ENFOQUE CRISTIANO A LA FILOSOFIA
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I. Introducción
¿Será posible un diálogo entre la Teología cristiana y la Filosofía? O será válida y verdadera la proposición del filósofo árabe Averroes (1126-1198) que dijo: “Lo que es verdad en la Teología no necesariamente tiene que ser verdad en la Filosofía” La Filosofía se preocupa con problemas totalitarios, por las últimas esencias. Quieren dar una respuesta tocante a Dios o como dirían los griegos de antaño el ser en sí. Esta fraseología se mantiene viva hasta la fecha. La Filosofía también trata de explicar al hombre y al mundo. En resumen, la Filosofía se preocupa del problema ontológico. Dios, el ser en si; el hombre, la existencia y el mundo, la realidad. Su enfoque de las cosas es totalitario. La Teología por su parte está interesada en los mismos asuntos. Esto ya introduce al diálogo. La teoría que enseña que una cosa puede ser verdadera según la fe cristiana y falsa según la razón, no es válida. La verdad es una. Las contradicciones entre estas áreas del caudal humano se debe al hecho de que opiniones erróneas se toman por afirmaciones de la razón; o bien al hecho de lo que se halla en contradicción con la razón; no es sino una interpretación equivocada de la Biblia. También puede ocurrir que los intérpretes de la realidad, la existencia y el ser, no capten con exactitud lo fenómenos y tomen como verdad lo erróneo. Se presenta también el hecho de que en el terreno teológico no se entiende todo el mensaje de la revelación. II. EL ABISMO INFRANQUEABLE Uno de los mayores problemas para la comprensión de la vida, la realidad y el ser es la existencia del hombre en una esfera limitada. El hombre por más sabio que sea no puede jactarse de saberlo todo o de infalibilidad. Las palabras de Sócrates siguen repercutiendo hoy en todo pensamiento humano: “Solo sé que no sé nada”. Aún Geibel tiene razón cuando dice: “El fin de la filosofía es este: Saber que es forzoso y creer”. Las palabras de Sócrates muestran que ninguno puede afanarse de llegar a la meta del conocimiento y la virtud. Son una gran ironía que sigue hiriendo y espoleando los espíritus humanos. Las palabras de Geibel son la conclusión de una lógica inteligente que ante la realidad de la limitación humana decide creer, depositar fe en aquellos terrenos ignotos para el hombre, pero revelados por Dios. Para dar un enfoque más ordenado a éste asunto se han hecho algunas categorías con algunas observaciones a manera de conclusión. A. El Dios Absoluto Desde que los filósofos griegos comenzaron a averiguar de dónde proceden todas las cosas se comenzó a elaborar la metafísica. Las respuestas al comienzo fueron muy simples. Se dijo que el origen era el agua, el fuego, el aire, la tierra. Una idea más avanzada atribuía el origen de todo a “apeirón”. Fue hasta el aparecimiento de Parménides de Elea que en su contradicción a Heráclito logró una metafísica más elaborada. Esta satisfizo al mundo antiguo por muchos siglos influenciando el pensamiento filosófico hasta la actualidad. Todos los intentos por encontrar “el principio” de las cosas en esta época eran teológicos con raras excepciones. La idea de Parménides era que el principio u origen de todas las cosas era el Ser en sí. El Ser en sí tendría varias características: Sería único, eterno, inmutable, infinito e inmóvil. Este concepto del Ser sirvió para sustentar las ideas de Platón y luego las de Aristóteles. Estos tres grandes genios de la filosofía griega tenían una filosofía que en gran medida era teológica. Siglos más tarde Tomás de Aquino usó muchos de los argumentos aristotélicos para formar una nueva corriente de pensamiento: El escolasticismo. Esta corriente trató de explicar la Teología cristiana con conceptos filosóficos. En este aspecto teológico de la filosofía griega existe una coincidencia con la teología cristiana. El Dios que se revela en la Biblia desde muchos siglos antes que los griegos comenzaran con estas elucubraciones, posee éstas y otras muchas perfecciones. Moisés el llamado divino para liberar al pueblo de Israel por parte de Dios. En aquella ocasión Moisés pidió a Dios que lo orientar en cuanto al Nombre del Dios que el presentaría al pueblo. Los judíos en su contacto con los egipcios se habían acostumbrado a una multitud de “dioses” y “diosas” de la religión egipcia. Dios se reveló a Moisés con el nombre de