Siempre Unidos
Por: Lily Ramírez.

La vida no siempre es color de
rosa, la felicidad completa no existe, los caminos se bifurcan y las situaciones
complicadas nos fortalecen...
Capítulo VIII
“Incertidumbre”
.
Las horas en los hospitales
pueden ser una agonía no sólo para los internos, sino para los familiares,
sobre todo cuando no se sabe a ciencia cierta lo que ha sucedido.
Varios médicos en diferentes
circunstancias atendían a dos heridos de bala, ambos rubios, diferentes
heridas, conectados tan íntimamente y tan alejados el uno del otro.
-
Esperemos que no haya
tocado órgano alguno, de lo contrario no aseguro la vida del joven – se escuchó
en la sala de operaciones.
Horas tardaron en cirugía,
extrayendo la bala que se había alojado en las costillas del joven, cuidando
cada movimiento, mientras que el sudor perlaba sus frentes, mucha sangre había
perdido y necesitaban de una transfusión urgente, pero no encontraban el tipo
que necesitaban.
-
Sr. Johnson, necesitamos
una transfusión urgente, consiga un donante.
-
Tomen la mía, por favor –
se escucho la voz de Archie en el pasillo.
-
Pase con la señorita,
esperemos que corresponda al tipo del joven.
George se paseaba de un lado a
otro, con un mal presentimiento y por primera vez en su vida, sin saber que
hacer, él, que siempre tenía algo que hacer en los momentos difíciles no sabía
como actuar, por un lado estaba Albert, por el otro Candy, aún más, le faltaba
comunicarle a la tía abuela lo sucedido, sentía una loza pesada en su espalda y
no se sentía con fuerzas para soportar su peso.
-
George, ¿qué pasara ahora?
-
Lo primero es
tranquilizarnos Srita. Britter, debería ir a descansar.
-
No puedo, se llevaron a
Candy y no sabemos si Albert se salvará.
-
Por supuesto que se
salvará, de eso no le quepa duda – lo dijo más para convencerse a sí mismo que
a la joven.
-
¿Por que hace todo esto
George?
-
Porque la Srita. Candy es
una Andrew y esta a mi cuidado.
-
Entiendo, ahí viene Archie.
-
¿Qué pasó señor?
-
Afortunadamente somos del
mismo grupo sanguíneo, espero que se recupere.
-
Me alegro mucho.
-
George, ¿qué vamos a
hacer?.
-
No se preocupe señor, la policía
ya la esta buscando, pero por seguridad no deben andar solos en la calle, una
escolta se encargará de llevarlos, además, deberán permanecer en un lugar fijo,
le agradecería que fuera a la mansión y viera que madame Elroy se encuentra
bien.
-
Cuente con eso George, debo
decirle a los señores Britter sobre lo ocurrido.
-
Será mejor que lo maneje
como un asalto, no debe saberse que la señorita Candy se encuentra secuestrada.
Es muy importante que nadie sepa lo ocurrido, los médicos nos ayudarán, por ese
lado no hay problema, saldrán por la puerta trasera del hospital, hay
reporteros en la entrada en busca de noticias.
-
Gracias pro todo George,
volveré más tarde.
רררררר
En una habitación de pésimas
condiciones una chica rubia de hermosos ojos verdes despertaba de la anestesia,
no reconocía nada a su alrededor, apenas una pequeña lámpara de aceite daba luz
en una esquina, intento levantarse pero un fuerte mareo la hizo caer de nuevo
desmayada.
-
Parece que ha despertado.
-
Será mejor que llamemos al
doctorsete ese.
-
No, mejor esperemos un poco
más, al parecer se desmayo.
-
¿Y si se muere?
-
¿Estas loco? El jefe nos
mataría, fuiste un imbécil, no tenías que haberle disparado a ella.
-
Yo no tengo la culpa, pensé
que sería mas sencillo, el tiro era para el chico, no pensé que se atravesara
esta hermosura.
-
Ruega porque se recupere
pronto, deberíamos estar rumbo a Nueva York, menos mal que el jefe a última
hora cambió los planes sino en buen lío nos habrías metido.
-
¡Bah!, no fue la gran cosa.
-
Por tu bien, que así sea.
רררררר
La abuela Elroy había pasado una noche terrible, tenía un
mal presentimiento y la opresión en su pecho no desaparecía, se había
despertado llamando a su querido nieto, su doncella intentaba tranquilizarla
diciéndole que había sido solo un mal sueño, pero ella no lograba quitarse los
malos augurios que desde el fondo de su corazón le lastimaban.
