|
|
ROCIO MAC�AS La historia que se desarrolla en el Teatro de la �pera de Par�s, donde aparentemente habita un fantasma que boicotea las producciones, es el hilo conductor de El Fantasma de la Opera, la novela de Gaston Lerouz que fue llevada al teatro con un �xito que ha perdurado durante varios a�os gracias a la adaptaci�n de Sir Andrew Lloyd Webber. Ahora la megaproducci�n de Broadway ha llegado a M�xico. El esperado estreno de El Fantasma de la �pera ocurr� la noche del jueves en medio de un ambiente de falso glamour, poses a granel y una que otra verdadera estrella o gente de teatro. Sobre Avenida Chapultepec un seguidor apuntaba al cielo anunciando la noche de estrellas, mientras que un grupo de hombres, franela roja en mano, corr�a de un lado a otro en espera de clientes para cuidar sus autom�viles. El fastuoso estacionamiento de los Teatros alameda gradualmente se fue convirtiendo en hormiguero donde los gu�as no entend�an sus propias se�ales y eran presa f�cil de la desesperaci�n. En el lobby del Teatro, la alfombra roja recib�a a los invitados especiales. Algunos s�lo sonre�an antes las c�maras, otros se deten�an en espera de alg�n reportero y los menos pasaban como cualquier ciudadano entregando su boleto a la entrada. Igual que en los grandes sucesos, el oropel enmarc� la velada evidenciando la carencia de una cultura del teatro como arte y no como mero entretenimiento. Si la puesta en escena se hubiera puesto en una videocasetera, m�s de la mitad del auditorio habr�a solicitado que adelantaran la obra. Bellas mujeres, divas del cine y teatro nacional, j�venes actores, pol�ticos, escritores y cr�ticos conformaron el p�blico que apreci� el estreno del Fantasma de la Opera. Una de las primeras en llegar fue Alejandra Guzm�n con su peque�a Frida, tambi�n estaba ah� Silvia Pinal �la mujer del a�o -, Diana Bracho, Laura Zapata, Anel, Silvia Derbez, Enrique Alonso, Bruno y Demi�n Bichr, Carlos Mosiva�s, David Garay Maldonado (ex secretario de Seguridad P�blica) y C�sar Camacho Quiroz (subsecretario de Gobernaci�n), entre otros. Tras la pasarela, voluntaria o no, en la sala dio inicio la obra. La primera gran impresi�n para los asistentes la caus� el fastuoso escenario y conforme fueron pasando los n�meros musicales, las expresiones de sorpresa se iban sucediendo. Con una inversi�n cercana a los nueve millones de d�lares, la obra sin duda alguna va a cumplir su cometido de entretenimiento. Se puede decir que la producci�n es perfecta, ya que adem�s de la escenograf�a, los efectos especiales rebasan toda expectativa en cuanto a una puesta en escena en nuestro pa�s. La m�sica, fiel a la original es otro de los agasajos de El Fantasma de la �pera, ya que al ser interpretada en vivo por una orquesta de 40 m�sicos, bajo la direcci�n del maestro Isaac Sa�l, acerca al p�blico a las producciones oper�sticas convencionales. Por otro lado, el vestuario constituye un verdadero desfile de modas del siglo XIX, ya que las r�plicas de los vestidos son dignas de un museo, al igual que la reproducci�n del Teatro de la Opera de Par�s. En cuanto al desarrollo histri�nico del reparto, que para los roles principales requiere de cantantes de �pera, este ha sido correctamente cuidado. Tal vez el p�blico mexicano debe acostumbrarse a estas superproducciones, a los musicales m�s trabajados y sobre todo a la �pera. Lo anterior para evitar escuchar aplausos a la menor provocaci�n o bien que la gente se levante de sus asientos a la mitad de un n�mero o creer que ir al teatro requiere un ba�o de perfume. Lo que s� se augura es un gran �xito a El Fantasma de la Opera que a pesar de su costo en taquilla tiene pr�cticamente garantizada la venta de sus localidades. |
|