Siempre Unidos
Por: Lily Ramírez.

Capítulo IX
“Noticias”
La búsqueda en las calles había dado inicio, aquellos jóvenes se
habían dado a la tarea de preguntar por doquier, utilizando la foto que Terry
conservaba de Candy habían preguntado a cuanto transeúnte encontraban, después
de algunas llamadas telefónicas por parte de ambos reanudaron su búsqueda, los
minutos transcurrían sin que lograran avanzar en sus averiguaciones, terminaron
nuevamente en el apartamento de Candy, luego de una larga charla con el
administrador les había dado acceso al departamento, querían ver si ahí
lograban encontrar algo.
-
Revisa la habitación de ahí, yo
entraré en esta – dijo Terry a Archie, quien asintió con un movimiento de
cabeza.
El joven actor supo inmediatamente en donde estaba, era sin duda
la habitación de su pecosa, el aroma a rosas inundo sus sentidos y por unos
momentos olvido los motivos que lo habían llevado hasta ahí, se sentía un
intruso por haber irrumpido en la privacidad de aquella habitación, un objeto
metálico llamo su atención, haciéndolo ignorar lo que sentía en ese momento.
-
El emblema de los Andrew, sin duda
eres una digna representante de tu familia.
En ese momento su mente empezó a trabajar, un mecanismo se había
accionado dentro y trataba de imaginar todas las posibles causas que habían
tenido para secuestrarla. Olvidándose de todo empezó a abrir cajones para
encontrar algo que le diera indicios de donde más podría buscar... nada, todo
aquello no le decía nada, volvió a la sala donde fue alcanzado por su compañero.
-
No hay nada, solo ropa, papeles sin
importancia, pero nada que indique sobre su paradero.
-
Esto es demasiado extraño Cornwell,
las únicas personas que me vienen a la mente como posibles autores de todo esto
son dos.
-
Eliza y Neil Leegan – completó
Archie mientras que el moreno afirmó con la cabeza – yo también lo pensé
Granchester, pero no hay pruebas, George los mantiene vigilados, además tienen
una excelente coartada, pero podemos intentar averiguar en su casa, la cocinera
estima a Candy, si algo sabe seguro nos lo dirá.
Los jóvenes salieron con dirección a la mansión Leegan, siempre
seguidos por aquellos autos, al llegar entraron por la puerta de servicio,
tratando de averiguar algo, la noche cayendo nuevamente en la ciudad de
Chicago.
רררררר
La brisa nocturna se colaba por la ventana rota de aquel cuarto,
Candy llevaba algunos minutos despierta, pero se sentía mareada, sabía que la
habían sedado, así que no había intentado incorporarse, pensaba una y otra vez
en lo ocurrido, intentaba encontrar la verdad sobre aquel secuestro, que
motivos podrían tener sus captores para tenerla con ellos, el ruido de la
puerta que se abría la alertó, así que optó por fingirse dormida, controlando
su respiración y asegurándose de no moverse demasiado.
Se mantenía expectante, alerta por si tenía que hacer algo para
defenderse, pero no ocurría nada, la incertidumbre hizo presa de ella, pero
espero un momento más, no se escuchaba ningún ruido, pero tampoco habían vuelto
a accionar la manija de la puerta, así que tomando todo el autocontrol del que
era capaz, siguió fingiendo, no tardo mucho en escuchar voces, al principio no
entendía nada, pero poco a poco empezaron a levantar más el tono, al creer que
ella en realidad dormía.
-
Es una chica hermosa, por algo está
tan enamorado de ella – dijo con voz grave el hombre.
-
Como saber realmente que él vendrá
en su busca – bufó su acompañante algo incómodo – no lo entiendo jefe.
-
Sería inútil tratar de explicarte,
no vuelvas a llamarme jefe, que sólo trabajaras para mí en esta ocasión, claro,
si te portas bien y desapareces de Chicago puedo considerar la posibilidad de
volver a ocupar tus servicios.
-
Cuente con eso – afirmó el tipo
sonriendo nerviosamente – ¿qué sigue ahora?
-
Por el momento, mudarnos de esta
pocilga, una dama como ella no merece estar aquí, el médico dijo que sólo
necesitaba reposo, curaciones y creo, sin temor a equivocarme, que ella misma
podría hacérselas, así que vamos, enciende el coche, yo mismo la llevare.
El hombre se quedo a solas con Candy, la observaba de pies a
cabeza, sonriendo para sí mismo al percatarse que no había equivocado sus cálculos,
no había en el mundo nada peor que un hombre enamorado, porque sin pensarlo ni
meditarlo, sería capaz de dar la vida misma en prenda por el bienestar de su
amada, si bien era cierto que no deseaba dañar a Candy, también lo era el hecho
de que desde que la vio, no pudo evitar el sentirse atraído por esos ojos esmeraldas,
esa blanca y tersa piel que hacían un llamado a sus instintos masculinos y lo
tentaban a querer rozarla, pero se contuvo, la contempló por unos instantes más,
luego la tomo en sus brazos.
-
Si nos hubiésemos conocido en otras
circunstancias mi lady, quizá podría haberla cortejado – él hablaba para sí,
sin percatarse de que era escuchado – pero ella tenía razón, usted es nuestra
mejor arma para lograr lo que queremos, y quien sabe, quizá al final usted
decida quedarse mejor a mi lado.
Candy sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal, aquella
voz se le hacía familiar, estaba segura de haberla escuchado antes, pero no
lograba precisar donde, ni cuando, aunque su mente quizá le estaba jugando una
mala pasada. Segundos después ya se encontraban a bordo de un automóvil que se
dirigía a una velocidad moderada a un nuevo escondite, ¿a dónde esta vez?.
atiende mis peticiones, vaya donde vaya
este con quien esté, protégeme.
Cuida de Albert, en tus manos pongo su vida
así como la mía, dale salud, dale paz.
Mi fe deposito en ti, que se haga tu voluntad
que pase lo que tenga que pasar,
dame fuerzas y valor para lo que tenga que afrontar,
pero ante todo, dame la sabiduría de aceptarlo.
La joven se concentró en
plegarias internas, no sabía lo que le esperaba ni lo que tenía que afrontar,
pero fuera lo que fuera, lo haría con ahínco, con la idea clara y fija de
reunirse con Albert nuevamente.
