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Segunda Parte
En qué consiste la verdadera devoción a María
I. Varias verdaderas devociones a la Santísima
Virgen.
24) Hay varias verdaderas
devociones a la Virgen Santísima: no hablo aquí
de las falsas.
25) Consiste la primera
en cumplir con los deberes de cristiano, evitando
el pecado mortal, obrando más por amor que por
temor, rogando de tiempo en tiempo a la Santísima
Virgen y honrandola como Madre de Dios, sin
ninguna otra especial devoción para con ella.
26) La segunda tiene
para la Virgen más altos sentimientos de estima,
amor, veneración y confianza; induce a entrar
en las cofradías del santo Rosario y del Escapulario,
a rezar la corona o el santo Rosario, a honrar
las imágenes y altares de María, a publicar
sus alabanzas, a alistarse en sus congregaciones.
Y esta devoción, al excluir de nuestra vida
el pecado, es buena, santa y laudable; pero
no es tan perfecta ni tan capaz de apartar a
las almas de las críaturas y desprenderlas de
sí mismas a fin de unirlas a Jesucristo.
27) La tercera devoción
a la Santísima Virgen, de muy pocas personas
conocida y practicada, es, almas predestinadas,
la que os voy a descubrir.
II. La devoción perfecta a María.
1) En qué consiste.
28) Consiste en darse
todo entero, como esclavo, a María y a Jesús
por Ella; y en hacer todas las cosas con María,
en María, por María y para María.
Voy a explicar estas palabras.
29) Hay que escoger
un día señalado para entregarse, consagrarse
y sacrificarse; y esto ha de ser voluntariamente
y por amor, sin encogimiento, por entero y sin
reserva alguna; cuerpo y alma, bienes exteriores
y fortuna, como casa, familia, rentas; bienes
interiores del alma, a saber: sus méritos, gracias,
virtudes y satisfacciones.
Es preciso notar aquí que con esta devoción
se inmola el alma a Jesús por María, con un
sacrificio, que ni en orden religiosa alguna
se exige, de todo cuanto el alma más aprecia;
y del derecho que cada cual tiene para disponer
a su arbitrio del valor de todas sus oraciones,
limosnas, mortificaciones y satisfacciones;
de suerte que todo se deja a disposición de
la Virgen Santísima, que a voluntad suya lo
aplicará, para la mayor gloria de Dios, que
sólo Ella perfectamente conoce.
30) A disposición suya
se deja todo el valor satisfactorio e impetratorio
de las buenas obras; así que, después de la
oblación que de ellas se ha hecho, aunque sin
voto alguno, de nada de cuanto bueno hace es
ya uno dueño; la Virgen Santísima puede aplicarlo;
ya a un alma del purgatorio para aliviarla o
libertarla, ya a un pobre pecador para convertirle.
31) También nuestros
méritos los ponemos con esta devoción en manos
de la Virgen Santísima; pero es para que nos
los guarde, aumente y embellezca; puesto que
ni los méritos de la gracia santificante, ni
los de la gloria podemos unos a otros comunicarnos.
Dámosle, sin embargo, todas nuestras oraciones
y obras buenas, en cuanto son satisfactorias
e impetratorias, para que las distribuya y aplique
a quien le plazca. Y si después de estar así
consagrados a la Santísima Virgen, deseamos
aliviar algún alma del purgatorio, salvar a
algún pecador, sostener a alguno de nuestros
amigos con nuestras oraciones, mortificaciones,
limosnas, sacrificios, preciso es pedírselo
humildemente a Ella, y estar a lo que determine,
aunque no lo conozcamos: bien persuadidos de
que el valor de nuestras acciones, administrado
por las mismas manos (las de la Virgen) de que
Dios se sirve para distribuirnos sus gracias
y dones, no podrá menos de aplicarse a la mayor
gloria suya.
32) He dicho que consiste
esta devoción en entregarse a María en calidad
de esclavo; y es de notar que hay tres clases
de esclavitud.
La primera es esclavitud de naturaleza; buenos
y malos son de esta manera esclavos de Dios.
La segunda es esclavitud forzada; los demonios
y los condenados son de este modo esclavos de
Dios.
