DOMINGO DESPUÉS DE LA

ASCENSIÓN DEL SEÑOR [*]

1º de junio de 2003

Padre Basilio Méramo

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         VEN, ¡OH ESPÍRITU SANTO!

    Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo:

   En este domingo dentro de la octava y después de la Ascensión de Nuestro Señor a los cielos en cuerpo glorioso, habiendo preparado a sus discípulos durante esos cuarenta días anteriores a su Ascensión, consolidándolos e instruyéndolos, antes de partir a los cielos, promete Nuestro Señor la venida del Paráclito, del Espíritu Santo, del Consolador. corno dice la Vulgata pero que, como advierte el padre Castellani muy sabiamente, más que consolador (paño de lágrimas) es el fortificador, porque Paráclito quiere decir en griego el que está junto, como el que apuntala, el que sostiene y eso desde adentro. Y por eso él es el que nos confirma en la plenitud de la gracia septiforme que se recibe en la confirmación y por eso tenía que venir el Espíritu Paráclito, para plenificar la Iglesia, consolidar en su gracia, para que persevere incólume hasta el fin de los tiempos; esa es la obra del Espíritu Santo.

   El Espíritu Santo es el soplo divino del mutuo amor, el soplo del divino amor entre el Padre y el Hijo, esa Tercera Persona que se origina del amor que hay en Dios y ese amor es Espíritu. Espíritu de mutuo amor, ese soplo de mutuo amor del Padre y del Hijo, y por eso la Iglesia se consolida en el amor de Dios. Ese es el carácter sobrenatural de nuestra religión, que no es una religión natural como hoy insensiblemente se la está prodigando; nuestra religión es formalmente sobrenatural, es una fe sobrenatural, no una simple creencia en Dios infinito, omnipotente, bueno, providente, sino además un Dios que se reveló como Uno v Trino, y que nos participa de su naturaleza divina, que es la gracia santificante.

   Por eso la gran promesa de Nuestro Señor antes de partir a los cielos en cuerpo glorioso; nos promete la venida del Espíritu Santo que Él enviará junto con el Padre; esa es la misión del Espíritu Santo, del soplo de amor divino para que permanezca en la Iglesia vivificándola como su alma y es Espíritu de verdad, no es espíritu de confusión, ni de oscuridad, ni de error, es espíritu de verdad como dice Nuestro Señor.

   Así, entonces, les dice a sus apóstoles que el Espíritu de verdad dará testimonio de Él como los apóstoles y todos sus descendientes tendrán que dar testimonio de Nuestro Señor profesando públicamente la fe católica como fruto de su testimonio. Como dice Santo Tomás citando a San Juan Crisóstomo, el fruto del Espíritu Santo es la profesión de la fe y de la fe en Nuestro Señor Jesucristo dando testimonio de la verdad, sin parte con ningún error; por eso la fe es infalible, por eso la Iglesia inconsútil no acepta, no tolera el error, porque no sería la Iglesia de Dios. Y eso, mis estimados hermanos, debemos tenerlo en cuenta sobre todo hoy, porque la comunión en la santa Iglesia Católica es la comunión en la verdad, en el Espíritu de verdad, que es espíritu da amor. Y no le busquemos una quinta pata al gato.

   Por eso no me cansaré de recordar lo que dice Núestro Señor: "No todo aquel que dice ¡Señor, señor! entrará el reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad del Padre que está en los cielos". Y la voluntad del Padre, ¿cual es? Que se guarde su palabra, su Verbo. Y, ¿cuál es el Verbo del Padre, cuál es la palabra del Padre? El Hijo, y ese Hijo se encarnó, ese Verbo Eterno se hizo hombre y a través de ese Verbo se revela el Padre, se revela Dios como Uno y Trino y en el testimonio de esa doctrina, de esa palabra, está hacer la voluntad del Padre. Esa doctrina de Nuestro Señor dice no es de El, sino que es del Padre, porque El es el Verbo del Padre, es el pensamiento del Padre. Eso es lo que sirve de característica fundamental para tener en medio de la gran confusión que Nuestro Señor predice en el Evangelio de este día, al advertir a sus discípulos que no se escandalicen cuando sean echados de la sinagoga, es decir, excomulgados, porque serán excomulgados los verdaderos fieles de Cristo por mantener el testimonio verdadero de Dios.

