-LA MORTIFICACION
CRISTIANA-
   

Por el Cardenal
Désiré MERCIER

-TEMAS DE MORTIFICACION:

1-OBJETO DE LA
MORTIFICACION CRISTIANA


2-CUERPO

3- IMAGINACION Y DE LAS PASIONES

4- DEL ESPIRITU Y DE LA VOLUNTAD

5- EN NUESTRAS ACCIONES EXTERIORES

6- EN NUESTRAS RELACIONES CON EL PROJIMO

7- CONCLUCION

 

   
   

OBJETO DE LA
MORTIFICACION CRISTIANA

 La mortificación cristiana tiene por finalidad neutralizar las influencias malignas que el pecado original ejerce en nuestras almas, aun después de haber sido regeneradas por el bautismo.

Nuestra regeneración en Cristo aunque anula completamente el pecado en nosotros, nos deja sin embargo muy lejos de la rectitud y de la paz originales. El concilio de Trento reconoce que la concupiscencia, es decir el triple apetito de la carne, de los ojos y del orgullo, se hace sentir en nosotros, incluso después del bautismo, para excitarnos a las gloriosas luchas de la vida cristiana (Concilio de Trento, Decreto sobre el pecado original, Dz. 792). A esta triple concupiscencia la Sagrada Escritura la llama a veces el Viejo Hombre, opuesta al nuevo hombre que es Jesucristo vivo en nosotros y nosotros mismos viviendo en Jesucristo; y a veces carne o naturaleza caída, opuesta al espíritu o naturaleza regenerada por la gracia sobrenatural. Este viejo hombre o esta carne, es decir el hombre entero con su doble vida moral y fisica, es la que hay que, no digo aniquilar por que es imposible mientras dure la vida presente pero sí mortificar, es decir reducir prácticamente a la impotencia, a la inercia y a la esterilidad de un muerto; hay que impedirle que dé su fruto que es el pecado, y anulad su acción en toda nuestra vida moral.


 

MORTIFICACION DEL CUERPO

1- Limítate, tanto como puedas, en materia de alimentos, a lo estrictamente necesario. Medita estas palabras que San Agustín dirigía a Dios: <<Me habéis enseñando, o Dios mío, a tomar los alimentos sólo como remedios. ¡Ah, Señor! ¿quién de entre nosotros no sobrepasa a qué el límite? Si hay uno solo, declaro que este hombre es grande y que debe glorificar mucho vuestro nombre. >> (Confesiones, Lib. X, Cáp. 31).
2- Ruega a Dios a menudo, ruégale cada día que te impida con su gracia traspasar los límites de la necesidad, o dejarte llevar por el atractivo del placer.
3- No tomes nada entre las comidas, a menos que haya alguna necesidad o razones de conveniencia.
4- Practica la abstinencia y el ayuno, pero practícalos solamente bajo la obediencia y con discreción.
5- No te está prohibido saborear algo por satisfacción corporal, pero hazlo con una intención pura y bendiciendo a Dios.
6- Regula tu sueño, evitando en esto toda relajación y pereza, sobre todo por la mañana. Si puedes, fíjate una hora para acostarte y levantarte, y oblígate a ella enérgicamente.
7- En general, no tomes descanso más que en la medida de lo necesario; entrégate generosamente al trabajo y no ahorres esfuerzos y penas. Ten cuidado de no extenuar tu cuerpo, pero guárdate también de consentirlo; desde que lo sientas depuesto a rebelarse, por poco que sea, trátalo como a esclavo.
8- Si sientes alguna ligera indisposición, evita ser molesto para los demás con tu mal humor. Deja que los demás se quejen, pero tú sé paciente y mudo como el divino Cordero que llevó verdaderamente todas nuestras enfermedades.


9- Guárdate de pedir una dispensa o cambio a tu orden del día por el más pequeño malestar. <<Hay que huir como de la peste de toda dispensa en materia de reglas>>, escribía San Juan Berchmans.
10- Recibe dócilmente, y soporta con humildad, paciencia y perseverancia la mortificación penosa que se llama enfermedad.