-
Dile a George que necesito
que venga, rápido.
-
El señor George no llegó
debe haberse quedado en Chicago, no creo que llegue en todo el día.
-
Localízalo, es urgente que
lo vea.
-
Sí señora, trataré de
hacerlo.
Mary salió a buscar un mensajero, la abuela empezó a
rezar, no sabía lo que sucedía pero algo no estaba bien, lágrimas resbalaban
por sus mejillas mientras las plegarias salían sin cesar de sus labios, pedía
al cielo que todo estuviera bien, pero en el fondo sabía que se engañaba,
muchas horas de angustia le esperaban y ni siquiera tendría respuestas para
ello.
רררררר
Los primeros rayos del sol
alumbraban aquella habitación de hotel, un joven malhumorado se levantaba a
abrir la puerta de su habitación.
-
Vaya hora de molestar.
-
Sr. Granchester, tiene una
llamada en espera.
-
En un momento atiendo,
gracias, ¿Una llamada?, quizá sea mi madre – dicho esto se dirigió al buró y
tomo el auricular – Diga.
-
Sr. Granchester, que bueno
que pudimos localizarlo.
-
¿Quién llama?
-
Habla George Johnson, de
Chicago.
-
¿Qué sucede, en qué le
puedo servir?
-
Se trata de la señorita
Candice, ha sido secuestrada y no supe a quien más recurrir.
-
¿Cómo que secuestrada?,
¿Dónde esta Albert?, ¿Qué sucedió?
-
Él fue herido y fue
internado en el hospital St. Patrick, no puedo decirle nada más por ahora.
-
Entiendo, salgo de
inmediato para Chicago.
-
Le agradezco mucho señor,
perdone la molestia.
Terry colgó el teléfono sin
poder creer lo que había escuchado del otro lado de la línea, estaba
completamente pálido, se apresuró a vestirse para salir en el primer tren que
encontrara. Dejó una nota para Robert en la recepción y partió a la estación, compró boletos para disponer de un compartimiento
para el solo, sumido como estaba en sus pensamientos no se percato cuando el
hombre del servicio entró al no recibir respuesta.
-
¿Se encuentra bien señor?
-
Sí, en que puedo ayudarle.
-
No señor, yo vengo a ver si
necesita algo, puedo traerle los alimentos aquí, es la hora del almuerzo y es
mi deber atender a los pasajeros.
-
En ese caso tráigame un
poco de café y algo ligero para almorzar.
-
Si señor, con permiso.
El joven abandonó el lugar
para volver minutos más tarde con el almuerzo, saliendo de inmediato para
seguir con sus labores.
-
¿Dónde estarás pequeña?,
¿Quién habrá tenido la osadía de llevarte? – se preguntaba en voz alta mientras
observaba a través de la ventanilla.
“Dios
mío, se que he estado alejado de ti, pero escúchame, te lo suplico, protégela
de la maldad de la gente, si quieres mi vida a cambio de la suy,a tómala, pues
sin ella no existo, tienes muchos ángeles contigo, no necesitas uno más, no
ahora, cuídala.”
Sumido en sus oraciones
continuo su viaje, apenas y probando aquellos alimentos.
רררררר
En la gran manzana los días
seguían su curso habitual, un joven de cabellos castaños y linda sonrisa
conducía hacia la universidad, ese día tenía un examen muy importante y pondría
todo para sacar buenas notas, de eso dependía la obtención de una beca, se
había levantado con buenos ánimos pero conforme el día pasaba una fuerte
sensación de desasosiego lo invadía, llegó a la cafetería para degustar un
café, posteriormente fue al aula.
-
Buenos días Henry.
-
Buenos días Stear, oye que
cara, ¿no dormiste bien?
-
Si, pero me preocupa el
examen, será el más difícil hasta hoy.
-
Nada que no puedas
responder, he notado la facilidad que tienes para entender a los maestros.
-
La fuerza de la costumbre,
en el colegio siempre me exigían altas notas, así que no es nada
extraordinario.
-
Uf, pues lo que yo daría
por tener un poquito de pegamento en el cerebro.
-
No digas esas cosas, yo se
que para ti también es fácil, ¿cómo esta tu madre?
-
Un poco mejor, pero sigue
con el tratamiento, quizá hasta la vuelvan a internar.
-
Mira, tengo un poco de
dinero ahorrado, así que toma esto y si necesitas más no dudes en decirme.
-
Gracias Stear, pero ya te
debo demasiado.
-
No me debes nada, dale
saludos a tu madre de mi parte, luego la iré a visitar.
