CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
6 de julio de 2003
| Padre Basilio Méramo |
| . |

Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo:
En este cuarto domingo después de Pentecostés escuchamos la narración de una de las dos pescas milagrosas que hacen los apóstoles a instancias de nuestro Señor, milagro que repite y que, como dice el padre Castellani, si nuestro Señor lo hace, no tiene ésta la misma significación, porque si no, bastaría una primera vez. Hay, pues, una significación muy distinta entre la primera pesca milagrosa y la segunda, en la cual nuestro Señor no está en la barca sino en la orilla; se cuentan los peces y dicen que hay 153. Mientras que en ésta se rompen las redes y está prácticamente a punto de zozobrar, de hundirse la embarcación.
Quieren manifestar estas dos pescas milagrosas la Iglesia en dos estados distintos. En la primera, es el estado de la Iglesia militante en esta tierra, donde se rompen las redes. En cambio, en la otra no se rompen, no están a punto de zozobrar, hay tranquilidad; es la Iglesia triunfante, y con el dato curioso de los ciento cincuenta y tres peces. Según San Jerónimo era la creencia muy extendida en Oriente de que había ciento cincuenta y tres clases o especies de peces y nada más, con lo cual quiere decir que en el reino de Dios habrá hombres de todas las clases distinciones y colores.
Por eso no nos debemos asombrar de que en la pesca que representa a la Iglesia militante se rompan las redes, parezca que esté a punto de hundirse la barca, la Iglesia; esto es casi normal, dada la lucha que hay entre el bien y el mal, entre Dios y Satanás, entre la Iglesia y la sinagoga o contraiglesia, sinagoga de Satanás, entre los buenos y los malos, los hijos de la Santísima Virgen y los que no lo son, hay esa gran lucha, ese combate, ese enfrentamiento hasta el fin de los tiempos.
Y nosotros tenemos que mirar bien de qué lado estamos, del lado de Cristo, de Dios o del de Satanás, de los masones, de los judíos; esa es la realidad histórica y de ahí esas herejías y cismas dentro de la Iglesia católica, hasta la última gran apostasía, hasta el último gran sacrilegio cuando Satanás parezca entronizarse en la Iglesia bajo el anticristo y que sugeriría que habrá vencido a la Iglesia.
Todo esto lo permite nuestro Señor para mostrar su poder y su divinidad, como lo hizo con San Pedro en esa pesca milagrosa que lo pasmó a él y a todos los que estaban a su alrededor, que eran viejos pescadores, viejos lobos de mar que conocían al dedillo su profesión; ante este milagro portentoso sintió San Pedro la presencia de nuestro Señor en su santidad. Eso fue lo que lo asustó, sintió la presencia de Dios, su majestad infinita, y por eso le dijo que se sentía un hombre pecador, eso es lo que se estimaba ante la majestad divina, nuestro pecado, nuestra nada ante Dios.
Esa debe ser la actitud humilde de todo católico dentro del templo, frente al sagrario, frente a Dios y no la de soberbia, sino del anonadamiento, el sentirse nada delante de las cosas de Dios. Es eso y no otra cosa lo que provocó ese espanto y la respuesta del mismo San Pedro y es lo que nos debiera acontecer a todos nosotros frente a Dios, reconociendo nuestra nada, nuestro pecado, nuestra miseria, así como lo muestra el Evangelio de hoy.
Pero al romperse y desgarrarse las redes, no nos debe asombrar entonces esa lucha que hay entre el bien y el mal y aun dentro de la Iglesia, que culminará con la aparente victoria de Satanás como aparente fue la victoria de él en el Calvario cuando crucificó a nuestro Señor.
Y por eso, mis estimados hermanos, Colombia no está exenta de esa lucha y ese combate y si relativamente ha habido paz y tranquilidad, es porque no ha habido la evidencia de ese conflicto como lo hay en Francia, en Argentina, en Estados Unidos, en Alemania o en Italia. Eso no va a durar mucho tiempo y tenemos que acostumbrarnos a que habrá traidores, que habrá fieles dentro del Priorato que por falta de convicción cederán o harán todo lo posible para destruir esto; me apena decirlo, pero lo tengo que hacer. Ustedes saben muy bien que había un joven, Jorge García, que quería ser seminarista, pues se le manda para que sea franciscano de la Tradición, pero no cuaja allí. Entonces lo enviamos al seminario nuestro en Francia, tampoco se puede; luego se va a la Fraternidad San Pedro y ahora viene aquí, no a visitar su país tranquilamente; incluso tuvo el atrevimiento de venir el sábado a saludarme. Lo recibí aclarándole algunos puntos, pero lo que yo no sabía es que viene con la mala y la maldita intención de reunirse con los fieles, con ustedes, para decirles que nosotros somos herejes, cismáticos, que estamos excomulgados, que nuestros sacramentos como el matrimonio y la confesión son inválidos. Eso ni ustedes ni yo podemos tolerarlo.