רררררר
La noche cubría la ciudad de Chicago, trayendo con ella
incertidumbre y pesar a los corazones tristes y desolados, Archie y Terry
regresaron al hospital, luego de un infructuoso día de búsqueda, ninguno
hablaba, por inercia llegaron donde se encontraba George, lo encontraron
cansado y dormitando, sentado en un sofá a un lado de la cama donde Albert se
recuperaba.
Lo peor del día había sido el confirmar que efectivamente los
Leegan habían hecho exactamente lo que George les dijera, habían cenado y en
los últimos días no habían hecho nada anormal, lo que los descartaba como
autores del ataque, aun así, le pidieron a la cocinera les informara de
cualquier dato o detalle que recordara.
Albert continuaba dormido, no sabían si a consecuencia de los
sedantes y medicamentos, o si sólo dormía, una enfermera entró y les pidió la
dejaran a solas para revisarlo, excepto a George, que fue vencido finalmente
por el sueño, los jóvenes lo acomodaron bien sobre el sofá y lo abrigaron con
una manta.
-
Es muy extraño todo esto Granchester
– habló por fin el rubio.
-
¿De que hablas?
-
George ha estado velando el sueño de
Albert desde el día del secuestro de Candy, como sí en realidad le importara,
según yo, se conocieron el día de la fiesta donde apareciste tú.
-
Bueno, quizá sea porque es importante
para Candy – sin poder evitarlo el moreno sintió una oleada de celos, aún no
asimilaba el hecho de que él no fuera más que un amigo en la vida de la rubia,
aún así se mantuvo sereno – finalmente,
ella es integrante de tu familia y es lo único que puede hacer por ella en
estos momentos.
-
Puede ser, pero no me convence del
todo, creo que lo mejor será que vayas a descansar, no se te ve nada bien –
sugirió Archie.
-
Sería inútil, no podría conciliar el
sueño aunque quisiera, en ese caso, ve tú, yo me quedaré por si Albert
necesitara algo.
-
Bien, en ese caso iré a casa, la tía
abuela se puso mal, aún no sabe nada sobre lo sucedido, pero temo que de
enterarse empeore su estado de salud. Aún así insistió en instalarse aquí en
Chicago. ¡Ojalá Stear estuviera aquí! – Archie denotaba la añoranza hacia su
hermano.
-
Sí, es un gran tipo –aceptó Terry.
Los jóvenes se despidieron, minutos más tarde la enfermera salió
de la habitación de Albert, miraba en todas direcciones hasta que pudo
distinguir al joven actor.
-
Señor, el paciente ha despertado, no
creí prudente despertar al otro caballero, así que le aviso por si desea pasar
a verlo – dijo Faby sonriente.
-
Muchas gracias, en este momento voy.
Terry sintió de pronto que las esperanzas regresaban para afianzarse
en su interior con fuerza. Aspiró profundo y se encaminó a la habitación. Era
extraño, no había contemplado la posibilidad de reencontrarse con Albert en un
futuro cercano, pero las circunstancias era lo que más lo afligía, no sabía
como tendría que dirigirse a Albert, cómo hablarle, en cuestión de segundos
llegó hasta la cama y se sentó en la silla.
-
Me alegra que hayas despertado
Albert – comentó con sinceridad el moreno.
-
¡Terry! – fue lo único que pudo
articular el rubio.
Albert observaba todo a su alrededor, la cabeza le daba mil
vueltas, no entendía nada, cerró sus ojos y llevándose una mano a la frente
intentaba recordar lo ocurrido, pero era inútil, a su mente sólo venía el
estallido de aquel tren en Italia, él corriendo hacia Pupé, un fuerte dolor al
intentar mover su otro brazo lo hizo entender que estaba herido.
Giró su cabeza al extremo opuesto y pudo distinguir una figura
que le pareció muy familiar, cerró sus ojos nuevamente intentando convencerse a
sí mismo que no estaba equivocado, como en un sueño, abrió lentamente sus ojos
y habló.
-
¡George!
El administrador en ese momento despertó abruptamente y al ver
despierto a Albert se levantó enseguida, dirigiéndose hacia él y abrazándolo
con cuidado, era imposible ocultar la alegría que sentía por ver despierto a su
amigo.
-
Albert, muchacho, que alegría que
hayas despertado.
-
¿Cuánto tiempo llevo dormido George?
Fue en ese momento que George se percato de algo extraordinario,
volvió a notar en la voz del joven aquella familiaridad de antaño, se separó de
él y lo miro fijamente, escudriñó dentro de aquellos profundos ojos azules y lo
comprobó, ante él tenía nuevamente al heredero de los Andrew.
-
Algunos días Albert, estaba muy
preocupado por ti – respondió finalmente el administrador.
-
Lo sé, te agradezco tu preocupación,
dime una cosa George, ¿cómo es que llegué aquí, es decir, como supiste donde
encontrarme?, lo último que recuerdo es la explosión en el tren.
George se quedo mudo al escuchar aquellas palabras, no lograba
entender que ocurría, pero algo le decía que su joven protegido no recordaba
nada del ataque sufrido apenas unas noches antes.
Terry también estaba confundido, se encontraba sumido en un
profundo silencio, analizando cada palabra que escuchaba, cada gesto que
observaba, su mente trabajaba con una rapidez que el mismo desconocía, atando
cabos, uniendo piezas, comprobando de pronto que el Albert que tenía delante de
él era el mismo que conoció aquella desventurada noche en que salió herido y el
joven le ayudara, pero otra pregunta se formulaba en su mente, ¿por qué aún no
preguntaba por Candy?.
-
Eso no es importante ahora, lo que
sigue es que te recuperes pronto, te hemos extrañado mucho – dijo suavemente
George.
-
El Sr. Johnson tiene razón Albert,
no debes esforzarte, es demasiado pronto.
-
Pero, ¿qué fue exactamente lo que
pasó?, me siento muy mal, me duele el pecho, necesito saber que ocurre en
realidad, ¿por qué está Terry aquí?, ¿dónde estamos exactamente?, ¿Nueva York?,
¿Inglaterra?, ¿dónde?
El rubio buscaba respuestas, quería saber cosas que en teoría
debería saber, pero la realidad era que sus recuerdos habían vuelto, sí, pero sólo
aquellos que conservaba hasta el momento en que sucedió el accidente del tren
en el cuál resultara con amnesia.