MORTIFICACION DE LOS SENTIDOS, LA
DE IMAGINACION Y DE LAS PASIONES

1.- Cierra tus ojos ante todo y siempre a todo espectáculo peligroso, e incluso ten valor para cerrarlos a todo espectáculo vano e inútil. Ve sin mirar; no te fijes en nadie para observar su belleza o fealdad.
2- Ten tus oídos cerrados a las palabras halagadoras, a las alabanzas, a las seducciones, a los malos consejos, a las maledicencias, a las burlas hirientes, a las indiscreciones, a la crítica malévola, a las sospechas comunicadas y a toda palabra que pueda causar el menor enfriamiento entre dos almas.
3.-Si el sentido del olfato tiene que sufrir algo a consecuencia de ciertas enfermedades o debilidades del prójimo, lejos de quejarte de ello, sopórtalo con una santa alegría.
4.-En lo que se refiere a la calidad de los alimentos, sé muy respetuoso del consejo de Nuestro Señor: <<Comed lo que os presenten>>. <<Comer lo que es bueno sin complacerse en ello, lo que es malo sin mostrar aversión, mostrarse indiferente tanto en lo uno como en lo otro, ésta es la verdadera mortificación>>, decía San Francisco de Sales.
5.-Ofrece a Dios tus comidas, imponte en la mesa una pequeña privación. Por ejemplo, niégate un grano de sal, un vaso de vino, una golosina, etc. Los demás no lo advertirán, pero Dios te lo tendrá en cuenta.
6.-Si lo que te presentan mueve mucho tu gusto, piensa en la hiel y en el vinagre que presentaron a Nuestro Señor en la cruz. Eso no te impedirá saborear el manjar, pero servirá de contra peso al placer.

7.- Hay que evitar todo contacto sensual, toda caricia en la que hubiera cierta pasión, en que se buscase o donde proviniese un gozo principalmente sensible.

8.- Prescinde de ir a calentarte, a menos que te sea necesario para evitarle una indisposición.

9.-Soporta todo lo que aflige naturalmente a la carne; especialmente el frío del invierno, el calor del verano, la dureza de la cama y todas las incomodidades del mismo género. Haz buena cara a todos los tiempos, sonríe a todas las temperaturas. Di con el profeta: <<Frío, calor, lluvia, bendecid al Señor>>. Dichosos si podemos llegar a decir de buena gana esta frase tan familiar a San Francisco de Sales:


<<Nunca estoy mejor que cuando no estoy bien>>.
10.-Mortifica tu imaginación cuando se deja seducir con el atractivo de un puesto brillante, cuando se entristece con la perspectiva por un futuro sombrío, cuando se irrita con el recuerdo de una palabra o de un acto que le ofendió.
11.- Si sientes la necesidad de soñar, mortifícala sin piedad.
12.-Mortifícate con el mayor cuidado sobre toda impaciencia, irritación o ira.
13.-Examina a fondo tu deseos y somételos al control de la razón y de la fe: ¿no deseas una vida larga más bien que una vida santa? ¿placer y bienestar sin tristeza ni dolores, victorias sin combates, éxitos sin reveses, aplausos sin críticas, una vida cómoda y tranquila sin cruces de ningún tipo, es decir, una vida completamente opuesta a la de nuestro divino Salvador?
14.- Procura no contraer ciertas costumbres que, sin ser positivamente malas pueden llegar a ser funestas, tales como de las lecturas frívolas, de los juegos de azar, etc.


15.- Trata de conocer tu defecto dominante, y cuando lo conozcas, persíguelo hasta sus últimos repliegues. Para eso, sométete de buena gana a lo que puede haber de monótono y aburrido en la práctica del examen del examen particular.
16.- No te está prohibido tener buen corazón y mostrarlo, pero mantente en guardia contra el peligro de exceder la justa medida. Combate enérgicamente los afectos demasiados naturales, las amistades particulares, y todas las sensibilidades delicadas del corazón
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MORTIFICACION DEL ESPIRITU
Y DE LA VOLUTAD

1.- Mortifica tu espíritu, prohibiéndote todas las imaginaciones vanas, todos los pensamientos inútiles o ajenos que hacen perder el tiempo, disipan al alma, y provocan el disgusto del trabajo y de las cosas serias.
2.- Debes apartar de tu espíritu todo pensamiento de tristeza y de inquietud. El pensamiento de lo que podrá sucederte en el futuro no debe preocuparte. En cuanto a los malos pensamientos que te molestan muy a tu pesar, debes hacer de ellos apartándolos, materia para ejercer la paciencia. Si son involuntarios, no te serán sino una ocasión de méritos.
3.- Evita la terquedad en tus ideas y la obstinación en tus sentimientos. Deja prevalecer de buena gana el juicio de los demás, salvo cuando se trate de materias en que tienes el deber de pronunciarte y de hablar.
4.- Mortifica el órgano natural de tu espírtu, es decir, la lengua. Ejercíta de buena gana al silencio, ya sea por que la Regla te lo prescribe, o porque te lo impongas espontáneamente.
5.- Prefiere escuchar a los demás que hablar tú mismo. Pero, sin embargo, habla cuando convenga, evitando tanto el exceso de hablar demasiado, que impide a los demás expresar sus pensamientos, como el de hablar demasiado poco, que denota una indiferencia hacia lo que dicen los demás
6.- No interrumpas nunca al que habla, y no cortes con una respuesta precipitada a quien te pregunta.
7.- Ten un tono de voz siempre moderado, ni brusco ni cortante. Evita los “muy”, los “muchísimo”, los “increíblemente”, etc.; no seas exagerado en tu hablar.
8.-Ama la sencillez y la rectitud. La simulación los rodeos y los equívocos calculados que ciertas personas piadosas se permiten si escrúpulo, acreditan mucho a la piedad.


