CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA
28
de abril de 2002
Padre Basilio Méramo
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Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo: Nos muestra el Evangelio la tristeza que tenían los discípulos ante lo que Nuestro Señor les había anunciado; les había dicho que serían perseguidos, que el mundo los perseguiría, que serían perseguidos como Él mismo lo era y que por esa persecución moriría en la Cruz. También estaban tristes porque sabían que El se iba, como hace notar San Agustín, que partía hacia el Padre, doble tristeza si bien se la mira. Y Nuestro Señor, que sabe muy bien que la tristeza no es buena para nada -la única tristeza buena es la de haber pecado, la de haber ofendido a Dios-, pero toda otra tristeza es mala, destruye el alma, la imposibilita aun del bien obrar y por eso no quiere que sus discípulos estén tristes, sino lo contrario, que aceptando con fe todo lo anunciado vean incluso lo bueno que hay en ese mal aparente, tanto de su Pasión y muerte como de su partida al cielo después de su resurrección. Por medio de la Cruz Nuestro Señor vence al demonio, a Satanás, lo derrota y nos abre las puertas del cielo. Ya ha quedado juzgado el mundo, aunque parezca triunfante, no son más que patadas de ahogado, y por eso Nuestro Señor dice que el mundo ya está juzgado, ya está derrotado. En cuanto a su partida, conviene que Él suba al Padre para que desde allí mande el Espíritu de verdad, el Espíritu Santo. Él tenía muchas cosas que decir, pero las deja para que lo sugiera el Espíritu Santo a la Iglesia. Cosa que niegan los protestantes, que se atribuyen personalmente a cada uno y cada uno interpreta la Biblia de acuerdo con su libre albedrío, como si fueran infalibles; niegan esa infalibilidad al Magisterio de la Iglesia Católica y la convierten en un ente invisible; por eso no aceptan la jerarquía de la Iglesia, ni el gobierno de la Iglesia, ni el papado de la Iglesia, ni el sacerdocio de la Iglesia. Nuestro Señor anuncia la conveniencia de que Él se vaya para que venga ese Espíritu de verdad, el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, lo que hace Santa a la Iglesia. Por tanto, es inadmisible una Iglesia imbuida de error, es una contradicción. Pero vaya si no vemos errores en la que se anuncia al mundo como Iglesia Católica y que es imposible, ya que la Iglesia es de Dios y reina en ella el Espíritu de verdad y no el espíritu de herejía, de apostasía. En estos tiempos la gran artimaña de Satanás consiste en mezclar el bien y el mal, el error y la verdad, por eso toda autoridad, jerarquía, sacerdocio, ministerio y toda evangelización si no proclaman la verdad, límpidamente claudican. Hoy la catequesis, la evangelización, el ministerio, adolecen de confusión mezclando error y verdad y eso no es ni puede ser la palabra de Dios, la palabra del Espíritu de verdad; por eso se requiere rechazar frontalmente todo error que no es de Dios ni es de la Iglesia. Aunque se adjudiquen e invoquen la investidura y la autoridad, ilegitiman la autoridad misma cuando no está al servicio de la verdad. Cosa tan cierta en el orden jurídico natural como en el orden jurídico sobrenatural. No se puede pontificar en el error, no se puede ser Sumo Pontífice en medio de una Iglesia que proclama el error; pero hacen falta obispos, doctores que increpen para que las cosas se clarifiquen de una vez, por lo menos para aquellos que son los hijos de la luz. Desafortunadamente falta lucidez, inteligencia, sabiduría y virilidad, pantalones, fortaleza, todas virtudes que la Iglesia siempre proclama. Virtud de fortaleza que se nos da en abundancia con la confirmación; de sabiduría, de inteligencia. Porque la Iglesia no es ignorante, no es estúpida, no es idiota; esas son las secuelas del pecado, la estupidez, la ignorancia, la falta de inteligencia, la falta de sabiduría. Por eso Nuestro Señor promete el Espíritu de verdad, invisible hoy en el mundo, ni en lo que se dice y llama o se hace llamar Iglesia. Es lamentable constatarlo. ¿Por qué el mundo y la Iglesia o los hombres de Iglesia andan como andan? El que no es homosexual es afeminado, vive en concubinato o simplemente