La tercera es esclavitud de amor y voluntad;
y con ésta debemos consagrarnos a Dios por medio
de María, del modo más perfecto en que una criatura
puede entregarse a su Creador.
33) Notad además que
de criado a esclavo hay mucha diferencia. El
criado pide paga por sus servicios; el esclavo,
no. El criado está libre para dejar a su señor
cuando quiera, y no le sirve sino a plazos,
el esclavo no puede dejarle, pues se le ha entregado
para siempre. El criado no da a su señor derecho
de vida y muerte sobre su persona; el esclavo
se le entrega por completo, de suerte que su
señor puede hacerle morir sin que la justicia
le inquiete.
Fácilmente se echa de ver que el esclavo forzado
vive en la más estrecha de las sujeciones. Tal,
que sólo puede convenir al hombre respecto de
su Creador. Por eso entre los cristianos no
hay tales esclavos; sólo entre los turcos e
idólatras.
34) ¡Feliz y mil veces
feliz el alma generosa que se consagra a Jesús
por María, como esclava de amor, después de
haber sacudido en el bautismo la esclavitud
tiránica del demonio!
2) Excelencia de esta
práctica.
35) Muchas luces necesitaría
yo para describir perfectamente la excelencia
de esta práctica; sólo de corrida tocaré algunos
puntos.
1) El entregarse así a Jesús por María es imitar
a Dios Padre, que no nos ha dado a Jesús sino
por María, y que no nos comunica sus gracias
sino por María; es imitar a Dios Hijo, que no
ha venido a nosotros sino por María, y como
nos ha dado ejemplo para que según hizo Él hagamos
nosotros, nos ha invitado a ir a Él por el mismo
camino que Él ha venido, que es María; es imitar
al Espíritu Santo, que no nos comunica sus gracias
y dones, sino por María "¿No es justo, dice
San Bernardo, que vuelva la gracia a su Autor
por el mismo canal por donde se nos ha transmitido?"
36) 2) Ir de este modo
a Jesús por María es verdaderamente honrar a
Jesucristo, pues es dar a entender que por razón
de nuestros pecados, no somos dignos de acercarnos
directamente ni por nosotros mismos a su infinita
santidad, y que nos hace falta María, su Santísima
Madre, para que sea nuestra abogada y mediadora
con nuestro mediador que es Él. Esto es al mismo
tiempo acercarnos a Él como medianero y hermano
nuestro y humillarnos ante Él, como ante nuestro
Dios y nuestro juez; es, en una palabra, practicar
la humildad, que arrebata siempre el corazón
de Dios.
37) 3) Consagrarse así
a Jesús por María es poner en manos de María
nuestras buenas acciones, que, aunque parezcan
buenas, están muchas veces manchadas y son indignas
de que las mire y las acepte Dios, ante quien
no son puras las estrellas.
¡Ah!, roguemos a esta buena Madre y Señora,
que después de recibir nuestro pobre presente,
Ella lo purifique, Ella lo santifique, Ella
lo suba de punto y lo embellezca de tal suerte,
que le haga digno de Dios. Todas las rentas
de nuestra pobre alma, para el Padre de familia
Dios, son menos, para ganar su amistad y gracia,
de lo que sería para un rey la manzana agusanada
que para pagar su arriendo le presentara un
pobre colono de su majestad. ¿Qué haría este
pobre hombre si fuera listo y tuviera cabida
con la reina? Benévola ella con el pobre campesino
y respetuosa con el rey, ¿no quitaría a la manzana
lo que tuviera de agusanado y de podrido y la
pondría en fuente de oro, rodeada de flores?
Y el rey, ¿no la recibiría sin inconveniente
y aun con gusto, de manos de la reina, que tanto
quiere al campesino? Modicum quid offerre desideras?,
manibus Mariae tradere cura, si non vis sustinere
repulsam. ¿Deseas ofrecer alguna poca cosa?,
dice San Bernardo. Por manos de María procura
entregarla, si no quieres sufrir repulsa.
38) ¡Ay, buen Señor!
¡qué poca cosa es todo cuánto hacemos! Pero
pongámoslo, con esta devoción, en manos de María.
