| Maestro Tibetano |
| PERLAS DE MAGIA BLANCA |
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| PERLAS DE MAGIA BLANCA |
| BIOGRAFIA Maestro Tibetano ENSE�ANZAS |
| �Puedo, formalmente, ofrecerles el parad�jico mandato de trabajar con toda seriedad, al mismo tiempo no trabajar, sin embargo, con tanta formalidad, no tomarse a s� mismos tan en serio? Los que se hallan en el aspecto interno y estudian el trabajo de los aspirantes del mundo, ven actualmente con lastimosa angustia la deficiencia del individuo, el esfuerzo sostenido y tenaz de su parte para "convertirse en lo que debe ser" y, sin embargo, al mismo tiempo, el penoso desequilibrio y ausencia del sentido del buen humor. Los incito a cultivar estas dos cualidades. No se tomen a s� mismos demasiado en serio, y hallar�n que podr�n liberarse para realizar el trabajo con mayor libertad y poder. Tomen seriamente el Plan y el llamado al servicio, pero sin perder el tiempo en el constante autoan�lisis. Por lo tanto, la meta inmediata para todos los disc�pulos aspirantes en estos momentos, puede ser vista como: 1. El logro de la claridad mental respecto a sus problemas personales e inmediatos, y principalmente el problema concerniente a su objetivo en el servicio. Esta deber� hacerse a trav�s de la meditaci�n. 2. El desarrollo de la sensibilidad a los nuevos impulsos que afluyen al mundo en esta �poca. Esto se lograr� amando m�s a toda la humanidad y, por el amor y la comprensi�n, haciendo contacto con ella m�s f�cilmente. El amor revela. 3. El servicio prestado con completa impersonalidad. Esto se hace eliminando la ambici�n personal y el amor al poder. 4. La negaci�n a prestar atenci�n a la opini�n p�blica y a los fracasos. Esto se hace mediante la aplicaci�n de la estricta obediencia a la voz del alma y por el esfuerzo de morar siempre en el lugar secreto del Alt�simo. Hemos fusionado el primer punto, respecto a la meta inmediata y los pasos que deben darse para alcanzarla, con el segundo punto respecto a la conducta y los factores que deben ser eliminados. S�lo resta, en consecuencia, se�alar los castigos que sobrevendr�n al disc�pulo en probaci�n y al trabajador entrenado, en caso de dejarse llevar por el espejismo y las fallas inherentes a su naturaleza, permitiendo que �stas obstaculicen su trabajo y se interpongan entre �l y la meta percibida. Podr�a se�alarse que hay tres puntos principales de peligro en la vida de servicio. No trato aqu� del entrenamiento individual del disc�pulo, sino de su vida de servicio y de sus actividades en que se desempe�a como trabajador. Su temperamento, sus caracter�sticas (f�sicas, emocionales y mentales), tienen un potente efecto sobre su ambiente y las personas que trata de ayudar, como tambi�n su trasfondo familiar, su entrenamiento mundial y su forma de hablar. El primer punto peligroso es su condici�n f�sica. Respecto a esto no puedo explayarme mucho, excepto exhortar a todos los disc�pulos a actuar con sabidur�a, dormir lo suficiente, alimentarse adecuadamente (esto var�a para cada individuo) y desenvolverse en ese ambiente que les permita trabajar con la mayor facilidad. El castigo por violar estas sugerencias recae en la falta de poder para el servicio y en la creciente esclavitud del cuerpo f�sico. Cuando el cuerpo f�sico est� en malas condiciones, el disc�pulo debe soportar las consecuencias surgidas por atraer fuerzas que �l es incapaz de manejar. El segundo punto de peligro reside en la ilusi�n astral, en la cual vive toda la humanidad, y su poder para ilusionar, a�n a los trabajadores experimentados. He considerado esto extensamente en este tratado que, como ya saben, se refiere al control del cuerpo astral y a la correcta comprensi�n de sus leyes. �nicamente el control mental y la verdadera percepci�n espiritual, ser�n suficientes para penetrar en esta ilusoria miasma astral, y revelarle al hombre que �l es una entidad espiritual encarnada y en contacto -a trav�s de su mente- con la Mente universal. Es evidente que el castigo sobreviene al disc�pulo que permite persistentemente ser ilusionado. Su visi�n llega a ser confusa y nebulosa y "pierde el sentido del tacto", como se lo llama en los antiguos comentarios. "Vaga por las sendas de la vida y erra el camino recto que lo lleva a su meta". El tercer peligro, y �ste prevalece mucho en nuestros d�as, es el orgullo mental y la consiguiente incapacidad de trabajar en forma grupal. Su castigo consiste frecuentemente en el �xito temporario y la obligaci�n de trabajar en un grupo que ha sido desvitalizado de sus mejores elementos