Terry sintió de pronto que el piso se movía bajo sus pies y lo
absorbía, llevándolo a un profundo y oscuro abismo del que no sabía como saldría,
su mente se había quedado trabajando, pero él vagaba en el limbo, Albert no
recordaba el ataque y mucho menos el secuestro de Candy, no contaría con él
para la búsqueda, no sabía si decirle o hacer las cosas por sí solo.
George se percató de la situación, sabía lo que el joven actor
estaba pasando en ese momento, porque él mismo se sentía extrañado y confundido
ante la forma de hablar de Albert. Pensó unos instantes lo que diría y cuando
estuvo seguro de sus palabras se dirigió al rubio.
-
Albert, han sucedido muchas cosas
desde tu accidente en el tren, así que descansa, poco a poco te iré poniendo al
tanto, por el momento lo mejor es que descanses para que puedas salir cuanto
antes de aquí. Estamos en Chicago y sé de alguien que se pondrá feliz de verte
y saber que estas bien.
El joven no alcanzó a comprender aquellas palabras, pero el
simple hecho de saber que estaba en Chicago lo llenaba de alegría, pero en su
interior algo le decía que no todo estaba bien, no podía estarlo, algo le
faltaba, un vacío invadía su cuerpo haciéndolo entristecer de pronto, pero no
queriendo pensar más, decidió hacerle caso a su viejo amigo George, no sin
antes hablar con su joven amigo.
-
¿Qué me dices tú Terry?
-
Sólo puedo decirte que me alegra
verte, si estoy aquí, es porque la compañía de teatro donde trabajo recién se
presentó en la ciudad, al saber que te encontrabas aquí decidí venir a visitar
a un viejo amigo – las palabras se le dificultaban a Terry, aquello le
resultaba sumamente difícil, pero había comprendido en los ojos de George que
lo que menos necesitaba Albert en ese momento era abrumarse más – yo le dije al
Sr. Johnson que no se preocupara por ti, eres demasiado fuerte para que algo
tan pequeño termine contigo – concluyó con una sonrisa sincera, pero que, a
pesar de que su sentir por la recuperación de su amigo era genuina, también lo
era el hecho de que había echado mano de sus dotes de actor para poder
expresarse.
Albert quiso ver más allá de lo que las pupilas verde – azul le
decían en esos momentos, pero se sentía fatigado, así que se acomodó para poder
dormir de nuevo, pero algo lo inquietó de pronto.
-
George, ¿Candy sabe que estoy aquí?
-
Por supuesto.
-
Dile que venga, tengo ganas de verla
– dijo el joven con añoranza.
Fue lo último que dijo antes de volver a caer dormido, pero esta
vez de forma natural, no por los medicamentos o sedantes, dejando una enorme
estela de confusión en aquellos dos caballeros que se observaban desconcertados
y realmente preocupados.
רררררר
Richard D. Granchester se encontraba descansando en la
habitación del hotel, acababa de llegar a Indiana, llevaba días viajando sin
cesar y ahora que por fin se reencontraría con su hijo podía darse ese lujo, su
mensajero había partido en busca de Terruce, Stear no se había equivocado al
darle el itinerario y la función de esa noche sería la penúltima en
representarse ahí, así que tenía el tiempo suficiente para conversar con su
hijo larga y serenamente, al menos eso es lo que deseaba.
Sabía que las cosas serían muy difíciles, fueron años de
abandono e indiferencia, de ocultar sus sentimientos paternos y amorosos hacia
el fruto de su primer y único amor de juventud. Con el pasar de los años, se
había encerrado en una coraza inquebrantable, aislándose no solo de su
realidad, sino de sus propios sentimientos. Viviendo en un castillo de arena,
que a la menor provocación, él mismo había derruido.
Conocía lo suficiente a Terry como para sólo enviarle una
invitación para reunirse, así que se había limitado a conseguir un boleto para
la función de esa noche, había tomado un baño caliente y relajante. Se sentía
entero, aunque en el fondo, esperaba el rechazo por parte de su hijo, pero eso
no lo detendría, tenía que hablar con él, no sólo para buscar una reconciliación,
sino por su propio bienestar.
El automóvil se desplazaba a buena velocidad por aquella
gran avenida, llegó al teatro a tiempo y se acomodó en su lugar, no pasó mucho
tiempo para que la función empezara, pero no fue lo que él esperaba. El papel
protagónico no estaba siendo representado por su hijo. Antes de que el primer
acto terminara, se levanto y se dirigió a buscar al director.
-
Lo siento señor, pero
Robert Hattaway no puede recibirlo, se encuentra en escena en este momento –
decía con apuro el asistente del director.
-
Entiendo, pero necesito
saber donde esta Terruce, debo verlo – el Duque se empezaba a exasperar.
-
No puedo darle ningún tipo
de información, sólo el director sabe sobre su paradero, pero si yo supiera
donde esta tampoco se lo diría – el hombre hablaba dándose demasiada importancia
y menospreciando al caballero que tenía frente a él.
-
Muy bien, entonces, dígale
al Sr. Hattaway que el Duque D. Granchester lo espera en su hotel.
El empleado al escuchar aquellas palabras palideció de
golpe, tomo la tarjeta con mano temblorosa, mientras veía alejarse al
distinguido caballero, no le quedó duda, Terry era el hijo de ese hombre, un
Duque, el porte, la elegancia, incluida la arrogancia, le venían de herencia.
רררררר
Candy abrió sus verdes ojos para inspeccionar el nuevo
lugar al que la habían llevado, tenía mucha hambre, pero nadie le había
proporcionado alimento, era obvio, había fingido dormir, era preferible antes
de ver los horribles rostros de sus captores. Tenían que ser horribles, sólo
gente así podía ser capaz de secuestrarla y tratarla de ese modo.
La expresión de su rostro denotaba la impresión que se
había llevado al darse cuenta de que estaba en una gran casa, el tamaño de la
habitación y su decorado, parecía el de una princesa, no alcanzaba a comprender
que se proponían sus captores, para ser un secuestro, la estaban tratando con
mucha delicadeza. Lentamente se incorporó y caminó hasta la ventana, la sonrisa
que había esbozado, desapareció al darse cuenta de que estaba bloqueada en su
totalidad, gruesos maderos habían sido colocados y asegurados para que no los
pudieran quitar.
