Siempre Unidos
Por: Lily Ramírez.

Capítulo VII
“Nubes
blancas, nubes grises”
Era increíble la forma tan
rápida en que avanzaban los días, Candy se encontraba nerviosa, pues aún no
recibía noticias de George, era extraño, pues sabía que en cuestiones de la
familia era muy rápido pero también muy prudente, así que decidió no
angustiarse y darle tiempo al tiempo. Terminaba justo su turno cuando fue
llamada a la dirección del hospital.
-
Señorita Candy, su ayuda ha
sido grandiosa, pero hemos pasado la emergencia y deberá regresar al hospital
Santa Juana, estos últimos días abusamos de su buena disposición y de su
tiempo, por lo que el Dr. Leonard y yo hemos coincidido en darle una licencia
de dos semanas, en las cuales usted podrá disfrutar de un merecido descanso.
-
Muchas gracias, pero no era
necesaria la licencia, se que hay mucho trabajo en el hospital y deben
necesitar gente, en verdad, puedo seguir trabajando.
-
No, quizá se le requiera
luego para alguna tarea especial y si no esta totalmente recuperada y descansada
no podrá cumplir como es debido, además como enfermera debe de saber que el
cuerpo necesita recuperar energías.
-
Lo sé doctor, pero es que
veo tanta gente que necesita ayuda que me es imposible pensar en descansar.
-
Pero habemos muchos
trabajando, así que no se diga más, vaya a su casa y en dos semanas se presenta
en el primer turno en el hospital Santa Juana, aquí tiene un fólder para que
vea lo que tendrá que hacer al volver.
-
Gracias, con su permiso,
fue un placer colaborar con usted.
-
Lo mismo digo señorita
Candy.
Ella abandonó la oficina del
director y fue a despedirse de algunas compañeras, se mudo el uniforme y se
dirigió a su departamento, era demasiado temprano, así que posiblemente
encontraría a Albert aún, la sola idea la entusiasmo sobre manera y tarareando
una canción tomo un carruaje para llegar lo antes posible.
רררררר
Al llegar al departamento procuró no hacer demasiado
ruido, pero para su sorpresa él ya se encontraba levantado y preparaba el
desayuno.
-
Buenos días mi amor.
-
Candy, no te esperaba tan
temprano – respondió al tiempo que volteaba y le sonreía dulcemente.
-
Lo sé, pero al fin se
apiadaron de mí – decía mientras se acercaba para darle un beso.
-
No habrás renunciado, o si?
-
Albert, no digas eso, todo
lo contrario, me han premiado con un permiso de 2 semanas.
-
Wow, eso si que es una
buena noticia, tendremos vacaciones.
-
Tendremos?
-
No piensas incluirme en
ellas?
-
Si, pero tu igual debes
trabajar.
-
Bueno eso es cierto pero
tengo un horario fijo, además puedes pasar el tiempo a mi lado, no creo que
les moleste.
-
Tienes razón. Pero te
saldrá bastante caro.
-
Mhmhmh, que tanto?
Ella no respondió, lo único que hizo fue llegar de nuevo
hasta el luego de dejar su bolsa y besarlo apasionadamente, a lo que el
respondió de inmediatamente de la misma manera.
-
Si este es el costo, estoy
dispuesto a pagarlo.
-
Sabía que accederías, no ha
llegado correspondencia o noticias de George?
-
No, la verdad es que estoy
ansioso por saber que ha pasado con tu tío abuelo, quizá no soy lo que quiere
para ti.
-
Pero eres a quien yo quiero
y ante eso nadie puede hacer nada.
-
No tienes miedo Candy.
-
No, lo sabes bien, pero si
me extraña no tener noticias de la familia.
-
Te amo, tanto como al aire
que respiro.
-
Y yo a ti.
Los jóvenes terminaron de preparar el desayuno, luego de
compartirlo y charlar se despidieron tiernamente, ella tomo un baño y se fue a
descansar mientras que el se iba a su trabajo en el zoológico.
רררררר
La relación entre ellos sin duda había cambiado, pero
para bien, después de aquella noche de amor no se habían vuelto a entregar, no
por temor o cuestiones de la sociedad de ese tiempo, sino porque el trabajo de
ella no lo había permitido, siempre en el turno nocturno y cubriendo a veces
dobles turnos sin parar, no habían tocado el tema pero pareciera que no hacía
falta, la intimidad que compartían no solo se reducía al contacto físico, era
algo más profundo, tenían tiempo, al menos eso pensaban ellos, por otra parte
él estaba ansioso por conocer la respuesta del padre adoptivo de Candy, ironías
de la vida, pues siendo el quien hubiese dado por aceptada aquella relación
dependía de la respuesta de un tercero para llevar a cabo las cosas
correctamente.