-
Seguro, siempre y cuando no
le lleves uno de esos inventos raros que acostumbras.
-
Bah, no sabes apreciar el
arte.
-
El arte sí, pero los
desperfectos siempre termino arreglándolos yo.
-
Bueno, nos vemos, el
maestro ya no debe tardar, por cierto, dile a tu madre que se mejore, quiero
probar de nuevo ese delicioso estofado.
-
Por supuesto, siempre que
no cocines la ensalada.
Se despidieron entre risas y
cada uno se fue a hacer sus cosas, Henry era un chico muy agradable, formaba
parte del personal de limpieza, por las noches tomaba clases de música, había
conocido a Stear por casualidad, cuando iba saliendo de la biblioteca con
varios libros en sus brazos, chocaron y el joven Cornwell le había invitado una
taza de café al terminar su turno para disculparse; habían charlado largamente,
fue entonces que le contó sobre su familia, hijo único de una pareja de
irlandeses, habían venido a probar suerte a Estados Unidos, lamentablemente su
padre había muerto en un accidente de trabajo y su madre había enfermado un
tiempo después, Stear lo admiro por aferrarse a sus sueños y no dejar que lo
venciera la adversidad, desde entonces mantenían una bonita amistad.
El examen duró una hora y
media, al salir quiso irse con dirección al teatro a trabajar, iba con buen
tiempo, además contaba con el auto de Terry, por lo que decidió desviarse y
pasar por el departamento para ver si no tenía mensaje alguno, el desasosiego
volvió a hacerse presente pero con mayor intensidad, sentía la necesidad
urgente de hablar con su hermano, saber si todo estaba bien.
-
Debe ser melancolía, hace
tanto tiempo que no nos vemos, espero que se encuentren bien, no puedo llamar
todavía, porque de seguro la tía Elroy vendría de inmediato por mí para
llevarme de vuelta, debo ser fuerte y confiar en Dios, todo estará bien.
Con ese pensamiento terminó de
acomodar sus libros y descansar un poco, faltaba poco para que se fuera a su
trabajo, pero un llamado en la puerta lo interrumpió de sus sueños.
-
¿Quien es?
-
Busco a Terruce Granchester
– se escuchó detrás de la puerta.
-
No se encuentra – el joven
entonces abrió y pudo observar con detenimiento aquel rostro – Duque de
Granchester, yo, lo siento señor, pase.
-
Buenas tardes, he venido a
buscar a mi hijo.
-
Lamento que haya venido en
mal momento señor, Terry se encuentra de gira y falta un poco todavía para que
regrese, ¿puedo ofrecerle algo?
-
No quisiera molestar.
-
No es molestia, permítame.
¿Café o whiskey?.
-
Whiskey esta bien, tu sabes
donde podría localizarlo.
-
Pues tengo su itinerario
por alguna parte, pero si mi memoria no me traiciona hoy se encuentra en Indiana,
harían varias presentaciones en el estado, así que si le urge puede usted
alcanzarlo allá, pero sino, puede irse con mas tiempo y verlo en Pittsburg, la
compañía se desplazaría el lunes por la mañana para presentarse el miércoles.
-
Te agradezco mucho, dime,
¿ha venido alguien más a buscarlo?
-
No señor, a menos no que yo sepa, verá, yo estudio por las mañanas
y en la noche trabajo en el teatro, además, poca gente sabe que aquí vive, no
lo creo señor, por cierto, ¿cómo supo la dirección?.
-
Eso no importa ahora. Tengo
la impresión de que te conozco.
-
Bueno señor, quizá me este
confundiendo, nunca había tenido el gusto de verlo.
-
Tienes razón, pero bueno,
no te entretengo hijo, debo partir a Indiana cuanto antes.
-
Señor.
-
Sí.
-
¿Puedo ayudarlo en algo?
-
No muchacho, esto es algo
que debo resolver personalmente, gracias por el trago.
El duque salió apresuradamente
y abordó su auto, momentos después Stear hizo lo propio y partió a trabajar.
Pero en su mente se formulaba muchas preguntas del porque la presencia del
duque en el apartamento, sobre todo, la urgencia que quiso disfrazar por hablar
con su amigo.
רררררר
Candy comenzaba a reaccionar,
trataba de mover sus brazos pero el derecho no le respondía bien, le dolía
sobremanera, lentamente abrió los ojos y empezó a acostumbrarse a la escasa luz
que iluminaba el lugar, giro su cabeza hacia un lado y hacia otro tratando de
reconocer el sitio donde se encontraba, estaba sola, aún no alcanzaba a
comprender que había sucedido, pero de repente las imágenes pasaron ante sus
ojos, se veía en medio de unos desconocidos y Albert.
