Siempre Unidos

Por: Lily Ramírez.

 

Capítulo IV

“Dulce y triste reencuentro”

 

 

Las esmeraldas reflejadas en el intenso cielo adquirían un brillo especial, las sensaciones a flor de piel, despertando de su letargo, un leve temblor recorría sus espaldas, el peso de ella sobre sí lo deleitaba sobremanera, su cuerpo se había amoldado al suyo sin necesidad, sus alientos mezclándose, la respiración agitándose, un solo movimiento y caerían en el bello juego del amor, miles de caricias deseosas de ser utilizadas, la sorpresa y el agrado reflejado en ambos rostros, él, caballeroso como ninguno, levemente besa los labios de su amada, pero ella esta lista para recibir algo más, aún así, él solo la sigue besando tiernamente.

 

Un par de caricias sobre el rostro de ella para luego depositarla sobre su brazo, descansando sobre su cabeza la propia, ella esta sonrojada, él siente como arde en su interior, pero lo ha conseguido, ha dominado sus impulsos, sólo por ella, porque no desea asustarla, porque espera que ella lo ame completamente.

 

Ella esta sorprendida, que pretendía?, que buscaba permaneciendo hundida en las profundidades de ese maravillo azul?, la respuesta la sabía, pero temía responderse, los minutos pasaban y ellos continuaban sin decir nada.

 

El mágico momento vivido los había dejado en un mundo de ensoñación, donde las palabras eran innecesarias, sus cabellos se mezclaban y las sonrisas dibujadas en sus rostros decían muchísimo, lentamente, sin sentirlo, cayeron profundamente dormidos, lo que sería una tarde mágica se tornó en un apacible sueño.

 

Las horas transcurrieron sin que ellos lograran sentirlas, despertaron al anochecer, sonriéndose, la compañía mutua los alegraba sobremanera pero un ruido extraño en ambos estómagos los hizo reaccionar.

 

-   Creo que es hora de cenar Candy

 

-   Si ya lo creo, sabes, fue una linda tarde.

 

-   Maravillosa – acepto él mientras guiñaba un ojo.

 

-   Te sientes bien?

 

-   Claro que si, solo que es demasiado tarde para cocinar, te invito a cenar.

 

-   Esta bien, solo me mudare de ropa, no tardo.

 

-   Haré lo mismo.

 

 

 

רררררר

 

En Nueva York dos almas que sentían un vacío poco a poco iban encontrando resignación a sus pérdidas, compartían el mismo departamento, para desterrarse el sentimiento que lo embargaba, Terry había decidido dejar atrás todos sus tristes momentos, aunque en ellos los bellos tuviesen que sacrificarse, a final de cuentas, esos momentos e imágenes las conservaba en un mejor sitio, dentro de sí, por lo que propuso a Stear rentar un apartamento más amplio, donde ambos pudieran estar sin molestar al otro, él chico de anteojos acepto de buena manera, su vida había tomado el rumbo que quería, al menos el que había trazado apenas poco tiempo después de haber levantado a Candy en aquella estación de tren.

 

Terry por su parte sentía una gran estima por el “inventor frustrado”, como le decía embromándolo cuando sus inventos fallaban, seguía siendo reacio para compartir sus cosas, pero ese chico le había ganado la partida, había conseguido a un amigo y eso era algo que estaba aprendiendo a atesorar, su carrera como actor seguía creciendo, una extensa gira por el país estaba por comenzar en tan sólo unas horas, el se encontraba nervioso, la primer ciudad en la lista era Chicago, abrirían ahí debido a que se trataba de una función a beneficio de orfanatos y hospitales.

 

-   Que más da, lo más seguro es que ella ni siquiera asista a la función, si encontró un nuevo amor, no pensara más en mí – pensaba Terry para sus adentros – Vamos chico, de nuevo estas pensando en ella, deja de hacerlo, la dejaste ir, la perdiste y ella tiene derecho a ser feliz ...  para que me engaño, la amo más que a mi vida, no tengo remedio, quizá nunca la deje de amar – seguía pensando en su camerino sosteniendo aún en sus manos el itinerario que seguirían durante las presentaciones.