Una vez que del todo nos hayamos dado a ella,
en cuanto darnos podamos, despojándonos en su
honor de todo, Ella, infinitamente más generosa,
por un huevo dará un buey; Ella se comunicará
del todo a nosotros, con sus méritos y virtudes;
Ella colocará nuestros presentes en la bandeja
de oro de su caridad; Ella, como Rebeca a Jacob,
nos revestirá de los hermosos vestidos de su
primogénito y unigénito Jesucristo, es decir,
de sus méritos, que a la disposición de Ella
están; y así, como esclavos y domésticos suyos,
después de habernos despojado de todo para honrarla,
tendremos dobles vestidos (omnes domestici ejus
vestiti sunt duplicibus); trajes, galas, perfumes,
méritos y virtudes de Jesús y de María, en el
alma del esclavo de Jesús y de María, despojado
de sí mismo y fiel en vivir su consagración.
39) 4) Entregarse así
a la Santísima Virgen, es ejercitar en el más
alto grado posible la caridad con el prójimo;
puesto que es dar a María lo que más apreciamos
para que de ello disponga, según su voluntad,
en favor de vivos y difuntos.
40) 5) Esta es la devoción
con que se ponen en seguro las gracias, méritos
y virtudes, haciendo depositaria de ellos a
María y diciéndola: "Toma, querida dueña mía:
he aquí lo que con la gracia de tu querido Hijo
he hecho de bueno; por mi debilidad e inconstancia,
por el gran número y malicia de mis enemigos,
que día y noche me acometen, no soy capaz de
guardarlo. ¡Ay!, que todos los días estamos
viendo caer en el lodo los cedros del Líbano,
y venir a parar en aves nocturnas las águilas
que se levantan hasta el sol! Así mil justos
caen a mi izquierda y a mi diestra diez mil;
pero Tú, mi poderosa y más que poderosa Princesa,
tenme que no caiga; guarda todos mis bienes,
que no me los roben; te confío en depósito todos
mis bienes; Depositum custodi. - Scio cui credidi.
Bien sé quién eres; por eso me confío por completo
a Ti. Tú eres fiel a Dios y a los hombres y
no permitirás que perezca nada de cuanto a Ti
se confía; eres poderosa y nadie podrá dañarte,
ni arrebatarte de entre las manos lo que tienes.
Ipsam sequens non devias; ipsam rogans non desperas;
ipsam cogitans non erras; ipsa tenente, non
corruis; ipsa protegente, non metuis; ipsa duce,
non fatigaris; ipsa propitia, pervenis (San
Bernardo, Inter flores, cap. 135), y en otra
parte: Detinet Filium ne percutiat; detinet
diabolum ne noceat; detinet virtutes ne fugiant;
detinet merita ne pereant; detinet gratiam,
ne effluat. Estas son palabras de San Bernardo,
que en sustancia expresan todo lo que acabo
de decir. Aunque no hubiera otro motivo para
excitarme a esta devoción, sino el ser medio
seguro para conservar y aumentar en mí la gracia
de Dios, debía yo abrasarme de entusiasmo por
ella.
41) Esta devoción torna
el alma verdaderamente libre, con la libertad
de los hijos de Dios. Ya que por amor a María
se reduce uno a la esclavitud, esta querida
Señora le ensancha y dilata en recompensa el
corazón, y le hace marchar a pasos de gigante
por el camino de los mandamientos de Dios. Ahuyenta
el disgusto, la tristeza y el escrúpulo. Esta
fue la devoción que el Señor enseñó a la madre
Inés de Jesús, como medio seguro para salir
de grandes penas y perplejidades en que se hallaba
"Hazte esclava de mi Madre", le dijo. Hízolo
así, y al momento sus penas cesaron.
42) Para autorizar esta
devoción convendría contar aquí las bulas e
indulgencias de los Papas, los decretos de los
Obispos en favor suyo, las cofradías establecidas
en su honor, el ejemplo de muchos santos y grandes
personajes que la han practicado; pero todo
esto lo paso en silencio.
3) Su fórmula interior
y espíritu.
43) He dicho, además,
que esta devoción consiste en hacer todas las
cosas con María, en María, por María y para
María.
