LA DEVOCION DE LAS TRES AVEMARÍAS
Decía Jesús: “¿De que aprovechara
al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?” Y esas palabras
repitió San Ignacio de Loyola, recordando que el negocio más importante
es, por consiguiente, el de alcanzar la eterna salvación. ¿Queréis salvaros? Sed devotos
de la Virgen maría, por que sin su mediación junto a Jesús, nadie
se salva. Pedidle su amparo, rezando todos los días las tres
Avemarías par conmemorar los privilegios que le comunicó Dios
Hijo, y la misericordia con que la enriqueció Dios
Espíritu Santo), otras tantas veces el poder, la sabiduría y el amor
van desde su Inmaculado Corazón a inundar las almas de quienes de
esta manera la honran e invocan, las cuales tendrán su protección
durante la vida y su especial asistencia en la hora de la muerte. Por eso San Alfonso María de
Ligorio recomendó con insistencia el rezo de las tres Avemarías; San Leonardo de Puerto Mauricio predicó con
fervor esta devoción, diciendo: “¡Oh, qué santa práctica de piedad!
Este es un medio muy eficaz de asegurar vuestra salvación.” Y a su
vez, Luis maría Baudoin escribió:
“Rezad cada día tres Avemarías. Si sois fieles
en pagar a María este tributo de homenaje, yo os prometo el Paraíso
el Paraíso.” Rezar, por la mañana y por la noche, así:
1.
¡María, Madre mía líbrame de caer
en pecado mortal! Por el Poder que os concedió el Padre Eterno. Ave María...
2.
Por la Sabiduría que os concedió
el Hijo. Ave María...
3.
Por el Amor que
os concedió el Espíritu Santo.
Ave María...
Propagad esta devoción, porque “quien salva un alma, salvó la suya” (San Agustín) |
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