רררררר
En la gran mansión de los Andrew, una mujer de edad
avanzada trataba en vano de concentrarse en su bordado, mil sentimientos se
agolpaban en su pecho, decisiones no tomadas le preocupaban, así que sabía que
tenía que salir de su mutismo cuanto antes.
Todas estas cosas se estaban
sucediendo demasiado incomprensibles para la anciana señora Elroy, quien aún no
asimilaba el hecho de que un Andrew hubiese pasado todo lo que su sobrino había
vivido, no sabía que hacer, no sabía como debería actuar, sobretodo con
Candice, esa chiquilla que le había mostrado su infinita bondad al hacerse
cargo de su sobrino sin importar el que dirían de su persona, sin saber que a
quien realmente protegía y cuidaba era uno de sus más preciados tesoros.
A su mente llego entonces
aquella conversación con George...
-
Muy bien George, creo
que me debe una explicación y no acepto mas pretextos para no oírlo.
-
Si Señora, tiene todo el
derecho de saber el porque de mi actitud ante el joven de la fiesta. Como usted
sabe el señor William ha estado desaparecido y no nos había hecho saber su
paradero.
-
Si eso ya lo se no tiene
que recordarme ese pesar, continúe.
-
Pues bien, el señor se
ha presentado pero no como nos hubiese gustado, el esta con la señorita Candy
viviendo en su apartamento.
-
Como???????? Se ha
vuelto loco, no puede vivir con ella, no se ha puesto a pensar en lo que esto
ocasionará.
-
Permítame explicarle, él
no sabe que es el, quiero decir que el ha perdido la memoria.
-
Que esta diciendo?, debe
ser una broma, no encuentro una explicación mejor.
-
No señora, al principio
creí lo mismo pero no es ninguna broma, he hablado con el, fue a el a quien
presente como Albert Andrew en la cena, después de todo no incurrí en falta
alguna.
-
Cuénteme todo lo que
sepa George.
-
Si, verá, el venía del
frente de batalla, llegó al hospital Santa Juana en caridad de desconocido, la
señorita Candy lo reconoció como un viejo amigo y no dudo en brindarle ayuda,
ella le conoce desde hace mucho tiempo, los detalles creo que no podría
explicárselos pero al parecer ella lo conoce simplemente como Albert, un vagabundo
que se colaba a la propiedad de los Andrew en Lakewood y habitaba la casa del
bosque sin autorización pero que en mas de una ocasión le brindo ayuda.
-
Ya veo.
-
El caso es que no
sabemos que hacía exactamente en el frente, estaba en Italia cuando el tren en
el que viajaba fue atacado y explotó, afortunadamente el no se encontraba a
bordo a la hora de la explosión pero si lo suficientemente cerca para que le
afectara de esta forma, llego muy mal herido y gracias a los cuidados de la
señorita Candy se recupero, pero su memoria la perdió, no recuerda
absolutamente nada, aunque se han hecho varios intentos no ha pasado nada aun.
-
Dios mío, mi pobre
muchacho, todo lo que ha pasado y nosotros sin poder ayudarle – decía la
anciana mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.
-
Cuando se recupero
físicamente el hospital le pidió que abandonara el mismo y fue echado a la
calle, fue entonces que la señorita Candy se enfrento a todos y dejo de habitar
el hospital ella también para ayudarle, fue entonces que rento el departamento
y se mudaron a vivir ahí los dos, estuvo a punto de perder el empleo pero ni
así desistió en ayudarlo. Desde entonces comparten la casa.
-
No lo puedo creer, no se
si yo habría sido capaz de poner en duda mi reputación por ayudar a alguien –
en su corazón un sentimiento similar a la admiración se había sembrado hacia
aquella rubia que siempre detesto.
-
Se que en las
condiciones en las que se encuentra no debí presentarlo, pero me tomo
completamente por sorpresa, cuando llegué a la mesa designada a la familia en
aquel evento, el se acerco en compañía del joven Archie y tuve que controlarme
demasiado para no dejar ver que lo conocía, ya ellos lo habían presentado como
primo del joven y de la señorita, así que no tuve mas remedio que apoyarles.
-
Hiciste lo correcto,
pero eso quiere decir que Stear y Archie lo conocen también.
-
Así es señora, inclusive
la primer noche que fue dado de alta, vago sin rumbo, de no haber sido por la
señorita Candy y los jóvenes no sabríamos más nada él, esa noche la paso en la
casa rodante del joven Stear.
-
Dios mío!!!, cuantas
cosas ha pasado, que alegría tener unos sobrinos como ellos, ahora lo que toca
es hacerlo venir a vivir aquí y decirle quien es realmente.
-
No considero que eso sea
prudente.
-
Porque no? Somos su
familia.
-
Lo sé, pero consulte con
varios doctores al respecto y coinciden en que decirle todo sobre su pasado
quizá sea contraproducente, puede incluso perder la cordura definitivamente.
