos. Y uno tambi�n va y presencia
alguna ceremonia que se realiza en una gran catedral, alg�n ritual, y
eso tambi�n es una forma de entretenimiento, s�lo que lo llamamos
sagrado, religioso, pero sigue siendo un entretenimiento, una
experiencia rom�ntica, sentimental, una sensaci�n de religiosidad.
Observando todo esto en diferentes partes del mundo, viendo c�mo la
mente est� ocupada con la diversi�n, el entretenimiento, el deporte, es
inevitable que uno se pregunte, si es que de alg�n modo le interesa:
�Qu� ser� del futuro? �M�s de lo mismo en formas diferentes? �Una
variedad de diversiones?

Tenemos que considerar, pues, si es que de alguna manera nos damos
cuenta de lo que nos est� pasando, c�mo los mundos del entretenimiento y
del deporte est�n aprisionando nuestra mente, moldeando nuestra vida.
�D�nde conduce todo esto? �O acaso es algo que no nos interesa en
absoluto? Probablemente no nos preocupa. Quiz� ni hemos pensado al
respecto o, si lo hemos hecho, tal vez digamos que es demasiado
complejo, demasiado alarmante, demasiado peligroso pensar en los a�os
venideros -no en nuestra vejez particular, sino en el destino (si se
puede usar esa palabra), en el resultado de nuestro actual estilo de
vida, lleno de toda clase de sentimientos y b�squedas rom�nticas,
emocionales, y con todo el mundo del entretenimiento golpeando contra
nuestra mente.

Si de alg�n modo nos damos cuenta de todo esto, �cu�l es el futuro de la
humanidad? Como dijimos antes, el futuro es lo que somos ahora. Si no
hay un cambio -no adaptaciones superficiales o alg�n patr�n pol�tico,
religioso o social, sino un cambio mucho m�s profundo que exige nuestra
atenci�n, nuestro cuidado y afecto-, si no hay un cambio fundamental,
entonces el futuro es lo que estamos haciendo cada d�a de nuestra vida
en el presente. "Cambio" es una palabra m�s bien dif�cil. �Cambiar a
qu�? �Cambiar de un modelo a otro modelo? �De un concepto a otro
concepto? �De un sistema pol�tico o religioso a otro? �Cambiar de esto a
aquello? Aquello sigue estando en el reino, en el campo de lo que es. El
cambio a aquello es proyectado por el pensamiento, formulado por el
pensamiento, decidido por el proceso material.

Uno debe, pues, investigar cuidadosamente esta palabra cambio. �Hay
cambio si existe un motivo? �Hay cambio si existe una direcci�n
particular, una finalidad particular, una conclusi�n que parece sensata,
racional? O tal vez una expresi�n mejor que "cambio" sea "terminaci�n de
lo que es". Terminaci�n, no el movimiento de lo que es a lo que deber�a
ser. Eso no es cambio. Pero si la terminaci�n tiene un motivo, un
prop�sito, si es un asunto de decisi�n, entonces es meramente un cambio
de esto a aquello. La palabra decisi�n implica una acci�n de la
voluntad: "Yo har� esto, no har� aquello". Cuando en el acto de terminar
con algo se introduce el deseo, �ste se convierte en la causa de la
terminaci�n. Donde hay una causa hay un motivo, y entonces no existe en
absoluto una verdadera terminaci�n.

El siglo veinte ha conocido una gran cantidad de cambios producidos por
dos guerras devastadoras, y el materialismo dial�ctico, y el
escepticismo con respecto a las creencias religiosas, a las actividades
de los rituales, etc., aparte del mundo tecnol�gico que ha dado origen a
much�simos cambios; y habr� futuros cambios cuando la computadora est�
completamente desarrollada; nos hallamos s�lo en el comienzo de ese
desarrollo. Entonces, cuando la computadora tome el mando, �qu� va a
ocurrir con nuestras mentes humanas? Pero �sta es otra cuesti�n.