   Y eso, mis estimados hermanos, es hoy una realidad que se ha cumplido literalmente, históricamente, con la condenación oficial que se hizo a monseñor Lefebvre y a monseñor De Castro Mayer. Esos son hechos históricos y no nos escandalicemos. He aquí en lo que no debemos caer, en el escándalo de es falsa escomunión por mantenerse en la verdad de Dios y no claudicar como claudicaron los sucesores de monseñor De Castro Mayer en Brasil con el padre Rifán, y las cartas que le he enviado a él públicamente no son las primeras, porque ya se le veía el caminado y por él se conoce al personaje.

   Lo mismo, duele decirlo, con respecto al padre Aulagnier, uno de los principales y primeros miembros de la Fraternidad, hablando de pluralismo litúrgico y de catolizar la misa moderna, cuando monseñor Lefebvre dijo que era una misa bastarda, porque había nacido bastarda en la cópula de ese acercamiento ecuménico entre católicos y protestantes. Lo que sale de allí es una doctrina, una liturgia bastarda y eso no se puede legitimar; si hay un matrimonio legítimo no se puede legitimar a los hijos nacidos fuera del matrimonio. Entonces, ¿cómo se puede legitimar una misa de esas características?, eso es imposible. El padre Aulagnier, quien en los comienzos fue el brazo derecho de monseñor Lefebvre y empieza a caminar torcido como el padre Rifan y lo digo con dolor porque lo que aquí digo me toca decirlo de puño y letra, he estado esperando que me conteste porque lo que no puede ser es que se propague el error y los fieles estén sin directivas, sin saber qué hacer. Y para aumentar ese concierto musical carnavalesco, la misa del cardenal Castrillón, después de más de treinta años sin decirse en la Basílica de Santa María la Mayor. Claro que es muy fácil alegrarse, pero es también consecuencia de la ignorancia y por eso es mi deber, mis estimados hermanos, como deber de caridad, combatir la ignorancia.

   No es diciendo una Misa de San Pío V, después de tanto tiempo, como se vuelve a la Tradición, ¿qué misa dijo al otro día y qué misa está diciendo hoy el cardenal Castrillón?, o acaso, ¿con decir una misa tradicional, con eso ya está bien y se profesa toda la fe católica y no hay ningún problema? ¡No señor! Eso no es ningún signo de acercamiento, y no hay signos de acercamiento, lo que hay y lo que compete es la profesión de la fe católica en toda su pureza en toda su integridad, dando testimonio del espíritu de verdad y no haciendo una misa como si fuese una payasada de circo, porque además han asistido todos los falsos tradicionalistas liberales de Ecclesia Dei de San Pedro, todos los que se han ido de la Fraternidad y que han criticado a monseñor Lefebvre y que nos critican a nosotros y que quieren el contubernio con el error invocando la autoridad del Vaticano, la autoridad del Papa, la autoridad de los obispos.

   La autoridad de la Iglesia es para dar testimonio de la verdad y no del error, y Nuestro Señor es categórico en eso. Él mismo nos dice, hablando de los falsos profetas, que estarán dentro de la Iglesia con apariencia de virtud. Y San Juan Crisóstomo nos advierte que son mucho peores que los que están fuera, porque son los enemigos internos, ocultos, quienes solapadamente socavan los fundamentos de la Iglesia Católica, como hizo ver hace un siglo su santidad Pío X cuando dijo que los modernistas estaban socavando la raíz misma de la Iglesia Católica y que lo único que se esperaba, viendo los acontecimientos históricos de aquel momento, era que el Anticristo naciera. Son palabras del sumo Pontífice Santo y Patrono de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Porque hay que estar en comunión con la verdad.