-
¡Vaya!, era demasiado bueno
para ser cierto – pensó la joven con desilusión.
Abrió los cajones de la cómoda y los buroes que había en
la habitación, pero nada, todo estaba vacío, se dirigió al enorme closet y lo
abrió con dificultad, la fuerza de su brazo izquierdo era mucho menor cada vez.
Su asombro no pudo ser mayo, había varios vestidos colgados cubiertos con plástico,
sin duda llevaban años ahí, empezó a sentir hambre pero no quería ver a quienes
la mantenían cautiva, así que optó por sentarse al borde de la cama, pero sin
llorar, había decidido ser fuerte y tratar de salir de ahí a como diera lugar,
aunque para eso tuviera que tragarse el miedo y sonreírle a quien entrara por
aquella puerta.
Los minutos pasaban y ella comenzaba a sentirse mareada,
la escasez de alimento y la aplicación de constantes medicamentos la tenían muy
débil. Por fin, la puerta de la habitación se abrió, ella sintió que una
corriente recorría su espina dorsal al sentir una presencia a sus espaldas,
pero tomando todo el valor posible se incorporó y giro su cuerpo hasta quedar
de frente a quien había entrado.
-
¡No puede ser!
Fue lo único que pudo decir al observar aquella figura
frente a ella, las palabras se ahogaron en su garganta, enseguida entraron con
un servicio completo para comer, Candy se sentó de nuevo en la cama y se
dispuso a tomar aquellos alimentos, su mente no lograba asimilar las cosas,
ahora más que nunca se sentía confundida. Literalmente devoró todo lo que le
habían llevado, cuando volteó el rostro se dio cuenta que se encontraba a
solas.
La puerta volvió a abrirse, dando paso a un caballero muy
apuesto, elegante y joven, se colocó frente a ella y elevó su mano para
intentar acariciar la mejilla de la chica, quien por inercia se volteó,
evitando el contacto.
-
No deberías ser tan esquiva
– dijo en tono sensual pero molesto ante el notable rechazo.
-
¿Hasta cuando me tendrán
aquí?, ha pasado mucho tiempo, si lo que quieren es dinero, deberían haberlo
pedido ya – dijo ella recuperando su postura.
-
No lo sé, todo depende de
tu amado – dijo el tipo caminando en círculos alrededor de la joven.
-
¿Albert? – preguntó
temerosa la joven – ¿qué tiene que ver él en todo esto?, ya le he dicho que...
-
No sé de quien hablas, pero
definitivamente no hablamos de la misma persona.
-
¿Entonces? – volvió a
preguntar más confundida la chica.
-
Eres demasiado curiosa,
pero te daré gusto, estás aquí para servir de carnada, si cooperas no te
haremos daño, al contrario, podrás salir ilesa de aquí, lo que es mejor, por tu
propio pie.
Candy no entendía absolutamente nada, el tipo se le hacía
ligeramente familiar, creía conocerlo de algún lado pero no alcanzaba a
precisar el lugar, su mente intentaba ubicarlo pero no lograba nada.
-
Por lo pronto, será mejor
que te cures la herida, sino quieres llegar a perder tu brazo, sería una
verdadera lástima preciosa.
El joven colocó entonces los medicamentos al alcance de
Candy, quien esperaba a que saliera para curarse, pero se equivocaba, él no
parecía dispuesto a marcharse.
-
¿Podría dejarme a solas?,
no pensará que me cure frente a usted.
El hombre soltó una carcajada, pero aún así no se movió
de su lugar.
-
Por supuesto que lo harás
frente a mí, es muy peligroso dejarte estos utensilios, podrías cometer una
locura, además, necesitarás mi ayuda.
Candy no se movía, sabía que necesitaba hacerse limpieza
en la herida, pero no le daría el gusto a ese hombre de verla quitarse el
vestido frente a él. Así que se dio media vuelta y se sentó en la cabecera de
la cama.
-
Puede llevarse eso, no me
curaré, prefiero morir antes que ayudarlo a cualquier cosa.
-
Como quieras preciosa, aún
muerta podrías ayudarme a traer hasta aquí a tu adorado Terruce Granchester.
La joven sintió un escalofrío al escuchar el nombre del
joven actor, se levantó como impulsada por un resorte y se dirigió al hombre.
En ese momento su mente se aclaró y supo que debía cooperar si quería aligerar
las cosas, la vida de Terry ahora dependía de ella también.
-
No se atreverá a lastimar a
Terry – declaró con vehemencia.
En ese momento tomó con dificultad las tijeras y corto
trozos de gasa, luego vertió alcohol sobre sus manos y las enjuago, continuó
con el algodón y los aditamentos que necesitaría, alzó la vista y mirando
fijamente los oscuros ojos del hombre, rasgó su vestido para dejar a la vista
la herida, la ropa interior quedó al descubierto y ella desvió la mirada para
revisarse la herida.
Lentamente se deshizo del vendaje para dejar caer
finalmente la gasa que la cubría, con cuidado se descubrió y empezó el proceso
de curación ante la mirada atenta de su espectador, quien le facilitaba las
cosas con presteza, seguía cada movimiento de la joven y cuando hubo terminado
con la curación, alejo la charola y se dirigió a la cama, tomó la colcha y la
colocó en la espalda de la chica, ante el asombro de la misma.
-
Muy bien señorita Andrew,
creo que empezamos a entendernos, lamento que haya salido herida, pero fue algo
inevitable. Descanse, mañana será un largo día.
La chica se desplomó sobre la cama, tratando de entender
lo que sucedería de ahora en adelante, algo estaba claro, la creían novia de
Terry, lo querían a él, pero, ¿para qué?. Cerró los ojos tratando de dormir,
aunque sabía que sería en vano, al menos lo intentaría. Las horas transcurrían
pero ella ni siquiera sabía si era de día o de noche, la incertidumbre la
consumía.
רררררר
El bar del hotel estaba tenuemente iluminado por la luz
de algunas velas, estaba casi desierto, en una mesa, cerca de una gran ventana,
se encontraba Robert Hattaway, llevaba menos de cinco minutos en ese sitio y ya
sentía que se ahogaba, no era el tipo de lugares que le gustasen frecuentar,
pero debía acudir a esa cita, después de todo, se lo debía a Terry, justo en
ese momento llegó Richard D. Granchester.