9.-Abstente ruidosamente de toda palabra grosera, trivial o incluso ociosa, pues Nuestro Señor nos advierte que nos pedirá cuenta de ellas el día del Juicio.
10.- Por encima de todo, mortifica tu voluntad; es el punto decisivo. Pliégala constantemente a lo que sabes ser el beneplácito divino y la orden de la Providencia, sin tener en cuenta ni tus gustos ni tus aversiones. Sométete incluso a tus inferiores en las cosas que no interesan a la gloria de Dios y a los deberes de tu cargo.
11.-Considera la menor obediencia a las órdenes e incluso a los deseos de tus Superiores, como dirigida a Dios.
12.-Acuérdate de que practicarás la mayor de todas las mortificaciones cuando te guste ser humillado y cuando tengas la obediencia más perfecta aquellos a quien Dios quiere que te sometas.
13.- Ama el ser olvidado y ser tenido por nada; es el consejo de San Juan de la Cruz y de la Imitación; no hables apenas de ti mismo ni para bien ni para mal, sino procura, con el silencio, que se olviden de ti.
14.-Ante una humillación o una reprensión, sientes la tentación de murmurar. Di como David << ¡Más vale así! ¡Me hace bien ser humillado!>>.
15.-No entretengas deseos frívolos: <<Deseo pocas cosas, y lo poco que deseo, lo deseo poco>>, decía San Francisco.
16.- Acepta con la más perfecta resignación las mortificaciones que te envía la Providencia las cruces y los trabajos unidos al estado en que la Providencia te apuesto. <<Cuando menos hay de nuestra elección, hay más beneplácito divino>>, decía San Francisco de Sales.

 


Quisiéramos escoger nuestras cruces, tener una distinta a la nuestra, llevar una cruz pesada que tuviese por lo menos algún brillos, antes que una cruz ligera que cansa por su continuidad: ¡ilusión! Tenemos que llevar nuestra cruz y no otra, y su mérito no está en su calidad, sino en la perfección con que la llevamos.
17.- No te dejes turbar por las tentaciones, los escrúpulos ni las arideces espirituales. <<Lo que se hace durante la sequedad es más meritorio ante Dios que lo que se hace durante la consolación>>, decía el santo Obispo de Ginebra.
18.- No tenemos que entristecernos demasiado por nuestras miserias, sino más bien humillarnos. Humillarse es una cosa buena, que pocas personas comprende; inquietarse e impacientarse es una cosa que todo el mundo conoces y que es mala, por que en esta especie de inquietud y despecho, el amor propio tiene siempre la mayor parte.
19.- Desconfiemos igualmente de la timidez y del desánimo, que hacen perder la energías, y de la presunción, que no es más que el orgullo en acción. Trabajemos como si todo dependiese de nuestros esfuerzos, pero permanezcamos humildes como si nuestro fuese inútil.

MORTIFICACIONES
QUE HAY QUE PRACTICAR EN NUESTRAS
ACCIONES EXTERIORES

1.- Tienes que ser lo más exacto posible en observar todos los puntos de tu regla de vida, obedecer sin tardar, acordándote de San Juan Berchmans, que decía:<<Mi mayor penitencia es seguir la vida común>>;<<Hacer el mayor caso de las menores cosas, tal es mi lema>>; << ¡Antes morir que transgredir una sola de mis reglas!>>.
2.-En el ejercicio de tus deberes de estado, procura estar muy contento con todo lo que parece hecho a propósito para desagradarte y molestarte, acordándote también aquí de la frase de San Francisco de Sales: <<Nunca estoy mej0or que cuando no estoy bien>>.
3.-No concedas Jamás un momento a la pereza Desde la mañana hasta la noche, tienes que estar ocupado sin descanso.