44) No basta entregarse
por esclavo a María una vez sola; ni aun es
bastante hacerlo todos los meses o todas las
semanas. Devoción harto pasajera sería ésa,
que no elevaría el alma a la perfección a que,
si bien se practica, la puede levantar. No es
muy difícil alistarse en una cofradía, ni aun
abrazar esta devoción y rezar diariamente algunas
oraciones prescritas; lo difícil es entrar en
el espíritu de ella, que es hacer que el alma
en su interior dependa y sea esclava de la Santísima
Virgen y de Jesús por Ella.
Muchas personas he hallado que con admirable
entusiasmo se han sometido a tan santas esclavitudes
exteriormente; pero muy pocas que hayan cogido
el espíritu de esta devoción y menos todavía
que hayan perseverado en él.
Obrar con María.
45) 1) La práctica esencial de esta devoción
consiste en hacer todas las acciones con María;
es decir, tomar a la Virgen Santísima por modelo
acabado en todo lo que se ha de hacer.
46) Por eso antes de
hacer cualquier cosa hay que desnudarse de sí
mismo y de sus mejores modos de ver; hay que
anonadarse delante de Dios, como quien de su
cosecha es incapaz de todo bien sobrenatural
y de toda acción útil para la vida eterna; hay
que recurrir a la Virgen Santísima y unirse
a sus intenciones, aunque no se conozcan; hay
que unirse por María a las intenciones de Jesucristo,
es decir, ponerse en manos de la Virgen Santísima
como instrumento, para que Ella obre en nosotros,
y haga de nosotros lo que bien le parezca, para
gloria de su hijo Jesucristo, para gloria del
Padre: de suerte que no haya vida interior,
ni operación del espíritu que de ella no dependa.
Obrar en María.
47) 2) Hay que hacer todas las cosas en María,
es decir, que hay que irse acostumbrando a recogerse
dentro de sí mismo, para formar una pequeña
idea o retrato espiritual de la Santísima Virgen.
Ella será para el alma oratorio en que dirija
a Dios sus plegarias, sin temor de ser desechada.
Torre de David para ponerse en seguro contra
los enemigos. Lámpara encendida para alumbrar
las entrañas del alma y abrasarla en amor divino.
Recámara sagrada para ver a Dios con Ella. María,
en fin, será únicamente para esta alma su recurso
universal y su todo. Si ruega será en María;
si recibe a Jesús en la Sagrada Comunión le
meterá en María para que allí tenga Él sus complacencias.
Si algo hace será en María; y en todas partes
y en todo hará actos de desasimiento de sí misma.
Obrar por María.
48) 3) Jamás hay que acudir a Nuestro Señor,
sino por medio de María, por su intercesión
y su crédito para con él, de suerte que nunca
nos hallemos solos cuando vayamos a pedirle.
Obrar para María.
49) 4) Finalmente, hay que hacer todas las acciones
para María, es decir, que como esclavos que
somos de esta augusta Princesa, no trabajemos
más que para Ella, para su provecho y gloria,
como fin próximo y para gloria de Dios, como
fin último. Debe esta alma en todo lo que hace,
renunciar al amor propio, que casi siempre,
aun sin darse cuenta, se toma a sí mismo por
fin, y repetir muchas veces en el fondo del
corazón: por Vos, mi amada Señora, hago esto
o aquello, voy aquí o allá, sufro tal pena o
tal injuria.
50) Guárdate bien, alma
predestinada, de creer que lo más perfecto es
ir todo derecho a Jesús, todo derecho a Dios;
tu obra, tu intención poco valdrá; pero yendo
por María será la obra no tuya, sino de María
en ti, y será por consiguiente, muy levantada
y muy digna de Dios.
51) Guárdate bien, además,
de hacerte violencia para sentir y gustar lo
que dices y haces; dilo y hazlo todo con la
fe que María tuvo en la tierra, y que con el
tiempo Ella te comunicará. Deja a tu Soberana,
pobre esclavillo, la vista clara de Dios, los
transportes, los gozos, los placeres, las riquezas,
y no tomes para ti más que la fe pura, llena
de disgusto, de distracciones, de fastidio,
de sequedad. Di: Amén, así sea, a cuanto hace
María, mi Reina, en el cielo; para mí es lo
mejor que puedo hacer ahora.