-
Buenas noches Sr. Hattaway,
le agradezco que viniera a verme.
-
No tiene nada que
agradecer, dígame, en que puedo servirle.
-
He venido en busca de
Terruce, pero vi con desilusión que él no participa en la obra, creí que era el
protagónico – comentó casual el noble.
-
Lo es, lamentablemente su
hijo tuvo una emergencia y se ha ausentado de la obra por unos días.
-
¿Qué clase de emergencia? –
preguntó con interés el duque.
-
Le seré honesto, sé que su
relación con Terry no es la mas agradable del mundo, pero también sé, que si se
encuentra usted aquí debe ser por algo realmente importante, yo quiero a su hijo
como si fuera el mío propio.
-
Se lo agradezco, pero podría
decirme si Terry esta en algún problema.
-
No lo sé con certeza, sólo
sé que partió a Chicago porque una buena amiga de él se encuentra en problemas, es todo lo que le puedo decir –
concluyó el actor mirando con seriedad el rostro de su acompañante.
-
En ese caso, creo que debo
partir cuanto antes, quizá pueda necesitar mi ayuda, una cosa más, ¿sabe de que
amiga se trata? – preguntó ante la extrañeza del actor.
-
Se llama Candy...
-
Candice Andrew – interrumpió
de pronto el noble poniéndose de pie – gracias por todo Sr. Hattaway, debo
partir de inmediato.
El duque se despidió y dio indicaciones a un botones,
luego partió del hotel rumbo a la estación del tren, un mal presentimiento
acrecentándose en su corazón, sólo esperaba llegar antes de que le pasara algo
malo a Terry.
רררררר
George Johnson se encontraba serio y pensantivo, sentado en
aquella cafetería de hospital acompañado por Terry, quien no había dicho
palabra alguna desde que Albert despertara. Si bien era cierto que el más joven
tenía mucho que preguntar, también lo era el hecho de que la discreción era algo
característico en él. Habían comido lo necesario y ahora disfrutaban de una
taza de café, la cara de George empezaba a mostrar los efectos del cansancio,
pero aún y con todo eso, no se le veía indicio de querer irse a descansar. Al
final el joven actor rompió el silencio.
-
¿Qué dijo el doctor con respecto a
la reacción de Albert?
-
Dice que puede deberse a que su
mente sufrió un shock, provocando dos cosas, el recuperar su memoria, pero
también, bloqueándole la mente a lo ocurrido esa noche, el mismo dolor ante la
pérdida y la impotencia por no haber podido hacer nada pudo provocar esa laguna
mental, pero espera que paulatinamente recobre por completo esa parte.
-
¿Qué haremos Sr. Johnson?, no
podremos contar con él en esto.
-
George, llámeme
George – dijo gentilmente.
-
Entonces dígame Terry – respondió el
moreno.
-
No lo sé Terry, realmente me
encuentro en un laberinto en el cual no encuentro la salida, he dado vueltas y
vueltas al asunto sin conseguir nada. No hay nada que nos indique el paradero
de la señorita Candy, no han llamado, y eso, me preocupa todavía más, si al
menos pidieran un rescate o algo a cambio de ella, podría pensar con más calma
y asegurarme que se trata de un burdo y vil secuestro, pero así...
-
Así nos mantienen a la expectativa,
sin lugar donde buscar, o pista alguna que seguir, quizá sea parte de su
estrategia – en ese momento el rostro de Terry cambio su expresión – eso es,
ellos están agotándonos mentalmente, para que, llegado el momento, no
titubeemos y cedamos a sus peticiones, eso debe de ser George.
-
Quizá, pero yo no estaría tan seguro
de eso, porque si lo que buscan es dinero, lo hubieran pedido desde el principio,
no tenía caso hacer esto, mucho menos haberlo hecho venir hasta acá.
El joven se quedó pensando por unos segundos, en su mente se
formulaban varias hipótesis, pero solo eran eso, lo que si era muy extraño, era
el hecho de haberlo llamado a Indiana, sobre todo, porque no tenían definido
nunca el hotel en donde se hospedarían, el único que sabía era Robert, sus
pensamientos fueron interrumpidos por el administrador de la familia Andrew.
-
Lo mejor es que se vaya a descansar,
yo haré lo mismo, he girado instrucciones para que vigilen a Albert en todo
momento, pero dadas las circunstancias, dudo mucho que sea por él por quien
atacaron a la señorita.
-
Quizá sea porque... en realidad es a
mí a quien quieren – aseguró el joven – de lo contrario, no tenían porque
haberme hecho venir, ¿no le parece lo más lógico?.
Las palabras de Terry se grabaron en la mente de George, si eso
era cierto, ahora tendrían que buscar por ese lado y descartar otros motivos, aún
así, no quiso agregar más.
-
¿Tiene ya un lugar donde hospedarse?.
-
Sí, no se preocupe, me quedaré en el
mismo hotel donde se hospedó la compañía en nuestra última visita, si yo soy la
presa, les facilitaré el acceso hasta mí.
Luego de esas palabras, los caballeros se despidieron, luego de que
el joven actor se asegurara de que Albert estaba bien y no necesitaría nada, se
sentía exhausto, fatigado física y emocionalmente, abordó uno de los automóviles que George pusiera a su disposición,
escoltado por otro auto y seguido por el mismo que lo había vigilado durante su
búsqueda por el día.
רררררר
El alba despuntaba en el horizonte, la llegada de los
trenes era anunciada por un silbato, poca gente en realidad se encontraba ahí, era
demasiado temprano como para que se pudiera sentir el movimiento real de aquélla
ciudad, un joven se encontraba sentado en una banca, tomando un poco de café
caliente, minutos más tarde, se incorporó al escuchar el silbato del tren
anunciando la llegada del mismo.
No había casi nadie en los pasillos, demasiado temprano,
aún así, algunos se habían dado a la tarea de ir a recoger a sus conocidos, el
joven recargo el peso de su cuerpo sobre una columna, las manos metidas en su
saco, buscando con la mirada entre los pasajeros que iban descendiendo, los
minutos transcurrían y pensó que se había equivocado de tren.
-
Se le nota demasiado
ansioso, si me permite la apreciación caballero.
-
¡Stear! – exclamó el chico
al tiempo que abrazaba al recién llegado. – No esperaba recibir a alguien con
ese aspecto – Terry observaba con una sonrisa el inusual atuendo de Stear.
