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“Pro eís

Oasis, 5 de mayo de 1998
  “Maria medianera”

                           

                                                                                                             

 

   Muy queridas socias:

      

      Esta es la segunda carta que les escribo y ciertamente la ultima. En los últimos seis meses Jesús  divinamente ha obrado en mi. Hace tres semanas fui ingresada a causa de una enfermedad, que desde hace un  par de meses no terminaba de curarse, después de algunas exploraciones descubrieron la causa: un cáncer bastante extendido, que calladito, algunos meses atrás venía royendo mi interior. Mi enfermedad me ha hecho pensar en la gravedad del pecado venial. “¿Gravedad?” dirá alguna, Si señor, al igual que el cáncer, éste nos va carcomiendo el organismo sobrenatural, poco a poco, sin dar señales ni síntomas alarmantes, de pronto nos hallamos sin virtudes, sin Fuerzas y cuando menos lo pensamos sobreviene  la muerte (pecado mortal). Ruego a Dios, no sean amigas de estos desastrosos bichitos, cuanta razón tenía nuestra Sta. Teresa al decir con estas o parecidas palabras: “de pecado a sabiendas (con plena advertencia). Por pequeño que sea "¡nos libre Dios!”

Queridas socias, la iglesia necesita santos y mientras no nos decidamos a luchar por vencer nuestros pecadillos e imperfecciones podemos ya despedirnos de la santidad.

    Cuando nuestro padre me comunico la noticia, gracias a Dios, no sólo lo acepté todo, sino que también me alegre con la esperanza de ir pronto al Cielo. Le pedí que me preparara muy bien. María me ha concedido la gracia de ser asistida por mi muy amado padre espiritual fundador.

    Ahora guste de la suavidad, del consuelo reservado a los religiosos, que es al morir rodeado de la caridad y oraciones de mis hermanas; en torno mío no escucho los desabridos lamentos del mundo “¡que desgracia!” “¡tan joven, con una vida por delante!” etc.… mis hermanas saben bien sugerirme las mas hermosas jaculatorias: “Todo por ellos”, “Todo por AMOR” “duerma en el corazón de María”,…

     La noticia corrió rápidamente, muy pronto prioratos, Seminarios, escuelas, S.A.S., conventos, etc.… empezaron a pedir a mi querida pastorcita la gracia de mi curación, claro está siempre y cuando fuese para la mayor gloria de Dios, honra del Corazón Inmaculado de María glorificación de Jacinta.

   Jacinta, parece no querer mover un dedo, pero yo os aseguro que si no está obrando milagros en mi cuerpo los está haciendo en mi alma. No insistáis mucho con el asunto de curación, si Jacinta no responde, no responderá (ya saben como era de amulada –terca), pero os ruego importunéis al Señor y a su Bendita Madre pidiéndoles me hagan crecer en su santo amor, hasta ya más no poder.

   A veces le hago a María la pregunta de los pastorcillos ¿Y yo, voy al Cielo? (me parece que siempre en lo interior oigo; “si”) pero me estremezco cuando recuerdo a lucia preguntando por Amelia; “¿y Amelia?” “Estará en el purgatorio hasta el fin del mundo” ¡Qué hizo Amelia para merecer tan larga espera?, quizás lo hice yo una, dos, tres…  pero entonces recuerdo las lecciones de confianza de nuestra querida  Teresita y algunas santas palabras consoladoras de San Pablo “el amor borra una multitud de pecados” así pues os ruego me alcancéis amor y más amor de Dios.

   En mis últimos meses de vida religiosa, meditaba las palabras de nuestra Madre del cielo cuando respondió a Lucía, “¿De dónde es Ud.? “Soy del Cielo” Quería yo como religiosa poder decir a mi vez: “Madre, ya no soy de la tierra, como Tú, soy del Cielo”, Esto se significa que esperara me salieran alas de un día a otro. Todo mi ser podía llegar a embeberse de Dios y así  poder decir “¿soy del Cielo!” María. Y así  el día del Juicio, Jesús al verme dirá: “En verdad, esta alma es insignificante, pero en su pequeñez no encuentro sino a María: es diminuta, pero toda ella respira a Maria; Y así convencido de mi “entidad”, tomándome entre Sus manos con inmenso amor, me devolverá a aquel “joyel” al cual pertenezco, me perderé en el Corazón de su madre y mía.

    Ahí, en su Corazón muy dentro, rogaré por cada una de ustedes; por supuesto trabajaré sin descanso por la Iglesia, mis amados Sacerdotes y por mi muy querido Oasis

   Entiendo a Santa Teresita cuando decía: “mi misión está por comenzar”, me voy a trabajar no descansaré el amor no sabe descansar.

 

    Sean siempre fieles al Amor de Dios, hasta el Cielo y …¡Ave Cor Maríae!

 

                                                                  Hma. María Sherry de la Madre de Dios. 

 

     
   
     

 
   

 


 

 

 

 

 

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