4.- Si tu vida se pasa dedicada, al menos en parte al estudio, aplica los siguientes consejos de Santo Tomás de Aquino a sus alumnos: <<No te contentes con recibir superficialmente lo que lees o escuchas, sino procura penetrar y profundizar su sentido. No te quede nunca con dudas sobre lo que puedes saber con certeza. Trabaja con una santa avidez en enriquecer tu espíritu; clasifica con orden en tu memoria todos los conocimientos que puedas adquirir. Sin embargo, no trates de penetrar los misterios que sobrepasan tu inteligencia. >>
5.-Ocúpate únicamente de la acción presente, sin volver a lo que ha precedido, ni adelantarte por el pensamiento a lo que va seguir. Di con Sn Francisco: <<Mientras hago esto, no estoy obligado a hacer otra cosa>>; <<Apresurémonos en buena manera; será bástate pronto si está bastante bien..>>
6.-Sé modesto en tu compostura. Ningún porte era tan perfecto como el de San Francisco; tenía siempre la cabeza derecha, evitando igualmente la ligereza que la gira en todos los sentidos, la negligencia que la inclina hacia delante y humor orgulloso y altanero que la levanta hacia atrás. Su rostro estaba siempre tranquilo, libre de toda preocupación, siempre alegre, señero y abierto, sin tener sin embargo una jovialidad indiscuta, sin risas ruidosas, inmoderadas o demasiado frecuentes.
7.- Cuando se encontraba solo, se mantenía en tan buena compostura como ante una gran asamblea. No cruzaba las pierna, ni apoyaba su cabeza en el codo. Cuando rezaba quedaba inmóvil. Cuando la naturaleza le sugería seguir sus gustos, no la escuchaba en absoluto.
8.-Considera la limpieza y el orden como una virtud, y la suciedad y el desorden como un vicio; evita los vestidos sucios, manchados o rasgados. Por otra parte, considera como un vicio todavía mayor el lujo y la mundanidad. Pórtate de manera que al ver tu vestido y arreglo, nadie diga: está desaseado; ni está elegante; sino que todo el mundo pueda decir: está bien.

MORTIFICACIONES PARA PRACTICAR
EN NUESTRAS RELACIONES CON EL PROJIMO

1.- Soporta los defectos del prógimo: faltas de educación, de espíritu y de carácter. Soporta todo lo que en él te desagrada: su modo de andar, su actitud, su tono de voz, su acento y todo lo demás.
2.- Sopórtalo todo a todos y sopórtalo hasta el fin y cristianamente. No te dejes llevar jamás por esas impaciencias tan orgullosas que hacen decir: ¿Qué puedo hacer de tal o cual? ¿En qué me concierne lo que dice? ¿Para qué necesito el afecto, la benevolencia o la cortesía de una criatura cualquiera, y de ésta en particular? Nada vale menos según Dios que estos

desprendimientos altaneros y estas indiferencias despectivas; mejor sería, realmente, una impaciencia.
3.- ¿Te sientes tentado de enojo? Por el amor a Jesús, se manso. ¿De vengarte? Devuelve bien por mal. Dicen que el secreto de llegar al corazón de Santa Teresa, era hacerle algún mal. ¿De mostrar a alguien mala cara? Sonríele con bondad. ¿De evitar su encuentro? Búscalo por virtud. ¿De hablar mal de él? Habla bien. ¿De hablarle con dureza? Háblale dulce y cordialmente.
4.- Ama hacer el elogio de tus hermanos, sobre todo de aquellos a quienes tu envidias se dirige más naturalmente.
5.-  No digas agudezas en detrimento de la caridad.
6.- Si alguien se permite en tu presencia palabras poco convenientes; o mantiene conversaciones para dañar la reputación del prójimo, a veces podrás reprender con dulzura al que hábilmente la conversación, o manifesté con un gesto de descontento o de inatención querida que lo que se está diciendo le desagrada.
7.- Cuando te cueste hacer un favor, ofrécete a hacerlo. Tendrá doble mérito.
8.- Ten horror d presentarte ante ti mismo o ante los demás como una víctima. Lejos de exagerar tus cargas, esfuérsate en encontrarlas ligeras. Lo son en realidad mucho más frecuentemente de lo que parece, y lo serían siempre si tuvieres un poco más de virtud.


CONCLUCION

En general, aprende a negar a la naturaleza lo que pide sin necesidad. Tienes que hacerle dar lo que ella niega sin razón. Tus progresos en la virtud, dice el autor de la Imitación de Cristo, serán proporcionados a la violencia que sabrás hacerte.
Decía el santo Obispo de Ginebra: <<Hay que morir para que Dios viva en nosotros: porque es imposible llegar a la unión con del alma con Dios por otro camino que no sea la mortificación. Estas palabras: ¡Hay que morir! Son duras, pero serán seguidas de una gran dulzura, porque no se muere a sí mismo sino para unirse a Dios por esta muerte. >>
Quiera Dios que podamos aplicarnos con pleno derecho las siguientes palabras de San Pablo:
<<En las todas cosas sufrimos tribulación… Traemos siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste también en nuestros cuerpos. >> (2 Cor 4,10)


Amen

   
         
     
 
   
         
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