 

Stear en cambio, trabajaba como ayudante en el teatro, Robert Hattaway lo había visto ayudando cierto día a los chicos que se encargaban de las luces en el escenario, en silencio observo como desinteresadamente había prestado ayuda a sus chicos para que todo quedara listo a la hora de la función, no sólo eso, sino que lo había hecho excelentemente bien, era acompañante asiduo de Terry, por lo que le había propuesto un empleo, el pobre de Robert casi se desmaya al enterarse de que tenía de empleado a un miembro de los Andrew, consideró el despedirlo, pero bajo que argumentos?, si el chico era un excelente trabajador. Así que había sostenido una charla muy extensa con el joven Cornwell, quien le suplicó que no le dijera a nadie sobre su verdadera familia, que esto lo hacía porque estaba costeándose sus estudios y que no quería recibir nada por parte de sus familiares, quería labrarse su destino y ganarse su sustento.

 

Así fue como Stear pasó a ser primo de Terry ante los ojos de todos en el teatro, proveniente de Suiza, obviamente todos creyeron la historia que contara el director, después de todo él no tenía porque mentir.

 

Había entrado a estudiar aprobando sus exámenes con notas excelentes, sus maestros estaban encantados con él, pues era un chico inteligente, algo inquieto pero muy atento a sus clases, denotaba interés en aprender, pero ante todo, un deseo y espíritu inquebrantable.

 

-   Así que partirás mañana, bueno, al menos así no tendré que cocinar para dos, si tengo suerte me invitaran por ahí tus fans.

 

-   Si claro, con lo bien que cocinas seguro no te morirás de hambre – respondió sarcásticamente el joven actor.

 

-   Que tratas de decir?, Acaso mi comida no te gusta?, Porque si es así no entiendo porque devoras todo en el desayuno.

 

-   Jajajajaja, bueno amigo mío, una cosa es que no sepas cocinar y otra que yo me quiera morir de hambre.

 

-   Mira Granchester, puedes decir lo que quieras pero al menos hay alguien que si sabe de comida.

 

-   No me digas que has logrado comunicarte con los perros y gatos del callejón? – seguía Terry atacando a su compañero de apartamento.

 

-   No, todavía no lo consigo, pero si puedo platicar contigo ... seguro con ellos será más fácil. Jajajajajaja, creías que sólo tu podías decir cosas así, jajajajajajajaja – reía alegremente Stear al notar como la expresión en el rostro de Terry se tornaba seria.

 

-   Sabes, estaré en Chicago.

 

-   Y que harás?

 

-   No lo sé, pero una cosa es segura, no puedo verla.

 

-   No puedes o no quieres verla?

 

-   Me muero por verla, tu lo sabes, pero si eso sucede, no sé lo que pasaría.

 

-   Te entiendo, pero bueno, ya que vas para Chicago, me harás algunos favores.

 

-   Mientras no sea ir a visitar a tus adorados primos o a tu encantadora abuela.

 

-   No hombre, nada de eso, te lo diré más tarde.

 

 

Una hora después ambos salían al teatro para cumplir con sus obligaciones, sin duda alguna eran los mejores amigos del mundo, pero Terry seguía pensando en reencontrarse con aquél que un día lo ayudase en una pelea callejera.

 

 

רררררר

 

 

-   Señorita Andrew, es un placer verla tan sonriente y sobre todo tan atenta a sus deberes.

 

-   Gracias Dr. Lenard, necesita algo?

 

-   Si, pero es más bien una formalidad, por lo pronto le informo que será transferida.

 

-   Transferida?

 

-   Si, vera usted, en uno de los hospitales se ha presentado una triste situación, dos de las enfermeras que ahí laboraban sufrieron un accidente mientras ayudaban a rescatar a trabajadores en una construcción que se había derrumbado, un nuevo derrumbe hizo que ambas sufrieran daños serios lo que les impide realizar sus labores.

 

-   Entiendo doctor, cuando seré transferida.

 

-   En este instante Candice, lo siento pero la ayuda urge en ese lugar, yo he dado las indicaciones necesarias para que Janeth tome su lugar aquí. El cochero está listo para llevarla a su nuevo lugar, será por poco tiempo, se lo aseguro

 

-   Oh no se preocupe doctor, yo estaré bien en cualquier lugar mientras pueda ayudar a los demás, pero recuerde, aquí solo soy Candice White.