   Monseñor Lefebvre fue excomulgado, cumpliéndose literalmente lo que dice Nuestro Señor: "Seréis expulsados de la sinagoga", y la sinagoga en aquel entonces era la Iglesia del Antiguo Testamento instituida por Dios. Por eso no debemos escandalizarnos cuando nos echen de la Iglesia por defender la Iglesia. Hay que tener una fe muy firme, una visión muy clara, hay que ser un católico instruido. En esta crisis no se aceptan soldados de medio pelo; esos no le sirven ya. Se necesitan soldados de Cristo y no católicos aburguesados y mediocres que todo les da igual, que les da lo mismo prenderle una vela a Dios y otra al diablo.  

   "No todo el que dice ¡Señor , Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial". Es más, "pensarán hacerle un servicio", dice Nuestro Señor. Y agrega Santo Tomás, que se refiere a los judíos porque los paganos no persiguen en el nombre de Dios sino en el nombre de los dioses, pero el judío persigue en el nombre de Dios y por eso pensarán hacer un servicio a Dios. Con lo cual Nuestro Señor está también profetizando y señalando la persecución judaica que habrá a lo largo de los tiempos y que se acrecentará hacia el final.

   Lo que está pasando hoy es la judaización de la Iglesia, son los judíos los que gobiernan y dominan el mundo y ellos entronizarán al Anticristo, para lo cual necesitan una Iglesia judaizada para que no haya resistencia. Por eso esa obra que está haciendo monseñor Castrillón es una obra típica de un judío; entonces, que no sea un idiota útil que se preste a ello. Y si es un judío avispado entonces se le desenmascarará, pero lo que no puede ser es que no veamos claro y que caigamos ingenuamente como una niña de quince años un poco ingenua y un poco pura, pero un poco tonta también, en las manos de su seductor. Duele decirlo, pero es así.

   El Evangelio emplea las imágenes fuertes, el mismo casto San Juan, cuando muestra el misterio de la mujer escarlata, simbolizado por una prostituta. Para que tengamos cuidado, porque a una mala mujer uno no se acerca. ¿Y qué hace monseñor Castrillón, que como una mala mujer hoy dice la misa tradicional y mañana dice la misa nueva, y que va con el que primero le ofrezca más? Y espero, mis estimados fieles, que ninguno se escandalice y si se escandalizasen, pues sacudo mis pies y me voy a otra parte.

   No puede ser que nos dejemos insensiblemente adormecer y que toda la prensa internacional esté al unísono. Por eso es mi deber decirlo, porque aun dentro de la Fraternidad no todos los sacerdotes tienen claro esto, no lo tienen claro, es un hecho, pero aquellos que crean que lo tienen claro, tienen que alzar la voz en el nombre de Dios y en nombre del Espíritu Santo. Es muy fácil hablar de un San Atanasio hace diecisiete siglos, pero lo que no puede ser es que empeorándose la situación no haya Santos Atanasios hoy, eso no puede ser. Y si no los hay, es porque no hay Iglesia Católica.

   El mismo monseñor Williamson me dijo un día: "Cayó Campos...", es decir, los sacerdotes que continuaron y se unieron a monseñor De Castro Mayer. "...¿caerá la Fraternidad?". Pidamos para que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X no claudique, no se escandalice de ser señalada con el dedo como los desechos de la sociedad clerical, como lo advierte San Pablo, "seréis señalados como el desecho de la sociedad" y ahí está nuestro honor y nuestra humillación y nuestra humildad. Porque hay que ser humildes para dejarse escupir así la cara y mantenerla en alto, como un verdadero soldado confirmado en la gracia del Espíritu Santo.

