CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
16 de junio de 2002
| Padre Basilio Méramo |
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Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo: El Evangelio de hoy nos relata la primera pesca milagrosa. Nuestro Señor realiza este milagro en dos ocasiones como también la multiplicación de los panes; cada uno de ellos tiene su propio significado; por esta razón es doble. En la primera pesca milagrosa, que hoy vemos, nos muestra la Iglesia militante, mientras que la segunda pesca milagrosa, que relata San Juan, se refiere a la Iglesia triunfante. Nuestro Señor le dice a San Pedro que tire la red hacia la derecha que significa los elegidos, y no se rompen las redes, El está en la orilla y no en la barca con ellos. En la primera pesca la barca parece zozobrar, sucumbir, por el peso de la cantidad de peces. En esta primera pesca milagrosa Nuestro Señor confía esa misión a los apóstoles que le siguen, dejando, abandonándolo todo, familia, hijos, mujer, no tener más trato con las cosas familiares y de este mundo. La generosidad de los apóstoles y que tendrían que observar también todos aquellos que tienen un ministerio en el nombre de la Iglesia y de Nuestro Señor Jesucristo, esa capacidad de abandonarlo y dejarlo todo, por lícito y bueno que sea. Porque no es corno cree el mundo que quien entra en religión, hombre o mujer, es debido a una desilusión o amargura; todo lo contrario, es dejar lo bueno por algo mucho mejor que es Dios Nuestro Señor, y si hay gente que ha entrado a un convento, en religión, o lo que fuere por una desventura, tendría que ser no por eso en sí, sino porque eso mismo le haya hecho ver lo poco que vale el mundo, y si lo hiciera para huir de esa amargura, mal haría, porque no deja el mundo en lo que pueda tener de bueno y lícito para buscar a Dios, sino que busca consolar su pena y eso sería falta de vocación. Nuestro Señor muestra la generosidad de los apóstoles, la humildad de ellos que no eran ni príncipes ni reyes, que bien los hubiera podido elegir; eran hombres humildes, de pueblo, gente sencilla que vive a la buena de Dios, de la pesca. Que más que vivir a la buena de Dios. Y elige a sus discípulos dentro de los pescadores porque así lo que ellos hicieran no sería atribuido a la grandeza que pudiese haber en esos hombres sino a la palabra y a la asistencia de Dios. Por la palabra de Nuestro Señor, Simón Pedro obedece y echa las redes después de haber pasado toda la noche sin pescar absolutamente nada, para mostrar que es por la palabra de Dios, por la palabra de Nuestro Señor que se pescan los hombres y no por otra cosa. Esa es la importancia de mantener fielmente la palabra de Dios para la evangelización, sin que se adultere, distorsione y cambie con el fin de acomodarse al mundo suavizando de algún modo, cuando no cambiando totalmente el significado y, por tanto, el contenido de la palabra divina. Y ese es el problema actual, cuando se adultera la palabra de Dios, el Evangelio, tan sutilmente que es difícil darse cuenta sin tener una preparación filosófica y teológica correctas. Peligro que corren los fieles por este cambio de la palabra divina, por querer estar en conformidad con el mundo, con el pensamiento y con las costumbres de hoy, opuestas a la Iglesia. Es una lucha descomunal y desproporcionada con un mundo alejado de Dios y que acepta a un dios rebajado a la altura del hombre, no es el hombre que quiere ascender a Dios, en sus brazos, para llegar a Él, sino que quiere un dios rebajado a su capricho, a su modo de pensar y de ser, creando una religión mundana. Esto es desdichadamente el acontecer de iglesias, de parroquias con las predicaciones; ofrecer la religión católica no con lo sublime y excelso que ella tiene por su carácter divino sino de humano y rebajado proponiendo una moral laxa, corrupta, donde prácticamente ya no hay pecado. Y si esto es mentira, entonces cómo se explica que la pornografía sea moneda corriente en los medios de comunicación, y por qué la degradación del pudor reflejado en la moda de la mujer y que nadie dice nada por ser la moda, lo que se impone, y loco aquel que se oponga. Estos hechos palpables demuestran que hoy queremos una religión y una moral que satisfaga nuestros caprichos y deseos que no son los más puros; eso explica que pulule la impureza por doquier. Aquellos que quieran presentar una moral como es y como la exige Dios no tienen eco, no se les escucha, se prefiere lo otro. Es exactamente lo que acontece hoy; y las personas que asisten a esta capilla deben comprender que esta no es una capilla común y corriente. Se exige el respeto a Dios debido, que está en el sagrario y en el centro del altar, no sobre una mesa donde se celebra una cena sino un altar donde se sacrifica, se inmola Nuestro Señor como se inmoló en la Cruz, pero realizado de un modo sacramental e incruento; donde se trata de adorar a Dios en espíritu y en verdad, manteniendo así la fe Católica, Apostólica y Romana y no una fe que se dice católica sin serlo, como en las otras capillas e iglesias. Esa es la importancia de guardar el testimonio de la palabra, de la buena nueva, del Evangelio, que haya apóstoles generosos que lo dejen todo para predicar la palabra de Dios y en el nombre de Dios salvar las almas que están en el mundo como lo están los peces en el mar; así en el nombre de Dios lograr su salvación. Esa es la misión de la Iglesia y la importancia de que la Iglesia guarde la verdad que la hace ser el cuerpo místico de Nuestro Señor Jesucristo. Pidamos a la Santísima Virgen María meditar estas cosas para no ser católicos a medias, mundanos, sino de verdad y tratar de reformarnos para no dejarnos llevar por un mundo que cada vez más nos quiere absorber y en esa medida volvemos menos católicos y menos de Dios. Imploremos a Ella que nos ayude a ser fieles testigos de Dios y fieles transmisores de la palabra de Nuestro Señor Jesucristo para la salvación de las almas. + |
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