Jehová o Yahvé. Este Nombre e deriva del verbo Hayyah que significa “ser”. Las traducciones españolas del Nombre divino lo vierten como “Yo soy el que soy”. La expresión habla de la perfección absoluta de Dios. C.I. Scofield, teólogo evangélico ya fallecido comenta: “En su sentido primario, el nombre del Señor (Jehová) significa “el que existe en sí mismo”. Literalmente significa, como en Éxodo 3:14 “El que es lo que El es y por lo tanto, el eterno YO SOY”. Pero Javah de donde se forma el nombre de Jehová o Yahvé, tienen también la idea de “llegar a ser”, es decir, llegar a ser conocido, y señala así a una revelación continua y progresiva que Dios hace de Sí mismo. Combinando estas ideas que encierra el término Javah, ese llega a l significado del nombre de Jehová. “El es el que existe en sí mismo”. Didier E. Proton hace un comentario respecto al uso que se le diera por los escolásticos al texto de Éxodo 3:14: “En el libro de Éxodo Dios se aparece a Moisés como “el que es”. Es natural que esta definición constituyera el objeto de una reflexión metafísica en la que se confrontarían las afirmaciones de los filósofos y la Revelación divina. Cada filósofo ha interpretado esta afirmación según su mentalidad filosófica personal. San Anselmo, como antes San Agustín, interpretó el “ego sum qui sum” como la afirmación de la identidad consigo mismo, característica de la esencia. Dios como el ser que es perfectamente idéntico a sí mismo. Esto no significa que existe una identificación entre Dios del Éxodo y el Dios de Platón. (Lo subrayado es énfasis mío) Santo Tomás especulando en calidad de metafísico sobre el nombre divino del Éxodo, lo interpreta en término de existencia, “El que es” significa que la esencia divina consiste en ser un puro existir. Y si Dios es único es porque es el único de existir en virtud de su esencia”. La razón para mostrar la coincidencia es porque se puede observar que la conciencia y la razón del hombre, pueden llevarlo a ideas que no contradicen la Revelación. Aunque no siempre, es claro, las ideas humanas coinciden con la Revelación. Es probable que el apóstol Pablo estuviera pensando en esto cuando habló a los filósofos griegos diciendo: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y a liento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros”. (Hechos 17:24-27) Pablo dice que los hombres están capacitados en su conciencia para buscar a Dios y que se puede dar la situación en que palpando lo hallen. Pablo, conocedor del ambiente en que se encontraba Atenas, sabía mucho de los pensamientos que se habían dado entre los filósofos. Es posible que el apóstol le diera a la filosofía griega el mérito de haber “palpado” con base en pura reflexión algo del ser de Dios. La diferencia en el caso de los judíos es que ellos tuvieron Revelación. Si el judío reflexionaba era ya con base en una Revelación. Se podría resumir esta sección indicando que existe en un ser absoluto que es Dios. Esto significa que El es en Sí mismo y existe por Sí mismo, que es separado o desligado de cualquier cosa, por lo tanto es independiente e incondicionado. Los griegos con su reflexión filosófica llegaron a palpar mucho de la existencia de un Ser así. Sus reflexiones fueron eminentemente teológicas. Por su parte el pueblo judío recibió una Revelación en la que con solo el Nombre Divino se da a conocer el carácter absoluto de Dios. B. El hombre finito Para poder formar una dialéctica se debía haber comenzado por aquí, ya que es indiscutible que el hombre es finito, temporal, dependiente. Esta manera de existencia constituida por el hombre (tesis) podría llevar a buscar su antítesis: Una existencia infinita, eterna, independiente, absoluta. Esta antítesis es Dios. La síntesis es tendría que surgir debido a la tensión entre estas dos formas de existencia. Kierkeergard, filósofo y teólogo cristiano puso como síntesis entre estas dos cosas. Es innegable que el hombre es finito, relativo, sujeto a circunstancias. Es lo totalmente opuesto a Dios en este aspecto. Dios lo hizo a su imagen y semejanza (Génesis 1:26) pero ese mismo hecho habla de que es una criatura mientas que Dios es Creador. Dios lo dotó de inteligencia muy grande, pero limitada. Le dio voluntad, libertad, conciencia de sí mismo y en eso es semejante, no igual a su Creador. El hombre por lo tanto es sujeto, existencia, no es objeto como el resto de la realidad. Sin embargo