-
Dios mío! – exclamaba la
anciana sin poder pensar claramente.
-
Le sugiero que piense
las cosas señora, lo importante es que el joven se encuentra bien, sano y cerca
de nosotros, he dispuesto todo para que tanto él como la señorita tengan
vigilancia permanente las 24 horas del día, para evitar cualquier sorpresa.
-
Le agradezco George,
como siempre al tanto de William.
-
No agradezca sabe que es
como si fuera mi hijo, que piensa usted hacer?
-
No lo sé, todo ha sido
tan sorpresivo, el hecho de que los chicos y Candice lo conozcan me complica la
situación, en cuanto tome una decisión haré lo que crea prudente.
-
Como usted diga, si me
lo permite debo hacer algunas cosas, hay mucho trabajo pendiente.
-
Adelante.
De ese modo ella se había
quedado sola con sus pensamientos, desde ese momento se había encerrado en la
mansión sin recibir a nadie, ni siquiera a sus “sobrinos” consentidos.
-
Creo que ya es tiempo de
ver lo que haremos al respecto para ayudarlo, no puede permanecer en ese
departamento toda la vida y mucho menos sumido en la amnesia.
Tras decir esto, se dirigió a
la biblioteca a pensar bien los pasos a seguir.
רררררר
El verano estaba a punto de
llegar a la ciudad de Nueva York donde las cosas y la vida transcurrían a
tiempo apresurado. Un martes soleado y tranquilo en un centro comercial dos
jóvenes se encontraban haciendo sus habituales compras sin percatarse de la
presencia uno del otro, los anaqueles con verduras estaban rebosantes, todo
lucia apetitoso, fue hasta que ambos tomaron la misma lechuga que sus manos y
su mirada se encontraron.
-
Lo siento – hablo primero
el disculpándose mientras recogía algunas lechugas que resbalaron del anaquel.
-
No hay problema – respondió
ella brindándole una hermosa sonrisa.
-
Danielle.
-
Alistir.
Ambos jóvenes se quedaron
viendo por breves instantes hasta que el rubor tiño ambos rostros.
-
Que sorpresa, no pensé
verte tan pronto de nuevo, pero es un placer – dijo galantemente mientras se
apresuraba a besar la mano de la joven.
-
Te dije que si el destino
lo decidía sucedería.
-
Lo recuerdo perfectamente –
ahora fue el turno de ella de sonrojarse.
-
Y que hace un chico como tu
de compras?
-
Bueno, a decir verdad estoy
practicando un poco para sorprender a un amigo, quien no confía en mi arte
culinario.
-
Oh, así que también
cocinas, me alegro escuchar eso, los chicos deberían de aprender pues nunca se
sabe cuando puedes necesitarlo.
-
Si, y tu que haces por esta
parte de la ciudad y haciendo compras, no te ofendas pero por tu vestimenta
deduzco que vives al lado contrario, en la parte de las grandes mansiones.
-
No te preocupes, no es la
primera vez que me dicen algo similar, pero bueno, hago las compras porque en
la casa hogar necesitamos víveres y yo me encargo siempre de ver que no haga
falta nada.
-
Que interesante! – exclamo
realmente sorprendido.
-
Aunque no sé porque te
extraña, por tus modales yo deduzco que vienes de una de esas grandes familias
también, o me equivoco?
-
.... – el rubor no se hizo
esperar acompañado de una sonrisa nerviosa.
-
Lo sabía, que haces tu
entonces en este lugar?
-
Te sorprendería saberlo.
-
No hay problema, no me
asusta nada a estas alturas.
-
Tienes tiempo?, te invito
un café.
-
Mejor te lo invito yo, debo
llegar con esto cuanto antes o varios chiquillos me ensordecerán de no hacerlo.
-
Esta bien, te ayudo.
De ese modo ambos jóvenes
terminaron sus compras para luego dirigirse al inicio de una hermosa y bella
relación.
Durante el trayecto las
constantes miradas que Stear le dirigía a Danielle habían hecho que en varias
ocasiones ella se ruborizara, pero no por eso dejaba de contarle acerca de su
familia, quienes eran originarios de Francia, provenientes de una de las
familias mas prestigiadas, toda su infancia la había pasado en Escocia, para
luego mudarse de forma definitiva a Estados Unidos al cumplir ella 14
años, pues su padre invertía con los
Andrew, él al escuchar sobre esto sonrió nerviosamente pero no dijo nada, así
ella continuo hablando sobre sus aficiones y el porque de llevar la dirección
de aquel hogar para pequeños.
-
Me sorprendes, no ha de ser
sencillo llevar las riendas de un lugar así,
hace tiempo que no conocía a una chica con tanto espíritu como el de
ella... – esto lo dijo más para sí que para Danielle
-
Quien es ella?, tu novia?
-
No claro que no, es mi
prima, pero la admiro mucho, es una chica extraordinaria.
