| La Gran Invocacion |
| SIGNIFICADO DE CADA ESTROFA |
Desde el punto de Luz en la Mente de Dios, Que afluya luz a las mentes de los hombres; Que la Luz descienda a la tierra. Las primeras tres l�neas se refieren a la Mente de Dios como punto focal para obtener la luz divina. Esto concierne al alma de todas las cosas. El t�rmino alma con su m�ximo atributo de iluminaci�n, incluye al alma humana y a ese punto culminante que consideramos como el alma "influyente" de la humanidad, que aporta luz y difunde la iluminaci�n. Es necesario tener presente que la luz es energ�a activa. Cuando invocamos la Mente de Dios y decimos: "Que afluya luz a las mentes de los hombres que la luz descienda a la tierra", expresamos una de las grandes necesidades de la humanidad y �si la oraci�n y la plegaria encierran un significado� la respuesta vendr� con toda seguridad y certeza. Cuando los pueblos, en todo momento, en todas las circunstancias y en todas las �pocas, sienten la necesidad de implorar a un Centro espiritual invisible, podemos tener la seguridad de que dicho centro existe. La invocaci�n es tan antigua como la humanidad misma. Cristo dijo que los hombres "prefieren la oscuridad a la luz, porque sus obras son malas". Sin embargo, la gran belleza incipiente del momento actual reside en que la luz llega a todo lugar oscuro, y nada de lo que est� oculto quedar� sin revelar. Los pueblos reconocen la oscuridad y la miseria actuales, y por consiguiente dan la bienvenida a la luz. Una de las mayores necesidades actuales consiste en iluminar las mentes humanas a fin de que se vean las cosas tal cual son y comprendan los correctos m�viles y la forma de establecer rectas relaciones humanas. En la luz que trae la iluminaci�n, eventualmente veremos la luz, y llegar� el d�a en que millares de los hijos de los hombres e innumerables grupos, podr�n decir con Hermes y con Cristo " Yo soy (o somos) la luz del mundo". Desde el punto de Amor en el Coraz�n de Dios, Que afluya amor a los corazones de los hombres; Que Cristo retorne a la Tierra. Las tres l�neas de la segunda estrofa conciernen al Coraz�n de Dios y se refieren a punto focal del amor. El "coraz�n" del mundo manifestado es la Jerarqu�a espiritual �ese gran agente que trasmite amor a todas las formas de la manifestaci�n divina. Amor es una energ�a que debe llegar a los corazones de los hombres y fecundar a la humanidad con la cualidad de la comprensi�n amorosa; cuando el amor y la inteligencia se unen se dicen que expresan eso. Cuando los disc�pulos est�n activos y sean reconocidos por Cristo llegar� el momento en que nuevamente �l podr� caminar abiertamente entre los hombres; podr� ser reconocido p�blicamente y realizar as� Su tarea en los niveles externos e internos de la vida. Al despedirse de sus disc�pulos, Cristo les dijo: "Estar� siempre con vosotros, a�n hasta en fin de la era". Cuando Cristo venga florecer� activamente la conciencia cr�tica entre los hombres; liberar� en el mundo de los hombres la potencia y la energ�a del amor intuitivo. La distribuci�n de esta energ�a de amor traer� dos resultados: Primero, la energ�a activa de la comprensi�n amorosa iniciar� una enorme reacci�n contra el poder del odio. El odio, la separatividad y la exclusi�n, ser�n considerados como el �nico pecado, pues se reconocer� que los denominados pecados derivan del odio o de su consecuencia, la conciencia antisocial. Segundo, innumerables hombres y mujeres de todos los pa�ses, se unir�n en grupos para promover la buena voluntad y establecer rectas relaciones humanas. Su n�mero ser� tan grande que, de una minor�a peque�a y relativamente importante, se trasformar� en la m�s grande e influyente fuerza en el mundo. Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida, Que el prop�sito gu�e a las peque�as voluntades de hombres; El prop�sito que los Maestros conocen y sirven. En las tres l�neas de la tercer estrofa tenemos una plegaria para que la voluntad humana pueda estar de acuerdo con la voluntad divina, aunque no sea comprendida. Estas tres l�neas indican que la humanidad no puede captar todav�a el prop�sito de Dios, ese aspecto de la voluntad divina que busca inmediata expresi�n en la tierra. Debido a que el prop�sito de la Voluntad de Dios trata de ejercer influencia sobre la voluntad humana, indudablemente se expresa en t�rminos humanos de buena voluntad, viviente determinaci�n o firme intensi�n de establecer rectas relaciones humanas. La voluntad divina, tal como esencialmente es, sigue siendo el gran misterio. A�n Cristo Mismo luch� con el problema de la voluntad divina, y se dirigi� al Padre en el preciso momento que