el hombre es creatura, no Dios. La triste realidad del pecado El cuadro del hombre como creatura finita y relativa se complica con la realidad del pecado. El hombre según la Biblia, no está actualmente en su condición original. Ahora es un ser caído y aún esclavo de su pecado. (Juan 8:34) Esto ha venido a entenebrecer su entendimiento ya envanecerlo en sus propios razonamientos. (Romanos 1:19) Esta situación ha llevado al hombre a una mentalidad pesimista en terrenos filosóficos. Al dejar la Revelación escrita (La Biblia) ha llegado a una posición que es la siguiente: Según dice el filósofo evangélico Francis Schaeffer: “La vida no es más que existencia sin significado y el hombre la pieza de una maquinaria absurda. ¿Qué salida busca el hombre moderno? La huída hacia mundos irracionales, ilógicos, de fantasía, drogas, absurdo, pornografía etc. La búsqueda de una “experiencia final”, aunque sea en la locura y la total alienación irracional y humana parece ser la única salida”. En otras palabras, el pecado ha llevado al hombre a negar su propia esencia, a considerarse sin valor trascendental. El cristianismo, muy opuesto a estas ideas preconiza la Redención del pecador a través de la obra perfecta de Jesucristo, la Palabra Viviente de Dios. Como resultado de la fe cristiana surge un verdadero optimismo que confía plenamente en el Dios absoluto que puede y ya lo ha hecho, llevar al hombre a su realización total. Diferentes grados de Inteligencia Los filósofos pueden partir de presuposiciones ateas o teístas. No importa cuál sea la posición, siempre se tienen presuposiciones. Cuando un teísta lanza su hipótesis y procura demostrarla con sus razonamientos no falta un ateo que se oponga y con otros razonamientos más agudos refutan al primero. Pero, establecidas las ideas de este último puede surgir otro pensador teísta más penetrante y replicar en forma contundente el ateismo. La cadena puede seguir, pro se tiene que llegar a un momento en que si son honestos ambos tendrán que reconocer que la razón tiene sus límites. Esto es pensando a nivel de genios de la filosofía. ¿Dónde quedarán entonces los que tienen una mentalidad común y corriente? Es por ello que los cristianos tienen un gran tesoro en la fe. Los cristianos no se oponen en la razón, pero reconocen las limitaciones de ella. Aceptan la razón hasta donde ella los puede acompañar, pero llega un momento en que honestamente ya no se puede confiar en ella. Grandes cerebros humanos fueron ateos en su vida, pero también hombres geniales han creído en Dios. ¿Con quiénes deberá el hombre unir su destino? Los cristianos creen la Biblia por fe, sin menosprecio de la razón. La fe no “inventa” su propia verdad, lo que hace es reconocer o recibir la Revelación de Dios. Dios revela precisamente “lo que no ha subido en el corazón de ningún hombre”, (Pablo, 1 Corintios 2:9, 10) sino lo que desciende de Él para que lo sepan sus criaturas. III. LA SOLUCIÓN DE DIOS En este abismo infranqueable entre el Dios Absoluto, Necesario, Trascendente, Inmutable, Eterno (Isaías 40, 45) y un hombre relativo, contingente, limitado al tiempo, al espacio, mortal, finito; la solución tiene que venir de Dios. Es más fácil que el condescienda con la creatura y no que ésta lo alcance por algún medio. La solución de Dios es revelarse a sí mismo. Según la Biblia hay muchas formas de Revelación. (Hebreos 1:1) Dios habla por medio de la naturaleza, la consciencia del hombre y habló en forma especial por sus profetas. Pero la forma excelentísima de su comunicación al hombre es Jesucristo, la Palabra Viva. (Juan 1:1; Hebreos 1:2,3) Conocer a Jesucristo es conocer a Dios en la única forma en que el hombre finito puede llegar a una percepción adecuada de la Deidad. Estando en este mundo, uno de sus discípulos, Felipe, le dijo: “…muéstranos el Padre y nos basta”. Jesús respondió: “¿Tanto tiempo que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mi ha visto al Padre…” Jesucristo es la Palabra Viva y la Biblia es la Palabra Escrita. Para conocer adecuadamente a Dios es necesario conocer a Jesucristo y hoy para conocer a Jesucristo es necesario conocer la Biblia, la Palabra Escrita que hará franco el camino hacia el Absoluto. Dios puede ser conocido y se ha dado un camino: Jesucristo. Este único y verdadero camino puede ser conocido solo a través de la Biblia.
E. Rosales
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