
Fantasmas de Buenos Aires
En el actual Parque Rivadavia, en otros tiempos Parque Lezica, aparec�a el fantasma de una planchadora a la que hab�an decapitado. A mediados del siglo XIX, precisamente all� se encontraba la vivienda de los sirvientes, una construcci�n de una s�la planta con ventana de rejas. Hab�a all� una vereda de lajas mal colocadas, entreveradas con rebeldes ra�ces de eucaliptos que parec�an empe�adas en levantarlas. Muchos vecinos y caminantes ocasionales dicen que a�n puede verse corretear el fantasma de una mujer. Se tratar�a de una esclava que, por un motivo que se desconoce, fue decapitada. Quienes han presenciado su espectral paseo dicen que recorre el parque llevando una plancha en su mano, ba�ando las copas de los �rboles con un resplandor rojizo.
En un caser�n que est� cerca de la Casa Cuna, sobre la Avenida Montes de Oca, hay varias esculturas de leones. Se dice que el due�o de la mansi�n ten�a unos leones o pumas como mascotas, los cuales accidentalmente mataron al prometido de su hija durante la fiesta de compromiso de la pareja. Ante este terrible suceso, la joven novia sufri� una crisis nerviosa y se suicid�. Hay distintas versiones que indican que el novio no habr�a sido la �nica v�ctima de los animales, pero en lo que s� coinciden es en que, desde aquella fat�dica noche, ambos fantasmas se paseaban por el caser�n. Las estatuas de los leones fueron construidas con posterioridad para ahuyentar los espectros, al parecer la idea dio resultado.
Felicitas Guerrero de �lzaga era una joven hacendada y millonaria que viv�a en la zona de Barracas. Hab�a perdido a su hijo y a su marido, y hab�a quedado viuda a los 26 a�os. Se dec�a que era la mujer m�s hermosa de la Rep�blica, y tambi�n la m�s rica. Ten�a varios pretendientes, entre los cuales prefer�a a Sa�nz Valiente. Una tarde, al volver a su hogar luego de realizar algunas compras, se encontr� con Enrique Ocampo, uno de sus enamorados.
Discuti� con �l, y el pretendiente, rechazado, le dispar� a Felicitas hiri�ndola por la espalda. Al darse cuenta de lo que hab�a hecho se suicid�, mientras que Felicitas agonizaba durante toda la noche y muere el 30 de enero de 1872, en brazos de sus padres. Son ellos los que deciden construir con la fortuna que hab�a dejado su hija, una Iglesia, la de Santa Felicitas, en el lugar donde estaba la quinta de los �lzaga, actualmente frente a Plaza Colombia, sobre la Avenida Montes de Oca, en Barracas.
Son innumerables las historias de sucesos misteriosos que se cuentan alrededor de la capilla, donde dicen que los �ngeles parecen tener s�lo una de sus alas (un efecto �ptico que depende del lugar desde el que se los mira) en recordatorio de la tr�gica forma en la que muri� Felicitas. Desde apariciones fantasmales hasta campanas que suenan sin motivo alguno en medio de la noche. El cineasta argentino Alexis Puig realiz� un documental para televisi�n en el que se relata esta historia por medio de los testimonios de periodistas e investigadores reconocidos y, los mismos vecinos de Barracas.
Esta es una historia que se cuenta en cualquier ciudad en la que haya un cementerio. Se dice que un chico sale una noche y en un bar, boliche o similar conoce a una chica muy linda y vestida de blanco. Conversa, bailan, toman algo y al final de la noche �l la acompa�a a la casa. En el camino, �l le presta su campera, ya que la chica sent�a fr�o, y ella le dice que vuelva al d�a siguiente a buscarla. Cuando el chico vuelve, los padres de la chica le dicen que es imposible, ya que su hija hab�a muerto a�os atr�s. Las fotos que le muestran confirman que esa era la chica con la que �l hab�a estado y, al visitar el cementerio en busca de respuestas, encuentra su campera sobre la tumba de la joven. Algunas variantes de la historia dicen que una mancha de bebida en el vestido de la chica (que ella se hab�a hecho en la fiesta luego de la cual muri�) confirman la identidad de la joven, o que el joven acompa�a a la chica hasta alg�n punto cerca de su casa y que al seguirla con la vista, la ve atravesar la pared del cementerio.