comprendi�, por primera vez, la extensi�n y complejidad de Su misi�n como Salvador del mundo. Entonces exclam�: "Padre, no mi voluntad sino la tuya sea hecha". Estas palabras significaron el abandono de los medios por los cuales �l trataba de salvar a la humanidad; Le se�alaron lo que pudo aparentar en esos momento un evidente fracaso, y que Su misi�n no fuera cumplida. Esper� casi dos mil a�os para llevar a la fructificaci�n esa misi�n. �l no puede proseguir con Su misi�n asignada sin la acci�n rec�proca de la humanidad. Esta invocaci�n es, peculiar y esencialmente, el propio m�ntram de Cristo que, al ser pronunciado por �l y utilizado por la Jerarqu�a espiritual, su "sonido" se ha difundido por el mundo. Sus palabras deben ser difundidas ahora en el mundo, mediante su pronunciaci�n, por los hombres de todas partes, y su significado debe ser expresado por las masas, a su debido tiempo. Entonces Cristo podr� "descender a la tierra" nuevamente y "ver los afanes de Su alma y quedar satisfecho". Desde el centro que llamamos la raza de los hombres, Que se realice el Plan de Amor y de Luz; Y selle la puerta donde se halla el mal. En las tres l�neas de la cuarta estrofa, se invocan los tres aspectos o potencias de la Mente, el Amor y la Voluntad, indicando que estos poderes se han introducido en la humanidad, en "el centro que llamamos la raza de los hombres". S�lo en �l pueden expresarse, en tiempo y espacio, las tres cualidades divinas y hallar su realizaci�n; s�lo en �l puede nacer verdaderamente el amor, actuar correctamente la inteligencia y la Voluntad de Dios demostrar su efectiva voluntad al bien. Por medio de la humanidad, sola y sin ayuda (excepto la que brinda el esp�ritu divino en cada ser humano), puede ser sellada " la puerta donde se halla el mal". La �ltima l�nea de la cuarta estrofa quiz�s necesite una explicaci�n. Es una manera simb�lica de expresar la idea de hacer inactivos e ineficaces los malos prop�sitos. No existe un lugar especial donde reside el mal; el Libro de las Revelaciones del Nuevo Testamento habla del mal, de la destrucci�n del demonio y de hacer impotente a Satan�s. La humanidad mantiene abierta "la puerta donde se halla el mal" por sus deseos ego�stas, odio y por su separatividad, por su codicia y sus barreras raciales y nacionales, por susbajas ambiciones personales y por su afici�n al poder y a la crueldad. A medida que la buena voluntad y la luz afluyan a las mentes y corazones de hombres, las malas cualidades y energ�as que mantienen abierta la puerta del mal, ceder�n su hogar al anhelo de establecer rectas relaciones humanas, a la determinaci�n de crear un mundo mejor y m�s pac�fico y a la expresi�n mundial de la voluntad al bien. A medida que estas cualidades sustituyan las viejas e indeseables, la puerta donde se halla el mal, lenta y simb�licamente, se cerrar� por el simple peso de la opini�n p�blica y el correcto deseo humano. Nada podr� evitarlo. As� se restaurar� el Plan original sobre la Tierra. Simult�neamente, se abrir� ante la humanidad, la puerta al mundo de la realidad espiritual y se cerrar� aquella donde se halla el mal. As�, mediante "el centro que llamamos la raza de los hombres", el Plan de Amor y de Luz se restablecer� y asestar� el golpe final al mal, al ego�smo y a la separatividad, quedando sepultados para siempre en una tumba sellada; as� tambi�n el prop�sito de Todo Creador ser� cumplido. Que la luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra. Es evidente que las tres primeras estrofas o vers�culos invocan, demandan o apelan a los tres aspectos universalmente reconocidos de la vida divina �la mente de Dios, el amor de Dios y la voluntad o prop�sito de Dios; la cuarta estrofa se�ala la relaci�n de la humanidad con estas tres energ�as de inteligencia, amor y voluntad, y la profunda responsabilidad de la raza humana de complementar la difusi�n del amor y la luz sobre la Tierra a fin de restaurar el Plan. Este Plan exhorta a la humanidad a manifestar Amor e insta a los hombres a "dejar brillar su luz". Luego viene la solemne y final demanda de que este "Plan de Amor y Luz", desarroll�ndose a trav�s de la humanidad, puede "sellar la puerta donde se halla el mal". La �ltima l�nea contiene la idea de restauraci�n, e indica la t�nica para el futuro; que llegar� el d�a en que la idea original de Dios y Su intenci�n inicial ya no ser�n frustradas por la maldad y el libre albedr�o humanos �materialismo y ego�smo puros; entonces, debido a los cambios producidos en los corazones y metas de la humanidad, el prop�sito divino ser� cumplido. |
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