¿SOMOS LOS ÚNICOS EN EL UNIVERSO?
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Apenas pasa un año sin que aparezca en las noticias una importante especulación científica sobre la vida extraterrestre. Esta pregunta ha sido común entre las civilizaciones desde los tiempos antiguos. Sin embargo la tecnología de la “realidad virtual” de nuestros días ha dramatizado el asunto hasta tal punto, que hasta los niños pequeños fantasean con criaturas espaciales que aterrizan en su vecindario.
Al menos desde los tiempos de los antiguos griegos hasta hoy se ha especulado sobre si existen otras civilizaciones en algún lugar del espacio. Es una idea que la industria del cine ha hecho muy popular y en la década pasada se han hecho varias películas que asumen que no somos los únicos. La creencia de que existe vida extraterrestre (ET) inteligente es el alma de la perennemente popular serie Viaje a las estrellas. Además, las mismas noticias científicas han mantenido el tema de las primeras páginas de nuestros periódicos: un meteorito hallado en la Antártica se supone que proporciona evidencia de vida primitiva en Marte: el aparente descubrimiento de planetas que existen en otros sistemas solares; la muerte de Carl Sagan, veterano en la búsqueda extraterrestre. Hasta la NASA ha hecho del “contacto ET” un elemento importante en su investigación. Universidades de todo el mundo tiene proyectos de investigación bien pagados dedicados a la “búsqueda de inteligencia extraterrestre” (BIT); (SETI en inglés). Tal vez el más conocido de todos sea el proyecto llevado a cabo por la Universidad de California en Berkeley. Usando el gigantesco radiotelescopio que hay en Arecibo, Puerto Rico, el Instituto SETI de la Universidad de California recibe y analiza el “ruido” de trasfondo cósmico que llega ala tierra desde la periferia de nuestra galaxia y más allá aún. El proyecto SETI de Berkeley también utiliza las computadoras personales (PCs) de más de un millón de personas, corporaciones y universidades de todo el mundo cuando sus usuarios no están activamente conectados. Mientras estos voluntarios duermen o no están usando sus computadoras, “SETI en el hogar” envía conjunto de “señales” a sus computadoras que normalmente están ociosas, para examinarlas y encontrar una posible evidencia de una transmisión deliberada procedente de alguna otra raza inteligente en cualquier lugar del Universo.
¿Es posible que haya vida en alguna otra parte? Algunos astrónomos han sido enfáticamente afirmativos respecto a la existencia de vida extraterrestre. El Dr. Harlow Shapley, antiguo Director del Observatorio de la Universidad de Harvard, insistía en que podría haber millones de “tierras” habitadas por criaturas parecidas a nosotros. Esa opinión, expuesta por tan respetado científico, también fue apoyada por el difunto Carl Sagan. Puesto que era una opinión tan firmemente respaldada, yo concluí que no se podía descartar sin más la probabilidad de que existiera vida igual a la nuestra en alguna otra parte. Pero en 1956 descubrí una verdad que debemos de tener en cuenta siempre. En aquel entonces no teníamos evidencia convincente para apoyar la creencia de que haya vida en alguna otra parte del cosmos. Y hoy, después de gastar miles de millones de dólares en investigación extraterrestre y en el desarrollo de una tecnología que nos proporciones millones de datos y la capacidad de analizar miles de millones de trocitos de información, todavía no hay evidencia de vida extraterrestre. Esa creencia sigue siendo una conjetura pura y simple: una suposición.
