
Lo condujo a un lugar del cielo donde le ofreci� un trono. Alrededor del mismo se extend�an hasta el infinito cantidad innumerables de velas, algunas reci�n encendidas y otras por apagarse. Dios le dijo que las que estaban por terminar de arder eran de los hombres que deb�an morir y que �l deb�a bajar a la Tierra para recoger sus almas.
As�, por orden divina, se convirti� en el ayudante de Dios para controlar la existencia de los hombres. As� naci� San La Muerte, y por tal motivo es que sus devotos se encomiendan a �l en la vida para que los proteja en la hora de la muerte.
Las im�genes de San La Muerte son peque�as. Las m�s altas alcanzan unos quince cent�metros; las m�s peque�as, aproximadamente tres o cuatro cent�metros. El material com�nmente empleado es la madera, con la que tambi�n se hacen otras im�genes de "santos" muy propios: San S�n (deformaci�n del Sans�n b�blico); Santa Librada (que ayuda en las heridas y fugas); San Pilato (que favorece el hallazgo de cosas perdidas, contribuyendo tambi�n San La Muerte a ello) y, adem�s, las de San Baltasar, Santa Luc�a, el Ni�o Dios y Jes�s Crucificado.
Todas estas deidades populares constituyen la constelaci�n de los "santos de palo", aunque San La Muerte tambi�n puede hacerse en plomo o con huesos humanos. Si el "santo" es personal, se le rezan sus oraciones los d�as Martes y Viernes, rodeando al esqueletito con velas rojas o de "luto". Cuando es utilizado para el bien, est� acompa�ado de Santa Catalina y alg�n crucifijo. Si es utilizado para el mal debe estar totalmente de negro y siempre oculto a la vista de extra�os, y s�lo el "due�o" lo "atiende", ya que de otro modo perder�a su fuerza.
En todos los casos la representaci�n es semejante: un esqueleto humano provisto de guada�a, cuya hoja est� hecha de metal, generalmente de lata. El mango se apoya sobre una peque�a plataforma situada a la altura de la cadera. La imagen, a su vez, tambi�n se asienta en otra plataforma. Salvo la guada�a, que se agrega, el resto est� constituido por una sola pieza que el santero trabaja pacientemente. La presentaci�n com�n de los San La Muerte es de pie, pero tambi�n los hay sentados, con las manos apoyadas en el maxilar inferior, y por �ltimo otras en cuclillas, tambi�n con una o las dos manos apoyadas en el maxilar. Estas dos �ltimas representaciones corresponden al Se�or de la Paciencia.
Los distintos nombres con que es conocido San La Muerte son: Se�or de la Buena Muerte (simboliza a Jesucristo); Se�or de la Paciencia (simboliza a Jesucristo o a San Jos�); San La Paciencia; Se�or La Muerte (simboliza a Jesucristo); San Justo Nuestro Se�or de la Muerte; Nuestro Se�or de Dios y la Muerte; San Justo; San Esqueleto y Ayucaba, en Paraguay; Se�or que lo puede Todo (especialmente en Formosa); San Severo de la Muerte (especialmente en Corrientes y Formosa) y San, simplemente.
San La Muerte toma a sus due�os invulnerables al da�o y les da poderes extraordinarios para inclinar a su favor el amor y la fortuna. Estos poderes se acent�an si la imagen est� hecha con huesos humanos. Los imagineros que hacen este pay� o amuleto, entregan con la imagen las oraciones que la tornan m�gica. Uno de los m�s famosos imagineros fue Ram�n Gonz�lez, un hombre analfabeto, de ascendencia �rabe, quien a pesar de estar recluido en la c�rcel provincial de la ciudad de Corrientes, realizaba im�genes de San La Muerte o Santa Librada para satisfacer los pedidos de la gente.
San La Muerte no es efectivo si no est� bendecido por un sacerdote cat�lico. Su culto constituye as� un curioso sincretismo religioso-pagano. Es dif�cil hallar un sacerdote que lo bendiga, por lo que hay entonces dos caminos: Cuando no hay sacerdote en la zona y no es posible pedirle nada a la imagen, dos personas mayores (y que sean cat�licas) asumen la responsabilidad y lo bendicen.
Si en la zona hay un templo, conviene llevar la imagen a la misa, y cuando el sacerdote imparte la bendici�n, tenerlo oculto en la mano para que le alcancen los beneficios de la misma. A partir de all� la imagen es efectiva y peligrosa, y tanto, que quien sabe de alguien que posea un La San Muerte ya bendecido, evita su compa��a, sobre todo si tiene alguna situaci�n de disputa, rivalidad amorosa o simple antipat�a.
Otra forma consiste en llevar en el hueco de la mano la imagen de San La Muerte y pedir al sacerdote que bendiga una estampita o medallita colocada encima; de esta manera, cuando bendice la medallita o la estampita, queda bendecida la imagen de San La Muerte. Despu�s, su due�o o due�a, lo coloca separado de los otros "santos", a veces en altares especiales, forrados de negro, seg�n es costumbre, siendo creencia que para que "comience a actuar" hay que llevar el amuleto siete viernes seguidos a siete iglesias distintas.
El culto supersticioso de San La Muerte no tiene fecha especial, pero el calendario folcl�rico reconoce como excepcionales para ello el Viernes Santo y el D�a de Todos los Muertos, aunque desde hace tiempo en Argentina, Resistencia (Chaco), se le rinde culto el 15 de agosto, incluso con misa y procesi�n.
Se�ala Jos� Miranda que para solicitarle alg�n favor especial a San La Muerte, se lo coloca en diversas posiciones y se le reza la oraci�n que se tenga, teniendo en cuenta las siguientes precauciones con la imagen: debe estar mirando hacia el lugar donde vive la persona a la que se desea influenciar. Tambi�n puede ser ubicado sobre la fotograf�a de la persona a la que se desea enamorar o influenciar.
Se lo puede poner con la cabeza hacia abajo hasta que cumpla con lo pedido (�sto s�lo puede hacerse con algunos ejemplares).
Se lo puede enterrar en un lugar del patio de la casa "hasta que cumpla", o frente a la puerta de entrada.

Se�or San La Muerte, esp�ritu esquel�tico, poderos�simo y fuerte, por dem�s como un Sans�n en tu majestad indispensable en los momentos de peligro, yo te invoco seguro de tu bondad. Ruega a nuestro Dios Todopoderoso que me conceda todo lo que le pido, que se arrepienta para toda la vida el que da�o o mal de ojo me hizo y que se vuelva contra el enseguida.
Para aquel que en amor me enga�a pido que lo hagas volver a m� y si desoye tu voz extra�a buen esp�ritu de la buena muerte hazle sentir el poder de tu guada�a.
En el juego y en los negocios mi abogado te nombro como el mejor y a todo aquel que contra m� se viene, por siempre jam�s hazlo perdedor.
Oh San La Muerte, mi �ngel protector. Am�n.