Cuando la industria del entretenimiento asume la direcci�n, tal como
gradualmente lo est� haciendo ahora, cuando los j�venes, los ni�os, los
estudiantes son constantemente instigados al placer, a la fantas�a, a la
sensualidad rom�ntica, las palabras moderaci�n y austeridad se dejan a
un lado y ni siquiera se les dedica jam�s un solo pensamiento. La
llamada austeridad de los monjes, de los sanyasis que niegan el mundo,
que visten sus cuerpos con alguna clase de uniforme o un simple
taparrabo... esta negaci�n del mundo material no es, ciertamente,
austeridad. Es probable que la mayor�a ni siquiera escuche esto, que no
preste atenci�n a las implicaciones que tiene la austeridad. Cuando
desde la infancia se nos ha educado para que nos divirtamos y escapemos
de nosotros mismos mediante los entretenimientos, religiosos o de otra
�ndole, y cuando casi todos los psic�logos dicen que debemos expresar
todo lo que sentimos y que cualquier forma de abstinencia o restricci�n
es nociva y conduce a diversas formas de neurosis, es natural que
entremos m�s y m�s en el mundo del deporte, de las diversiones y los
entretenimientos, todo lo cual nos ayuda a escapar de nosotros mismos,
de lo que somos.

Comprender la naturaleza de lo que somos, comprenderla sin distorsi�n
alguna, sin ning�n prejuicio, sin ning�n tipo de reacciones ante lo que
descubrimos que somos, es el principio de la austeridad. La observaci�n,
la percepci�n alerta de cada pensamiento, de cada sentimiento, sin
refrenarlos, sin controlarlos, sino observ�ndolos como observamos un
p�jaro que vuela, sin introducir en tal observaci�n los propios
prejuicios y distorsiones; ese observar da origen a un extraordinario
sentido de austeridad que est� mucho m�s all� de toda restricci�n, de
todo el tonto enga�arnos a nosotros mismos y de toda esta idea del
mejoramiento propio, de la propia realizaci�n personal. Todo esto es m�s
bien infantil. En este observar existe una gran libertad, y en ella
reside el sentido de dignidad que hay en la austeridad. Pero si uno
dijera todo esto a un moderno grupo de estudiantes o ni�os, ellos
probablemente mirar�an hacia afuera por la ventana, llenos de
aburrimiento, porque este mundo s�lo est� dispuesto a la persecuci�n del
propio placer.

Al parecer, el hombre siempre ha escapado de s� mismo, de lo que �l es,
eludiendo ver ad�nde va, huyendo de todo esto que le concierne: el
universo, su vida cotidiana, el morir y el comenzar. Es extra�o que
nunca nos demos cuenta de que, por mucho que escapemos de nosotros
mismos, por mucho que podamos alejarnos de manera consciente,
deliberada, inconsciente o sutil, el conflicto, el placer, el dolor; el
miedo, etc., siempre est�n ah�. Y finalmente dominan. Uno puede tratar
de reprimirlos, puede tratar de apartarlos deliberadamente por un acto
de voluntad, pero vuelven a la superficie. Y el placer es uno de los
factores que predominan; tambi�n trae consigo los mismos conflictos, el
mismo dolor, el mismo hast�o. El cansancio y el desgaste del placer
forman parte de esta confusi�n que es nuestra vida. No podemos eludir
esto. No podemos escapar de esta insondable confusi�n a menos que
realmente le dediquemos cierta reflexi�n, y no s�lo re-flexi�n, sino que
veamos con atenci�n cuidadosa, con diligente vigilancia, todo el
movimiento del pensar y del "yo".

Muchos podr�n decir que esto es demasiado fatigoso, tal vez innecesario.
Pero si no le prestamos atenci�n, si no le hacemos caso, el futuro no
s�lo va a ser m�s destructivo, m�s intolerable, sino que carecer� de
mayor significaci�n. Este no es un punto de vista deprimente,
desalentador; es realmente as�. Lo que somos ahora, es lo que seremos en
los d�as que vendr�n. No podemos evitarlo. Es algo tan preciso como la
salida y la puesta del Sol. Esto lo compartir�n todos los seres humanos,
toda la humanidad, a menos que cambiemos todos nosotros, cada uno de
nosotros, que cambiemos hacia algo que no sea proyectado por el
pensamiento.


18 de Mayo de 1983
Del ultimo Diario de J. Krishnamurti
CONFERENCIAS
Pagina Principal
Hosted by www.Geocities.ws

1