 

Diciendo esto se retiro a la sala de descanso, tomó sus pertenencias y abordó el carruaje que la esperaba en la puerta, al llegar al hospital de La Divina Gracia se sorprendió de lo alejado que estaba de su apartamento, le pidió al cochero que dejara una nota con su casero, donde le informaba a Albert de su nueva situación laboral, posteriormente se integró al equipo de trabajo, fue un turno difícil, ya que debido al mencionado accidente los heridos eran muchísimos, habían rebasado el límite del hospital por lo que habían trasladado a varios al hospital general, no hubo tiempo para presentaciones pues el trabajo era muchísimo, por lo que apenas y había tenido tiempo de tomarse un café y continuar con las labores.

 

La mañana llegó y con ella un merecido descanso, al salir se sorprendió al ver a Albert esperándola en la entrada, sentado en la escalinata, al verla sonrió, se puso de pie y juntos partieron al apartamento, donde un delicioso desayuno los esperaba, ella se sorprendió y en agradecimiento le dio un beso en los labios. Poco después de desayunar él le pidió descansara porque tenía que volver en pocas horas al hospital, se despidieron tiernamente pues el debía ir a trabajar, ella fue a su habitación y posteriormente se dio una ducha.

 

 

רררררר

 

 

En la estación de tren de Nueva York dos jóvenes se despedían mientras intercambiaban algunas palabras.

 

-   Espero que todo salga bien, no olvides hacer lo que te he pedido.

 

-   Gracias, no olvidare nada, te lo aseguro, cuídate mucho quieres y deja de molestar a los pobres animales del callejón.

 

-   Nunca cambiarás Terry.

 

-   Eso espero – ante este comentario ambos rieron abiertamente.

 

-   Pensaste bien lo de anoche.

 

-   Si claro que lo he pensado muy bien, hago lo correcto.

 

-   De acuerdo Stear, es tu decisión.

 

-   Una cosa más, si la vez dile que.. no mejor no le digas nada.

 

-   No creo verla, pero si sucede, le daré tus saludos.

 

El tren partió y ellos se despidieron agitando sus manos.

 

 

רררררר

 

 

Los días pasaban rápidamente, Terry ya había llegado a Chicago, con el corazón en la mano y las ilusiones desbocadas, sabía que quizá no tenia esperanzas, aún así, la razón se ve opacada cuando el corazón siente. Candy se había adaptado a su nuevo sitio de trabajo que aunque era temporal no le importaba darlo todo por sus pacientes, a quienes se había ganado con su ternura y carisma. Al cabo de 4 días de arduo e intenso trabajo tendría un poco de respiro, le habían concedido toda la tarde libre, por lo que aprovecho para verse con sus amigas en un restaurante del centro de la ciudad.

 

-   Hola Annie.

 

-   Candy que alegría verte, hace tanto tiempo

 

-   Sí Annie, mucho tiempo, pero que bien luces.

 

-   Te parece?

 

-   Claro que sí, donde esta Patty?

 

-   No lo sé, lleva 15 minutos de retraso y ella no acostumbra llegar tarde.

 

-   Que raro

 

-   Esperemos un rato más, de lo contrario vamos a su casa.

 

-   De acuerdo Annie.

 

-   Cómo te ha ido Candy?, luces muy bien, dime, como van las cosas.

 

-   Muy bien Annie, Albert es encantador, un verdadero ángel, dulce, amable, lindo, gentil.

 

-   Vaya Candy, con tantos elogios me vas a marear.

 

-   Annie! – fue lo único que pudo decir una sonrojada pecosa.

 

-   Veo que estas enamorada, no es así?

 

-   Se nota mucho? – dijo mientras guiñaba un ojo a su amiga.

 

 

Ambas continuaban con su amena charla, al cabo de 30 minutos llegó Patty, tan sólo verlas se hecho a llorar en brazos de Candy, la rubia y su acompañante se sorprendieron y trataron de calmarla, luego de unos minutos de amargo e intenso llanto la recién llegada les relataba lo sucedido.

 

-   Venía saliendo de mi casa cuando un joven me interceptó y me dijo que traía una carta para mí de Stear, que eran buenos amigos y como el había tenido que venir a Chicago se lo pidió.

 

-   Que bien Patty, al menos así puedes tener pronto correspondencia de él, eso no es para llorar.

 

-   Eso creí al principio yo también, pero lo que me dice Stear en la carta... – ella comenzó nuevamente a sollozar.

 

-   Cálmate Patty, no me dirás que ese chico loco se fue a la guerra verdad?

 

-   No, es algo peor.

 

-   Peor?? – preguntaron al unísono sus amigas.

 

-   Termino Candy, todo termino entre nosotros.