¿Qué es lo que quiere con todo esto? Aprovecharse del padre Isaac Ramírez allá en La Estancia para que venga la Fraternidad San Pedro que fueron los traidores de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, de esos sacerdotes ordenados en Ecône por monseñor Lefebvre. Los he conocido personalmente y son unos liberales de primera que traicionaron a monseñor. Crean la Fraternidad San Pedro amparados por el Vaticano para dividirnos y entonces esa relativa paz que hasta ahora teníamos, pues quizás no la tengamos más.
Pero hay que saber luchar, defenderse y no hay que dejarlos implantar aquí y que sepan que ustedes son fieles doctos. ¿Qué harían ustedes si les dice que estamos excomulgados, que nuestros sacramentos son inválidos y que no tenemos jurisdicción? Siempre insisto, y ahora me toca reiterarlo, porque Satanás no deja en paz a la Iglesia, ¿y cómo la va a dejar si ya prácticamente tiene a la jerarquía y al Vaticano de su lado? ¿Cómo va a permitir que dos obispos se opongan públicamente? Y eso que ya de los dos sólo queda un brazo porque el otro también lograron destruirlo, a los padres de Campos que están ahora homologados en el error de Vaticano II, en el error del ecumenismo, del modernismo y así entonces ahora quieren destruirnos. Por eso debemos tenerlo muy claro y no escandalizarnos.
Debemos estar conscientes de que nosotros somos los fidedignos y genuinos fieles de la Santa Madre Iglesia católica, apostólica y romana, los más romanos de todos porque guardamos el catecismo romano de San Pío V, el catecismo de Trento, guardamos la Misa tridentina que es la Misa; la nueva no lo es. Qué más romanos que defender el Papado, esa institución sobre la cual la Iglesia se asienta y que por eso Pedro es piedra, base fundamental que hoy se quiere destruir metiendo la democracia dentro de la Iglesia. Entonces somos nosotros, al guardar la sacrosanta Tradición de la Iglesia, los más católicos y los más romanos y no somos herejes.
Si llegásemos a ser apóstatas por defender la Tradición querría decir que la Iglesia siempre fue herética y eso es absurdo, y no estamos excomulgados. La Iglesia no puede anatematizarse a sí misma, no puede excomulgar la Tradición, entonces ¿quién nos condena? Aquellos que quieren imponer una nueva Iglesia, pero no nosotros. Por eso monseñor Lefebvre decía muy claro sin querer atacar a nadie, porque a él no le gustaba agredir, pero cuando ya se veía acosado tenía que decir una que otra palabra fuerte; porque se veía de ser cismático y balsfemo: "Si hay alguien que sea herético y cismático son ellos, porque son los innovadores, los que no están de acuerdo con la Tradición y crean una ruptura, o un cisma". Porque la Iglesia católica, apostólica y romana no nace con el Vaticano II, hay veinte concilios atrás; entonces ¿dónde queda la Iglesia?
Por ese mismo hecho de querer mantener la pureza de la fe, de la doctrina y de la Iglesia, de la moral y del culto, por eso se nos excomulga; esa excomunión no vale nada, es inválida de pleno derecho porque no se pueden usar las excomuniones para imponer el mal, ni para pervertir y corromper la religión católica; entonces se excomulgan ellos mismos. Es como quien escupe para arriba, por eso no nos podemos dejar amedrentar, la Iglesia es una institución divina de pleno derecho y ningún Papa puede ponérsela de ruana, ningún cardenal ni todo el Vaticano solemnemente, como se quiso hacer en el Concilio Vaticano II, que es un falso concilio ecuménico, que no me cansaré de decirlo. Es es falso porque un concilio ecuménico es por definición y por pleno derecho infalible, luego exento de error, no ya de herejía sino de toda equivocación, porque la infalibilidad excluye todo error, y no únicamente la herejía.
Entonces, ¿cómo es posible que por boca de aquellos mismos que lo congregaron dijeran que era un concilio no infalible?, entonces, ¿qué es? Un concilio ecuménico no infalible no existe, o es ecuménico infalible o no es "Sí, sí, No, no" esa es la doctrina católica, el que la acepte es católico y el que no la acepte no es católico, luego es absurdo inventarse una reunión eclesiástica con más de dos mil trescientos obispos que no sea ecuménica, es una aberración en los términos, eso no tiene presentación teológica; y entonces usan la pantalla, la impresión, la apariencia de ser un concilio ecuménico, que no lo fue ni lo puede ser y la prueba a posteriori, plagado de errores.
