PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
9 de marzo de 2003
| Padre Basilio Méramo |
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Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo: Con este primer domingo de Cuaresma comienza solemnemente el tiempo cuaresmal, el tiempo de oración, de penitencia y de ayuno para prepararse durante este periodo a la gran fiesta de la Pascua de resurrección de Nuestro Señor; por eso la Iglesia ha solemnizado este tiempo, que es un tiempo especialmente sagrado. Por eso el demonio renueva sus ataques para que la gente y los fieles se disuadan de los ejercicios de oración, de ayuno, de penitencia y de sacrificios, pero que los católicos estamos obligados a hacerlos para que nos asimilemos a los sufrimientos de Nuestro Señor y para que la Cuaresma no se convierta, como en muchas partes, en un carnaval, en una parranda como si fuésemos animales que sin uso de razón vivimos según la carne y lo que los apetitos de la carne, y lo que halaga a la carne. Maldita sea si esa es nuestra opinión de ser católicos porque otra muy distinta es la mentalidad de la Iglesia. La Iglesia misma en este día expone ante nosotros la tentación de Nuestro Señor en el desierto, es decir, en la soledad, en una montaña no lejos de Jericó; no nos imaginemos un desierto como el Sahara sino una montaña solitaria, y lo digo porque cuando conocí ese lugar me extrañó mucho, pero efectivamente sí es un desierto en la aridez montaña, en la soledad y eso es lo que significa en definitiva el desierto, sobre todo espiritualmente; esa soledad que buscó Nuestro Señor antes de comenzar su vida pública, preparándose con ese gran ayuno de cuarenta días y de cuarenta noches y que no era ningún misterio, porque antaño ya lo habían hecho Moisés, San Elias y muchos otros. Hoy que se ha perdido esa sabiduría sacerdotal y pareciera imposible, haciéndole decir tonterías a grandes exégetas como Salmerón o Ricciotti, quien desgraciadamente se apoyó en San Ambrosio. Sin embargo, de allí, de esos cuarenta días Mahoma sacó el Ramadán, atenuándolo, pero es muy probable que él haya hecho ese ayuno, porque naturalmente es posible, sin que se necesite un mil< i gro. Dice el padre Castellani, que es sin duda uno de 1( >•. más grandes exégetas del siglo XX, desconocido por l.i gran mayoría y despreciado por sus mismos compañero', y sacerdotes, pero que ha sido una luz de exégesis sobr< • la cual debiéramos apoyarnos, sobre todo hoy. Al hablen de eso, dice que si era una cuestión puramente divina el sería Dios porque ya lo había hecho, lo que dejaba en ridículo a otros exégetas por la ignorancia que a veces pulula y campea aun entre aquellos de mayor sabiduría v prestigio teológico en la Iglesia; porque la ignorancia des graciadamente no respeta a nadie y por eso debemos cu i darnos de ella porque es atrevida y, entonces, nos hace decir estupideces. También dice el padre Castellani, para explicar esta tri pie tentación de Nuestro Señor, que no solamente el demo nio quería hacer caer y pecara Nuestro Señor, sino que principalmente quería sacarse la gran duda que tenía de saber si era o no el Mesías, si era o no el Cristo, el Ungido de Dios, que eso significa Cristo, ungido, porque él, como vemos en el Evangelio de hoy, conocía las Escrituras al dedillo, como lo pueden conocer los protestantes, pero sin fe y por eso no creía ni podía creer y tenía esa gran duda, aunque ya lo había visto, no solamente en el desierto sino cuando fue la hora del bautismo en el Jordán por San Juan Bautista, cuando el Padre Eterno dice que Jesús es el Hijo amado en el cual ha puesto todas sus complacencias y el mismo San Juan Bautista había dicho "yo no soy digno de atar la correa de su sandalia", y también lo había señalado como al Cordero, al Agnus Dei, el Cordero de Dios. Satanás sabía todas esas cosas y no podemos preguntar por qué no creía, si nosotros con las mismas o menos cosas sí lo sabemos. La diferencia abismal es que el demonio no puede creer, no puede tener fe, está condenado. Y es más, los ángeles o creían en un solo acto libre de amor a Dios, o se pervertían; esa fue su gran tragedia, sin que haya para ellos la posibilidad de la redención por la misma excelencia de su naturaleza angélica y espiritual que ve todo el bien y todo el mal de un solo golpe, y no como nosotros de a poquito, y por eso Dios nos permite que podamos echar atrás y arrepentimos viendo el mal y reconociéndolo aun después de haber pecado libremente. Como hace ver el padre Castellani, Satanás tentó a Nuestro Señor no de sensualidad como dice la gran mayoría de los exégetas modernos, eso sería un desatino, tentar a un gran hombre religioso del desierto sensiblemente, sino que había que tentarlo espiritualmente con la soberbia, con el orgullo que es mucho peor que lo sensible, que lo sensual, que la concupiscencia de la carne; lo tentó con el orgullo, con la soberbia que no se ve, que no