 

-   No entiendo Patty.

 

-   Toma, lee esto.

 

 

Querida Patty:

 

Antes que nada, recibe un saludo afectuoso y cariñoso de mi parte, te sorprenderá el contenido de esta carta, quizá no sea la mejor forma de hacerlo y decirlo pero no veo otro modo por el momento.

 

Sabes, durante el tiempo que convivimos y compartimos nuestros momentos, pude ver el gran y maravilloso ser humano que eres, alguien a quien no merezco, pues lo que siento por ti no va más allá de un cariño sincero de amigo, somos muy jóvenes todavía y creo que las oportunidades para amar se nos presentaran en su momento, yo no niego el hecho de que me siento bien a tu lado, que el compartir mis cosas con alguien como tu no me inspira nada, pero no creo justo para ti que estés a la espera de algo que quizá no pueda ser, sé que te dolerá lo que estoy escribiendo, pero créeme es lo mejor.

 

Tienes el camino por delante, si en tu vida aparece alguien que pueda corresponderte con la misma magnitud que tú, adelante, date y dale la oportunidad a esa persona de ganarse tu corazón, sería estúpido de mi parte el decirte que me des tiempo, que quizá logre amarte, pero si en todo este tiempo no ha surgido ese sentimiento en mi interior, no creo que surja de un momento a otro.

 

Un amigo me ha hecho comprenderlo, él lo vivió de una forma dolorosa, no podemos atarnos a un ser que no amamos, lo mejor es dejarle libre para que busque su felicidad, es lo que yo estoy haciendo contigo, eres libre Patty.

 

Quizá nunca más nos volvamos a ver, pues seguro en estos momentos debes estarme odiando, pero espero que si el destino vuelve a ponernos frente a frente podamos saludarnos como los buenos y grandes amigos que hemos sido hasta el momento.

 

Perdóname Patty, de verdad, lo intente.

 

Sinceramente:

Alistear Cornwell.

 

 

Candy estaba sorprendida ante lo que había leído, sobre todo porque le traía a su memoria el doloroso momento vívido con Terry antes de su despedida, comprendía el dolor que sentía en esos momentos su amiga, mientras ambas se abrazaban Annie tomó la carta, al terminar de leerlas se abrazó a sus amigas y las tres lloraron unos minutos.

 

 

רררררר

 

 

En el teatro principal de Chicago todo era correr, los ensayos habían comenzado y sería una larga jornada, luego de haber tomado un descanso durante la noche, todos se habían concentrado para que la función fuese un éxito, sin notarlo, Terry estaba haciendo las cosas con mayor ímpetu, lo cual no pasó desapercibido por sus compañeros, tras horas de duro y extenuante trabajo, todos se retiraron a descansar un momento, para comer y leer los libretos, Romeo y Julieta seguía siendo una obra de éxito, el productor esperaba que todo saliera a la perfección, había prescindido de Stear durante la gira debido a sus compromisos universitarios, dejándolo temporalmente bajo las órdenes de un colega suyo, el cual se encargaba de impartir clases en el teatro universitario.

 

 

רררררר

 

 

Albert por su parte se encontraba muy inquieto, había visto los promocionales de la obra, sabía que Terry estaba cerca y que quizá buscaría a Candy, unos celos terribles se habían apoderado de él, estaba desesperado, temía un encuentro entre ellos, no sabía que sucedería si eso pasaba, pensaba que quizá era lo mejor, pero a la vez no quería que eso pasara, se dirigía al apartamento, pero en el estado en el que estaba no podía mirar a Candy a los ojos, ella sabría que algo le ocurría, así que llegó al parque y se sentó bajo un árbol para que la suave brisa del anochecer despejara su mente.

 

En otra parte de la ciudad, otro joven de ojos azules e intensa mirada, tocaba su vieja armónica, con tanta melancolía, mientras se refugiaba en la azotea del teatro y el viento ondeaba sus castaños cabellos.

 

-   Qué estarás haciendo pecosa?, te acordarás de mí? sabrás que estoy aquí? tan cerca de ti, si supieras lo que estoy luchando por no correr a buscarte, por no perder la razón al no tenerte a mi lado. Dueles tanto todavía, si al menos tuviera la esperanza de que lo nuestro puede darse nuevamente, Mayo, pronto será tu cumpleaños, cuanto me gustaría felicitarte, dulces y tiernos recuerdos se agolpan en mi mente, el Colegio, Escocia.