-
Por tu expresión no puedo
dudarlo, pero al parecer no solo es extraordinaria, mas bien...
-
No te equivoques, conforme te cuente sobre ella entenderás el
porque de mi expresión – dijo al tiempo que le guiñaba un ojo.
-
Esta bien, hemos llegado.
Bajaron del carruaje y se
introdujeron en una especie de Instituto, de casa hogar solo tenía el nombre
pues conforme avanzaban veía las instalaciones, que contaba con lo necesario y
mejor de esa época. Al llegar a la cocina más sorprendido todavía vio como ella
se unía a las cocineras para terminar de preparar los alimentos, el la imito
quitándose su saco y arremangándose su camisa, fue bien aceptado por las damas
y aprendió más que ayudar en los guisos.
El trabajo ahí era muy pesado,
había que estar al pendiente de muchas cosas, ella dirigía el lugar desde hacia
dos años, era una chica muy joven para eso, pero de una firmeza y convicción
envidiable, al terminar de preparar los alimentos, se dirigieron al gran
comedor donde con beneplácito vio aquellos chiquillos que ella ayudara días
antes en el parque, el menor tenía su piernita vendada pero no por eso dejaba
de ayudar en las labores mutuas de los niños.
-
Es increíble lo que hacen
ustedes, a parte de la Señorita Pony y la hermana María no había visto a nadie
más atender con tanto amor a los niños.
-
Quienes son ellas?
-
Unas mujeres maravillosas
que tienen a su cargo un orfanato, ella también se crió en ese lugar, se llama
Hogar de Pony.
-
Mhmhmhm, me tienes algo
intrigada, puedo ver que cuando la mencionas un brillo muy especial aparece en
tus ojos.
-
Tanto te dicen mis ojos?
-
Más de lo que puedes
imaginar...
A esas alturas ellos se
perdían en la mirada del contrario, haciendo que por primera vez el recuerdo y
mirada de “ella” se olvidara. Ambos se sonrojaron al percatarse de su posición
y sobre todo al ver el alboroto que se había armado en torno a ellos por tal
cosa. Terminaron riendo nerviosamente para terminar con la repartición de los
alimentos, Stear tuvo que despedirse porque tenía que ir a trabajar al teatro.
-
Danielle, hace tiempo que
no probaba algo tan delicioso, no desde que mi amigo dejo la ciudad por
cuestión de trabajo.
-
Por la manera en que lo
dices, deberé tener cuidado al probar lo que preparas.
-
Pues siendo honestos,
preferiría invitarte mejor a comer a un buen lugar, al menos hasta que me
salgan bien las cosas.
-
Es una invitación acaso lo
que escucho?
-
Así es, te parece bien el
viernes a las 2:00 pm?
-
Muy bien, sólo si me dices
tu nombre.
-
Lo sabrás hasta ese día,
Danielle Bouloix.
Tras besar su mano se marcho
con una enorme sonrisa dibujada en su rostro.
רררררר
En Indiana Terry se preparaba
para salir a escena, dos meses más y terminarían su gira, el parecía no poder
encontrar sosiego en su corazón, no había podido contarle a Stear con detalle
lo sucedido con su pecosa, no encontraba las palabras correctas para expresar
su agonía, además, no podía ser tan cruel y dar una estocada de esa magnitud en
el corazón de su gran amigo, sabedor del sentimiento que embargaba ambos
corazones, así que una vez más el escenario le ayudaría a olvidar por un
instante su pesar.
Como siempre, la función fue
un rotundo éxito. Tras agradecer la ovación se dirigió a su camerino, al llegar
se topó con una joven que salía del mismo.
-
Se puede saber que hace
usted en mi camerino?
-
Sólo vine a traerle un ramo
de rosas que le envían sus admiradoras.
-
Lléveselo, no quiero nada
en mi camerino, además esta estrictamente prohibido entrar aquí sin mi
autorización.
-
Pero señor, son de sus
admiradoras.
-
Acaso esta sorda??? Qué se
lo lleve.
-
Que carácter, debería ser
mas atento con ellas, porque no..
La joven no pudo decir nada
más pues el había cerrado la puerta prácticamente en su nariz, cosa que no le
hizo mucha gracia, pero prefirió retirarse de ahí.
-
Lo que me faltaba, mi
camerino inundado de ese aroma para traerte de nuevo a mi memoria Candy, que
estarás haciendo?, me recordaras?, Pero que demonios, no puedo seguir así, voy
a terminar volviéndome loco.
Tras decir esto aventó el ramo
se rosas y salió a toda prisa de su camerino para dirigirse como de costumbre a
la azotea del teatro, su falso refugio para el dolor.
