Jiddu Krishnamurti
El Conocimiento de Uno Mismo
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       �No estamos casi todos en esta situaci�n? Ya sea que sigan perteneciendo a muchas organizaciones -religiosas, pol�ticas o de otra clase- o que hayan renunciado a todas ellas, �no experimentan, acaso, la misma desesperaci�n interna? Pueden acudir al psicoanalista o a la confesi�n y as� tranquilizarse por un tiempo, pero �no existe en ustedes el mismo dolor de la soledad, un sentimiento de p�rdida, una desesperaci�n inacabable? El hecho de ingresar en organizaciones, de entregarse a distintas formas de diversi�n, de aficionarse al conocimiento, de practicar rituales cotidianos y dem�s, nos permite escapar de nosotros mismos, pero cuando esas cosas han cesado, cuando han sido inteligentemente desechadas y no reemplazadas por otras formas de escape, uno llega a esto, �no es verdad? Pueden haber leido muchos libros, pueden estar rodeados por la familia, por los hijos, por riquezas: un auto nuevo cada a�o, la literatura m�s reciente, el fon�grafo m�s novedoso, y todas esas cosas. Pero, cuando descartan inteligentemente la distracci�n, tienen que enfrentarse inevitablemente a este sentimiento, el sentimiento de frustraci�n interna, de irremediable e inacabable desesperaci�n. Tal vez la mayor�a no es consciente de ese sentimiento o, si lo es, escapa de �l. Pero est� ah�. Entonces, �qu� hemos de hacer?

        Ante todo, me parece muy dificil llegar a una situaci�n interna as�, a estar tan alerta que seamos capaces de enfrentarnos directamente con esa cosa. Muy pocos tenemos la capacidad de afrontar eso directamente, tal como es, porque resulta sumamente doloroso, y cuando s� lo afrontamos, estamos tan ansiosos por salir de ello, que podr�amos hacer cualquier cosa, incluso cometer suicidio, o escapar lejos hacia alguna ilusi�n, alguna distracci�n. De modo que la primera dificultad radica en estar plenamente conscientes de que nos enfrentamos con eso. Desde luego, uno debe sentirse desesperado por encontrar algo. Cuando ha intentado todo cuanto est� a su alcance, cuando ha probado todas las puertas a trav�s de las cuales poder escapar y ninguna de ellas le ofrece una escapatoria, tiene que llegar por fuerza a ese punto.

        Ahora bien, si usted se encuentra en este punto, realmente, de hecho -no imaginariamente, no deseando estar all� a fin de hacer otra cosa-, si de veras se enfrenta con eso, entonces podemos proseguir y discutir qu� se puede hacer. Entonces vale la pena proseguir. Si ha dejado de sustituir una escapatoria por otra, de abandonar una organizaci�n para ingresar en otra diferente, de perseguir una cosa tras otra... si todo eso se ha terminado -y a la larga debe terminar para toda persona inteligente-, entonces, �qu�? Si usted se encuentra en esa situaci�n, �cu�l es la pr�xima respuesta? Cuando ya no escapa m�s, cuando ya no busca una salida, una manera de eludir eso, �qu� ocurre? Si observa ver� que, a causa del temor que ello nos ocasiona, porque deseamos entenderlo, le damos un nombre. �No es as�? Decimos: �me siento solo, estoy desesperado, me pasa esto, quiero entenderlo�. Es decir, al darle un nombre, establecemos cierta relaci�n entre nosotros y esa cosa que llamamos soledad, vac�o.