 

Con estos pensamientos el joven actor seguía tocando aquella triste melodía, mientras las lágrimas contenidas durante tanto tiempo fluían sin control bañando sus mejillas.

 

 

רררררר

 

 

Annie y Candy habían logrado tranquilizar a Patty, luego de dejarla en su casa con su abuela Martha se habían despedido, era un poco tarde, la charla se había extendido y ella estaba algo retirada aún de su hogar, hubiese tomado un taxi pero no había tomado suficiente dinero, por lo que tenía que caminar, a tan solo unas cuantas cuadras un auto se emparejo a su caminar, de donde descendió un joven.

 

-   Que prisa llevas querida. Sube, te llevo a donde vas.

 

-   Gracias, prefiero caminar a que me vean a tu lado.

 

-   Quién te crees Candy?, no sabes lo que darían tantas chicas por estar en tu lugar.

 

-   Otra vez con eso Neil?, por favor, deberías ser más original en lo que dices.

 

-   Tienes razón, aceptas que te acompañe a tu casa – dijo el cambiando de táctica para con ella.

 

-   Vaya, veo que has dulcificado tu tono de voz, pero no es necesario, puedo caminar sola, también se cuidarme sola.

 

-   Si lo dices por lo del otro día, no te creas heroína, me tomaron por sorpresa eso fue todo.

 

-   Si Neil claro, como tu digas.

 

-   Porque me tratas así Candy?

 

-   Oh, disculpe usted su alteza, pero es que creo que su memoria no es muy buena, pero la mía funciona perfectamente, así que le daré algunas ideas para que vea los porques.

 

Candy se había detenido un momento y le había lanzado una mirada que lo dejo helado. Él no pudo sostenerle la mirada y bajo la vista, continuó caminado a su lado mientras eran seguidos por el chofer.

 

Ella lo ignoraba completamente, se detenía cuando veía algún escaparte, pero él parecía no querer dejarla, a ella le preocupaba el hecho de que él supiera donde vivía, más aún que Albert la viera en su compañía y pasara algo malo.

 

-   Porque no sigues tu propio camino Neil?

 

-   No lo haré hasta que no aceptes ser mi novia.

 

-   Ja, tú si que estas loco, jamás, entiéndelo, jamás sería tu novia, ni aunque fueses el último hombre sobre la tierra.

 

-   Porque?, Es por ese actor de cuarta o por el vago ese con el que sales? Responde.

 

-   Mi vida personal no es asunto tuyo, yo decido con quien y cuando salir, no tengo porque darte explicaciones, ni a ti ni a nadie.

 

-   Muy bien, de acuerdo, quizá a mi no, pero el abuelo Williams no pensará igual. Cuando se entere que su protegida se comporta como una...

 

Por toda respuesta ella le propinó un par de bofetadas al tiempo que salía corriendo, perdiéndose de la vista de Neil, quien se frotaba la cara con ambos manos.

 

-   Tu lo pediste Candy, si por las buenas no me aceptas, será a mi manera.

 

 

רררררר

 

 

Ella iba demasiado agitada, las lágrimas bañaban su rostro, se sentía furiosa, como era posible que un chico tan detestable la pretendiera y sobre todo se atreviera a hablarle de ese modo, llegó a su apartamento, donde un asombrado Albert la vio entrar en ese estado y luego tumbarse a la cama llorando desconsoladamente, él la observaba desde el umbral de la puerta, cuando se percató de que los sollozos no terminaban, se acerco a ella, se sentó a su lado, ella instintivamente se aferró a su cuerpo. Él se temía lo peor, pensaba que se había reencontrado con Terry y que la herida se había reabierto, más aún que el joven actor le hubiese podido dañar.

 

-   No aguanto más Albert, porque?, dime porque?

 

Decía ella mientras seguía llorando.

 

-   Tranquilízate Candy, sino me explicas que te ocurre no podré ayudarte.

 

-   Oh Albert, porque me tiene que pasar a mi?

 

-   Candy, de que hablas.

 

Ella se tranquilizó un poco y le relató a Albert lo sucedido con Neil, aunado lo de Stear y Patty, él había respirado un tanto aliviado al ver que no era Terry, pero la furia y el enojo se reflejaban en su mirada, ella continuaba con su relato, mientras el pensaba en la forma de evitarle esas penas a su dulce niña.

