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El Defecto Dominante

 

 

    No hay en la vida espiritual obstáculo de tanta importancia y trascendencia como la pasión dominante: es el Punto estratégico en esa gran batalla espiritual cuyo campo es nuestra alma, cuya victoria es nuestra salvación y santificación eterna.

   En la guerra, cuando se trata de tomar una plaza, los estrategas le buscan siempre su punto débil, y si logran descubrirlo, allí concentran todas sus fuerzas. Entonces, esa plaza está perdida. Igual táctica sigue el demonio en el asedio de nuestra alma. Con su inteligencia angélica, muy superior a la del hombre, con la sagacidad de su malicia y la experiencia de siglos durante los cuales ha tentado a la humanidad, conoce, mil veces mejor que nosotros mismos, nuestra manera de ser: temperamento, carácter, idiosincrasia, idiosincrasia, atavismos; descubre nuestro lado flaco, el punto vulnerable, -que no es otro que la pasión dominante-, y allí concentra todos sus esfuerzos durante toda nuestra vida. Tal es el objeto de estas reflexiones, a las que hemos puesto por título “El Defecto dominante”, parezca demasiado  fuerte a las almas piadosas; pero el defecto dominante no es más que una forma atenuada de la pasión dominante, defecto que suele persistir aún en los caminos de la santidad. Téngase pues presente que lo que se diga de la una, debe también aplicarse al otro, guardada la debida proporción.

   Empecemos por advertir que no es fácil como parece descubrir nuestra pasión domínate sencillamente, por que es el más oculto –a nuestros propios ojos de todos nuestros defectos. De ordinario somos muy miopes, si no ciegos, para ver nuestras propias miserias, porque las cubrimos con el tupido velo del amor propio. Pero al defecto dominante, no sólo lo ocultamos, si no que las trasformamos en una cualidad, de la cual nos sentimos muy ufanos. Así, por ejemplo, el que tiene un carácter domínate que a todos quiere mandar y a nadie obedecer, cree que Dios le ha dado el don de mando y un temple de voluntad capaz de dominar al mundo. Al contrario, un alma débil, juguete de todos, condescendiente al exceso, está muy satisfecha de que Dios la haya bendecido con la bendición de la dulzura y de la suavidad.

   La que es tan susceptible que de todo se lastima y se hiere y se abate, piensa que tiene una sensibilidad exquisita y finísima que las almas groseras y toscas no saben comprender y sólo aciertan a lastimar... El que está lleno de sí  mimo, cree que Dios le ha dado un alma grande, excepcional, privilegiada; de manera que descubrirla a los le parece el mejor tema; por eso en sus conversaciones no habla sino de sí mismo, con gran fastidio de sus oyentes. El que no tiene pizca de indulgencia y caridad, y se asusta y admira de las faltas de sus prójimos, se figura que lo que tiene es gran celo por la gloria de Dios, hambre y sed de justicia, odio al pecado y ansia de corregirlo... en los demás. Etc., etc.

   Siendo esto así, ¿cómo no ha de ser difícil descubrir la pasión dominante? En cambio, las personas con quienes tratamos y sobre todo con quienes vivimos ¡qué  bien la conocen! Por eso, alguien la ha comparado con nuestra propia fisonomía: todo el mundo la conoce, menos nosotros mismos. Así nuestra pasión dominante: todo el mundo que sufre sus consecuencias la conoce a la perfección, menos nosotros mismos que la

Seguimos teniendo por una cualidad. Es por consiguiente d suma importancia conocer los medios para descubrirla y aplicarlos con seriedad y constancia. Veamos cuáles son:

I- La Pasión dominante es la raíz más profunda de todas nuestras faltas. De ella nacieron los pecados graves de la vida pasada; de ella siguen brotando los pecados veniales más o menos habituales y deliberados; y la tibieza, esa peste de la vida espiritual, más profunda, tardeo temprano encontraremos que esa raíz profunda es una misma, y ella es la pasión dominante. El primer medio para encontrarla es el examen general, llamado así, porque no se limita a una clase de faltas, como el examen particular, sino que se extiende a todos los pecados, negligencias e imperfecciones. El objetivo del examen es encontrar la raíz de la falta.

II- Aunque parezca una paradoja, pero me atrevo a afirmar que el diablo que puede servir de director espiritual... ciertamente un director a la inversa y muy a su pesar; pero es indudable que la acción del demonio en una alma puede con frecuencia descubrir, por oposición,  la acción de Dios. Por ejemplo, si el demonio se esfuerza en apartar a un alma de la oración de mil maneras, y la molesta durante ella, es señal de que precisamente lo que Nuestro Señor quiere de esa alma es que progrese en los caminos de la oración.

III- Las personas con quienes tratamos y vivimos suelen conocer muy bien nuestro defecto dominante, porque están sufriendo sin cesar sus consecuencias; pero, por desgracia aunque de él hablen con todo el mundo, buen cuidado tienen de callarse en nuestra presencia, si no es que llegan hasta la bajeza desde adularnos,  diciendo precisamente lo contrario. Hagámonos dignos de saber la verdad, preguntándola con la más sana intención, escuchándola agradecidos, sin disculpas tontas ni susceptibilidades necias. Preguntémosla sobre todo a nuestros superiores y a los que verdaderamente merezcan llamarse amigos nuestros. Podemos empezar a conocer la opinión de los demás, si teniendo ate los ojos toda nuestra vida, reflexionáremos sobre estos puntos: 1) las reprensiones que he recibido ¿Sobre qué han insistidote una manera especial? 3) las bromas de mis compañeros y las ofensas e injurias de mis enemigos ¿qué defecto han herido? De esta manera llegaríamos a conocer, por la opinión de los demás, cuál es nuestra pasión dominante, pues es claro que las reprensiones y consejos de unos, las burlas e insultos de otros, que hemos recibido en toda nuestra vida, han tenido como tema fundamental el defecto dominante, que todos nos ven menos nosotros mismos.

   Partamos de este principio: la pasión dominante es el fruto más acariciado del amor propio. Desde el punto de vista de vista de la naturaleza, nada amamos tanto como ver satisfecha la pasión dominante.

   Pero todos esos medios, aunque sobrenaturalizados por la gracia, pertenecen al orden psicológico y podría aconsejarlos aún cualquier filósofo a cualquier hombre, inclusive  a un pagano. Por eso es preciso llamar fuertemente la atención sobre el gran medio, genuinamente sobrenatural para descubrir la pasión domínate, que LA ORACION.

   La escuela donde el alma aprende a conocerse a sí misma y, por consiguiente, a conocer su pasión domínate es la oración, ahí donde el alma pide luz: “Señor, haz que vea”, “que te conozca a ti que me conozca a mí”; ahí  donde el alma recibe las iluminaciones y mociones del Espíritu Santo, que por el donde el alma recibe las iluminaciones y mociones del Espíritu Santo, que por el don de Ciencia le revela la nada de la criatura, y por el don de Entendimiento le descubre el todo de Dios y por el don de Sabiduría le hace gustar la dulce satisfacción de ver su nada perdida en la inmensidad divina…Sí en la oración es donde el alma eficaz que la mueve a luchar contra ese defecto y a corregirse de él. Sin este especulativo, teórico, estéril, que lejos de corregirnos nos hará mas inexcusables; mientras que este solo medio, cuando las circunstancias lo exigen, pueden suplir a los otros y por sí solo bastar para llegar al conocimiento de nuestra pasión dominante.

 

J.G. Treviño, M. Sp S.

 

 

 

 

 

 

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