RAZONES CIENTÍFICAS PARA SER ESCÉPTICOS Hay buenas razones para ser escépticos. Considere las siguientes condiciones científicas necesarias para la vida:
Las condiciones necesarias para la vida son específicas y raras · Más allá de un cierto grado de calor, la materia organizada simplemente se desintegra y la mayoría de cuerpos celestiales son demasiados calientes para que haya vida en cualquier forma concebible. · Más allá de un cierto grado de frío, no hay actividad posible, puesto que la materia se cuaja y se inmoviliza por congelamiento y muchos de los cuerpos celestes son demasiado fríos para que haya vida como la nuestra. · La vida requiere cierta atmósfera y la naturaleza de una atmósfera está determinada por el tamaño del planeta que lo rodea. Algunos de estos cuerpos son tan grandes que su atmósfera es demasiada pesada para sostener la vida; algunos son tan pequeños, que su atmósfera es demasiado enrarecida para sostener la vida. · La vida requiere agua y algunos otros elementos específicos. La revista Newsweek del 4/5/1998 traía un artículo sobre “El nacimiento de los planetas “. El artículo repetía lo que yo había concluido en 1956. Las condiciones que sostienen la vida son extremadamente excepcionales en el cosmos más allá de nuestro propio planeta: “Los astrónomos han escrito una lista corta de las condiciones que ha de reunir un planeta que pueda sostener la vida. El primer requisito es que el planeta no esté en una “órbita transversal ilógica”. Esa es una expresión técnica que significa que no puede estar en una ruta de colisión con un asteroide, cometa u otro planeta...Luego, el planeta tiene que ser fresco, lo cual significa que no puede estar demasiado cerca de la estrella, para que su corteza se pueda solidificar. La suerte ayuda también: un planeta que se forme lo suficientemente cerca de una estrella como para evitar congelarse, también está demasiado cerca para contener carbono, nitrógeno o agua. Estos químicos parecen ser necesarios para la vida y todos se habrían vaporizado por causa de una joven estrella caliente. Sin embargo, estos elementos se pueden solidificar más lejos, digamos alrededor de Júpiter. Con suerte, los cometas los habrían transportado hacia el nuevo planeta. Aparentemente, así fue como la tierra fue sembrada de la materia prima para la vida. La vida también necesita una atmósfera. El vapor de agua, el dióxido de carbono y otros gases atrapados en una roca pueden formarla, pero el planeta tiene que ser lo suficientemente pesado como para que su gravedad pueda retenerla”.
La tierra es singularmente habitable Por alguna extraña coincidencia, nuestra tierra tiene la combinación precisa de condiciones esenciales para que un planeta sea habitable. Por tanto, nuestra Tierra tiene la combinación precisa de condiciones esenciales para que un planeta sea habitable. Por tanto, nuestra Tierra es una especie de rareza, una de las curiosidades el cosmos. El astrónomo cristiano Hugh Ross enumera 33 constantes diferentes en nuestro sistema solar que hacen que la tierra sea capaz de sostener la vida humana. Después de calcular la probabilidad de que hubiera un planeta así en el cosmos, concluyó que es “mucho menos que una probabilidad en un millón de billones de que haya siquiera un planeta así en algún lugar del universo”. (The Creator and the Cosmos, Nav Press, 1995) Pero sí conocemos uno solo: la Tierra. El astrónomo Geoffrey Marcey, uno de los descubridores de los planetas que hay en nuestro sistema solar, comenta sobre el hecho aparentemente extraño de que los planetas de nuestro sistema solar roten en órbitas casi completamente circulares alrededor de nuestra estrella, hecho de que hace posible la vida humana. Parece que otros planetas rotan alrededor de sus estrellas en órbitas ovaladas, lo que hace que las variaciones en las temperaturas se hacen tan extremas, que la vida que la conocemos no puede existir en ellos. En su página Web, Marcey se refiere a este hecho como algo “extraordinariamente fortuito” para los seres humanos. Además afirma que “probablemente no sea por casualidad que nuestro sistema solar contenga órbitas circulares”. Sin embargo, la palabra casualidad es la que muchos científicos y filósofos escépticos de la religión han estando usando durante décadas para describir la existencia de la vida humana en la Tierra y en el cosmos. Bertrand Russell, por ejemplo, declaró en su libro Religión and Science (Religión y Ciencia) (Oxford University Press, 1935) que la humanidad es “una curiosa casualidad en un lugar apartado” del universo.