y que s�lo re�ne a personas que se nutren de la personalidad del gu�a del grupo. Debido al �nfasis sobre sus propias ideas y sus propios m�todos de trabajo, el disc�pulo encuentra que su grupo carece de esos factores y esas personas que lo hubieran integrado, equilibrando su esfuerzo y dando a su empresa esas cualidades de que �l carece. Esto es en s� un castigo suficiente, y conduce r�pidamente a su sano juicio al disc�pulo honesto. Si un disc�pulo inteligente, honesto y fundamentalmente verdadero, yerra de esa manera, con el tiempo despertar� al hecho de que el grupo que ha reunido en torno suyo fue moldeado por �l, y �l est� moldeado por ellos; con frecuencia son personificaciones de �l mismo y sus repeticiones. La ley trabaja r�pidamente en el caso de un disc�pulo, y los reajustes se efect�an con rapidez. Quisiera indicar a los estudiantes que, si siguen adelante con perseverancia, descubrir�n que la uni�n exot�rica y esot�rica de las escuelas externas e internas o grupo de conocedores, es tan estrecha, que ning�n estudiante sincero pasa sin ser reconocido. En la presi�n del trabajo y en la carga y el af�n de la tarea diaria, es alentador saber que hay qu�enes vigilan, y que cada acci�n amorosa, cada pensamiento de aspiraci�n y cada reacci�n altruista, es observada y conocida. Recuerden, sin embargo, que es reconocido por Aquellos que nos ayudan, mediante la vibraci�n acrecentada del aspirante y no por un conocimiento espec�fico de la acci�n efectuada o el pensamiento emitido. Aquellos que ense�an se ocupan de los principios de la verdad, de los grados de vibraci�n y de la cualidad de la luz que se ver�. No se dan cuenta ni tienen tiempo para considerar hechos espec�ficos, palabras y condiciones, y m�s r�pidamente progresar�n los estudiantes, cuanto m�s pronto capten esto y eliminen de sus mentes la esperanza de ponerse en contacto fenom�nico con alg�n individuo, a quien llaman un Maestro, con mucho tiempo disponible y tantos poderes desarrollados que puede ocuparse, en tiempo y espacio, de los asuntos triviales de los estudiantes. Sin embargo, donde hay un crecimiento constante, una aplicaci�n a los principios ocultos, a fin de producirse definidos cambios en los cuerpos empleados, y donde una acrecentada luz radiante es conocida y registrada, el aspirante es recompensado con progresivas oportunidades para servir a sus semejantes. No se recompensan las recomendaciones, ni se dan palmaditas en la espalda, tampoco se expresa conformidad con palabras de alabanza. Procuran hacer de los hombres y mujeres comunes, conocedores e instructores: 1. Ense��ndoles a conocerse a s� mismos. 2. Liber�ndolos de toda autoridad, despert�ndoles el inter�s y deseo de investigar en sus propias mentes, e indic�ndoles (nada m�s que eso) la direcci�n donde hallar la respuesta. 3 D�ndoles las condiciones que los obligue a mantenerse en sus propios pies y depender de sus propias almas, no de ning�n ser humaro, sea un amigo amado, un instructor o un Maestro de Sabidur�a, No quiero volver a repetir lo dicho. La mayor�a de los puntos que conciernen al trabajo del aspirante, en la actualidad, fueron considerados anteriormente en este tratado. S�lo les resta estudiarlos con atenci�n. Finalizar� exhortando a todos aquellos que leen estas instrucciones, reunir todas sus fuerzas, renovar sus votos de dedicac��n al servicio de la humanidad, subordinar sus prop�as ideas y deseos al bien del grupo, apartar la vista de s� mismos y fijarla nuevamente en la visi�n, vigilar sus palabras y no ocuparse de habladur�as, cr�ticas o insinuaciones, y leer y estudiar de tal modo que el trabajo pueda seguir adelante con inteligencia. Que todos los estudiantes se decidan en este d�a de emergencia y oportunidad a sacrificar lo mejor de s� mismos para ayudar a la humanidad. Ahora es la necesidad y la demanda. El tiempo nos aprem�a, e insto a todos aquellos a quienes estoy tratando de ayudar a unirse al esfuerzo supremo de los Grandes Seres. Ellos trabajan d�a y noche en un esfuerzo por aliviar a la humanidad y neutralizar esos males y desastres, que son inherentes a la presente situaci�n. Les ofrezco la oportunidad y les digo que son necesarios, hasta el m�s insignificantes de ustedes. Les aseguro que los grupos de estudiantes que trabajan al un�sono y con amor mutuo, profundo e inquebrantable, pueden obtener resultados s�gnificat�vos. Que todos trabajen as�, y que cada uno pierda de vista al yo, en la comprensi�n de la necesidad mundial, es la sincera oraci�n y la m�s profunda aspiraci�n de vuestro hermano EL TIBETANO. |