Esta mañana, frente al espejo
solo vi una acuarela falsa
de aquel que alguna vez fui
al marcharte, de mi vida
jamás pensé tener que
sobrevivir al silencio que hay en las
noches
Porque
Sin ti no se continuar
así ya nada tiene sentido
sin ti ya no puedo vivir
tengo el rostro empapado
por lagrimas que me secan el alma
Un amigo calma mi desdicha
pero me aferro a tu recuerdo
y no logro escapar de ti
por favor desaparece de mi
las grietas que arden en mi ser
y en la carne viva de mis sueños
רררררר
En Chicago mientras tanto, dos
rubios enamorados paseaban a la luz de la luna por el parque, luego de haber
cenado en una pequeña cafetería.
-
Que linda noche, no te
parece Albert?
-
Tanto como tu.
-
Sabes, tenía tantas ganas
de pasar un rato así contigo.
-
Lo sé mi amor, yo también,
creo que últimamente no habíamos tenido una sola noche para compartir.
-
Que te parece si nos
quedamos observando las estrellas toda la noche.
-
Es una buena idea, pero tu
debes descansar, mañana te espera un día muy pesado en el Zoológico con esos
nuevos animalitos que han llevado.
-
Si es cierto, pero te he
extrañado tanto estos días, que no quisiera perder un instante de tu compañía.
-
Yo también te he extrañado,
pero hay una forma de solucionar eso.
-
Que propones.
-
Cuando lleguemos a casa lo
sabrás.
-
Siendo así.
El la tomó en sus brazos y así
fue como llegaron al edificio donde vivían.
-
Y bien, cual es la
solución?
-
Déjame tomar un baño y te
digo, porque no descansas mientras un poco.
-
De acuerdo, pero porque
mejor no compartimos el baño?
-
Albert!!!!!
-
Esta bien, esta bien, en
otra ocasión será. Pero primero me baño yo, de acuerdo?
-
De acuerdo.
Ella se fue totalmente
ruborizada a preparar un poco de te, luego de un rato lo puso en la mesa,
Albert terminó de ducharse y ella le dijo que descansara un poco mientras tanto
ella se bañaba.
Cuando terminó quiso
sorprender a Albert llegando a su habitación con tan solo su bata de tirantes,
pero la sorprendida fue ella, pues lo encontró profundamente dormido, por lo
que sólo se limitó a besarle tiernamente y cubrirlo con una frazada antes de
salir a su habitación a descansar también.
רררררר
La mañana de ese día
miércoles, mientras los tibios rayos de sol se filtraban por la ventana, la
rubia se movió pero despertó abruptamente al sentir que algo evitaba su
movimiento...
-
Albert... oh Albert.
A su lado se encontraba él,
semi cubriendo su cuerpo con el propio y su brazo descansando sobre la pequeña
cintura, así que la rubia opto por no moverse para no despertarle, se quedó
así, disfrutando de la cálida compañía, sin darse cuenta volvió a quedarse
dormida.
רררררר
-
Señor Granchester.... Señor
Granchester....
-
Que pasa?
-
Señor, ha pasado la noche
aquí, debería ir a su hotel a descansar.
-
Me quede dormido... –
respondió somnoliento.
-
Si señor, un carruaje le
espera, vamos le ayudo.
-
Le agradezco mucho, no me
di cuenta que la noche había avanzado.
-
Un joven como usted no
debería tener tanta tristeza guardada.
-
Un joven normal quizá no,
pero yo no soy normal, me falta la mitad de mi.
-
Vamos no diga esas cosas,
verá que pronto completara con la otra mitad – decía el anciano al ver la
infinita tristeza que aquel joven corazón embargaba.
-
Mi otra mitad es feliz, yo
debería serlo también, pero conforme pasa el tiempo creo que no lograré
serlo... no sin ella...
El anciano optó por no decir
más, la experiencia y los años vividos le habían enseñado a reconocer un
corazón triste, pero también le habían enseñado cuando debía callar, de ese
modo llegaron al carruaje, era extraño que el huraño joven actor, hubiese
abierto de ese modo su corazón, quizá era tiempo de empezar a cicatrizar
heridas, o al menos intentar ver más allá del dolor, finalmente, ella así
lo habría deseado.
Al llegar al hotel se encontró
con su director y amigo Robert Hattaway, quien tras saludarle le pidió que
descansara, así mismo le entrego una carta de su amigo Stear, misma que fue a
leer a su habitación.
New York, 21 de Mayo
Mi buen amigo Terry, espero
que esta carta llegue a tus manos en la ciudad de Indiana, pues según el
itinerario que me dejaron ahí deberán presentarse durante una semana, he
recibido carta de Patty, donde se despide de mi por el momento deseándome
suerte, no me brinda su amistad puesto que no le es posible en estos momentos,
es muy comprensible, la entiendo y ojalá que cuando nos volvamos a ver podamos
seguir siendo amigos.
Por otra parte, quiero
saber lo ocurrido en Chicago, pero sobre todo, quiero saber como estas tu, se
que odias las cursilerías, pero bueno, que quieres, no puedo vivir sin ti, no
se si mi estomago resista lo que preparo.