El Universo fue diseñado para la vida En otro frente, los centros de investigación científica están abrumados con información nueva que proporciona evidencia de que nuestro universo parece haber sido “sintonizado” para la vida humana desde el mismo principio. Esto se expresa en un concepto que los astrofísicos llaman “el principio antrópico”. En pocas palabras, el principio antrópico dice que “todas las constantes que hay en la física, aparentemente arbitrarias y no relacionadas unas con otras, tienen una extraña cosa en común: esos son precisamente los valores que se necesitan si se quiere tener un universo capaz de producir vida”. Esa es la conclusión de Patryck Glynn, un ateo que se convirtió en un creyente, en su libro God: The Evidence (Dios: La Evidencia) (Prima Publishing, 1999). Glynn señala que “la imagen del Universo, que nos deja la ciencia más avanzada del siglo XX está más cerca en espíritu de la visión presentada en el libro de Génesis que cualquier cosa que haya ofrecido la ciencia desde Copérnico. (Hace unos 500 años) De manera que tenemos este par de datos: 1. El Universo mismo nos da la evidencia de que fue diseñado desde el principio para producir vida humana. 2. Todos los otros factores conocidos en el Universo llevan a la conclusión de que la vida humana sólo es posible en la Tierra. Es como si un embudo casi infinito hubiera dirigido todas las fuerzas y constantes del Universo hasta llegar a lo que Carl Sagan llamó “este puntito azul pálido” llamado Tierra. Parece que un Diseñador lo planificó todo. Al darse cuenta de eso, Robert Jastrow, otro astrónomo escéptico, comentó en su libro God and The Astronomers (Dios y los Astrónomos) (Norton and Company, 1978): “Para el científico que ha vivido en le poder de la razón, la historia termina como un mal sueño. Él ya ha escalado las montañas de la ignorancia; está apunto de conquistar el pico más alto; cuando hace el esfuerzo para subir a la última roca, lo recibe un grupo de teólogos que ha estado sentado allí durante siglos”. A la luz de estos hechos, ¿A qué conclusión se llega? Es muy improbable que exista vida como la nuestra, o de cualquier especie, en algún lugar del Universo. Puede existir, claro. Sólo una cosa podemos afirmar definitivamente: Nuestra Tierra es el único cuerpo celeste en el que sabemos existe la vida.
LOS EFECTOS CÓSMICOS DE LA CRUZ Suponga que existen otros mundos habitables. De ser así, puede que sean el hogar de seres no humanos inteligentes y personales. Podrían ser rebeldes contra Dios y por tanto, necesitar redención. Pero las Escrituras dicen claramente que no hay otra provisión, ni la habrá, que no sea Jesucristo. (Juan 14:6; Hechos 4:12) Claro que no pertenecen a nuestra raza y por tanto, el Dios encarnado no murió –ni podría- morir por ellos como lo hizo por nosotros haciéndose como uno de nosotros por medio de su nacimiento virginal. No obstante, las influencias sanadoras, perdonadoras y salvadoras de la cruz del Calvario no se limitan a nuestra Tierra. ¡Todo lo contrario! Según Pablo, Jesucristo es el Salvador cósmico cuya muerte irradia gracia, misericordia y amor a las partes remotas de la creación de Dios. (Colosenses 1:20) Las implicaciones de esta afirmación son asombrosas, pero su significado central es claro; los seres extraterrestres, criaturas que no son humanas, de alguna manera se benefician del sacrificio de nuestro Señor. ¿No podríamos entonces, usar este texto como trampolín para una osada cruzada de especulación santificada? Tal vez el mensaje del amor expiatorio de Dios de alguna manera sea comunicado a otros seres en el cosmos, siempre y cuando existan, y existan en un estado de pecado. Puede que la maravilla de la compasión divina revelada mediante la cruz capture sus mentes y corazones de tal manera que los lleve a confiar en Dios, obedecerle y servirle en gratitud. Claro que todo esto es conjetura. Pero es una conjetura maravillosa. Si quiere divertirse aún más al dejar que la imaginación que Dios le dio viaje dentro de los límites de la verdad bíblica, lea la trilogía de ciencia ficción de C. S. Lewis. En sus obras Out of the Silent Planet (Fuera del planeta silente), Perelandra (Perelandra) y That Hideus Strength (Esa espantosa fortaleza), Lewis considera algunas implicaciones teológicas, espirituales y sociológicas de largo alcance de las civilizaciones extraterrestres. Aunque estos libros fueron escritos hace más de 50 años, sus implicaciones tal vez sean aún más significativas hoy. Por tanto, si alguna vez se descubren en el cosmos seres que de alguna manera se parezcan a nosotros, no tendremos que abandonar nuestra fe bíblica. Incluso si esta noche aterrizara en este planeta un visitante del espacio exterior, podríamos seguir aferrándonos alas Escrituras como la verdad de Dios. Podemos acomodar en nuestra perspectiva mundial la existencia de seres no divinos que no sean humanos. No hay nada en las Escrituras que diga que esta conjetura es imposible; por el contrario, la enseñanza bíblica permite esta clase de especulación reverente.
Vernon Grou
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