-
No sabía que me extrañabas
a este grado Terry – la voz de Stear sonaba juguetona, para luego tomar una
actitud más seria mientras el abrazo se deshacía – ¿alguna novedad?
La mirada de Terry se ensombreció, respiró profundo y tomó
el equipaje de su amigo, indicándole que lo siguiera.
-
No Stear, no hay noticias,
no hay nada, no sé que más hacer.
-
Vamos hombre, verás que de
un momento a otro tenemos noticias – comento el chico de anteojos intentando
creer en lo que decía.
Los jóvenes se
dirigieron al auto, para trasladarse al hotel.
-
Creo que la familia Andrew
te tiene aprecio, eh – Stear sonreía sinceramente al darse cuenta que el auto
pertenecía a su familia.
-
Bueno, uno no puede evitar
ser irresistible – se animó un poco el actor – me lo facilitó George, hemos
estado demasiado tensos y preocupados, como para ponerme a ver si es de tu
familia o no.
-
Así que el buen George eh, ¿cómo
esta Albert?.
-
Pues no se si bien o mal,
aunque creo que bien, ayer por fin despertó, pero al parecer no recuerda el
ataque que sufrieron, dentro de todo lo malo, al menos ha recuperado su
memoria.
-
Me gustaría saludarlo, pero
después, tenemos otras cosas que ver por el momento.
Llegaron al hotel y subieron a la habitación, Stear abrió
su equipaje y saco una indumentaria igual de extraña que la que llevaba al
arribar a Chicago, entró al cuarto de baño y salió de ahí luciendo una
apariencia completamente diferente, posteriormente bajo al restaurante donde lo
aguardaba su amigo.
-
Espero que esto me sirva,
no encontré nada más apropiado en tu armario.
-
El cambio es muy bueno,
pero no entiendo el motivo para que te ocultes, después de todo Candy es de tu
familia.
-
Precisamente por eso, no
quiero arriesgar a nadie más, pero sobre todo, no quiero que sepan que estoy
aquí, no estoy preparado para ver a la tía abuela todavía, no sé como haya
tomado las cosas.
-
He ordenado el almuerzo por
ti.
-
Gracias.
Los jóvenes se quedaron de pronto sumergidos en un
profundo silencio, tenían mucho que decir y preguntar, más sin embargo las
palabras parecían haberse atorado en sus gargantas, el mesero llegó con los
alimentos y los degustaron en el mismo silencio. Al terminar les sirvieron un
poco más de café, iban apenas a iniciar la conversación cuando fueron
interrumpidos por un mesero.
-
Disculpe, ¿señor
Granchester?
-
Sí, que se le ofrece.
-
Tiene una llamada en la
recepción.
-
¿Dijeron de parte de quién?
-
No señor, solo pidieron
hablar con usted.
El joven titubeó un poco, pero se levantó y caminó con
paso lento, las manos le temblaban inexplicablemente, tomo el auricular.
רררררר
George se levantó temprano, luego de haber arribado a la mansión
muy entrada la noche, apenas y pudo descansar un poco, había desayunado con
rapidez y se disponía a salir cuando una voz lo detuvo, giro su cuerpo y
haciendo una reverencia saludo a la dueña de aquella voz.
-
Espero que no tenga
demasiada prisa George, tenemos cosas de que hablar.
La voz de la tía abuela
Elroy sonaba fuerte pero no con la arrogancia y frialdad que la caracterizaban.
-
Madame, buenos días, estoy
a sus órdenes.
George sabía que no podía seguir callando la situación,
afortunadamente Albert se encontraba fuera de peligro, aunque todavía faltaba
conocer el paradero de Candy.
-
Acompáñeme a la biblioteca,
ahí podremos hablar sin interrupciones.
-
Por supuesto, permítame
ayudarle.
El administrador ofreció su brazo a la mujer y caminaron,
a cada paso, él podía percibir la falta de energía de su acompañante, no sabía a
ciencia cierta como se encontraba de salud, pero moriría antes que causarle
problemas mayores.
-
Dígame George, ¿sabe usted
si Candice ha regresado?
-
No señora, la señorita
Andrew sigue fuera de la ciudad.
-
Ya veo, pasan los días y
ella no ha venido a cumplir con su visita, quisiera saber donde se encuentra,
me gustaría ir donde ella, también deseo ver a William.
-
Sobre eso quería hablarle
precisamente.
George se acomodaba en el sillón frente a la anciana, tratando
de encontrar las palabras exactas para decirle la situación del joven heredero
de la familia, sin mencionar la realidad y gravedad de la situación que estaban
viviendo por el secuestro de Candy. Sus pensamientos fueron interrumpidos
oportunamente por Archie, quien después de anunciarse entró, saludando cortésmente
a su abuela, se mantuvo de pie, a su lado, sosteniendo la arrugada mano entre
las suyas, pero aquello sólo logró que la anciana se inquietara y se pusiera
nerviosa.
Los dos caballeros se miraron y con un asentimiento de
cabeza por parte del más joven, George se animo a comenzar la platica, a
sabiendas de que no era el momento oportuno para que Archie se enterara de la
identidad de Albert, pero necesitaba ese apoyo, sólo no podría aminorar la
preocupación de la anciana.
-
Madame, antes que nada, debo
pedirle una disculpa por haber mantenido en silencio lo que ocurre con Albert,
no tiene nada de que preocuparse por el momento, afortunadamente él se
encuentra estable y fuera de peligro.
-
Hable claro George, no hace
más que inquietarme, ¿qué ha sucedido con William?
-
Abuela – intervino Archie –
no se enfade, si lo hicimos de este modo, fue precisamente por esperar a que su
salud se viera más recuperada.
Archie habló sin percatarse de cómo se había referido la
mujer a quien él conocía simplemente como Albert.
-
Madame Elroy, Albert sufrió
un accidente.
El rostro de la anciana palideció de golpe, Archie se
preocupó y la abrazó intentando que sintiera apoyo de su parte. George en
cambio seguía pensando en algo lógico que no alertara a la anciana de que aquello
no era todo.
-
Fue asaltado y herido al
salir del apartamento, ha estado hospitalizado, pero afortunadamente se
encuentra fuera de peligro, ayer por fin despertó. En este momento me dirigía
al hospital.