Espero noticias tuyas
pronto, disculpa lo breve pero estoy en un descanso en la universidad.
Sinceramente:
Alistair Cornwell.
-
Stear, quien habría dicho
que te volverías más que mi amigo, las vueltas que da la vida, creo que me
vendría bien sacar todo lo que llevo, pero no ahora, no en este momento.
Dicho esto, se dejo caer en su
cama para descansar al menos su cuerpo.
רררררר
La mañana avanzaba mientras
que una pareja compartía el desayuno, algo rápido y sencillo pero no por menos
delicioso.
-
Candy, no crees que
deberíamos buscar por nuestra cuenta la autorización de algún sacerdote para
casarnos, no quiero arriesgar tu reputación y lo que mas anhelo en este mundo
es llamarte mi esposa.
-
Te entiendo amor, pero
démosle un tiempo mas a George, es lo menos que puedo hacer después de todas
las atenciones que siempre ha tenido para conmigo.
-
Esta bien, irás conmigo al zoológico?
-
Me encantaría, pero quiero
ir a visitar a Annie, no he sabido nada de Patty y estoy algo preocupada por
ella.
-
Te entiendo, en ese caso,
me voy o llegare tarde.
-
Te esperaré para cenar.
-
En ese caso, prepara doble
ración, hoy tendré mucho trabajo.
-
De acuerdo.
Con un tierno beso se
despidieron, ella termino las labores en el pequeño departamento y salió con
destino a la casa Britter.
רררררר
En el trayecto, ella sintió
que la seguían pero no le dio importancia, llegó a su destino y los temores
desaparecieron.
-
Señorita Candy, un placer
recibirla.
-
Muchas gracias Mery, se
encuentra Annie?
-
Oh lo siento señorita, la
señorita Britter salió a ver a la modista, solo se encuentra la señora.
-
En ese caso, podría decirle
que estoy aquí.
-
No es necesario – se
escucho una voz en lo alto de la escalera – aquí estoy Candy.
-
Señora Britter, un placer
saludarle.
-
Lo mismo digo hija, nos
tienes muy abandonadas, ven, pasa a la sala, deseas tomar algo?
-
Una limonada por favor.
-
Mery, dos limonadas por favor,
llévelas al jardín.
-
Enseguida señora –
respondió la fiel sirviente saliendo con dirección a la cocina.
-
Me comentaba Mery que Annie
fue a la modista.
-
Oh si, la señora Paterson
dará una cena la otra semana, los Andrew también están invitados.
-
Supongo que sí – respondió
ella sin mucho énfasis en las palabras.
-
Por cierto Candy, ese
Andrew que te acompañó en el baile aquel día, es muy guapo, me extraña no
haberle visto antes, a lo que iba, es verdad que vive contigo.
-
Si, es mi paciente –
respondió dudosa, conocía lo estricta que era la señora Britter en las
cuestiones de la sociedad – el tiene amnesia.
-
Cielo santo, pero porque
siendo un Andrew lo dejan a tu total cuidado, deberías hablar con Elroy, pero es extraño que ella misma no
haya tomado cartas en el asunto.
-
Bueno, en realidad ella no
sabia sobre esto, pero no lo sabía porque..
Sus palabras fueron
interrumpidas por Mery quien le anunciaba una visita a la señora Britter.
-
Hágala pasar
inmediatamente, lo vez Candy, la suerte esta de tu lado, adivina quien ha
llegado.
Tras unos segundos, ella
volvió su cabeza para toparse con la mirada de la señora Elroy Andrew. Ella
sintió que moriría bajo una mirada severa, seguramente enterada estaba de lo
ocurrido en aquella fiesta y esperaba una lluvia de reproches, sin embargo...
-
Candice, no piensas saludar
a la señora Elroy? – la voz de la madre de Annie la sacaron de sus
pensamientos.
-
Eh, este si, buenas tardes
señora Elroy, me alegro de verla – saludó haciendo una reverencia a la anciana,
quien se había quedado inmóvil por un momento.
-
Buenas tardes Candice, no
sabía que estuvieras aquí.
-
En realidad, ya me tengo
que ir.
-
No Candy, espera, podemos
plantearle a Elroy de una vez lo que ocurre.
-
Yo, no creo que sea el
momento.
-
De que hablas Clarissa? Sobre
que tenemos que hablar?
-
Sobre el paciente de Candy,
pensé que usted sabía que se trataba de un Andrew?
Candy sintió como si un balde
de agua fría hubiese sido derramado sobre su cabeza, bajo la mirada y reprimió
su deseo de llorar, que haría ahora la matriarca, de seguro ahora sí estallaría
la furia de la anciana y con toda la razón.
Después de unos segundos que a
la rubia le parecieron siglos la voz de la anciana se dejo escuchar, pasiva y
sin muestra de enojo en ella.
