Ekeko


�Quieres pedirle un deseo al Ekeko?

Para lograr los favores solicitados hay que hacer "fumar" al Ekeko en el momento en que se formula el deseo. A tal fin, debe colocarse un cigarrillo encendido en su boca. Si el deseo o pedido es aceptado del cigarrillo saldr� humo y el Ekeko realmente lo fumar�. Debe consumir todo el cigarrillo para que se cumplan los deseos.

�Quieres conocer el origen del Ekeko?

Peque�o, casi enano, fuerte (mastuco en lenguaje criollo), de ralos bigotes, fumador empedernido, con lluchu y sombrero, cargado de innumerables productos de la canasta familiar y de otros que tambi�n son necesarios para la vida y comodidad de la familia, el Ekeko, ancestral figura de la cultura pace�a sigue entronado en la fiesta de la Alasita.

Todo se hace a su nombre, nadie compra nada sin pensar en que este dios de la abundancia (significado castellano de la voz aimara ekeko) lo har� realidad en el transcurso del a�o.

Dicen algunos historiadores que el Ekeko ya era conocido en el kollasuyo y que a �l le daban la categor�a de dios; un dios de la prosperidad y de la fortuna. Seg�n esas creencias el Ekeko se encargaba de llevar al hogar alegr�a y fortuna, y tambi�n se encargaba de ahuyentar las desgracias.

La historia del Ekeko y de la fiesta de Alasita (voz aimara que significa comprame) no tiene gran cantidad de documentos escritos, pero Jos� de Mesa asegura que habr�a sido don Sebasti�n Segurola, gobernador intendente de La Paz (cargo p�blico que ahora se conoce como alcalde) quien dispuso all� por 1781 que se lleve adelante una fiesta por el hecho de haber salvado a la ciudad del asedio de los indios.

Es decir que un acto de gratitud hacia la Virgen instaur� el 24 de enero como d�a de la fiesta del mercado de miniatura, costumbre que los abor�genes ten�an desde los antiguos Kollas con el surgimiento del Ekeko.

Al haberse restablecido la fiesta del mercado de miniatura donde se intercambiaban objetos peque�os con monedas de piedra, se forj�, poco a poco, el culto al legendario Ekeko.

Al Ekeko a�n se lo conserva en muchas casa pace�as, aunque su figura es cada vez m�s exclusividad de la feria. El Ekeko tiene un lugar especial, casi un ara; es part�cipe de las challas y se lo adorna con mixtura y serpentina.

En determinados momentos del a�o se le pone un cigarrillo prendido en la boca; sus creyentes dicen que fuma. Consume todo el cigarrillo y m�s vale que no se apague por la mitad, porque seg�n la creencia si �sto sucediese los deseos no ser�n escuchados. Toda una se�al de malos augurios.

Un documento de la Casa de la Cultura de la Alcald�a de La Paz, al referirse a este extra�o personaje se�ala que "los investigadores del per�odo prehisp�nico y virreinal han rastreado en el pasado buscando los or�genes del personaje".

De las investigaciones de Carlos Ponce se deduce que, Tunupa o Tonopa, a quien tambi�n se le llama EKEKO, es un dios prehisp�nico que posiblemente se remonta al per�odo cl�sico de la cultura Tihuanacu (200 A.C � 700 D.C) que ejerc�a amplio dominio sobre el fuego del cielo, y que seg�n otros investigadores como Rowe ten�a relaci�n con el trueno y el rayo. Seg�n Teresa Gisbert se puede concluir que Tunupa era un antiguo dios del rayo, la lluvia y las estaciones geot�nicas como los volcanes.

En lugares como Calcha, Carabuco, la regi�n del lago Titicaca y el altiplano orure�o en que aparece el mito Tunupa, curiosamente hay tradiciones relacionadas con los fen�menos descritos, y un volc�n de la �ltima regi�n citada lleva su nombre.

El Museo Municipal Costumbrista tiene, entre sus riquezas, un ejemplar que representa al Ekeko. La efigie de este dios se represent� en Tihuanacu como un personaje masculino, jorobado y el sexo en erecci�n.

La presencia de este dios prehisp�nico, cuyo origen debe ser encontrado remontando los siglos de antes de nuestra era, fue interrumpida con la llegada de los espa�oles al continente, pero a trav�s de la tradici�n cultural su figura (con algunos cambios) fue reinstaurada, especialmente por el mestizaje, y ahora su presencia entronizada est� tan firme como hace centenares de a�os en la feria de la Alasita.


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