-
Herido... por eso esta
incertidumbre, por eso este mal presentimiento – dijo la mujer al tiempo que de
sus ojos cansados brotaban lágrimas de tristeza, de preocupación - ¿cómo sucedió
todo esto?, ¿Candy lo sabe?
George esperaba la
pregunta y tras tomarse unos segundos respondió.
-
No, la señorita no se encontraba
en la ciudad, había salido por la mañana, esto sucedió en la noche, no he creído
oportuno avisarle.
-
Debió buscarla, debe tener
la misma preocupación que yo.
-
No creo que sea posible, originalmente
ella sólo iría al Hogar de Pony, pero ha tenido que realizar algunas
diligencias por parte del hospital donde labora – mintió George, lamentándose
por aquella acción de su parte, pero con la convicción de estar haciendo lo
correcto.
-
Quiero verlo – dijo la
anciana recuperando de pronto su aplomo y levantándose del sillón – lléveme en
este instante al hospital George.
-
Pero abuela, su salud no ha
estado bien, debería esperar un poco, en cuanto lo trasladen al apartamento de
Candy podrá visitarlos, no creo que...
-
Silencio Archie, dije que
quiero verlo y eso mismo haré, en cuanto a su traslado a otro lugar, si William
debe estar en algún lado, eso será aquí en su casa.
Archie de pronto se quedó pensando, William, sí, así se
había referido la tía abuela a Albert, pero, ¿por qué?, todo se complicaba en
su mente, primero la preocupación excesiva de parte del administrador y ahora
la exaltación de la abuela, en silencio se dispuso a partir acompañándolos,
prefirió no preguntar, después de todo, él también le estaba ocultando cosas.
רררררר
La ronda en el hospital había iniciado de forma
rutinaria, Faby, la enfermera encargada del área donde se encontraba Albert,
estaba acomodando los expedientes sobre el carro que transportaba los
alimentos, revisaba la dieta de cada paciente, pues siendo una gran
responsabilidad, no podía cometer errores. Su concentración de pronto fue
interrumpida por un grito...
-
Candyyyyyyyy.... Candyyyyyyyy....
Albert llamaba insistentemente a la joven rubia, se movía
desesperado sobre la cama y no lograba despertar, Faby entró apresurada y llamó
al médico de guardia, entre los dos intentaban tranquilizarlo, en un último
grito Albert despertó azorado, sudando y buscando con la mirada a la rubia, se
topó con la dulce mirada de Faby quien le sonreía a manera de calmarlo.
-
Todo esta bien, no se
preocupe, fue una pesadilla.
Albert no entendía, las imágenes de los hombres que los
atacaban se repetían una y otra vez, todo era confuso, pero estaba seguro de
que había sido real, volteó con el doctor y lo tomó de la bata.
-
Dígame donde esta Candy,
por favor.
-
Señor, cálmese por favor.
-
No puedo, dígame que sucedió,
¿por qué no esta aquí ella?, ¿fue herida?, ¿en donde está?
-
Esa información no puedo
proporcionársela, porque no dispongo de ella, en cuanto llegue el Sr. Johnson
podrá preguntárselo, por el momento, mi deber es ver que usted este bien, en un
momento más vendrá el doctor que se hizo cargo de atenderlo desde el principio.
El joven se dejo caer con pesadez sobre la almohada, cerró
sus ojos e inevitablemente las lágrimas afloraron, se sentía desesperado, no
sabía que pensar, pero la incertidumbre lo agobiaba sobre manera.
רררררר
El ruido de una puerta que se abría rompió el silencio
que imperaba en aquella oscura habitación, con precaución una sombra se deslizo
hasta llegar al pie de la gran cama, con una mirada difícil de definir
observaba a quien yacía en el lecho. Pacientemente aguardo por varios minutos
hasta cerciorarse de que realmente dormía, la respiración regulada le indicaba
que se encontraba abandonada en el país de los sueños, con el mismo sigilo con
que había entrado, se aventuró a acercarse aún más a ella, se sentía atraído
por un imán.
La rubia cabellera dispersa sobre la almohada le daba un
aire sensual, sin duda alguna la joven era hermosa, su blanca piel y esos ojos
verde esmeralda lo habían hechizado irremediablemente, quizá en otro tiempo
hubiese podido pretender ser el dueño de su mirada. Ahora, las cosas no podían
ser de otra forma, ella era su rehén y tendría que conformarse con dejarla ir
toda vez que cumplieran su objetivo.
Si en algún momento, la idea de deshacerse de ella había
llenado su cabeza, se había esfumado al ver la decisión con que aquella chica
se le enfrentaba aún a sabiendas de que podían lastimarla, aquella frágil criatura
era capaz de soportar su presencia por el simple hecho de evitarle dolor a
alguien más, en verdad era extraordinaria. Claro, el motivo era válido, al
menos eso le había demostrado ella, amaba a ese hombre, tanto, que su sola
mención la había hecho aceptar curarse la herida.
Ahora entendía el odio irracional que le profesaba su
socio, no podría encontrar mujer igual en todo el mundo que se acercara a la
belleza y espíritu de aquella a quien ahora contemplaba. Un poco más, sólo se
permitiría rozar aquellos rizos, en breve las cosas cambiarían y sabía que jamás
podría volver a tenerla como ahora. La mano le temblaba al tiempo que la
deslizaba sobre la dorada cabellera, pero no se conformo con eso, posó su mano sobre
la blanca frente.
La joven, al sentir el cálido contacto se movió, de sus
labios entonces broto un nombre, apenas audible, pero él no quiso escuchar más,
no podía permitir el verse tan vulnerable ante ella. Así como entró, salió de
aquella habitación, sintiéndose un intruso, como si el simple hecho de haberla
secuestrado no fuera suficiente, ahora se enfrentaba a sí mismo.
Si hubiera permanecido un par de minutos más, hubiese
podido escuchar con claridad, como la joven volvía a repetir el mismo nombre,
pero de forma más audible.
-
Albert... Albert...
Llamaba Candy a su amado, sumergida en aquel sueño, podía
verle sonreír, por eso no gritaba, por eso no había despertado, porque Dios le
enviaba aquellas imágenes, para darle la fuerza necesaria para soportar lo que
vendría.