-
Oh, te refieres a Albert,
bueno, en realidad apenas supe que se trataba de un Andrew.
-
... que pasa? – pensaba
Candy mientras veía a la matriarca dirigirse a una de las sillas.
-
Por cierto Candice, me
dirigía a tu casa al terminar mi visita aquí, pero aprovecho para comunicarte
que tenemos una invitación a casa de los Paterson la próxima semana, por
supuesto que deberás ser acompañada por Albert.
-
Sí señora Elroy.
-
Antes me decías Tía – dijo
seriamente la anciana.
-
Bueno, yo tengo que ver
algunas cosas para la comida, si me disculpan un momento vuelvo enseguida,
espero que nos acompañen – dijo la Sra. Britter mientras salía con dirección a
la mansión.
El silencio que siguió al
marcharse Clarissa era un suplicio para la pobre chica, quien no encontraba la
forma de retirarse sin verse grosera. Pero no podía, pues la habían invitado a
comer, que hacer???
-
Mhmhm – carraspeó la
anciana para llamar la atención de la rubia.
-
Sucede algo tía Elroy?
-
Sí, quiero que me cuentes
todo sobre el joven que esta bajo el mismo techo que tu.
-
Bueno, no se que decirle,
se que usted no aprueba este tipo de situaciones, pero ante todo, soy una
enfermera que tiene la responsabilidad de un paciente.
-
Sí, lo sé, no tienes porque
ponerte tan a la defensiva, si te pregunto no es para molestar, sino para
ayudar – fue el serio comentario de Elroy.
Ella iba a continuar con su
relato pero la anfitriona hizo acto de presencia por lo que se suspendió la
charla. Por el momento.
-
Perdonen que las haya
dejado un momento pero hoy también nos acompañará Archie, así que hay que dejar
todo listo.
-
Será un placer como siempre
Clarissa, como van los avances de la relación de los chicos.
-
Muy bien, solo esperamos
que Archie termine pronto para poder fijar la fecha.
-
Pues yo espero que así sea,
quiero conocer a mis nietos antes de que el señor me llame con el.
Ante este comentario se
escucharon las risas en general, el ambiente poco a poco se hizo más ameno para
Candy, quien empezó a disfrutar la charla, aunque por momentos se tornaba algo
vana y superficial, pero lo que menos quería en ese momento era enfadar a la
matriarca.
La hora de la comida llego y
con ella Annie y Archie, el señor Britter también les acompañó lo que hizo que
parecieran una gran familia, la anciana le pidió a Candy que la acompañara a la
mansión pero ella le dijo que en ese momento no podría, que si no le molestaba
la visitaría el lunes a primera hora, no muy complacida acepto, tratando de no
mostrarse contrariada, pero su nieto Archie la había convencido de que habían
invitado a Candy y Albert a cenar y por eso no iba a la mansión, finalmente
esta respuesta dejo mas tranquila a la anciana quien se despidió, no sin antes
añadir.
-
A partir de mañana Dorothy
se irá contigo.
-
Pero no hay suficiente
espacio para alojarla.
-
De eso no te preocupes, yo
veré la forma de solucionarlo, no admito negativas, o prefieres mudarte a la
mansión.
La anciana se fue satisfecha
de haberle ganado por lo menos una partida a Candice, a quien dejo atónita con
su comentario, llegó a la mansión, pero de pronto una opresión en el pecho la
hizo palidecer, mientras su dama fiel acudía a atenderla, llamaron al médico
quien lo atribuyó al exceso de tensión, le aplico un sedante que la dormiría
hasta el día siguiente.
רררררר
Archie se había retirado por
unas horas, ya que habían decidido cenar en el apartamento de Candy, por lo que
se encargaría de hacer las compras y posteriormente pasaría por ellas, lo cual
les dio el tiempo justo para charlar.
-
Sabes Candy, recibí carta
de Patty, realmente me da mucha pena.
-
Pues no deberías sentir
pena por ella, al contrario, debemos darle fortaleza, la pena y la lástima son
sentimientos que no deben sentirse por las personas que amamos.
-
Candy!
-
Es la verdad Annie, ella es
una gran chica y se que se repondrá, yo lo hice y ella también puede hacerlo,
sólo necesita tiempo.
-
Pero es que quizá no
volvamos a verla, toma lee.
La rubia tomo en sus manos
aquel papel.
Queridas
amigas:
Lamento
mucho que esta sea la forma de despedirme de ustedes, pero no podría hacerlo de
frente, mucho menos regresando a esa ciudad tan llena de recuerdos, no ahora,
quizá no en mucho tiempo, he decidido partir de cero e iniciar una nueva etapa
en mi vida, no debo aferrarme a un amor que se bien nunca fue mío, no le
reprochen a él, no tiene la culpa, en el corazón no se manda y el suyo no podía
ser la excepción, sé que será difícil, más no teniendo en quien apoyarme aparte
de mi abuela Martha, me harán falta lo sé, pero también sé que no puedo darme
el lujo de hundirme en la depresión y la melancolía, trataré de sobreponerme.