   Si algún fiel no entiende esto, yo le pido me lo diga para esclarecérselo y si no quiere entender es que se equivocó de lugar. Hay que saber que nos espera un combate rudo, cruel y que no es para muchos sino para unos pocos predilectos y amados de Dios, que buscan a Dios en todas las cosas y en primer lugar, y que Dios para ellos no es un artículo de lujo de segundo o tercer orden sino que es esencial, fundamental. Y donde no está Dios verdadero no hay nada, todo es podredumbre y basura. Primero Dios, decía Santa Juana de Arco, y murió tildada de loca, como engañadora y mala mujer, por el obispo Cochón, que hasta ese nombre tiene, pues quiere decir cochino, cerdo, y él era el miembro más encumbrado de la universidad de La Sorbona, de París. Fue la Sorbona la que persiguió y mandó ejecutar a Santa Juana de Arco, que permaneció fiel a la palabra divina muriendo con gran entereza.

   Y ahora, ¿cómo es posible que nosotros, siendo muchos más, vayamos a claudicar, nos vaya a dar miedo,? ¿miedo de qué?, ¿de que no nos den permiso?, ¿permiso de qué?, ¡no señor!, para ser católicos nadie le pide autorización a la Iglesia, para ser bautizado simplemente manifiesta y le pide a la Iglesia que le dé la fe en el bautismo.

   Nosotros no necesitamos ningún permiso para decir la Misa de siempre, ningún permiso. Y no hay ninguna excomunión, no existe. La Tradición no puede ser excomulgada. Por eso monseñor Lefebvre decía que si había algún excomulgado serían ellos, los que arrinconan y persiguen a la Tradición de la Iglesia, los que no quieren a la Tradición de la Iglesia y quieren una implantación de una Iglesia mancomunada, que cobije a todos los hombres sin dogmas ni credos que dividan. Esa será la Iglesia del Anticristo y "a ese sí le recibiréis", dice Nuestro Señor, "pero yo, que no vengo en nombre propio, sino en el de mi Padre, me rechazáis" y por eso le crucificaron. Por eso nosotros vamos a la crucifixión y no nos hagamos ilusiones de que así no sea. Ahí está la gloria, en poder soportar esa crucifixión como verdaderos católicos sin escandalizarse, llenos del amor del Espíritu Santo que es el alma de la Iglesia y no el espíritu de error y de mentira que entró a la Iglesia con el Vaticano II como el humo del infierno, como el mismo Pablo VI, siendo pontífice en aquella época, lo dijo.

   Por eso el Evangelio de hoy debe servirnos para que nos consolidemos en el espíritu de verdad y no nos escandalicemos cuando seamos proscritos. Porque la Iglesia Católica, Apostólica y Romana no son los muros de piedra, no son los edificios, es el alma de todo fiel a Cristo, los Cristifideles, y que por un misterio de iniquidad serán dispersados por el mundo. Ese es el gran misterio de iniquidad de la Iglesia que es la congregación de los Cristifideles al fin de los tiempos sean dispersados físicamente, materialmente, pero unidos en la verdad del Espíritu Santo, del soplo de amor del Espíritu de verdad de Dios y por eso el próximo domingo, que será Pentecostés, la Iglesia quedará definitivamente consolidada, reafirmada, coronada en ese soplo de amor del Espíritu Santo que es Espíritu de verdad y que durará hasta el fin de los tiempos.

   Pidamos a Nuestra Señora que sepamos dar testimonio de Nuestro Señor profesando la fe y la verdad sobrenaural y eso con el amor, con el soplo de Dios, con el soplo del Espíritu Santo y así no tendremos miedo a nada ni a nadie, sólo a Dios y Él será lo único que realmente nos interese, todo lo demás es secundario. Ese es el espíritu verdaderamente católico, en el que todo fiel debe vivir y morir, y por eso hay que recordarlo, sobre todo ahora, en esta hecatombe monstruosa que estamos viviendo dentro y fuera de la Iglesia. Pidamos al Espíritu de amor que nos ilumine nuestras inteligencias y nos alumbre el corazón con su llama, con su fuego, para que así permanezcamos en este testimonio fidedigno y veraz de Dios. +

 

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