-
Albert,
Aaaaaaaaaaaaaaaalbert – grito de pronto haciendo que su vigilante entrara
precipitadamente al cuarto.
-
Al fin despiertas muchacha.
-
¿Qué me sucedió?, ¿Dónde
estoy?, ¿Dónde esta Albert?
-
Te dispararon, fuiste
herida en el hombro derecho y te desmayaste de la impresión, donde estas, el
lugar no importa, en cuanto al tipo que mencionas, lo mas seguro es que este en
el otro mundo.
-
No, no es cierto, usted
miente, usted miente, ¿por qué?
Las lágrimas comenzaron a
brotar sin control, el hombre permaneció impávido, ajeno al dolor de la joven,
salió y regresó con una bandeja en las manos, ella no lo aceptaba, aquello era
una mentira, seguro que era eso y aferrándose a esa idea intento controlarse.
-
Será mejor que comas algo.
-
No tengo hambre.
-
Como quieras, sólo que no
podrás reponerte pronto si no comes.
El hombre salió de nuevo
dejando la bandeja sobre una mesa, con mucho trabajo Candy logro levantarse y
acercarse a comer, la verdad era que no podía digerir nada, pero una idea se
iba fijando en su mente, y eso era, tratar de salir de ahí a como diera lugar,
al principio derramo comida sobre la bandeja, pues siendo diestra le resultaba
complicado comer con la izquierda, no quería llorar, pero la idea de que las
palabras de aquel hombre fueran ciertas inevitablemente llenaba de lagrimas sus
ojos.
Supo entonces que no podía
comer aunque quisiera, tomo el jugo que le habían llevado y permaneció sentada,
llorando en silencio, la puerta a sus espaldas se abrió de golpe y un joven
entro.
-
Me alegro que hayas
despertado, lamento que hayas sido tratada de esta forma, pero no tuve otra
salida.
-
¿Qué quiere de mi?, no
tengo dinero, no soy importante.
-
Tranquila preciosa, todo a
su tiempo, ciertamente, de ti no quiero nada, aunque quien sabe, quizá un poco
de diversión no nos caería mal para conocernos un poco.
-
No me toque, auch – se
dolió al tiempo que apartaba de su rostro aquella mano.
-
No seas tonta, si cooperas
podemos pasarla excelente, ahora que si te portas bien y haces todo lo que yo
te indique, nadie saldrá lastimado.
-
¿Cómo esta Albert?, ¿en
dónde esta?
-
No lo sé, ni siquiera sé de
quien me hablas, pero no me interesa, en este momento tengo cosas más
importantes que hacer, me encantaría llevarte a un lugar más de acuerdo a tu
hermosura, pero, no es conveniente todavía.
-
Déjeme ir, prometo no ir a
la policía, pero déjeme ir.
-
Imposible lindura, por si
no te has dado cuenta, te encuentras en una especie de secuestro.
-
Pero yo no tengo dinero, ya
se lo he dicho.
-
Tú quizá no, pero tu
familia si, mucho dinero, pero no sé, no he decidido la cantidad, porque
viéndote bien, no sé que hará el jefe cuando te vea.
-
¿Cuál jefe?
-
Eso es irrelevante, será
mejor que descanses, el día será muy largo.
El joven salió así como entro,
en ningún momento pudo verse su rostro debido a la escasa iluminación,
enseguida un médico entró.
-
Veamos como sigue esa
herida, ¿me permite?.
-
Ayúdeme por favor, me han
secuestrado, se lo pido por el amor de Dios.
-
Lo siento jovencita, pero
mi labor únicamente es atenderla, agradezca que no la dejaron desangrarse.
-
¿Fue muy grave la herida?.
-
Afortunadamente la bala
entro y salió sin lastimar hueso alguno, en un par de semanas se pondrá bien.
-
Pero yo no tengo dos
semanas, quiero irme ya.
El doctor cambió el vendaje,
dejo algunos medicamentos sin decir media palabra más y abandonó el lugar,
asegurándose de sedarla fuertemente para que no se diera cuenta de lo que
pasaba. El día continuó su marcha.
רררררר
Archie llegó a la mansión y se dirigió a su habitación,
tomo un baño e intentó descansar un poco, pero le fue imposible, el desasosiego
lo había invadido nuevamente y no tenía ninguna explicación lógica a lo que
estaba sucediendo.