se manifiesta, que no se palpa pero que es peor, y así, entonces, a través de esa triple tentación, de ese triple ataque, quiere ver si en definitiva era el Mesías, el Enviado, el Ungido de Dios y por eso lo tienta con el pan, después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, en el momento neurálgico y más crítico en que debía romper el ayuno le ofrece el pan, le dice que convierta las piedras en pan y Nuestro Señor le responde magistralmente: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios". El verdadero pan es la palabra de Dios. Derrotado entonces en este intento Satanás, como dueño y amo del mundo o del universo, o por lo menos de esta tierra, atrevidamente, lo transporta de esa montaña cerca de Jericó a Jerusalén, a una distancia que puede ser de veinte o treinta kilómetros; lo transporta y lo pone encima del pináculo del templo y le dice que se tire porque escrito está que "los ángeles no dejarán que tropiece tu pie", sino que ellos le recogerían antes de que se hiciera daño al llegar abajo, y Nuestro Señor, ni lento ni perezoso, le responde y le replica: "También escrito está, no tentarás a Dios", porque pedir milagros imprudentemente, indiscretamente, precipitadamente, es tentar a Dios. Cuántos no tientan a Dios, "¿por qué Dios no hace que me gane la lotería si estoy en la miseria?", "¿por qué Dios no me cura a mi hijo que tiene cáncer o a mi madre o a mi padre?", o lo que sea. Y porque no les hace ese favor se ponen en contra de Dios y de la Iglesia por puro orgullo, cuando la enfermedad, cuando la calamidad debiera acercarnos a Dios suplicantes y si Él quiere y si nos conviene para la salvación de nuestra alma, entonces que se produzca la curación si fuera el caso. Pero, ¿qué haría yo con ganarme la lotería?, ¿para tirármela en un casino, para prostituirme en prostíbulos, para holgaza near en el mundo, para hacer maldad creyéndome todopoderoso, o abusar de la salud, o lo que fuere? Dios no obra muchos milagros que podría hacer porque sencillamente no nos convendría o a nosotros o a esa persona a la que queremos que se le haga el milagro. "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios", "no tentarás a tu Dios", le responde Nuestro Señor. Queda Satanás por segunda vez destrozado, derrotado. Pero el muy pérfido vuelve insidiosamente, no se da virilmente por derrotado, sino como femeninamente, como una mujer, y por eso dicen los Santos Padres que es peor la mala mujer que el mal hombre, vuelve Satanás una tercera vez para sacarse la duda y si no para hacerse adorar, lo toma y lo lleva a un monte muy alto y le muestra todas las riquezas, pompas, glorias y poderes de este mundo y le dice que todo eso se lo daría si él le adorase. ¡Qué atrevido, qué sinvergüenza! Y eso que era o es una de las criaturas más excelsas, más inteligentes, quizás como algunos Santos que dicen que era el ángel de luz por encima de todos y por eso su nombre Luzbel, luz bella, y quien sin embargo claudicó por la soberbia. Y podemos preguntarnos cómo tenía tanto poder al ofrecerle esas riquezas, cómo fue que Nuestro Señor no lo desmintió ni le dijo ¡mentiroso, eso no es tuyo sino que es de Dios!, sin necesidad de haberle dicho que era suyo, porque en cierta forma, como dicen los Padres de la Iglesia, el mundo, el universo, o por lo menos esta tierra, este planeta o este sistema solar, o esta galaxia, pertenece de algún modo a Satanás que fue predestinado para que fuera él quien gobernara esta maquinaria del mundo y que por eso es el príncipe de este mundo, por eso tiene poder material físico, ese espíritu sobre las cosas, sobre la naturaleza. De ahí las infestaciones, las posesiones demoníacas, diabólicas y de ahí también entonces la necesidad de los exorcismos y las bendiciones. Finalmente, Nuestro Señor le responde: "¡Vade retro, Sotana!", ¡retírate!, ¡hacia atrás, Satanás!, porque escrito está: "Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a Él servirás". Nuestro Señor tampoco le responde ni le dijo: "Yo soy ese Dios", sino que le respondió con esta otra parte de la Escritura que afirma que solamente a Dios se le debe adoración. Vemos que en esta triple tentación, la primera, que nos cae a nosotros, le cae a la Iglesia, la parte humana de la Iglesia, los hombres, procurarse bienes materiales a través de la religión. Primera tentación en la que vemos ya ha caído la jerarquía actual, preocupada por los bienes materiales, por el pan, creando la dialéctica, interpretando el Evangelio dialécticamente; de allí la teología de la liberación y todos los comunistas que han salido del seno de la Iglesia, los curas, los jesuítas y digo los jesuítas, no porque los dominicos o los franciscanos no lo sean, sino porque ellos, siendo más poderosos, fueron pregoneros de la revolución en América en Chile, en Colombia, en Guatemala usan la religión para procurar bienes materiales. Segunda tentación: procurarse el prestigio y el poder, el