52) Tampoco te atormentes,
si no gozas tan pronto de la dulce presencia
de la Santísima Virgen. No es para todos esta
gracia. Y cuando por su gran misericordia favorece
Dios con ella, muy fácilmente el alma la pierde,
si no es fiel en recogerse con frecuencia. Si
tal desgracia te ocurriese, vuélvete dulcemente
a tu Soberana y pídele perdón.
4) Efectos maravillosos
que produce en un alma fiel.
53) Infinitamente más
de lo que aquí te digo, te enseñará la experiencia
y tantas riquezas y gracias hallarás en la práctica
si eres fiel en lo poco que aquí te enseño,
que te quedarás sorprendido y con el alma llena
de júbilo.
54) Trabajemos, pues,
alma querida, y hagamos de manera que por la
fiel práctica de esta devoción, el alma de María
esté en nosotros para engrandecer al Señor,
el espíritu de María esté en nosotros para regocijarse
en Dios su Salvador. Palabras son éstas de San
Ambrosio: Sit in singulis anima Mariae ut magnificet
Dominum, sit in singulis spiritus Mariae ut
exultet in Deo. No creas que haya mayor gloria
y felicidad en morar en el seno de Abrahán,
que se llama paraíso, que en el seno de María,
en el que el Señor ha puesto su trono. Son palabras
del sabio Abad Guerrico: Ne credideris majoris
esse felicitatis habitare in sinu Abrahae, qui
vocatur Paradisus, quam in sinu Mariae in quo
Dominus thronum suum posuit.
55) Infinidad de efectos
produce en el alma esta devoción fielmente practicada;
pero el principal es hacer que de tal modo viva
María en un alma de la tierra, que no sea ya
más el alma quien vive, sino María en ella;
porque, por decirlo así, el alma de María viene
a ser su alma. Pues cuando por una gracia inefable,
pero verdadera, la divina María es Reina del
alma, ¿qué maravillas no hace en ella? Como
es Ella la obradora de las grandes maravillas,
sobre todo dentro de los corazones, trabaja
allá, a escondidas del alma misma: que si se
diera cuenta de esas obras echaría a perder
su hermosura.
56) Como Ella es dondequiera
la Virgen fecunda, en todas las almas en que
vive hace brotar la pureza de corazón y de cuerpo,
la pureza de intenciones y designios y la fecundidad
de buenas obras. No creas, alma querida, que
María, la más fecunda de todas las criaturas,
la que llegó hasta el punto de producir un Dios,
permanezca ociosa en un alma fiel. Ella sin
cesar hará vivir el alma en Jesucristo y hará
vivir a Jesucristo en el alma. Filioli mei,
quos iterum parturio donec formetur Christus
in vobis (Gál 4,19). Si, como lo fue al nacer
en el mundo, es Jesucristo fruto de María en
cada una de las almas; sin duda que en aquellas
donde Ella habita es singularmente Jesucristo
fruto y obra maestra suya.
57) En fin, que para
estas almas María viene a serlo todo junto a
Jesucristo. Ella esclarece su espíritu con su
fe pura. Ella profundiza su corazón con su humildad.
Ella con su caridad le acrecienta y le abrasa.
Ella le purifica con su pureza. Ella le ennoblece
y ensancha con su maternidad. Pero, ¿adónde
voy a parar? No hay modo de enseñar, sino se
experimentan, estas maravillas de María, maravillas
increíbles a las gentes sabias y orgullosas,
y aun al común de los devotos y devotas.
58) Así como por María,
vino Dios al mundo la vez primera en humildad
y anonadamiento, ¿no podría también decirse
que por María vendrá la segunda vez, como toda
la Iglesia le espera, para reinar en todas partes
y juzgar a los vivos y a los muertos? ¿Cómo
y cuándo?, ¿quién lo sabe? Pero yo bien sé que
Dios, cuyos pensamientos se apartan de los nuestros
más que el cielo de la tierra, vendrá en el
tiempo y en el modo menos esperado de los hombres,
aun de los más sabios y entendidos en la Escritura
Santa, que está en este punto muy oscura.
59) Pero todavía debe
creerse que al fin de los tiempos, y tal vez
más pronto de lo que se piensa, suscitará Dios
grandes hombres llenos del Espíritu Santo y
del espíritu de María por los cuales esta Divina
Soberana hará grandes maravillas en la tierra
para destruir en ella el pecado y establecer
el reinado de Jesucristo su Hijo sobre el corrompido
mundo; y por medio de esta devoción a la Santísima
Virgen, que no hago más que descubrir a grandes
rasgos, empequeñeciéndola con mi miseria, estos
santos personajes saldrán con todo.
