|
Juventud
de Fuego
¡Juventud hazte fuerte! Porque la
enfermedad del siglo presente es la debilidad.
Sí… ¡Cuantas vidas inútiles!
¡Cuánta mediocridad!
Joven, escúchame: Estas en el esplendor
de tu vida, lleno de vigor y entusiasmo; has pasado ya los felices años
de la niñez… aún no has llegado a la edad madura y te encuentras en la
etapa crítica y decisiva.
¡Aprovéchala! ¡Decídete! Pero de veras, decídete a una seria y
total entrega por la conquista de la caridad. Tú puedes hacer de ti lo
que quieras.. por que
¡hay! ¡Cuantas vidas inútiles pasan por el
camino de la vida sin haber hecho nada ¡ ¡Cómo se llega a la muerte con
las manos vacías por una culpable cobardía!
¡Almas desorientadas! Sin ideales, que sienten el deseo alocado de
llenarse de vida real… de orientación y no encuentran a su derredor más
que un mundo agitado, que corre como ellas, llenas de aturdimiento sin
más aspiración que la de disfrutar de lo que encuentra a su paso. La
corriente las arrastra y, como las aguas de los ríos, pasan sin haber
vivido en serio la vida. Una espantosa desorientación de valores
sobrenaturales las invade, por no haberse decidido a tiempo, cuando
fuerzas juveniles les ofrecían su concurso y que criminalmente
despreciaron. Jóvenes viejos que no han comprendido el sentido de la vida
y la van derrochando y desperdiciando en la enervante carrera del placer,
buscando en todo sus caprichos, sin saber a dónde van… ni qué les
aguarda.
No sienten el impulso de un ideal, de un
amor grande, porque carecen de la solidez de una fe viva, poniendo
solamente sus miradas en las cosas que con ellos pasan.
¡Dinamos de potencia! Que no quieren, que claudican ante sus
vergonzosos gustos.
¡Y todo sería tan sencillo
y tan reconfortante para ti! Baste un sí desde hoy, desde este momento.. ¡Anda! ¡Anímate! Hay tanto bien que hacer a tu
alrededor ahora, y más tarde sobre todo. Piensa que tú, dentro de poco
tiempo, a tener que realizar, quieras o no, una misión para tu felicidad
o desgracia. Y consecuentemente, para todos los que contigo tengan algo
que ver. Lo que hoy tú eres, eso serás toda la vida; Almas fuertes y
briosas que en su inconsciente existencia van envejeciendo y perdiendo
vigor.
¿Cómo podrás tú iluminar y sostener a la juventud que tras de ti
viene, si no quisiste sobreponerte a ti mismo? ¡Negra responsabilidad,
llanto amargo, vergonzosa cobardía, invadirán tu existencia ahora y para
siempre!
¿No es cierto que con lo que acabas de leer, tu corazón principia a latirte con mas fuerza? ¿Y que frente a Cristo y María, tu inteligencia comienza a hacerte ver con mayor
claridad lo que debes ser?
Adopta normas claras y precisas para que comiences en serio, como
verdadero joven de fuego que se incendia e incendia a todo el que a él se
acerca. Primeramente orienta tu vista hacia un
gran ideal: la caridad.
Cómo modelo te sugiero a Cristo a tu
edad… en tu medio…en tu casa…en las mismas circunstancias que te rodean…¿Cómo se comportaría?
Fijos ya tus ojos en este hermoso ideal y modelo, escoge una
divisa que te recuerde su realización. Te propongo la siguiente: VALIENTE
PARA TODO. Eres de esa raza de hombres que por origen tiene asco de la
mediocridad. ¡Todo o nada! Hierve tu sangre autóctona y hace latir tu
corazón empujando tu voluntad a la acción. ¡Sí! Valiente para todo, para
la alegría como para el sufrimiento, para la piedad como para el juego;
valiente para la renuncia como para el entusiasmo; sin importarte jamás
lo que digan los demás.
Ahora sí ten la seguridad de que con esta forma irás encauzando tu
vida de una manera formidable, con todas esas energías juveniles que
encierras.