imperio, el mando a través de la religión; y ¿no vemos eso hoy? Los obispos pavoneándose como grandes sabios cuando viven en el error; los sacerdotes, las monjas, todo consecuencias del Concilio Vaticano II, cambiando la faz de la Iglesia aprovechándose de la religión; la misma jerarquía, en países laicos y masones como Francia, ver que al cardenal Lustiger amigo de ese gobierno masón y quien ha impedido que todos los legados que los fieles han donado a su muerte, sus bienes para la Fraternidad de San Pío X pudiese recibirlos. Son hechos. Y así, cuántos otros usando el poder, el prestigio, la fama en provecho propio, procurarse poder a través de la religión. Y así mucha gente se aleja de la Iglesia escandalizada y por eso muchos se vuelven protestantes, ateos o comunistas. Y, ¿no es en el mismo orden de cosas que utilizan el poder desde el Vaticano para destruir a un obispo fiel como monseñor Lefebvre para someterlo bajo una falsa obediencia a que sea como ellos? Porque hasta eso le propusieron: comprarle un palacete para que viviera como un cardenal, o mejor quizás, y se quedase tranquilo viviendo de vacvi cienes; eso le pidieron cuando era Superior de los padres del Espíritu Santo que dejara hacer y que él se fuera de vacaciones, y después comprarle un palacete para que dejara tranquilos a los demás y no predicara la verdad. ¿Eso no es acaso utilizar el poder en contra de la religión y de la verdad? ¿No es en gran parte lo que San Pablo en la epístola de hoy ha dicho, "consideraos como últimos, como si nada tuviésemos, como castigados cuando todo lo teñe mos"?, cuando estamos en la verdad, y eso nos pasa a nosotros, los fieles que continuamos firmes en la Tradición. Y no se olviden: cuando se sientan tentados, leer la epístola de hoy para que se vean en cierta forma reflejados en esta gran persecución de Satanás, que en definitiva ha entrado en la Iglesia, como lo dijo Pablo VI, y de eso hoy estamos viendo los frutos. Y la Tercera tentación; en estas dos ya ha caído la gran parte de la jerarquía oficial porque nadie se atreve a decir y a predicar lo contrario, la tercera tentación diabólica, perversa, adorar a Satanás, ¿lo logrará? He ahí el gran misterio de iniquidad. He ahí la abominación de la desolación en el lugar santo, ¿logrará hacer que la Iglesia en su contexto humano adore a Satanás? He ahí lo que está por producirse, por verificarse. Y no me hago el profeta, sino que sencillamente sigo la exégesis de la Iglesia, lo que Nuestro Señor dice en los Evangelios: "Cuando vuelva, ¿encontraré fe...?". ¿Qué hará el Anticristo quien se sentará en Roma?, porque así lo dice Nuestra Señora en La Salette, "Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo". ¿Para qué? Para hacer adorar en definitiva a Satanás, y por eso la gran apostasía, la gran tribulación de los últimos tiempos en los cuales vivimos y en los cuales, lejos de aterramos, con fe y esperanza debemos enfrentar, enfocar esa realidad que nos está tocando vivir y no pasárnoslas viendo televisión y leyendo revistas que por muy buenas y muy verdaderas no dejan de ser estupideces en comparación con todo esto que está involucrando a la Iglesia a punto de caer, en su parte humana, en esa terrible y demoníaca tercera tentación. Que no nos demos cuenta es el colmo, porque no hay quien lo predique, no hay quien lo diga, no hay quien lo clame. ¿Por qué? Por cobardía, por ignorancia, por estupidez humana, o lo que fuera. Por eso el padre Castellani ha sido uno de los grandes exégetas del siglo XX, porque lo avizoró y lo dijo y lo anunció y por eso fue desterrado de la Compañía de Jesús cuando era el teólogo, el doctor sacro bulado por Pío XII. Para que nos hagamos una idea, eso le permitía predicar y escribir sin el nihil obstat, como doctor sacro de la Iglesia universal. Y, ¿cómo murió? Recluido en un apartamento de dos habitaciones llenas de libros, pero recluido, difamado; se le había prohibido decir la Misa durante muchos años, casi lo vuelven loco en Manresa. Así trataron a este doctor por señalar con el dedo lo que ahora les estoy diciendo y por eso, mis estimados hermanos, esta triple tentación debemos meditarla hoy más que nunca, y tener cuidado porque Satanás no llegará a hacerse adorar de golpe, necesitará primero vaciar la esencia a la religión católica. Por eso vaciará el culto de la Santa Misa, los sacramentos, la doctrina, las verdades católicas, los dogmas. Cosa que se viene haciendo desde el Concilio Vaticano II, con toda la innovación revolucionaria de la liturgia y de la teología. Satanás necesita un culto falso, vaciado de su contenido para lograr que le adoren, que la Iglesia en su contexto humano caiga en la tercera tentación y le adore. Pidamos a Nuestra Señora que nos ayude a meditar y tener presente todas estas cosas para que permaneciendo siempre fieles adoremos a Nuestro Señor Jesucristo y no al otro. +
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