La aparici�n de la dama de blanco, seg�n dicen, ha sucedido varias veces en el Cementerio de la Recoleta, en la esquina de Azcu�naga y Vicente L�pez, tanto en el exterior como en el interior del cementerio, y ha causado la p�rdida de la raz�n de m�s de un infortunado joven. Algunos asocian esta historia con la de Rufina Cambaceres (ver m�s abajo) aunque parece que el v�nculo es algo posterior y no inherente al mito.

La casa central del Banco de la Naci�n est� construida sobre un terreno conocido como "el pozo de las �nimas", lugar donde se estableci� la primera capilla de la zona en la �poca de la conquista y donde, obviamente, hab�a un cementerio. En el lugar funcion� el primer edificio del Teatro Col�n, la sede de la Bolsa de Comercio y, finalmente en 1995 se construy� el Banco de la Naci�n Argentina. Varios rumores circulaban acerca del fantasma de una ni�a con una mu�eca en sus manos que recorr�a los pasillos del Banco. Finalmente, a fines del 2001, las c�maras de seguridad pudieron filmar a la ni�a, confirmando los relatos de los guardias.
Se dice que por las noches, siempre cerca de un cementerio, una joven vestida de blanco para el colectivo, paga el boleto y se dirige a sentarse en los �ltimos asientos. Cuando el chofer mira por el espejo retrovisor (o se da vuelta) ve que la mujer desapareci�.
Otras historias hablan de la aparici�n de una misteriosa dama en el Museo Fern�ndez Blanco. Tambi�n han visto a Evita (Eva Per�n) leyendo libros en la Biblioteca Nacional.
En el cementerio de la Recoleta est� enterrada Rufina Cambaceres, quien a los 19 a�os, en el a�o 1903, fue encontrada muerta en su habitaci�n cuando se preparaba para asistir a una velada en el Teatro Col�n. Tres m�dicos certificaron su repentino deceso. La joven fue enterrada en Recoleta y d�as despu�s un cuidador alert� a la familia acerca de ruidos extra�os en la tumba de su hija, incluso el ata�d se hab�a movido. Al abrir el caj�n encontraron que la cara y manos de Rufina presentaban ara�azos, evidenciando que la joven hab�a sido enterrada viva (probablemente v�ctima de un ataque de catalepsia) y que hab�a despertado en su tumba, muriendo esta vez a causa de la desesperaci�n y el horror. Rumores de la �poca acusan a la madre de haberle proporcionado un somn�fero a su hija para poder encontrarse con su amante y que, al excederse en la dosis, llev� a su hija en estado de coma.
En Buenos Aires no s�lo contamos con un nutrido folklore de fantasmas, sino que hay relatos de sobra para exacerbar la imaginaci�n popular.
Por ejemplo, el reconocido Cementerio de la Recoleta no es un camposanto com�n. La Iglesia le retir� la bendici�n en 1853, cuando el Presidente Bartolom� Mitre orden� que enterraran all� a un francomas�n, el Dr. Blas Ag�ero. Imaginen que este hecho es un semillero de leyendas para este �cementerio maldito�.
En la calle Luis Mar�a Campos, entre Maure y Olleros, encontramos la Abad�a de San Benito. Este es el �nico edificio religioso de la ciudad que est� adornado por g�rgolas. Esto se debe a que all� se encuentra una orden de monjes benedictinos, lo �nicos autorizados por la Santa Sede en nuestro pa�s para realizar exorcismos.