No
les digo adiós, porque se que en algún momento de nuestras vidas volveremos a
vernos, por ahora es lo mejor para mí.
Les
envío todo mi cariño y amistad para siempre. No me busquen, solo el tiempo
decidirá nuestro nuevo encuentro.
Patyy
O’Brien
-
Me alegro por ella, vamos
Annie quita esa cara, ella quiere vivir y sabrá seguir adelante.
-
Pero es que la necesito
conmigo.
-
Quizá también es tiempo de
que aprendas a vivir sin depender de los demás, los espero en mi apartamento,
debo hacer algunas cosas.
Tras estas palabras salió de
la habitación, dejando a una chica de cabellos negros confundida y
desconcertada, mientras que ella salía en busca de aire fresco, se sintió un
tanto mal por lo que le dijo a Annie, precisamente a quien siempre estaba
ayudando, protegiendo, sería acaso que ese papel ya le estaba cansando?, o
sería simplemente que deseaba vivir a plenitud aunque fuese una sola vez en su
vida?.
-
Si tan solo pudiera saber
lo que me sucede, quizá fui demasiado dura con ella.
Camino varias cuadras, su
instinto la alertó del peligro pero ella no hizo caso, camino tanto que llegó
al zoológico, donde un afanado Albert terminaba su recorrido por las jaulas,
toparon sin darse cuenta.
-
Mi amor, que sorpresa tan
agradable, Candy, te encuentras bien.
-
No lo sé, tengo un extraño
presentimiento, me da miedo, quizá sea por todo lo ocurrido el día de hoy –
sonrió para tratar de convencerlo pero en su interior algo le decía lo
contrario.
-
Como te fue, pensé que ya
estarías preparando la cena.
-
Bueno, en realidad debería
estarlo pero decidí que era buena idea venir por ti e irnos juntos.
-
Esa fue una excelente idea,
estoy por terminar, mientras puedes contarme tu día.
Ella le relato todo lo
acontecido, sobre todo la extraña actitud de la matriarca de los Andrew, poco a
poco le detallo todas y cada una de las reacciones con respecto a su “supuesto”
parentesco con la familia y hasta la invitación a casa de los Paterson, misma
que a ninguno le causaba mayor emoción, terminaron y salieron con dirección a
su hogar.
רררררר
Annie y Archie ya se encontraban esperando a la pareja en
la entrada del edificio, el portero les había permitido entrar a dejar los
víveres, prepararon la cena y solo faltaba la pareja de rubios.
-
Sabes Archie, hoy Candy me
dijo algo que me dejo pensando mucho en mi.
-
Que fue lo que te dijo,
siendo como tu hermana no creo que haya sido nada malo.
-
No, no fue nada malo,
simplemente me dijo que ya era hora de que aprendiera a valerme por mi misma.
-
Y que opinas al respecto?
-
Que tiene razón, siempre
hago las cosas en base a otras personas, debo empezar a tomar mis propias
decisiones.
-
Me alegro mucho por ti,
siento lo mismo que ella.
En esos momentos interrumpieron su conversación, pues
llegaron Candy y Albert.
-
Vaya, pensé que tendríamos
que comernos todo nosotros solos.
-
Lo sentimos mucho, pero
tuve mucho trabajo y pues no podía enviar a mi preciosa novia sola.
-
Ajá, lo sabía, desde cuando
son novios, porque no nos lo habían participado.
-
Bueno yo... – empezaba
decir nerviosa y sonrojada la rubia.
Pero sus palabras fueron interrumpidas por un auto que se
estacionaba justo en la entrada del edificio, del cual descendieron un par de
tipos, mismos que se abalanzaron sobre la rubia, Albert se les fue encima pero
un tercero salió del auto y lo amago con un arma.
De pronto se escucharon varios gritos, disparos, Candy es
alcanzada por una bala, los tipos la toman en brazos y la suben al auto, Albert
golpea al tipo que le apunta, pero es herido de gravedad y cae al suelo, Annie
grita histérica....
William!!!!!!!!!!!!!!!!!
Se escucha un grito desgarrador en los pasillos de la
mansión Andrew....
Notas de la autora:
Bien queridas amigas, llegue al término de este capítulo,
espero que sea de su agrado, no les digo para cuando el otro pero tratare de
apurarme (siempre lo digo pero espero ahora si cumplirlo) J
Dedicado con todo cariño a ustedes mis pacientes
lectores.
La canción incluida aquí es del grupo llamado Coda y se
titula “Sin ti no se continuar”
Dudas, quejas, reclamos:
[email protected], [email protected]
-
Lily