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La
Verdad Os hará libres
Octavo
Domingo Después de Pentecostés
29 de Julio de 2001
Amados
hermanos en Nuestro Señor Jesucristo:
En este
Evangelio vemos la parábola del mayordomo infiel: parábola que tiene su dificultad
sobre todo al alabar Nuestro Señor la acción de ese mayordomo y al
decirnos a nosotros que ganemos amigos con las riquezas de iniquidad. ¿Cuáles
son esas riquezas que alaba Nuestro Señor? Esto nos lleva a la necesidad
de meditar en las Escrituras, en las parábolas, para descifrar su
contenido.
Es evidente que el mal en sí no es
objeto de alabanza, ni el pecado ni el error, y si Nuestro Señor alaba en
cierto modo al mayordomo infiel, del cual tenia malas noticias, que era
dilapidador en su economato, es porque de algún modo hay algo bueno. No es que el mayordomo sea ladrón,
porque el robo y la rapiña no se pueden alabar, es evidente que él como
mayordomo podía, tenía la facultad de condonar de algún modo las deudas
que los acreedores a través de él habían contraído que borrara cien y
colocara cincuenta barriles, que borrara cien y colocara ochenta cargas
de trigo; sería impugnable esa escritura, o ese papel; luego se ve que
tenía la facultad, de algún se ve que tenía la facultad, de algún modo,
de condonar o rebajar esa deuda.
Lo que Nuestro Señor alaba es la sagacidad,
diríamos, la astucia o la malicia “indígena” con la cual este mayordomo
actuó para no quedar en la calle ni tener que mendigar porque le daba
vergüenza o tener que cavar la tierra porque no podía físicamente, y así
de esta manera granjearse amigos después de ser despedido. Nuestro Señor
alaba ese ingenio, esa astucia, en el buen sentido, para que la
utilicemos y así piensan en este mundo; tener de qué vivir o subsistir y
hacia lo cual dirigen toda su ingenio, toda su sagacidad y que la
transportemos para ganarnos el cielo, la vida eterna. Que esa sagacidad
que tienen los hijos de este mundo la tengamos los hijos de Dios, y que
no seamos tontos, ni estúpidos ni imbéciles y dejemos perder el cielo sin
aprovechar hábilmente las circunstancias, no para ganar el mundo sino
para ganar el cielo.
¡Hasta dónde llega Nuestro Señor para
mostrarnos el camino eterno sin que lo perdamos!, abriendo las puertas a
lo mal habido, al dinero, a las riquezas, a los bienes de iniquidad, no
necesariamente por robo o rapiña, porque hay cosas mal habidas, mal
obtenidas y que no obstante no son de robo, ni de rapiña ni de hurto. Hay
muchas cosas mal adquiridas por medios pecaminosos y el ejemplo mas clásico
es el de la prostitución y no es dinero robado es justamente adquirido
pero a través de un pecado, y cuantos ejemplos hay de dinero mal
adquirido:
Toda la pornografía el modelaje los
medios de comunicación los anticonceptivos las discotecas las tabernas, a
trabes de los cuales hacen dinero, pero es a base de un pecado y cuántos
ejemplos más se podrían citar, pero se escapan.
Entonces todo ese dinero mal habido,
mal adquirido a través de un pecado y de la corrupción de sí mismo, o de
Esa es la moraleja que quiere dejar Nuestro Señor, que aun con esas
riquezas mal habidas, mal adquiridas, sin ser robadas, se puede aun ganar
el cielo si se utilizan, por ejemplo, haciendo limosna, ayudando al
prójimo, haciendo obras de caridad y así borrar el pecado por el cual se
ha obtenido, pecaminosa y malamente. Que quede claro, entonces, que lo
que alaba Nuestro Seor en este mayordomo infiel es la sagacidad, para que
los hijos de Dios sean iguales o más sagaces que los hijos de este mundo,
para que no se peque de estupidez. A Nuestro Señor no le gusta la
estupidez.
La estulticia es un pecado que viene
de la lujuria. La estupidez, la estulticia, la bobería, la idiotez Y Dios
sabe si en este mundo lleno de lujuria por doquier conculcando la verdad
y la sabiduría, entendimiento, ciencia, necesarios para mantenerse en la
luz de la verdad, en el amor a la verdad para salvarse. Esa verdad que es
la Iglesia Católica, la religión católica, Nuestro Señor Jesucristo y no
los falsos iluminados, los masones, los gnósticos, los brujos, sino la
luz que da la Iglesia, la luz de la verdad sobrenatural, la luz de la fe
que está hoy oscurecida en la Iglesia.
Gran Tribulación, gran eclipse de
Sol, de la verdad, de la luz. “De Labore solis” –el eclipse de Sol-, lo
testifica la divisa que corresponde al actual pontificado de hoy según
las profecías de San Malaquías. No es ningún invento personal pues la
interpretación correcta es: el eclipse de Sol; basta con leer un poquito
de latín, mirar en un diccionario de latín para ver cómo los romanos
hacían o decían para significar el eclipse de luna y allí está diciendo
de labore lunae, solis –el
eclipse de Sol, el eclipse de la Luna- y no los trabajos de Sol, que no
tiene ningún sentido, ningún contenido lógico que nos manifieste la
realidad de algo, como estúpidamente circulan por doquier. Ese es un
signo más de la falta de luz para la correcta interpretación
No hay que pasar por ignorantes del
abc latino, del latín, que es la lengua de la Iglesia, el oscurecimiento
del Sol anunciado en las Escrituras. Eclipse de la Iglesia que nos ha
correspondido vivir, porque la Iglesia no irradia hoy la fe, no irradia
ni por su moral ni por su fe. Al contrario, brilla por su ausencia, una decadencia
atroz, falta de fe, falta de moral, falta de verdadera predicación, falta
de amor a la verdad, verdadero pecado contra el Espíritu Santo, pecado
contra el espíritu de verdad que es en Dios la Tercera Persona de la
Santísima Trinidad.
Ese espíritu de verdad no irradia hoy
ni ilumina al mundo, ni brilla en la Iglesia, que está eclipsada,
obnubilada, por sus malos pastores que se convierten así en los falsos
profetas de los cuales Nuestro Señor nos advirtió con instancia suma que tuviéramos
cuidado, porque no se presentan como lo que son, como los rapaces sino
con piel de oveja, con apariencia de religiosidad, de santidad y de
virtud, pero que son por dentro todo lo contrario. Es un hecho hoy,
cuando la imagen de los sacerdotes y del clero es desastrosa. Es un
escándalo permanente que hace perder la fe a la gente poco culta en las
cosas de Dios; por ignorancia Religiosa se convierten en carnada del
protestantismo que invade a Colombia y al mundo, ese espíritu protestante.
Vemos esta ciudad llena de sectas y los culpables de todo esto son los
malos pastores que no predican la verdad, que no cumplen con el deber de
apacentar a las ovejas, dejándolas a merced del lobo.
Tengamos presentes todas estas cosas y
aprovechemos el ejemplo que nos da Nuestro Señor en la parábola de hoy,
del mayordomo infiel, para que utilicemos sagazmente aun lo mal habido en
beneficio de nuestra propia salvación ¡Hasta dónde llega la bondad y la
misericordia de Dios!
Pidamos a nuestra Señor, la Santísima Virgen
María, que interceda con su ayuda para ganar el cielo a través de su
maternal intercesión en estos tiempos tan difíciles; que las almas se salven
y no se condenen eternamente. +
Padre Basilio
Meramo
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