Todo este modernismo, este ecumenismo que niega la exclusividad de la divinidad y de la veracidad de la Iglesia Católica de dónde sale, sino del Vaticano II, y cómo ellos se creen católicos proclamando la libertad religiosa, diciendo que 'yo soy libre y que cada uno de ustedes es libre de responder a Dios con el culto que su conciencia le diga' y entonces, ¿para qué el infierno?, porque con la libertad religiosa nadie puede irse al infierno, eso es imposible si cada uno tiene la libertad de responder a Dios cómo le de la gana en conciencia, ¿sí ven la aberración? Y por eso no es de extrañar que se está negando y poniendo en duda el infierno, porque así como la verdad tiene una lógica, el mal también tiene su lógica, tiene un camino y hay grados hasta llegar a las profundidades satánicas inimaginables y por eso lo más inimaginable para un católico es que Satanás introduzca su espíritu dentro de la Iglesia y dentro de la jerarquía de la Iglesia.
Por eso, mis estimados hermanos, no olvidemos jamás ese divino mensaje de La Salette, es nuestra Señora la que no solamente habla de una gran corrupción del clero, sino también de la usurpación de la cátedra de Pedro: "Roma perderá la fe y será la sede del anticristo". Eso no lo dice Lutero, pero vean cuán cerca está de lo que dijo él, ya que éste lo señaló con un sentido apóstata y cismático. Si nuestra Señora nos lo dice no se le puede atribuir a Ella ese espíritu sino el contrario, el de Madre de la Iglesia que nos quiere prevenir para esta época desastrosa en la cual se están adulterando, corrompiendo todos los estamentos divinos de la sacrosanta Iglesia católica; es un hecho.
Ahora viene gente estulta como este muchacho a decir ahora que él es el fiel y nosotros los herejes que no tenemos jurisdicción. ¿Quién es el hereje?, ¿quién no tiene jurisdicción? Para dar un ejemplo: si alguien se está muriendo y quiere confesarse y hay un sacerdote reducido al estado laical, un hereje, el código de derecho canónico le permite que lo confiese y le dé la absolución válidamente aunque sea un infiel y eso por considerar la Iglesia, como Madre, esos casos extraordinarios. Acerca de los matrimonios, ¿cómo se casa la gente en África cuando un misionero pasa cada año? El código de derecho canónico dice que si alguien se quiere casar y no hay un sacerdote y ese obstáculo duraría previsiblemente un mes, se pueden desposar ellos mismos delante de dos testigos. Mucho mejor si por ahí hay un diácono, y mucho más si hay un sacerdote de paso que venga a asistir al matrimonio; eso dice el derecho canónico para esos casos extraordinarios.
Mucho más entonces en este caso inusual que vivimos hoy, cuando sería un absurdo que los que quieran mantener la verdad de la Iglesia no tengan jurisdicción y un sacerdote modernista sí la tenga; si un obispo modernista tiene autoridad, es absurdo decir que nosotros no la tenemos; claro que no directamente de ellos, sino de la Iglesia católica, que la proporciona directamente para cada caso, para que la Iglesia siga viva y no para que nos estén enrostrando siempre lo mismo. Por eso no tenemos necesidad de pedirle al Ordinario del lugar que nos dé jurisdicción porque me la otorga la Iglesia, me la da su derecho divino, la Ley divina; ni tengo que ir a solicitarla a un modernista, a un mal obispo o a un arzobispo que no defiende la religión, que no cumple con su deber.
O, ¿acaso nuestro Señor sería tan estúpido para no darle las armas a aquellos que van a representar su Iglesia como un pequeño rebaño suyo antes de que Él venga, en medio de la gran apostasía, de la deserción del clero? Dios aprieta pero no ahoga. Debemos tener muy clara nuestra posición y saber defendernos. Que no venga este joven que no sabe ni dónde está parado y que está siendo utilizado para pervertir, para destruir lo que tanto trabajo ha costado.
