¡Alerta Padres De Familia!
Las malas
lecturas y las malas compañías
pervierten el corazón de vuestro hijos.
Vivía en Italia un jovencito tan bueno, que
por sus edificantes costumbres era espejo de virtudes, consuelo de su familia y
gozo de sus maestros.
Así brilló hasta los quince años de edad, cuando comenzaron a eclipsarse
sus buenos ejemplos; se apagó su piedad se desvaneció su aplicación al estudio. Su profesor, al ver este cambio repentino,
se propuso investigar el origen y encontró
que provenía de la amistad de un perverso compañero.
Desde entonces, aquel maestro trató de que se rompieran aquellos lazos,
pero nada pudo lograr. Entretanto, el miserable joven andaba triste, mal
humorado, dando a conocer con su modo de proceder que el pecado anidaba en su
pobre alma.
Avisado
de ello su padre, lo reprendió severamente
sin conseguir nada; tomó varias medidas y a pesar de todo empeoraba y exasperaba
el hijo. Por último, el afligido padre, no sabiendo qué partido seguir, resolvió
no dejarlo salir de casa para impedir que se encontrara con el mal compañero.
Un día llamándole a comer contestó secamente: “¡No quiero, no tengo
ganas!” y no se presentó a la mesa; llegó la hora de cenar y aconteció lo
mismo.
Los padres, que no conocían la perversidad de aquel corazón, lo dejaron
y fueron a dormir tranquilos. Era ya más de media noche cuando llaman fuertemente
a la puerta. El padre se levanta y sale a la ventana y pregunta: “¿Quién llama?”
“La justicia,” responde una voz. “¿Qué busca la justicia a estas a estas horas?”
“Abrid y lo sabréis” El pobre padre,
asustado y tembloroso, baja y abre la puerta. “¿Estáis todos en casa?” preguntó
el jefe de la policía, “¿incluso vuestro hijo?” Ante esta pregunta sintió el
padre helársele la sangre y con voz entrecortada, respondió: “El hijo también.”
“Vamos,” repuso el jefe “¿dónde está el cuarto?” “Arriba,” contestó el
atribulado padre.
Subieron, abren el aposento, miran afanosos; el lecho estaba vacío, de
par en par la ventana, sobre la mesa una luz encendida y un libro abierto; el
hijo no estaba “¿Dónde estará?” pregunto el padre llorando.
“Se lo diré a Ud.,” respondió el jefe,
conduciéndole a la ventana y mostrándole un bulto en la calle, le dijo: “¡Allí
está vuestro hijo”
El desventurado joven pervertido por su mal compañero, por las malas conversaciones
y lecturas de libros depravados, había caído en desesperación y se había
arrojado por la ventana, acabando en la flor de sus días con un fin espantoso.
No únicamente en Italia si no en todas partes del mundo, ha entrado la
maldad por las malas lecturas; sobre todo se dan casos similares para
escarmiento de jóvenes y padres de familia.
En
un poblado cercano a la Montaña de Guerrero, una jovencita estudiante de Secundaria,
fue reprendida por su madre al darse cuenta de algunas cosas inconvenientes
que comenzaba a manifestar. Ante estas represiones, la hija se hizo de razones
con su madre, y al amenazarla ésta con castigos, se exaspero y le dijo: “¡mejor
mátame!” La madre desahogó sus sentimientos dándole consejos, pero de nada
le sirvieron. El demonio había tomado posesión de su corazón; había
perdido el temor de Dios.
Las malas lecturas tenían que
influir en su alma y ¡tomo veneno!
Dos días después fue encontrada en su lecho, luchando entre la vida y la
muerte. Sus afligidos padres llaman presurosos un médico, quien al examinarla
dijo que ya no podía hacer nada. La joven había ingerido veneno y en una mesa
unos libros y revistas con temas de criminología.
¡Alerta! Muchos ejemplos como estos
nos refieren las historias y hechos de la vida real, en confirmación de la verdad; con razón se nos dice que: ¡Es
mejor prevenir que lamentar!
Cngo. Alberto Moreno Rendón
¡Padres de familia, jóvenes estar muy alertas contra las malas lecturas
y compañías de ciertos amigos y amigas que aparentan ser buenas en lo exterior,
pero tienen alma envenenada por la maldad.
Nuestro Señor nos da la clave para
conocerlos:¡Por sus frutos y obras!
“ESTRELLA” Página #12 Julio de 1986