        Espero que comprendan de qu� estoy hablando. Al verbalizar nuestra relaci�n con eso, le damos un significado tanto neurol�gico como psicol�gico. Pero si no lo nombramos, sin tan s�lo lo miramos, si lo consideramos, entonces estableceremos con ello una relaci�n diferente; entonces eso no se encuentra lejos de nosotros, somos eso. Decimos, por ejemplo: �eso me da miedo�. El miedo existe s�lo en relaci�n con algo; ese algo lo reprimimos, cuando le damos un nombre, como el decir que �nos sentimos solos�. Debido a eso existe el sentimiento de que uno y esa soledad son dos cosas separadas. Pero �es as�? Uno, el observador, est� observando el hecho, y lo llama �sentirse solo�. El observador �es diferente de aquello que �l observa? Lo es s�lo mientras le da un nombre; pero si no lo nombra, el observador es lo observado. El nombrar, el calificar, act�a tan s�lo para dividir, y entonces surge la batalla con aquello que nombramos. Pero si no hay divisi�n, si hay integraci�n entre el observador y lo observado, la cual existe s�lo si no nombramos -pueden intentarlo y lo ver�n-, entonces desaparece por completo el sentimiento de miedo. El miedo es lo que nos impide mirar el hecho cuando decimos que nos sentimos vac�os, que somos esto, que somos aquello, que estamos desesperados. Y el miedo existe �nicamente como memoria, la cual surge cuando nombramos; pero, cuando somos capaces de mirar algo sin nombrarlo, entonces esa cosa somos nosotros mismos.

        As� pues, cuando usted llega a ese punto, cuando ya no nombra m�s la cosa que le causa miedo, usted es esa cosa. Cuando es esa cosa no hay problema, �verdad? El problema s�lo aparece cuando usted no quiere ser esa cosa, o cuando quiere hacer que esa cosa sea diferente de lo que es. Pero si usted es eso, entonces el observador es lo observado, son un fen�meno conjunto, no son fen�menos separados; en tal caso no hay problema, �verdad?


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        Ante todo, la gran mayor�a de nosotros se siente muy inclinada a creer. La mente es muy ingeniosa en persuadirnos a pensar de una manera diferente, a adoptar un nuevo punto de vista o a creer en cosas que no son fundamentalmente verdaderas. Ahora bien, al contestar estas preguntas me gustar�a decir que no les estoy persuadiendo a pensar de acuerdo con mi manera particular de hacerlo. Tratamos de encontrar juntos la respuesta correcta. No les contesto para que se limiten a aceptar o rechazar. Vamos a descubrir juntos qu� es verdadero, y esto requiere una mente abierta, inteligente, inquisitiva, alerta, no una mente tan llena de prejuicios que s�lo rechace lo que se dice, o tan ansiosa que lo acepte. Y en la contestaci�n a estas preguntas es preciso tener en cuenta algo fundamental: que ellas son simplemente un reflejo de las modalidades de nuestro propio pensar, que nos revelan lo que pensamos. Deber�an actuar como un espejo en el que nos percibimos a nosotros mismos.

        Al fin y al cabo, estas discusiones, estas charlas, tienen un �nico prop�sito: la b�squeda del conocimiento propio. Porque, como dije, s�lo conoci�ndonos primero a nosotros mismos -profundamente, a fondo, no superficialmente- podemos conocer la verdad. Y es sumamente arduo conocernos de manera profunda, no superficial. No es cuesti�n de tiempo, sino de intensidad; lo esencial es percibir y experimentar directamente. Y estas discusiones y charlas est�n dirigidas a eso, a que cada uno de nosotros pueda experimentar directamente cualquier cosa que se discuta, y no entenderla tan s�lo en el nivel verbal. Tambi�n es importante tener presente que cada uno debe descubrir la verdad, debe ser el Maestro y el disc�pulo, y eso requiere una gran dosis de humildad, no la mera aceptaci�n de lo que yo pueda afirmar o negar.

        As� que, por favor, cuando conteste las preguntas, recuerden todo esto, porque los problemas que tenemos son innumerables. La vida no es muy placentera ni simple; es muy complicada, y s�lo podemos comprenderla cuando comprendemos el proceso �ntegro, total. Y el proceso total est� en nosotros, no fuera de nosotros. Por lo tanto, es esencial comprendernos a nosotros mismos. Entonces podemos hab�rnoslas con las cosas a que nos enfrentamos cada d�a, las influencias que impactan constantemente sobre nosotros.