-
Si supieras lo que esta ocurriendo
Stear, ¿tú que harías?, lo primero sin duda sería salir a buscarla a las
calles, tal como lo hicimos cuando supimos de aquel falso secuestro cuando era
más pequeña. Pero ya no es lo mismo, en esta ocasión no tenemos idea de donde
esta, ni siquiera la certeza de que sigue en Chicago. ¡Dios! Donde quiera que
se encuentre, protégela, no permitas que la lastimen,
Tan sumido se encontraba en
sus pensamientos que no notó la presencia de Dorothy, la joven le indicó que la
tía abuela lo esperaba en su habitación, así mismo le comento sobre su estado
de salud, lo puso en antecedentes de lo ocurrido en esas últimas horas, él se
dirigió entonces donde su abuela y antes de entrar respiro profundo, no sería
sencillo ocultar lo que pasaba.
-
Tía abuela, buenas tardes,
¿cómo esta?
-
Buenas tardes hijo, pasa.
¿Qué esta sucediendo Archie?
-
No la entiendo tía, es usted
quien no se encuentra bien.
-
No respondiste a mi
pregunta, dime porque no estuviste anoche aquí, no creo que la familia Britter
te haya permitido pasar la noche en su casa.
-
No, por supuesto que no
pase la noche con la familia Britter, estuve en la mansión de Chicago... en la
casita del árbol, sabe, he extrañado mucho a Stear y quise recordar nuestra
infancia pasando la noche ahí, sí, así fue – fue la improvisada respuesta que
elaboro, no esperaba que la abuela lo cuestionara, se sentía mal al mentirle
pero así lo había pedido George.
-
Te entiendo hijo, pero
sabes, no sé porque no creo lo que dices.
-
Abuela, no diga esas cosas,
usted no se ve muy bien, vamos, tiene que descansar.
-
No, yo estoy bien, necesito
que me lleves al departamento de Candice, quiero hablar con ella – la anciana
no percibió la palidez en el rostro de su sobrino cuando hizo su petición.
-
Pero tía abuela, ella no
esta ahí en estos momentos, recuerde que quedo en venir el lunes, no sea
impaciente, además usted sabe que Chicago no esta a media hora de camino, nos
llevamos mas tiempo en el auto.
-
Tienes razón, pero es que
tengo un mal presentimiento, por favor hijo, llévame, quiero conocer al joven
que vive con ella.
Archie no sabía que responder,
primero que nada porque de llevarla sabría lo ocurrido y encima de todo, la
palidez y notable nerviosismo en la anciana lo alertó de que seguía mal.
-
Tía abuela, creo que lo que
necesita primero es descansar, tendrá mucho tiempo para platicar con ellos después,
vamos, luce usted demasiado pálida.
-
Esta bien hijo, pero si yo
no puedo salir, pídele al menos a ella que venga a visitarme, tenemos una
plática pendiente y no quiero esperar demasiado tiempo.
-
No será posible abuela, le
repito, ella no se encuentra en la ciudad, salió a visitar el hogar de Pony,
Albert la acompañaría – el joven se había acercado a cerrar las cortinas de la habitación
para que la anciana pudiera dormir.
-
Esta bien, esperaré hasta
el lunes. Sólo avísale que la veré en Chicago, mañana salgo a primera hora a la
mansión.
-
Mire, ha llegado el médico,
iré a recibirlo.
Tras decir esto, depositó un
suave beso en la arrugada frente de su querida abuela y salió a recibir al
doctor. La noche estaba próxima a llegar.
רררררר
En el hospital St. Patrick un
joven de rubios cabellos se encontraba delirando, sudaba copiosamente y se
movía con desesperación sobre su cama, la enfermera llamó de inmediato al
médico y este inyecto un tranquilizante en el suero, después de un rato Albert
dejo de moverse, pero la temperatura no cedía y eso le preocupaba al médico.
-
Señor Johnson, no podemos
hacer más, hay que esperar que pasen otras 24 horas a ver como reacciona, lo
preocupante es la fiebre, no desaparece y ya hemos hecho todo lo que esta en
nuestras manos.
-
Lo entiendo doctor McKlein,
le agradezco sus atenciones, sobre todo su discreción.
-
Con su permiso, sería bueno
que la familia viniera.
-
Por el momento es
imposible.
-
En ese caso, sigamos
esperando, con permiso.
El doctor regresó a la sala de
operaciones, dejando tras de sí a un acongojado George, aún no sabía nada sobre
el paradero de Candy, sus investigadores y gente de la policía se encontraban
peinando la zona en busca de rastro alguno pero los datos proporcionados por
los jóvenes testigos eran muy pocos, aún así hacían lo que podían.