No detengas tu vista en tus
fallas y debilidades, antes por el contrario, ve siempre hacia
delante, a tu ideal, y trata de conquistarlo, cueste lo que cueste.
¡Adelante! ¡SIEMPRE ADELANTE!
El gran ideal de tu vida debe ser: vivir, fomentar, hacer vivir e
incendiar a las almas en la caridad, en la vida divina. Para lo cual debes
conservar el estado de gracia en tu alma, con el horror a todo lo que es
pecado o parezca ser pecado, prefiriendo morir antes que pecar.
Alimentando tu alma con la Comunión frecuente y con una sólida piedad,
renunciando a los propios egoísmos y amando el sufrimiento.
Los medios para difundir a tu alrededor la vida divina que hay en
tu alma, son la alegría y la sonrisa; el optimismo y el entusiasmo; la
bondad y la compasión; el trabajo, el estu8dio y la sociabilidad,
trabajando por conquistar almas para llevarlas a Nuestro Señor.
¡Toma conciencia de tu grandeza de cristiano! Y la responsabilidad
que tienes de dar buen ejemplo a los demás, para ser ante ellos el buen
olor de Cristo. ¡El destino de tu alma es algo grandioso!
¡Oh¡ no te rebajes pues al nivel de esos
miserables cristianos que no ven mas allá de una feliz digestión o de los
placeres, que no levantan la vista de lo que sus pesados zapatos pisan:
relámpagos de un instante, bagatelas de un día.
Tú eres demasiado grande para contentarte con tan poco. Un ser
creado a imagen de Dios, llamado a vivir la vida divina desde aquí abajo
allá arriba, en la serenidad inmutable del cielo.
¡No pierdas la cabeza! ¡Vive
la realidad de la fe, dándote bien cuenta de lo que eres! ¡Sé alegre! A
veces se cree que para cambiar de vida es necesario arrugar la frente,
matar las sonrisas y las alegrías del espíritu; no consiste en eso la
conversión; en eso está la equivocación.
Quien trabaja para elevarse no puede estar triste, la tristeza no
es flor que nace en los campos del amor. Dios llena con la alegría de su
gracia todas las cosas. ¿Por qué estar tristes?...Sé tú como los cielos
diáfanos, azules, e irradia a tu alrededor toda la alegría y el encanto
de tu vida.
La alegría atrae, engendra simpatía, entusiasmo y despierta
idealidad. La tristeza en un convertido, es un triste contrasentido…va
derecho al fracaso; la tristeza daña al corazón, como la polilla al
vestido.
Pero, ¡Cuidado! Que la alegría no
consiste en bromas continuas ni en chistes que provocan carcajadas, ni el
ruido, ni en la falta a los deberes.
La verdadera alegría está en la serenidad habitual. Sé pues una
armonía; sé un canto de fe que pasa por el mundo, sé un rayo de luz entre
las sombras de las almas y de los odios. Ten la gran convicción de
caminar por la vida sembrando la unión y la paz, la tranquilidad, la
verdadera alegría.
Tú serás en realidad el verdadero artesano de tu felicidad,
adaptándote generosamente a las condiciones del medio que te rodea,
buscando hacerte todo para todos. Sabiendo adaptarte a las obligaciones
que se desprenden del medio familiar, social, escolar o laboral en que te
mueve; ese es el verdadero optimismo. El gran pecado contra la felicidad
es la envidia, el lujo, la vanidad, el odio, el rencor, el
desprecio…parásitos funestos que corroen poco a poco el corazón y lo
marchitan.
Fuerza de voluntad, carácter, firmeza de tus convicciones, son
verdaderos sostenes y firmes cimientos de una profunda felicidad.
El verdadero optimista siempre tiene delante de sí algo que hacer
algo que amar, algo que esperar. Optimista es el que tiene el poder de
transformar lo ideal de las ideas en lo real de la realidad.
No hay visión más
desconsoladora y deprimente que la de un joven que se siente viejo,
decrépito, sin esperanzas...ojos opacos...sin luz...vidas quebradas,
efecto del pecado. Aun su físico inspira compasión.
