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Ser pobre en medio de las riquezas, mortificado en medio de las delicias de la corte, humilde sobre un trono, es una virtud que no pertenece sino a las
grandes almas, como Santa Isabel, reina de Portugal. Ayunaba a pan y agua tres cuaresmas durante el a�o, las vigilias de las fiestas de Nuestra Se�ora y de los
Ap�stoles, y todos los viernes. Por su intervenci�n, logr� detener la guerra entre Castma y Portugal. A la muerte del rey, su marido,
visti� el h�bito de la Tercera Orden franciscana, con el cual muri6 en 1336.
MEDITACI�N - DEBE PONERSE LA CONFIANZA
EN DIOS y NO EN LAS RIQUEZAS I. No pongas tu confianza en las riquezas; no pueden ni siquiera hacerte feliz en este mundo.
Dif�cil es adquirirlas y dif�cil conservarlas;
el temor de perderlas y el deseo de aumentarlas no le dejan al alma descanso alguno. �Pueden, acaso, disipar tu tristeza y tu ignorancia, curarte de tus enfermedades o prolongar tu vida siquiera un momento?
Son sin embargo de alguna utilidad: cuando uno las abandona por amor de Jesucristo o las distribuye entre los pobres.
II. No te f�es en la amistad de los hombres: nada es m�s inconstante. El mejor de tus amigos puede llegar a ser el m�s encarnizado enemigo. No te apoyes en tu reputaci�n, la calumnia te la puede arrebatar; no cuentes con tu salud ni con tu esp�ritu, una enfermedad puede quit�rtelos. Oh Se�or m�o, por fin reconozco que, si Vos me abandon�is, ni todas las creaturas juntas podr�an socorrerme; y aun cuando los hombres pudiesen valerme durante mi
vida, �Podr�an ellos, acaso, demorar aunque sea un momento la hora, de mi muerte, y defenderme ante
el tribunal de Dios? III. En Vos es, pues, Dios m�o, en quien se debe esperar, y no en las
riquezas fr�giles e inciertas. En vano se dice que el dinero es todopoderoso, �l no
nos puede procurar la salud y la felicidad, sino en la medida en que lo despreciemos y lo arrojemos lejos de nosotros. Las creaturas son obst�culo a nuestra
esperanza; si no poseemos los bienes de la tierra, todos nuestros suspiros ser�n por los bienes celestiales.
Las riquezas son las trabas de nuestra esperanza; arrojemos, pues, los bienes de
la tierra, si deseamos los del cielo. (Tertuliano). La limosna Orad por los pobres. ORACI�N
Dios soberanamente bueno, que, entre otras eminentes virtudes, hab�is acordado a la reina Santa
Isabel la prerrogativa de apaciguar los furores de las guerras, haced, por su
intercesi�n, que despu�s de la paz de esta vida mortal, que os imploramos
humildemente, lleguemos a la felicidad eterna. por 1. C. N. S. Am�n.
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