El tiempo avanzaba lentamente,
las horas parecían detenerse, el estado de Albert era el mismo y George de
momentos sentía que la angustia lo dominaba, había fumado demasiado, el café ya
no lograba que se tranquilizara, jamás se perdonaría si a aquellos jóvenes les
pasaba algo malo, se había reunido con la escolta que cuidaba de ellos pero
poco o nada habían podido hacer, debido a que dos de ellos habían sido interceptados
unas cuadras antes del edificio donde vivían y los otros dos fueron amagados
antes que pudieran reaccionar.
Aquello había sido hecho por
profesionales, en primera instancia pensó en Neil Leegan, pero contaba con una
coartada perfecta, había cenado con su familia en un conocido restaurante, aún
así no lo descartaba y lo mantenía vigilado, por seguridad, no teniendo otro
más de quien desconfiar, pero el día había transcurrido sin que el chico
hiciera o fuera a lugares que no acostumbrara, incluso se le había visto salir
con una jovencita y entrado a un hotel.
Las posibilidades se iban
reduciendo, pues nadie a excepción de los ancianos que conformaban la mesa
directiva de las empresas Andrew sabían sobre la verdadera identidad de Albert,
primero muertos que traicionar aquel secreto, había demasiado en juego para
arriesgarse, así que no entendía, a menos que se tratara de Eliza, pero sonaba
demasiado descabellado, aquella jovencita pelirroja no sería capaz de llegar a
esos extremos, ni siquiera podía decir que fuera un secuestro por dinero, había
pasado demasiado tiempo y los secuestradores no habían pedido rescate alguno, a
menos que estuvieran esperando a que la noticia se publicara en los diarios,
pero no podía hacer eso, no se expondría a que Albert quedara al descubierto y
menos en las condiciones en las que se encontraba, por otra parte tampoco
existía la posibilidad de haber secuestrado equivocadamente a Candy, ya que
habían hecho todo con demasiada precisión.
-
Dios, que carga has dejado
sobre mis hombros – decía con tristeza George para sí mismo.
La noche seguía avanzando.
רררררר
Todavía no se vislumbraban en
el horizonte los primeros rayos del sol cuando un joven de cabellos castaños y
largos, cubierto por una capa negra arribaba al hospital, le fue difícil
escabullirse hasta donde deseaba llegar, pero valiéndose de su encanto logró
convencer a una de las enfermeras para que le diera la información que
necesitaba.
-
Sr. Johnson.
-
Sr. Granchester, ¿qué hace
usted aquí?
Ante esa pregunta Terry sintió
que un balde de agua fría bañaba su cuerpo.
-
Pero Sr. Johnson, usted
mismo me llamo ayer en la mañana diciendo que habían secuestrado a Candy, que
necesitaba que viniera de inmediato.
-
No señor, debe estar
equivocado, yo no me he movido de aquí desde hace mas de 30 horas, mucho menos
pude llamarlo, no tenía modo de localizarle.
-
Entonces todo esto es una
farsa – dijo frunciendo el ceño.
-
No lo entiendo Sr.
Granchester, le aseguro que no fui yo quien le llamó, pero agradezco su
presencia.
-
¿Dónde esta Candy?
-
La señorita fue
secuestrada, al menos eso suponemos, aunque aun no solicitan rescate ni dan
muestras de nada. Ni siquiera tenemos la certeza de que se trate de eso.
-
¿Cómo dice?, la persona que
me llamo aseguro ser George Johnson y que Candy había sido secuestrada, por eso
salí tan pronto como pude.
-
Lo lamento señor, pero no
fui yo quien realizó la llamada.
Terry no pudo contenerse y
golpeó la pared lastimándose al contacto, quería gritar, no podía creer lo que
sucedía, de pronto sintió que la vista se le nublaba y se dejó caer en el piso,
derrotado emocionalmente, ni siquiera podía llorar, tenía tanta rabia y a la
vez tanto miedo de que algo terrible le hubiese sucedido a Candy.
-
Eliza – dijo de pronto
Terry.
-
¿Cómo dice?
-
Eliza tiene que estar
detrás de todo esto, tuvimos un altercado en mi última visita, juró vengarse de
mi.
-
Imposible, ella es de las
que habla y amenaza, pero no actúa, aún así la tengo vigilada y no parece estar
involucrada, lo mismo que al señor Neil. He cubierto cuanta posibilidad exista.
-
¡Maldita sea! Si no es ella
entonces tiene que tratarse de ese desgraciado de Neil, ellos siempre la han
odiado, no puede existir alguien más capaz de querer hacerle daño.