5) Prácticas exteriores.
60) Además de la práctica
interior de esta devoción, que acabo de describir,
hay otras exteriores, que no se deben omitir
ni despreciar.
Consagración y renovación.
61) La primera es entregarse, en algún día señalado,
a Jesucristo, por manos de María, cuyos esclavos
nos hacemos, comulgar al efecto en ese día y
pasarlo en oración. Y esta consagración ha de
renovarse por lo menos todos los años en el
mismo día.
Ofrenda de un tributo
a la Santísima Virgen.
62) La segunda dar todos los años en el mismo
día un pequeño tributo a la Santísima Virgen
en testimonio de servidumbre y dependencia;
tal es siempre el homenaje de los esclavos para
con sus señores. Consiste, pues, este tributo
en alguna mortificación, limosna o peregrinación,
o en algunas oraciones. El bienaventurado Marín,
según testifica su hermano San Pedro Damiano,
tomaba todos los años en el mismo día la disciplina
pública delante de un altar de la Santísima
Virgen. No pido ni aconsejo este fervor; pero,
si no se le da mucho a María, debe al menos
ofrecerse lo que se le presente con humildad
y agradecido corazón.
Celebrar especialmente
la fiesta de la Anunciación.
63) La tercera es celebrar todos los años con
devoción particular la fiesta de la Anunciación,
que es la fiesta principal de esta devoción
establecida para honrar e imitar la dependencia
en que el Verbo eterno por amor nuestro en este
día se puso.
Rezar la Coronilla de
la Santísima Virgen y el Magnificat.
64) La cuarta práctica externa es rezar todos
los días (sin que haya obligación bajo pena
de pecado por faltar a ello) la Coronilla
de la Santísima Virgen compuesta de tres
Padrenuestros y doce Avemarías, y rezar frecuentemente
el Magnificat, que es el único cántico que tenemos
de María, para dar gracias a Dios por sus beneficios
y para atraer otros nuevos; sobre todo no se
ha de dejar de decir después de la Sagrada Comunión,
para dar gracias, como según opina el sabio
Gersón, la Santísima Virgen lo decía.
Llevar la cadenilla.
65) La quinta es llevar una cadenilla bendita
al cuello, al brazo o al pie o a través del
cuerpo. Esta práctica puede en absoluto omitirse,
sin perjuicio de lo esencial de esta devoción;
sin embargo, será pernicioso despreciarla y
condenarla y peligroso descuidarla.
He aquí las razones de llevar esta señal exterior:
1) Para librarse de las funestas cadenas del
pecado original y actual, que nos han tenido
atados. 2) Para honrar las sogas y ataduras
amorosas con que nuestro Señor tuvo a bien ser
atado para tornarnos verdaderamente libres.
3) Ya que estas ataduras son de caridad, traham
eos in vinculis caritatis, para hacernos recordar
que sólo debemos obrar movidos por esta virtud.
4) Y en fin, para recordarnos nuestra dependencia
de Jesús y de María en calidad de esclavos,
pues acostumbraban éstos a llevar cadenas semejantes.
Muchos grandes hombres que se hicieron esclavos
de Jesús y María estimaban tanto estas cadenas,
que se quejaban de que no se les permitiera
arrastrarlas públicamente a los pies como los
esclavos de los turcos.
¡Oh cadenas más preciosas y más gloriosas que
los collares de oro y piedras preciosas de todos
los emperadores porque nos atan a Jesucristo
y a su Santísima Madre y son su marca y librea!
Hay que notar que conviene que estas cadenas
si no son de plata, sean al menos de hierro,
para llevarlas con comodidad.
No deben dejarse nunca durante la vida, para
que nos acompañen hasta el día del juicio. ¡Qué
gozo, qué gloria, qué triunfo para el consagrado,
cuando al sonido de la trompeta resucite adornado
todavía con esta cadena, que, probablemente,
no se habrá gastado aún! Este solo pensamiento
bastaría para que te animes poderosamente a
no dejarla nunca, por incómoda que pueda parecerte. |