¡Que hueco, qué vacío tan terrible experimenta el alma de un joven
cuando principia a saborear el seductor veneno del pecado...sorbos que lo
enervas, lo excitan, lo alucinan haciéndole ver como en espejismos la
felicidad..Relámpago que lo encandila y
deslumbra.
Pero, ¿y después? ¡Sé sincero! ¡Qué vergüenza! ¡Que vacío! Por eso
ríe a carcajadas, por eso anda ansioso en busca de fiestas y
distracciones...quisiera olvidar, arrancar de sí ese tedio.
Su mimo físico lo traiciona, su mirada se vuelve torva, ya no ve
como antes, su lenguaje es bajo y vulgar. Ya no sonríe con la frescura
profunda de una conciencia limpia y serena.
Con el pecado, ha arrancado de su alma lo que le hacia fuerte
grande, ha perdido el TODO POR LA NADA. No necesitas hacer grandes esfuerzos.
¿Qué pasa con todos esos hombres y
mujeres aturdidos y asqueados por el pecado? Sin haber tenido el valor de
rechazarlo desde un principia, desencantados por su vileza y
falsedad...han ido prolongando su existencia bajo la droga cada vez más
seductora del placer...pero en su fondo, en su interior...viven
desesperados, fastidiados consigo mismos, tratando de engañarse y
engañar, buscando refugio en el licor, en multiplicar el placer...hasta
que insatisfechos y frente al fantasma real de la fuerte tiemblan
vergonzosamente y se arrancan la vida. ¡Como si eso fuera la solución!
Bien saben en su conciencia que hay un mas allá, que Dios
los aguarda serenamente con una terrible pregunta: ¿Qué pasó? ¿Qué has
hecho de tu vida? ¡Qué vergüenza y qué horror!
¡Basta, querido joven! Ponte en la realidad. Tú no pierdas la
cabeza. Si por desgracia ya has conocido el pecado con sus terribles
consecuencias para tu alma...¡aborrécelo!
Una vez más ¡levántate! Y no vuelvas la cara atrás. ¿Te sientes
sin fuerzas? Bien sabe Jesucristo que tú solo nada puedes y por eso ha
dicho: “Pedid y recibiréis,” y con estas palabras se compromete a darte
cuantas gracias y auxilios necesites, siempre que se los pidas en la
oración.
¿Te sientes cobarde? Pídele el valor. ¿Eres débil? Pídele fuerzas.
¡Cuántos ha habido que parecían más débiles y más pecadores que tú y se
salvaron! ¿Cómo lo consiguieron? Orando.
El cristiano que ora bien vive bien. Haz oración con toda
confianza sin cansarte, y verás los resultados. ¡Cuántos pecados hubieras
podido evitar si hubieras recurrido a la oración!
En Jesús crucificado fija tus miradas con mucha devoción. Esas
manos no han hecho otra cosa más que derramar beneficios, esos pies
divinos no se han cansado de difundir el Evangelio de la salvación, y
ahora, manos y pies están clavados y en la inmovilidad más atroz. Esa
ahora, manso y pies están clavados y en la inmovilidad más atroz. Esa
cabeza majestuosa y divinamente bella, se dobla desfigurada por los
salivazos, el sudor la sangre. Un horrible
escalofrió hace temblar ese cuerpo, tan horriblemente extendido y
suspendido de una cruz. Es el Hijo de Dios y no parece sino que el mismo
Dios lo ha desamparado.
¿Cuál ha sido la causa y la culpa? La de haberte amado, haber
cargado con tus pecados, haber ofrecido su vida por salvarte. Helo ahí
crucificado por causa tuya, y no pide para ti ningún castigo sino el
perdón. ¡Déjate salvar! ¡Arrójate
en sus brazos!
...Y sé devoto de la Santísima Virgen
María, porque estoe s una señal de salvación.
“¡Hazlo así, y vivirás! Amén.”
R.P.G. Morelos
¡Sea
para gloria de Dios!
|