רררררר
Un tren proveniente de Indiana anunciaba su llegada, el
silbato alertó a la gente, que se arremolino en espera de conocidos, algunos
otros para abordar. El tren se detuvo, personas bajaban con alegría en sus
rostros, otros más con la prisa de llegar a una importante cita, pero entre
todos ellos, había un caballero que descendía con lentitud, observando a su
alrededor.
-
¿Qué esperabas, qué te
vinieran a recibir?. Por Dios Richard, nadie sabe que estás aquí, nadie te
espera.
Hablaba para sí, movió su cabeza intentando identificar
algún rostro conocido, más por costumbre que por esperar encontrar a alguien,
nadie, sólo su fiel acompañante que esperaba la siguiente orden con las valijas
en la mano. Paseo la vista una vez más, a lo lejos, un joven recibía a quien
sin duda era su padre, el cariño expresado a través de un abrazo le llegó a lo
más profundo de su ser.
-
Pensar que así pudieron ser
las cosas entre mi hijo y yo.
Lanzo un suspiro
resignado, se colocó su elegante sombrero y dirigiéndose a Jean le dijo.
-
Consigue un auto de
alquiler, iremos a la mansión de la familia Andrew.
Jean salió presuroso para atender el mandato de su patrón,
regresó en pocos segundos para salir de la estación acompañado del Duque D.
Granchester.
רררררר
La paciencia no era algo que identificara a aquel joven
de cabellos castaños, la voz del otro lado del auricular sólo le había indicado
que esperara diez minutos ahí, que recibiría otra llamada. No le dieron tiempo
de preguntar nada, apenas había levantado la bocina, escucho el mensaje y
colgaron.
En sólo unos minutos había consumido dos cigarrillos, la
desesperación estaba haciendo presa de él, por fortuna, a su lado llegó Stear,
quien se inquietara al no verlo regresar. Encontrándolo en una pequeña sala,
misma que le proporcionaron para que atendiera la llamada sin ser molestado.
-
¿Qué sucede?
-
No lo sé, me dijeron que si
quería saber sobre mi amada rubia, esperara otra llamada en diez minutos, llevo
quince esperando y no llaman – respondió Terry visiblemente molesto y nervioso.
-
No entiendo....
La voz de Stear fue
interrumpida por el timbre del teléfono.
-
Son ellos.
Dijo Terry en un grito ahogado, la mano temblaba, le
pareció eterno el tiempo transcurrido entre el primer y segundo timbre. Había
hecho lo que le pidieran, esperó al tercer timbre y levanto la bocina.
-
¿Te hice esperar mucho?
La voz del otro lado
hablaba con cinismo, pero él no tenía tiempo de entrar en su juego.
-
¿Dónde esta Candy?, ¿qué le
han hecho?
Terry hablaba intentando dominar sus ansias, pero
resultaba infructuoso, la ira y desesperación hacían mella en él.
-
Eso lo verás con tus
propios ojos, no me creerías si te digo que esta bien, escucha con atención y
no me interrumpas.
El joven sentía que
explotaría, pero haciendo un último esfuerzo afirmo.
-
De acuerdo, ¿qué es lo que
quieren?
-
Te quiero a ti.
Dijo sin más aquella voz, el moreno contuvo la respiración
pero no dijo más, siguió sosteniendo el auricular, pero tuvo que sentarse, de
pronto sentía que las fuerzas lo abandonaban.
-
Mira actor de quinta, lo
que quiero, sólo podrás dármelo si vienes a mi encuentro, el cómo hacerlo es
problema tuyo, tendrás que deshacerte de la escolta que te vigila.
-
¡Maldita sea!, yo no tengo
ninguna escolta – grito Terry levantándose de su asiento.
-
NO me mientas, te estoy
vigilando, la honorable familia de tu amada tiene un auto escoltandote, si
cometes alguna estupidez, tu amiga pagará las consecuencias, no avises a la
policía, aunque sería en vano, en todo este tiempo no han podido encontrar
nada. En fin, recibirás un sobre indicándote como llegar hasta aquí, justo en
este momento.
Cómo si de un sueño se tratara, a través del cristal de
la puerta, pudo distinguir la imagen de uno de los botones dirigiéndose ahí,
tras anunciarse, entró con un sobre en las manos.
-
Disculpe la interrupción,
pero me indicaron que usted esperaba este sobre con urgencia.
Terry asintió con un movimiento de cabeza y el sobre
estuvo en sus manos, Stear no entendía la situación, solo acertó a sacar un par de billetes, mismos que
entregó al chico, quien salió sintiéndose más que satisfecho por la propina y
por haber hecho bien su trabajo.
-
Tengo el sobre, ¿qué debo
hacer? – dijo a su interlocutor del otro lado del auricular.
-
Dentro encontrarás un mapa,
no te será difícil llegar a donde nos encontramos, no seas idiota ni quieras
jugar al héroe, te estaré esperando a las cinco de la tarde en punto, espero la
puntualidad siga distinguiéndote como un inglés, aunque dudo mucho que en el
ambiente en el que te desenvuelves no te haya contaminado ya.
-
Quiero saber sobre Candy.
Una carcajada resonó en
sus oídos y temió lo peor, pero la voz volvió a hablarle.
-
Sólo te diré que esta viva,
aún... de ti depende su integridad, sin trucos, te espero a ti solo, hasta la
tarde.
-
Espere...
Demasiado tarde, colgaron, dejándolo confundido, sin
acertar a hacer algún movimiento, pero al fin confirmaba sus sospechas, la habían
secuestrado por su culpa, ahora sólo quedaba hacer todo por rescatarla.
Las horas se le harían una eternidad, las nueve indicaba
el reloj, aún faltaba demasiado tiempo para poder ir en busca de su pequeña
pecosa...
-
Tiempo... quisiera que
avanzaras con rapidez y me llevaras cual hoja en el viento a su encuentro....
Terry se desplomó sobre el sillón, cerró los ojos y apretó
contra su pecho aquel sobre, por fin noticias, por fin algo que le indicara el
camino que lo llevaría a ella....
Lo que le esperaba al llegar a la cita, poco importaba,
el simple hecho de poder contemplarla una vez más, le llenaba de esperanzar el corazón,
mismo que le gritaba que ella estaba bien, pero la agonía no disminuía, todo lo
contrario... los minutos seguían
avanzando....
Continuara....
Dudas, quejas, reclamos:
[email protected], [email protected]
-
Lily
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