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San Enrique, llamado el Piadoso,
duque de Baviera y despu�s emperador de Alemania, nada emprend�a sin antes
haber consultado y orado a Dios. En ciertas ocasiones vio a los �ngeles y a los
santos m�rtires, sus protectores, combatir a su favor al frente de sus
ej�rcitos. Conserv� su virginidad, de com�n acuerdo con su esposa Santa
Cunegunda. Restableci� a Benedicto VII en el trono de san Pedro y por todas
partes dej� ilustres monumentos de su piedad y religi�n. C�lebre por sus
milagros y sus virtudes, dej� la corona para ir a recibir otra m�s preciosa en
el cielo. en 1024. MEDITACI�N SOBRE LA
PRIVACI�N DE LAS CONSOLACIONES
ESPIRITUALES
I. Dios permite a veces
que los santos sean privados de todas las consolaciones espirituales. en este
triste estado todo apena: la penitencia les es insoportable, la oraci�n les da
tedio, la lectura espiritual y las pr�cticas de devoci�n les son fastidiosas.
No te asombres de encontrarte en este estado: �acaso el Se�or no fue abrumado de tristeza en el huerto de los Olivos? �No se quejaba, en la cruz, de que su Padre lo hab�a abandonado? Por esa falta de gusto no interrumpas tus ejercicios de devoci�n; si los
haces con menos satisfacci�n, los har�s con m�s m�rito.
II. Dios permite que caigas en este estado de desolaci�n para castigarte por tu tibieza o por algunas faltas leves que has cometido. Tal vez sea la causa tu negligencia en no prepararte
para la oraci�n como es debido. Dios quiere hacerte conocer que la devoci�n sensible es un don: te la concede cuando a �l le place, la retira para humillarte cuando lo
juzga oportuno. Pero, sin tanto examinar por qu� Dios te trata de tal suerte, saca provecho de ese estado, ten paciencia y redobla el fervor. Si el Esposo se esconde, es para que lo busques con m�s af�n.
III. Examina seriamente qu� motivo has dado a Dios para que se retire, e implora su perd�n. Reconoce que eres indigno de sus mercedes y
que ya eres demasiado feliz con poder servirlo gimiendo en esta vida; no es en este mundo donde Dios recompensa a los elegidos. Dile, sin embargo: Se�or que sois todo mi gozo, �Por qu� me ocult�is vuestra divina faz? �D�nde est�is? �D�nde os encontrar� yo, mi divino Esposo? (San Agust�n).
La dedicaci�n a la oraci�n - Orad por los remisos
en el servicio de Dios.
ORACI�N
Oh Dios, que en este d�a hab�is hecho pasar al bienaventurado Enrique, vuestro confesor, de un
trono terrenal al reino eterno, haced, os lo imploramos, que, as� como �l triunf� por vuestra gracia de las
seducciones del siglo, despreciemos nosotros tambi�n los vanos atractivos del mundo, para presentarnos a Vos con un coraz�n puro. Por
J. C. N. S. Am�n.
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