-
Tranquilícese, no logramos
nada con alterarnos.
-
No puedo hacerlo, voy a
salir a las calles a buscarla, no puedo quedarme aquí, esperando y cruzándome
de brazos, debo hacer algo.
-
Por favor, no se vaya, le
aseguro que si realmente fue un secuestro no tardarán en comunicarse, la
policía y gente a mi cargo la buscan por toda la ciudad y sus alrededores.
Terry sentía una enorme
frustración dentro de sí, hundió la cabeza entre sus piernas mientras se
sujetaba la nunca fuertemente con ambas manos, la desesperación que sentía en
ese momento no se comparaba con nada vivido anteriormente, jamás en su vida se
hubiese imaginado a Candy en una situación como la que estaba viviendo.
-
Esta viva, ella esta viva.
-
¿Cómo puede asegurarlo?
-
Porque de lo contrario, yo
ya habría muerto.
Fue la triste respuesta del
joven, después se quedó mudo, ausente, en ese momento la mente de George empezó
a trabajar rápidamente, tratando de hallar una explicación coherente, eran
demasiados cabos sueltos, el rompecabezas no tenía forma, algo muy turbio había
detrás de todo esto, algo donde sin duda Terry jugaba cierto papel, pero,
¿cuál?
-
Esto no tiene lógica, ¿por
qué llamarlo a usted?, ¿para qué?
-
Si usted no sabe, créame
que yo menos.
-
¿Tiene usted enemigos?
-
No, hasta donde yo sé.
-
Ha jugado o apostado.
-
Por Dios, ¿qué clase de
hombre cree que soy?, jamás expondría
la vida de Candy ni de nadie más.
-
Discúlpeme, pero no sé que
más hacer, por donde buscar.
-
Lo entiendo. ¿Cómo esta
Albert?
-
Mal, muy mal, una bala lo
hirió al intentar detener a los agresores.
-
¿Qué tan grave está?
-
A decir verdad, no lo
sabemos, la bala le fue extraída, pero sigue inconsciente, los médicos no saben
que esta sucediendo, quizá se deba a la impresión que recibió.
-
¿Puedo verlo?
-
No sé si sea prudente, de
hecho no he podido pasar a verlo.
-
Déjeme entrar, se lo ruego.
-
Vamos, espero que no haya ningún
inconveniente.
Se dirigieron a la habitación
donde descansaba Albert, una enfermera revisaba constantemente su temperatura y
cambiaba los paños de su frente, la fiebre poco a poco iba cediendo pero el no
reaccionaba, les costo trabajo pero lograron convencerla de que los dejara
pasar.
-
Sólo cinco minutos, no
deben fatigarlo, en su estado, no sabemos como reaccionara al recobrar el
conocimiento.
-
Muchas gracias señorita....
-
Faby, mi nombre es Faby,
regresaré en un momento, no creo que pueda escucharlos, así que no se esfuercen
en hablarle.
George se acerco a la cama y
guiado por el inmenso cariño que sentía hacía él, tomo una mano entre las
suyas, mientras que lágrimas incontenibles salían silenciosamente, se sentía
demasiado responsable por lo ocurrido y dejo salir parte de todo aquel peso que
llevaba a cuestas a través de aquellas lágrimas, no reparó en la presencia de
Terry, quien respetando aquel sentimiento mostrado por el hombre se mantuvo en
silencio, pero en su mente las preguntas se formularon inevitablemente, ¿Porqué
lloraba de esa forma aquel hombre?, ¿Qué había detrás de Albert en realidad?,
¿Qué relación existía entre ellos para que George estuviera en el hospital como
un guardián?.
Luego de unos momentos, George
limpió los restos de lágrimas con un pañuelo, se dirigió al chico y dándole una
palmada en el hombro salió de ahí, dejándolo a solas, Terry entonces acerco una
silla y se sentó junto a él.
-
Albert, ¿qué es todo esto?,
¿por qué a ella?, ¿por qué a ti?, no entiendo Albert, te juro que no entiendo
que es lo que está sucediendo, pero te prometo una cosa, la voy a encontrar, no
importa que se quede a tu lado para siempre, la amo, tú lo sabes, pero es por
ese mismo amor que no deseo que nada malo le suceda, confíe en ti, sabía que la
cuidarías y me lo has demostrado, te veo postrado en esta cama y sé que fue por
ella, no fue tu culpa, eso lo tengo muy claro, no te preocupes amigo, si en algún
momento te pude haber guardado rencor por haberte ganado su amor, créeme que en
estos momentos no queda rastro alguno de ese sentimiento, lo único que siento
es rabia, contra todo aquel que la lastime, no te des por vencido, lucha amigo,
lucha por vivir, por ella, para ella.