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        Lo que estoy diciendo en todas estas conversaciones no es algo para ser meramente recordado. Su prop�sito no es que ustedes traten de acumular en la mente lo que oyen, que se acuerden de ello y despu�s piensen o act�en al respecto. Si simplemente acumulan en sus mentes lo que les estoy diciendo, eso no ser� m�s que memoria, no ser� una cosa viva, algo que comprenden realmente. Lo que importa es la comprensi�n, no el recuerdo. Espero que vean la diferencia entre ambas cosas. La comprensi�n es inmediata, directa, es algo que ustedes experimentan intensamente. Pero si s�lo recuerdan lo que han o�do, ello servir� solamente como un patr�n, como una gu�a para seguir, para repetir, una idea para imitar, un ideal sobre el cual basar sus vidas. La comprensi�n no es un asunto de la memoria. Es una intensidad constante, un descubrimiento permanente.

        Por lo tanto, si s�lo recuerdan aquello de que hablo, comparar�n y tratar�n de modificar sus acciones o de ajustarlas a lo que recuerdan. Pero si realmente comprenden, esa comprensi�n misma genera acci�n, y entonces no tienen que actuar conforme a lo que recuerden. Por eso es muy importante no limitarse a recordar, sino escuchar y comprender instant�neamente.


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        [...] La belleza no es algo hecho por el hombre; las cosas del hombre despiertan sentimientos, sensaciones, pero nada tienen que ver con la belleza. La belleza jam�s puede ser un producto, no est� en algo que se haya constru�do ni se encuentra en los museos. Uno tiene que ir m�s all� de todo esto, del gusto personal y la preferencia, tiene que purificarse de toda emoci�n, porque el amor es belleza.

        [...] Cada r�o tiene su propio canto, su propio deleite, sus travesuras, pero aqu�, en su silencio mismo contiene la tierra y los cielos. Es �ste un r�o sagrado, como todos los r�os lo son; no obstante, en esta parte del largo, sinuoso r�o hay una dulzura, una delicadeza de inmensa profundidad, y hay destrucci�n. Al contemplarlo ahora uno se queda hechizado por su madurez y tranquilidad. Y perd�a todo su sentido de la tierra y el cielo. En ese quieto silencio advino �lo otro� y la meditaci�n perdi� su significado. Aquello era como una ola que viniera desde muy lejos, acumulando impulso a medida que avanzaba, estallando sobre la playa, barri�ndolo todo ante s�. S�lo que no hab�a tiempo ni distancia; estaba ah� con impenetrable fuerza, con destructiva vitalidad y, por tanto, ah� estaba la esencia de la belleza, que es amor. No hay imaginaci�n que pueda suscitar todo esto, ning�n hondo y rec�ndito motivo podr� jam�s proyectar esta inmensidad. Todo pensamiento y sentimiento, todo deseo y compulsi�n estaban por completo ausentes. Esto no era una experiencia; la experiencia implica reconocimiento, un centro que se acumula, memoria y continuidad. No era una experiencia; s�lo los inmaduros anhelan experiencias y, por eso, quedan atrapados en la ilusi�n. Esto era simplemente un suceso, un evento, un hecho, como una puesta de sol, como la muerte y el sinuoso r�o. La memoria no pod�a atraparlo en su red para retenerlo y, en consecuencia, destruirlo. Ello no pod�a ser contenido por el tiempo y el recuerdo, ni perseguido por el pensamiento. Era un rel�mpago en el que todo tiempo, toda eternidad se consum�a sin dejar cenizas, recuerdos. La meditaci�n es el completo y total vaciado de la mente, no con el fin de recibir, de ganar, de llegar, sino un total desnudarse sin motivo alguno; es, en verdad, un vaciar la mente de lo conocido, tanto la consciente como la inconsciente, vaciarla de toda experiencia, pensamiento y sentimiento. La negaci�n es la misma esencia de la libertad; la aserci�n y la b�squeda positiva implican esclavitud.


Del libro "El Conocimiento de uno mismo"
Antes de que busques, antes de que vayas de instructor en instructor,
de organizaci�n en organizaci�n, de creencia en creencia, ser� sin duda importante que averigues qui�n es la persona que busca,
y qu� es lo que busca.

        Antes que nada se necesita una mente serena, una mente no perturbada, para comprender cualquier cosa.
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