TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA
11 de mayo de 2003
| Padre Basilio Méramo |
Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo:
En
este tercer domingo después de Pascua, ya pasó la época de la comunión
Pascual que la Iglesia nos pide; sin embargo, aquellos que no la hayan
hecho por cualquier circunstancia, con culpa o sin ella, la pueden hacer
cuanto antes, con la confesión que pide la Iglesia sin fijar la fecha,
por lo menos una vez al año, como para decir que somos católicos;
entonces no nos olvidemos del precepto de la comunión pascual.
Vemos
la incógnita ante las palabras de nuestro Señor Jesucristo; no olvidemos
que los apóstoles estaban tristes, acongojados, nerviosos, atribulados
por todos los eventos que se sucedían y que nuestro Señor también les
había indicado: su Pasión, su muerte y la persecución. Los apóstoles
estaban apesadumbrados y nuestro Señor les quiere dar ánimo, por eso les
dice: “Dentro de poco ya no me veréis; mas poco después me volveréis
a ver”. Este poco tiempo que “no me veréis” y que “me volveréis
a ver”, los Padres y los Santos de la Iglesia lo han interpretado de
diversos modos. Para mí no cabe sino un solo modo y es el que le dio el
gran San Agustín, que muchas veces se da el lujo de interpretar en forma
distinta a todos los otros Padres, y es tal su ingenio y su genio que
santo Tomás lo pone en la balanza al mismo nivel, como si la sola opinión
de San Agustín equivaliese a la de todos los otros por esa perspicacia y
profundidad sobrenatural.
Lo
que sucede es que a veces un sentido no excluye otro. Y puede ser el caso
el de este poco de tiempo que los Padres de la Iglesia dicen que se
refiere a los tres días que estaría en el sepulcro, que no lo verían
durante ese tiempo hasta que resucitara durante los cuarenta días. Pero
San Agustín dice que se refiere al lapso que va después de la Ascensión
a su segunda venida cuando venga en gloria y majestad. Y en realidad, si
lo miramos así, es la única interpretación, aunque no excluya la otra.
Pero podremos decir que es una explicación suprema, porque si analizamos
el contexto, lo dice muy claro, “porque me voy al Padre”; y ¿cuándo
nuestro Señor va al Padre? Después de la Ascensión. Luego el tiempo que
Él considera “poco”, es toda esta historia de la Iglesia y de la
humanidad, desde la Ascensión hasta la Parusía.
Vemos
entonces cómo la apreciación de este pasaje del evangelio es
eminentemente apocalíptico, no lo olvidemos, no me cansaré de decirlo;
porque esa fase de los novísimos, de las postrimerías no hay que
ignorarla, sobre todo hoy más que nunca cuando nos encontramos en una
situación verdaderamente angustiosa que evoca el fin de los tiempos, y
que no hay que confundir con el fin del mundo; porque en el ínterin entre
el fin de los tiempos y el del mundo está el reino de nuestro Señor
Jesucristo sobre esta tierra, para juzgar no solamente a los muertos sino
también a los vivos.
Todo
lo que sucede es a veces de difícil explicación, como la primera
resurrección y la segunda, que tan mal traída está por la exegesis
contemporánea, deudora de muchos errores que se han repetido. Sabios como
los padres Castellani, Eusebio de Pesquera, Rovira o Alcañiz, han tratado
de corregir ese error infructuosamente, porque también,
desafortunadamente, hay que decirlo, en la predicación, en la exegesis y
en la teología se introducen en la Iglesia modas, corrientes que se
imponen y si no se tiene y no se agudizan la inteligencia y luz
sobrenatural, se repite y se copian esos mismos errores. Yerros que les
valieron a los judíos no distinguir la primera venida de la segunda. Por
eso crucificaron a nuestro Señor, porque no fue el rey que ellos
esperaban. Y si a ellos les fue así por ese error de moda, político o lo
que fuera. Quién sabe si no nos está yendo tan mal a causa de eso, por
una mala concepción del reino de nuestro Señor Jesucristo sobre esta
tierra, sobre vivos, y digo esto de paso pero dada su importancia, para
que nos demos cuenta.
No
hay que confundir el fin de los tiempos con el fin del mundo. Porque todo
lo anunciado apocalípticamente está para el fin de los tiempos, la gran
crisis, la gran apostasía, la gran hecatombe dentro de la Iglesia
zarandeada, sacudida por Satanás, las horas de las tinieblas. ¡Ay de
nosotros si nos equivocamos y no lo vemos!, ¿cómo nos defenderemos? Hay
que estar alertas, vigilantes y con verdadero espíritu de fe pedir esa
inteligencia de los misterios de Dios.
San
Agustín dice, entonces, que todo ese tiempo desde la Ascensión de
nuestro Señor hasta su segunda venida, es cuando no le verán, pero que
será poco, porque cuando ya venga todo el tiempo que antes nos habría
parecido largo, parecerá entonces corto. Como siempre pasa aquí con lo
de este mundo, con grandes inconvenientes esperando un evento, y cuando se
da, todo lo que se sufrió, se pasó y lo que se esperó, parece que no
existiera; pues algo parecido y mucho más será cuando aparezca nuestro
Señor. Esa es la gran esperanza y la necesidad de que nos encuentre
santos y no carnales, con los deseos de la carne, que como dice San Pedro
en la epístola de este día, “combaten contra el alma”, contra el espíritu.