 

 

רררררר

 

 

En el hospital donde estaba Candy el trabajo había disminuido considerablemente, los pacientes se recuperaban de las lesiones sufridas y varios habían sido dados de altas, dejándoles la indicación de regresar a sus respectivas citas, además de curaciones, era jueves, el Dr. Lenard había ido hasta ahí para entregarle una invitación a Candy, ella se había sorprendido, pues se trataba de una recepción en la casa del Sr. Wallace, quien aportaría una importante suma de dinero al hospital donde se encontraba ella actualmente y expresamente había solicitado que fuera ella quien representara a la Divina Gracia junto al director del mismo, ese dinero serviría para ampliar el lugar y mejorar las actuales habitaciones de los pacientes.

 

El baile sería el día siguiente, había una obra de teatro antes de la recepción, el baile era para recolectar fondos para varios hospitales más, los actores habían donado el total de las entradas de la función, ella no tenía ni idea de quien actuaría en la obra y mucho menos de que obra se trataba, había tenido demasiadas ocupaciones como para enterarse, pero la invitación solo era para el baile, podía ir acompañada por una persona, así que sin pensarlo dos veces contó con Albert, además hacía muchísimo tiempo que no asistía a un evento así.

 

Trabajo el turno nocturno para que pudiera tener el día siguiente libre para arreglarse y descansar. Se sentía contenta de poder llevar a Albert a un evento de tal magnitud, no se había puesto a pensar que ahí estaría sin duda alguna la familia Andrew, lo mismo que los Leegan.

 

 

רררררר

 

 

Candy llegó a su apartamento a la mañana siguiente, durmió toda la mañana y se despertó a las 2 de la tarde, le había comentado al llegar a Albert sobre el baile, él no se veía muy entusiasmado, pero al verla tan contenta no tuvo más remedio que aceptar, prometió pasar a conseguirse un smoking, tenía que verse muy elegante, afortunadamente para él, Archie se había encontrado a Albert mientras salía de una de las tiendas, el se encontraba viendo los escaparates, habían charlado amenamente mientras tomaban un café, por lo que el joven Cornwell le insistió en regalarle un smoking, cosa que él no aceptó, pero luego llegaron a un acuerdo, que Albert lo aceptaría con la condición de pagárselo poco a poco, Archie sonrió y regresaron a la tienda para que el rubio de ojos azules se probara los accesorios necesarios.

 

Mientras tanto, Candy en su apartamento empezó a sentirse nerviosa, eran las 5 de la tarde y Albert no llegaba, ciertamente era aún demasiado temprano pero pensó que quizá no le habían dado permiso en el trabajo de salir antes y se estaba entreteniendo consiguiéndose el smoking, se recriminaba a sí misma por haberlo puesto en aquella situación, había aceptado la invitación sin ponerse a pensar en la ropa, pues ella ciertamente si disponía de ropa adecuada, pero Albert no.

 

Para calmar sus nervios entró a elegir lo que se pondría, contaba con un lindo vestido color durazno, no la convenció, saco otro, tampoco, así estuvo por unos minutos y se dio cuenta que el único que podía ponerse era uno de color vino, obsequio de Annie meses atrás, por lo que decidió que ese estaría bien.

 

Posteriormente se dirigió a tomar una ducha, así la espera de Albert le sería menos ansiosa. Cantaba alegremente mientras se bañaba, no se había percatado de la mirada de unos tiernos ojos azules, que hechizados por el momento y rindiéndose ante la tentación, se había aproximado al cuarto de baño al oírla cantar.

 

-   Sólo un momento, lo prometo, solo quiero estar cerca, nada más.

 

Eso había pensado el rubio antes de llegar a la puerta, para su asombro y buena suerte esta no había sido bien cerrada, pues ella esperaba oír su llegada, la tentación pudo más y era así como el se encontraba ahora viendo como la dueña de su corazón se duchaba, su mirada se había ido posando en cada una de las partes que conformaban el cuerpo de Candy, mismo que había ido transformándose dando paso a una bella mujer, no era posible, tenía que ser un sueño, pensaba el joven rubio, quien sentía como su cuerpo ardía con tan solo mirarle, ahora teniéndola así temía no poder controlar sus instintos y abrazarla y fundirse en uno solo con ella.