Con aquellas palabras Terry
quiso transmitirle tranquilidad a su gran amigo, que por causas del destino se
había convertido en su rival de amores, pero que por ese mismo destino hoy lo
ponía en aquellas circunstancias. Estrecho con cariño su mano y salió de la habitación.
רררררר
La mañana se encontraba en todo su esplendor, pero pasaba
desapercibido para los corazones atribulados, George y Terry no habían dicho
palabra alguna desde que salieron de la habitación, cada uno tenía demasiadas
cosas en que pensar, pero el transcurrir de las horas no hacía más que
incrementar la angustia del más joven.
-
Desea un café.
-
Se lo agradezco señor.
-
No ganamos nada al
quedarnos aquí. Vamos a la cafetería.
Llegaron a una apartada mesa y empezaron a charlar.
-
¿Por qué ha estado aquí
todo este tiempo? – pregunto Terry sin rodeos.
-
Temo por la seguridad del
señor.
-
Usted lo conoce, ¿cierto?
-
Sí – dijo tras pensarlo
unos momentos.
-
Puede decirme, le aseguro
que no lo traicionaré.
-
Lo sé señor, pero por su seguridad
no debe saberlo.
-
¿Tan delicado es el asunto?
-
Así es, de eso depende la
estabilidad de muchas personas, además del éxito en la localización de la
señorita Candy.
-
¿Cómo es que Albert fue
herido de esa forma?, no entiendo, si ellos ya tenían a Candy.
-
No señor, aún no la habían
sujetado cuando le dispararon al joven, fue después de que ella se interpuso y
salió herida.
-
¿Cómo que herida?
-
No lo tenemos muy claro, al
parecer le apuntaban a él, cuando dispararon ella se interpuso y fue herida, la
tomaron en brazos y se la llevaron. Otro hombre le disparó a él al tratar de
correr al auto.
-
No puede ser, Candy está
herida, ¿Y así espera que yo me quede aquí tan tranquilo?, lo siento, pero no
puedo, tengo que salir a buscarla.
-
Espere señor, espere, no
vaya.
Fueron en vano sus palabras,
Terry salió como fiera herida en busca de su agresor, no tenía la más remota
idea de donde buscar, pero por algún lugar tenía que empezar, por lo pronto
iría a casa de los Britter, pero al llegar al final de las escaleras se topo
con un chico.
-
Terry Granchester, ¿Qué
haces aquí?
-
Por favor Archie, no es el
momento oportuno para pelear, necesito hablar con Annie.
-
No es pelea, sólo que, no
esperaba verte.
-
En ese caso, necesito saber
que tanto sabes sobre el asunto, debo encontrar a Candy,.
-
¿Cómo supiste de eso?, no
se ha dado aviso a la prensa.
-
Eso es lo de menos, quiero
que me digas todo lo que sabes.
-
Sé lo mismo o menos que tu,
ese día nosotros los estábamos esperando en la entrada del edifico donde viven,
tenían unos pocos minutos de haber llegado cuando de pronto un auto se
estaciono, bajaron varios tipos, luego se escucharon los disparos, Candy fue
herida al interponerse entre uno de los tipos y Albert, después el también cayo
herido, Annie se desmayo y ya no supe más, el auto arranco y ni siquiera vimos
los detalles del mismo.
-
Si, fue lo mismo que me
dijo el Sr. George, pero, ¿no sabes nada más?, algún detalle que ella haya
comentado, no sé, quizá ella se sintió en peligro días antes a esto.
-
No, no tengo idea, yo la
había visto por la tarde, comimos en casa de Annie, luego ella se fue al
zoológico en busca de Albert.
-
Por Dios Archie, trata de
recordar, quizá ella le comento algo a Annie – Terry tomó por las solapas del
saco a Archie.
-
Suéltame, estoy tan
preocupado como tu, ¿no entiendes?
-
Lo siento, sólo que no sé
que más hacer, pero de algo estoy seguro, no me quedaré aquí con los brazos
cruzados esperando a que las noticias me lleguen.
-
Tienes razón, en ese caso,
te acompaño, yo tampoco pienso esperar mucho tiempo.
Los jóvenes salieron y
abordaron el auto de Archie, seguidos muy de cerca por dos autos más, uno de la
escolta y otro no identificado.
Notas de la autora:
Dudas, quejas, reclamos:
[email protected], [email protected]
-
Lily