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La selección argentina lo contó en su plantel por 14 años e igual cantidad de años jugó para la selección misionera.
En 1984, cuando se retiró (aunque nunca dijo adiós) se fue una gran parte de la historia misionera del baloncesto. Pero un día volvió, y se calzó el traje de dirigente para volver a sacar adelante al básquet posadeño.
¿Cómo le cayó la nominación de Ciudadano Ilustre?
Fue una grata sorpresa. Para mí, es una alegría y un gran orgullo. Me siento vigente. Pienso que es el máximo reconocimiento para un deportista.
¿Cómo empezó su carrera?
Empecé por un amigo mío, cuando yo vine a Posadas. Él me llevó al Tokio. Los dirigentes de Tokio de esa época me vieron lunguito y me ayudaron para empezar a jugar. Yo tenía un complejo por mi altura, con trece años tenía 1,83 metro. Me mimaban tanto que yo me pasaba todo el día en el club. Ahí empecé a olvidar mi complejo y me fui superando personal y deportivamente.
Después empezaron las competencias y los viajes con el club y con el colegio. Todo me fue superando y ya con quince años estaba en primera. Tanto es así que cuando se hizo el Argentino acá en Misiones, que se inauguró el Anfiteatro, yo tuve miedo de participar. No competí, no por que no me llamaron, sino por que yo tuve miedo.
¿Cómo fue el primer día, le temblaron un poco las piernas?
Y siempre uno se pone un poco nervioso. Siempre le pasa a un deportista. En la víspera de una final a todos nos pasa que no se puede dormir, y piensa en su actuación individual y en que no se puede perder. Pero es un temor que siente el deportista, pienso que es raro, también es muy lindo.
¿Cuánto le marcó la selección nacional?
Yo con 19 años estuve en la selección argentina. Pasaron catorce años en la selección, prácticamente estuve en todas las giras, torneos y mundiales con la selección. Fue una experiencia muy grata y tuve mucho reconocimiento.
¿Cómo nació el apodo de Finito?
En mis inicios se me apodó así por mi figura. Yo siempre fui muy delgado y salió uno a decir “Fino, Fino” y pegó ese apodo y se hizo popular.
¿Tokio es el club de sus amores?
Un poco sí, porque fue el club donde me inicié y donde terminé mi carrera. También porque es un club vecino y tengo muchos amigos que pasaron por el Tokio, y soy un poco hincha de Tokio.
Pero es lógico que los tiempos pasan. Antes los clubes eran más familieros, se compartían muchas más cosas y eso es lo que habría que retomar.
La creación de la Asociación (de Básquetbol) lo que busca es reactivar la actividad de los clubes y volver a formar la familia del básquet que era antes.
En otras ciudades se vive mucho más intensa la actividad de los clubes que acá en Posadas. No sé si es por el clima o por qué factor, pero es muy difícil tenerlos a los chicos en un club.
Y los clubes también están un poco caídos porque no tienen recursos para darle mucho al socio.
¿Falta apoyo del Estado?
Lógicamente, pero pedir apoyo es muy difícil. Yo creo que eso tiene que nacer de cada institución.
¿Cuál fue su mejor partido?
Yo recuerdo uno que me grabó. Yo jugué muchas finales de sudamericanos, donde tuve grandes actuaciones. Me acuerdo una final contra Brasil donde yo hice 25 puntos en el segundo tiempo. Con lo cual ganamos una final al clásico rival.
Pero el que más recuerdo es uno con la selección de América contra Europa. Una selección que estaba conformada por los mejores jugadores de cada país y estaban los mejores del mundo, sacando a los de la NBA.
Tuve una actuación muy buena, ese partido se jugó en Río de Janeiro, y anoté 37 puntos. Y recuerdo porque fue en Brasil donde yo estaba jugando y que era como mi casa. Le ganamos a Europa que estaba más organizado que América.
Hoy está trabajando como dirigente, ¿cómo se hace para reactivar el básquetbol posadeño?
Yo siempre digo que entré como dirigente porque no hay otro. Nosotros formamos un grupo de ex basquetbolistas con la iniciativa de Méndez, Tupy Varela, y queremos reactivar esto porque hace más de tres años que no había Asociación en Posadas y hay muy poco básquet en Posadas. Estamos luchando, estamos trabajando.
Tenemos, creo yo, el apoyo de todos los clubes, de la gente y pienso que va a ir adelante. El básquet es un deporte a nivel mundial y tenemos que seguir lo que hacen los países del primer mundo.
¿Qué fue el básquet para Finito?
Yo le debo mi vida al básquet. Un poco lo culpo por haberme sacado de la carrera universitaria, pero el básquet fue mi vida y el premio fueron los amigos.
¿Qué le faltó a Finito Gehrmann?
Me faltó decisión en la época en que me invitaron a jugar en Estados Unidos. No fui por razones del momento. No quise porque no me gustaba irme lejos.
Si no hubiera sido basquetbolista, ¿qué le hubiera gustado ser?
Empecé ingeniería. Es una materia pendiente. Yo empecé en el industrial y siempre me gustó esa rama.
¿Cómo es el reconocimiento de la gente?
Para mí a veces es lindo. Pero a veces hay chicos que están en grupo y se ríen por la altura y les llama la atención una persona tan alta. Pero siempre hay alguien que te dice ‘chau Fino’ o ‘¡Grande!’. Generalmente la gente grande que me conoce me saluda y yo trato de saludarla. A veces peco un poco, porque yo por ahí no los reconozco y ellos se enojan. Todos creen que yo los tengo que conocer y es difícil recordarlos a todos. |