lo que le interesa es vivir bien como "Sancho Panza" y ser tratados como monseñores, reverendos, pero les importa un rábano la verdad; no son capaces de morir por la verdad ni la conocen, porque niegan las verdades más elementales del catecismo e invitan en nombre de la libertad religiosa a prostituirse con los jefes de las falsas religiones. Ejemplo abominable y repetido y nadie quiere darse cuenta. Qué es si no una gran apostasía, una pérdida de fe como ya lo anunciara Nuestro Señor: "¿Acaso encontraré fe cuando vuelva?". Pues justamente en esas estamos, pérdida de la fe por culpa y complicidad de aquellos que la debieran defender; así son las cosas si las miramos a la luz de la fe sobrenatural. Lo demás son componendas, diplomacias, maquillajes para ocultar el error y hacerlo pasar por verdad. Se necesitan sacerdotes que no teman decir la verdad, que no sean timoratos. Más valen unos pocos sinceros que millones de los otros. El Espíritu de verdad debe reinar en la Iglesia, esa es la necesidad que les quiere hacer ver Nuestro Señor a los apóstoles para que dejen esa tristeza que no conduce a nada ya que ese aparente mal y abandono será reduplicado por el Espíritu de verdad, el Espíritu Santo que es el alma de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Nuestro Señor les hace ver entonces la inutilidad de entristecerse. Esto nos sirve a nosotros para no entristecemos al ver el estado deplorable y de persecución. Los apóstoles serían excomulgados de la sinagoga, los verdaderos apóstoles de los últimos tiempos son excomulgados. ¿No es ese el argumento que han esgrimido contra Monseñor Lefebvre?, ¿no es ése el argumento que ha hecho claudicar a los padres de Campos que no han sabido ser fieles discípulos de Monseñor De Castro Mayer y han caído en el complejo estúpido de sentirse acusados por aquellos que persiguen la verdad, de sentirse al margen de la Iglesia, de la necesidad de querer ser reconocidos por la Iglesia? Pero, ¿por cuál Iglesia? Hay que ser muy bobos y tontos, yo no tengo por qué sentirme al margen de la Iglesia si soy fiel a Nuestro Señor, ni que me reconozcan como católico aquellos que hacen las obras de Judas y Satanás, del Anticristo. Eso hay que tenerlo claro porque de ello depende nuestra constancia y nuestra perseverancia. Se acordarán de mí, porque todos los que han claudicado han claudicado a la larga o a la corta por el mismo motivo; por eso Nuestro Señor advierte el ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Palomitas solas no sirven. Astutos como serpientes, y sagaces, porque estamos en medio de lobos. Pero también mansos y humildes como palomas, doble aspecto. Dice un dicho muy castizo: "A Dios rogando y con el mazo dando", y esperar, como decía San Agustín, que todo venga de Dios, pero hacer de nuestra parte como si todo dependiera de nosotros. Ese es el esfuerzo que hay que hacer para permanecer en la fidelidad, para que así Nuestro Señor nos diga a la hora de la muerte, "siervo fiel, has sido bueno y fiel en lo poco, ahora lo serás en lo mucho". Dice Nuestro Señor que en cuanto al pecado serán juzgados, recriminados todos los que no han creído en El, pecado de incredulidad; en cuanto a la justicia porque va al Padre, y sólo va al Padre el que es justo y Nuestro Señor fue tachado de injusto, de demoníaco, de diabólico por los fariseos. Entonces se restablecerán todas las cosas aunque por ahora no las veamos. Y que mundo y Satanás están vencidos y juzgados; no somos de este mundo, vivimos en él pero no pertenecemos a él; pertenecemos a Dios y nuestra mira está en el cielo, nuestra verdadera patria está en el cielo, y no en esta mísera tierra como muchos exclusivamente parecen creer y que por eso olvidan su destino celestial, sobrenatural. Y que la Pascua nos lo recuerda con insistencia para que no nos equivoquemos de morada. Pidamos a Nuestra Señora, la Santísima Virgen María, consolidarnos en la firmeza que Ella tuvo a través de todos los dolores de la Pasión de Su Hijo para que podamos permanecer con Ella en integridad sobrenatural y no claudicar, pudiendo siempre ser fieles a la Iglesia Católica y a Nuestro Señor Jesucristo. +
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