LOS HIJOS DE ISRAEL

Y EL PLAN DE DIOS: 1

 

Los comienzos de la nación de Israel

 

El padre del pueblo judío fue un hombre llamado Abraham, quien vivió unos 1900 anos antes de Jesucristo. Dios le dijo que saliera del país en que vivía para empezar una nueva vida en una tierra que El le mostraría. Abraham obedeció el llamado y emprendió el largo viaje, confiando en lo que Dios le había dicho (Génesis 12:1).

 

En la nueva tierra, llamada Canaán, Abraham tuvo en su vejez un hijo llamado Isaac. Este tuvo dos hijos, Jacob y Esaú. Posteriormente, Dios le dio a Jacob un nuevo nombre, Israel. Jacob (Israel) tuvo doce hijos, cuyos descendientes se convirtieron en la nación que se llama Israel. Así que cuando la Biblia habla de "los hijos de Israel," quiere decir la nación formada de los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob.

 

Cuando la familia de Jacob constaba de unos 70 miembros, se vio obligada a trasladarse a Egipto a causa de un hambre desoladora en la tierra de Canaán. Dios había provisto comida en Egipto por medio de José, uno de los hijos de Jacob. El relato de como José fue vendido como esclavo en Egipto y posteriormente fue reunido con sus hermanos nos enseña la forma en que Dios puede dirigir nuestras vidas para bien aunque nos parezca que El se ha olvidado de nosotros (Génesis capítulos 37 a 45).

 

Al pasar los anos, la familia de Jacob se multiplico en Egipto hasta haber muchos miles de israelitas. Formaron doce tribus, una por cada hijo. Los egipcios, temerosos al ver como los israelitas se multiplicaban, los sometieron a servidumbre. Los hijos de Israel sufrieron bajo la esclavitud hasta que Dios escucho sus súplicas (Éxodo 2:23-25).

 

Libertad para los Esclavos

 

Cuando Jehová saco a los israelitas de Egipto por medio de Moisés, se convirtieron en una verdadera nación. Probablemente Ud. ya sabe como Dios abrió el mar para que los israelitas pudieran cruzarlo y escapar de los egipcios que los perseguían. Después. caminaron hasta el monte de Sinai, donde Moisés recibió los diez mandamientos. En ese momento, Dios les dijo que los apartaría de las demás naciones para que fueran un pueblo santo y obediente, dedicado a manifestar en la tierra la gloria de Aquel que los había rescatado de la servidumbre:

"Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa." (Éxodo 19:5, 6)

 

De igual manera, nosotros hoy en día somos llamados a apartarnos del mundo y sus practicas pecaminosas para dedicarnos al servicio de Dios.

Jehová prometió llevar a los israelitas a una "tierra que fluye leche y miel"

 

(Éxodo 3:8). Sin embargo, primeramente tenían que cruzar un desierto árido. Dios mismo los guió, proveyendo sus necesidades:

 

"Los sustentaste cuarenta anos en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies." (Nehemias 9:21)

 

No obstante, a pesar de que Dios les proveía todo lo necesario, los israelitas echaban de menos la forma de vida que habían disfrutado en Egipto. Aunque ya eran libres, la mayoría prefería volver a la esclavitud.

 

El llamado del cristiano se parece al éxodo de los israelitas de Egipto. Ahora, Dios nos llama a dejar las cosas mundanas y caminar hacia Su reino. Promete velar por nuestras necesidades tal como lo hizo con los israelitas en el desierto. Pero de la misma manera que los israelitas querían volver a la esclavitud de Egipto, el cristiano a menudo siente la tentación de volver a la esclavitud del pecado.

 

Por medio de Moisés, Dios prometió bendecir a su pueblo mientras le obedeciera. De igual manera, la maldición de Dios caería sobre ellos si lo desobedecían:

 

"Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzaran, si oyeres la voz de Jehová tu Dios...Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzaran." (Deuteronomio 28:2, 15)

 

Aunque Dios les daba todo lo necesario, la vida en el desierto les parecía mas dura que la esclavitud. y en varias ocasiones quisieron volver a Egipto (Números 11:4, 5). Dios castigo su rebeldía prolongando su peregrinaje en el desierto durante 40 años. Así, todos los rebeldes murieron antes de llegar a la tierra prometida.

El apóstol Pablo nos amonesta que nuestro destino será igual al de ellos si nos rebelamos contra Dios como ellos lo hicieron (1 Corintios 10:1-13).