Ustedes, mis estimados hermanos, tienen que protegerse y si tienen alguna duda decírmelo y si es necesario hacer una conferencia sobre esto, lo hacemos. Lo que no se puede aceptar es que falsos fieles estén aquí con el ánimo de entresacar y de destruir; eso no lo voy a aceptar. Detrás de ese muchacho están Fernando Gómez, Fernando Osorio y Luis Esmalba. Digo los nombres para que ustedes sepan muy bien quiénes son; ellos no quieren ser católicos íntegros, quieren ser católicos bien vistos por el Vaticano; no quieren aceptar la persecución porque no tienen la integridad moral de poder afirmar su fidelidad a la Iglesia aunque le escupan a uno en la cara, como lo hacen cada vez que nos quieren decir rebeldes, excomulgados, sin jurisdicción y todo lo que fuere. Nada de esto nos debe extrañar, ni nos nos debe hacer sucumbir, porque la Iglesia militante en este siglo estará siempre combatida, perseguida y, más aún, al final, cuando será reducida a un pequeño rebaño.
Métanse eso en la cabeza, no todo el que dice ¡Señor, Señor! es de Dios; no todo el que dice ser católico es de Dios, porque el católico liberal, el progresista, el masón, el modernista no es realmente católico. Y vaya si no hay masones judíos con ordenaciones importantes dentro de la Iglesia, como el cardenal Bea, el cardenal Casaroli, el cardenal Villot; apóstatas como Congar o Henri de Lubac, que hoy son también cardenales. Lo que pasa es que para ver todo esto hay que tener fe y por eso es que nuestro Señor dice que: "Cuando Yo vuelva, si acaso encontraré fe sobre la tierra"; pero lo permite para purificar a los verdaderos elegidos, a sus verdaderos predilectos, acrisolarlos en el fuego como se purifica el metal. Lo hace para demostrar por encima de todo que la Iglesia es de Dios y que no se la va a poner de ruana el diablo, a Satanás, por eso le deja hacer.
Hay una anécdota que le ocurrió al papa León XIII que quedó extasiado después de una Misa, en la cual escuchó que el demonio le pedía a nuestro Señor que le diera más tiempo para destruir la Iglesia, como un reto, porque si ésta no fuese divina la podría acabar; nuestro Señor le concede cien años más. Así muestra nuestro Señor que aun concediéndole todo eso a Satanás, no la abatirá; podrá desbaratar los muros, los templos, a los sacerdotes y a los obispos que claudican, que apostatan, pero no podrá derribar a aquel que quiere permanecer fiel porque ese morirá inmolado como lo han hecho millones en la historia de la Iglesia católica.
Y esa Iglesia de mártires es indestructible; podrá incluso destruir al Papa que lo podrá tener como marioneta, pero no podrá acabar el Papado. No sé si se darán cuenta, pero para que vean la diferencia; incluso el Papa puede ser un supósito bajo la influencia de Satanás en los últimos tiempos, eso es lo que quiere decir La Salette y es lo que han mencionado sacerdotes venerables como Holzhauser. Es más, él habla de la deserción de la Iglesia occidental latina; si lo vemos bien, todas las Iglesias de Oriente cayeron en la apostasía y el único patriarcado de la Iglesia que quedó sin corromperse es el de Occidente (pero corrupción en la parte humana, siempre se entiende, no en la parte divina), pues está reservada para los últimos tiempos como presa favorita de Satanás.
Si bien se observa, hacia eso apuntan todas las profecías, todas las advertencias de nuestra Señora en sus verdaderas apariciones; esa es la razón de no querer publicar el tercer secreto de Fátima, de seguir ocultándolo y publicarlo tergiversado con cualquier otra anécdota. Por eso, mis estimados hermanos, es urgente permanecer firmes en la fe, tener esa conciencia clara y lúcida de nuestra adhesión al dogma católico, a la Iglesia Católica, a nuestro Señor Jesucristo y no a la Roma pagana, a la nueva religión que hoy usurpa los derechos de la verdad. Hay que tener eso claro para no ceder, para no sucumbir. Nuestra garantía o pasaporte nos lo da el saber que somos fieles guardianes de lo que la Iglesia siempre ha hecho, dicho y pensado, eso es la Tradición, y es infalible, no puede haber equivocación.
Por eso debemos tener nuestra conciencia limpia; que nuestro espíritu sea también de un verdadero y santo combate y que no nos ganen en combatir los musulmanes que cogen las cimitarras para imponer a un falso Dios; porque nosotros, que tenemos al verdadero, no somos capaces de hacer lo mismo en nombre de la verdad. Por eso se requiere un espíritu de santa intransigencia e intolerancia en los principios; distinto es tolerar al pecador, al hombre, pero no al pecado, no al mal; así permaneceremos, como dice San Pío X, fortiter et suaviter, fuertes y suaves a la vez; fuertes en la verdad y los principios y suaves en el modo con las personas, con el hombre, con la miseria.
Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que permanezcamos firmes en la verdad y que nos socorra y nos asista para que no sucumbamos ante el mal. +
![]()