Y
sabrá el diablo si el mundo de hoy no es carnal, cuando todo es pornografía,
desnudez de la moda en las mujeres, esa desvergüenza, ya no hay pudor
ninguno, más les valdría salir en cueros para que por lo menos tuvieran
frío o para que se asen con el sol, a ver si aguantan. Por eso no podemos
ser ingenuos, ni católicos tontos, ni bobos, no dejarnos engañar por un
mundo satánicamente carnalizado; él sabe que llevamos la concupiscencia
en la carne, en las venas, en la sangre y que tenemos que luchar contra
las pasiones con látigo, rejo y martillo y hacha y machete, pero hay que
hacerlo. No se pueden vencer las tentaciones sino con oración, sacrificio
y penitencia, para tener medio domado al animal que llevamos dentro, que
surge cada vez que la razón específica formal del hombre se obnubila.
De
allí la definición del hombre, animal racional, y cada vez que esa razón
se aminora, sale el animal, que es él quien mata, odia, fornica, se
degenera. Ese es el peligro del alcohol, ¿por qué creen que
emborracharse es pecado mortal? Porque quita la razón, y ¿qué emerge?,
el bruto; por eso debemos tener cuidado de nosotros mismos. Si a todo esto
le agregamos el mundo y el demonio, ¿dónde vamos a parar?
Por
eso estamos como estamos. Queremos una religión light, fácil,
donde no haya pecado, donde no haya mal sino lo que a mí me parezca, lo
que a mí me plazca. No usemos la libertad como dice San Pedro, “a
manera de velo”, sino que la utilicemos como hijos de Dios; y hoy ¿qué
se hace de la libertad? Se convirtió en libertinaje. Contrario a lo que
dice nuestro Señor. Porque el libre albedrío basado en la verdad es lo
que nos hace hijos de Dios y seres realmente libres. Debe ser una libertad
en la verdad y no en el pecado, no en el error como hoy se quiere y como
San Pedro lo señala en su epístola; no es un escudo la libertad para
hacer lo que el hombre quiere según sus apetitos animales, sino los
espirituales, según los de Dios; no olvidemos que lo que tenemos los
hombres en común con los animales es el procrear, el comer y el dormir.
Así
que ¿dónde está la libertad del hombre? Es una libertad pecaminosa, no
de animal, porque es lo que tenemos en común. Por eso entonces hay que
sobrenaturalizarlo para no quedar en la pura animalidad sino que venga a
lo que es superior, a lo que es del alma, a lo que es del espíritu, a lo
que es de Dios y así podamos usar bien ella y no como un escudo que nos
permita hacer lo que queramos, que es lo que hace hoy la juventud, el
hombre y la mujer modernos, “hacer lo que se me dé la gana, no estoy
sujeto a nada ni a nadie, ni a Dios, porque elijo la religión que quiero,
el culto que más me convenga”. Libertad religiosa,
¡maldita, herética y apóstata! Es una verdadera apostasía.
Por
eso en el evangelio de hoy, toda esta vida aquí en la tierra hasta la
segunda venida de nuestro Señor, es comparada a un parto, como nos
muestra San Agustín hablando de ese poco de tiempo “en que no me veréis
y otro poco me volveréis a ver”. Toda la vida histórica de la Iglesia
está comparada a un parto, a un dolor, pero que después desaparece.
Quiere decir que nuestra vida espiritual, la conversión de los infieles,
la vida sobrenatural privada y la pública, de cada uno, es como dolores
de un alumbramiento, pero que ese malestar después se convierte en alegría,
en gozo, por haber dado un hombre al mundo. Así da la Iglesia hombres
para el cielo, esa es su misión, la de sufrir y la de parir cristianos
para Dios y que ese penar, ese sacrifico, esa tristeza, se conviertan en
alegría.
Pero
hacia el fin de los tiempos esos tormentos se acrecientan; cuando la hora
de dar a luz se acerca es cuando más terrible y de aflicción es el
momento; lo mismo lo será para la Iglesia. No debemos entonces
desesperarnos. Esa es la importancia de la interpretación de San Agustín
sobre las congojas de la vida en general, de la Iglesia y sobre todo al
fin de los tiempos antes de la segunda venida de nuestro Señor. De ahí
ese estrechamiento de la Iglesia, ese repliegue que lo vemos en la medición
del templo en el Apocalipsis, reducida a un pequeño rebaño fiel, porque:
“no todo el que dice ¡Señor, Señor!” es de Dios.
Desgraciadamente
no todo el que hoy se dice católico lo es, puesto que yo no puedo ser católico
y modernista al mismo tiempo, estar en ruptura con la Tradición de la
Iglesia, perseguirla, eso es una contradicción, pero es parte de los
dolores de parto de los cuales hoy nos habla el evangelio. Por ello hay
que sufrir con gozo, para así poder resistir, y con verdadera fe seguir
permaneciendo fieles a nuestro Señor, para que cuando Él venga, nos
encuentre vigilantes y esperándolo y no dormidos.
Ese
es el mensaje del evangelio de hoy si bien miramos, si bien lo
interpretamos y vemos la esperanza que encierra y eso debe entonces
reconfortarnos, fortificarnos para que podamos seguir adelante en medio de
un mundo carnal, de un mundo que en definitiva odia a Dios y se opone a la
su obra.
Pidamos
a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que nos ayude para que
seamos fieles y así nuestro Señor nos encuentre dignos de ser suyos. +
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