 

La tierra prometida

 

Bajo el liderazgo de Josué, el pueblo entro a la tierra de Canaán y con la ayuda de Dios conquisto a las naciones paganas que allí vivían. Entonces, los israelitas moraron en la tierra, disfrutando de las bendiciones de ella. Pero pronto se apartaron de Dios. Este levanto jueces para guiarlos, pero al morir cada juez, el pueblo se desviaba de nuevo (Jueces 2:11-23). La época de los jueces duro aproximadamente 400 anos, y el ultimo juez fue Samuel.

 

El pueblo pide un rey

 

Cuando Samuel envejeció, el pueblo clamo diciendo que quería un rey como las demás naciones. Samuel acudió a Dios con la petición del pueblo y Dios le dijo que les diera lo que querían. Al exigir un rey, el pueblo estaba rechazando que Dios reinara sobre ellos (1 Samuel 8:7).

 

El primer rey fue Saúl, el cual desobedeció a Dios y murió a manos de los filisteos. Luego reino David, durante cuyo reinado Israel se acerco a Dios. Después que David murió, reino en su lugar su hijo Salomón, cuyo reino fue glorioso porque Dios lo bendijo.

 

Pero a pesar de las bendiciones que Salomón recibió, se aparto de los mandamientos de Dios. Se caso con muchas mujeres paganas y estas y las riquezas desviaron su corazón. Al final de su vida, Salomón termino decepcionado e infeliz. Esto nos demuestra que los placeres mundanos no dan una satisfacción duradera. A la vez, la nación resulto oprimida por la carga de los impuestos necesarios para mantener la grandeza del reino. El pueblo había exigido un rey pero su rey acabo haciéndoles la vida muy dura.

 

El reino dividido

 

Al morir Salomón, su hijo Roboam tomo el trono y pretendió mantener la grandeza del reino de su padre, imponiéndole al pueblo impuestos gravosos. Pero el pueblo ya no soportaba mas. Diez de las doce tribus se rebelaron y se separaron del resto de la nación. Estas diez tribus norteñas llegaron a ser conocidas como Israel. Las restantes tribus de Judá y Benjamín quedaron sujetas a Roboam y tomaron el nombre de Judá.

 

 

Originalmente, el nombre "judío" designaba un israelita del reino de Judá.

La división solo contribuyo a que los israelitas se apartaran aun más de Dios. El líder de las tribus rebeldes, Jeroboam, temía que la gente volviera a Juda para adorar a Dios en el templo en Jerusalén: por lo tanto hizo dos ídolos y creo una religión falsa para que no tuvieran que ir a Judá (1 Reyes 12:25-33).

 

El castigo de Dios

 

Durante los 200 anos que siguieron, Dios envió profetas a los dos reinos, pero fueron marginados y despreciados. En vez de escuchar a los enviados de Dios, los israelitas se volvieron idolatras. Por consiguiente, Dios dejo que el reino norteño de Israel fuera llevado en cautiverio por el rey de Asiria (2 Reyes 17:1-23). Aun cuando Judá vio lo que le había pasado a Israel, no se arrepintió. Entonces, aproximadamente 135 anos después del cautiverio de Israel, Judá sufrió la misma suerte a manos del rey de Babilonia. La Biblia explica como el rechazo de los mensajeros de Dios trajo el castigo sobre Israel y Judá:

 

"Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque el tenia misericordia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio." (2 Crónicas 36:15, 16)

 

Israel y Judá sufrieron mucho por haberse desviado de los caminos del Señor. La lección para nosotros es que seremos castigados con la misma severidad si desobedecemos a Dios.

 

El regreso a la tierra de Israel

 

Dios castigo a su pueblo con el propósito de que se arrepintiera de su idolatría. Efectivamente, la esclavitud de los judios en Babilonia les hizo pensar en cuanto se habían desviado de Dios. Después de 70 anos, Dios soltó las cadenas de su pueblo y los judíos volvieron a su tierra con el propósito de reconstruir el templo (Esdras 1:1-11).

 

El templo de Jehová que los babilonios habían destruido fue reconstruido (Esdras 3-6). Después, se reconstruyo el muro alrededor de Jerusalén (Nehemias 2:11-6:16). Sin embargo, los judíos no se volvieron a Dios de todo corazón y por tanto Dios envió profetas para amonestar al pueblo y sus lideres.

El profeta Malaquias aviso al pueblo que Dios no estaba satisfecho con una adoración fingida (Malaquias capítulos 1 y 2). También profetizo de la venida del Mesías y su mensajero. Después de Malaquias, Dios dejo de manifestarse durante cuatrocientos anos, hasta que se cumplió la profecía acerca del mensajero del Mesías, Juan el Bautista.

 


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