 

 

רררררר

 

 

Un movimiento lo alertó, lo cual le indicó que ella estaba a punto de salir, él  alcanzó a hacerse a un lado de la puerta, estaba temblando, todas las sensaciones experimentadas momentos antes se agolparon, no se percató cuando un cuadro colgado en la pared se deslizaba, rompiéndose y haciendo ruido al caer, esto alerto a la joven quien salió apenas envuelta en una toalla y se encontró a Albert recogiendo los trozos.

 

-   Albert, me asustaste, que pasó?

 

-   Nada pequeña, sólo que no me fije y tumbe esto – él había estado tan entretenido recogiendo las piezas que no se había percatado de cómo estaba la joven ante él.

 

Al levantarse se encontró con una Candy que traía su cabellera en desorden, húmeda, su semi desnudez lo cautivó y no pudo resistirse más, caminó lentamente hacía ella quien parecía en trance, nuevamente estaba perdida en la profundidad de esas aguas, que la sumergían en un mundo aún desconocido por ella, esas aguas siempre tranquilas pero que en ese momento brillaban con intensidad, reflejando no tranquilidad sino algo más.

 

Él llegó hasta ella, aspiró su perfume mientras sus brazos los posaba en los desnudos hombros de la joven, ella tembló de pies a cabeza al suave contacto, se olvidaron de todo, él la besó con pasión, con fuego ardiendo en su interior, ella no pensaba, sólo se dejaba guiar, la toalla cayó al piso al tiempo que ella alzaba sus brazos para rodearle el cuello, él la estrecho contra su cuerpo, ninguno podía detenerse, el recorría con sus manos el cuerpo de Candy, ella cada vez más extasiada.

 

Poco a poco Albert se había ido despojando de su ropa, ya se encontraban en circunstancias similares, él la tomo entre sus brazos y sin dejar de besarse la llevo a su habitación, todo era maravilloso, el ambiente ideal, las palabras de amor y promesas no se dejaban de escuchar por parte de ambos. Mil y un te amo rompían el silencio, los jadeos de ella que lo excitaban y lo animaban a seguir, caricias tiernas, besos ardientes, caricias dormidas que por fin encontraban su lugar al ser depositadas en el cuerpo del ser amado, un poco, sólo un poco más y la entrega estaría consumada, él había hecho todo por darle confianza, con ternura la había ido elevando a la cima del éxtasis, lo intento una vez, lentamente, mirándola fija y dulcemente, para infundirle confianza, ella asentía con su cabeza, el se introducía un poco más, a cada avance el prodigaba besos y palabras de amor, luego de que pasaba el leve dolor el proseguía, fue así como ambos llegaron al cielo, sus movimientos rítmicos, sus caderas sincronizadas y sus cuerpos fundidos en uno sólo, ella gemía de placer, brindándole lo mismo a él, alcanzaron la gloria.

 

Lentamente sus respiraciones se iban normalizando, él continuaba dentro de ella, mirándola y sonriéndole al mismo tiempo, acariciaba sus cabellos, lentamente la fue abandonando, no quería, deseaba continuar en su interior, pero no resistía la tentación de abrazarla y sentirla en sus brazos, rodó sobre sí quedando a un costado, besando sus rizos, admirando su belleza.

 

 

רררררר

 

 

-   Albert, Albert - lo llamaba ella una vez más.

 

-   Candy, fue maravilloso.

 

-   De qué hablas Albert?

 

-   Como de qué mi amor, de lo que...

 

-   Dime Albert te sientes bien – la voz de Archie lo había vuelto a la realidad.

 

-   Archie, Annie, pero que hacen aquí?

 

-   Te desmayaste, no recuerdas lo que pasó?

 

-   .. – el negó con la cabeza.

 

-   Si me permiten me gustaría revisarlo, decía con voz autoritaria el joven médico que se encontraba en la habitación, acto seguido todos salieron.

 

-   Dígame Albert, que sucedió?

 

-   No lo sé, recuerdo que llegué y me dirigía a mi habitación, me acerque al cuarto de baño para cerciorarme que Candy se encontraba y después nada.

 

-   Veamos, siente algún dolor?

 

-   No doctor ninguno.

 

-   Recordó algo mientras permaneció inconsciente.

 

-   No nada, porque lo pregunta?

 

-   Pues si no recordó nada entonces creo que tuvo un sueño por demás agradable, me equivoco?

 

-   .. – por toda respuesta el joven sólo acertó a sonreír.

 

-   No tiene nada de cuidado sólo que paso un par de horas desmayado, pensamos que era algo más grave pero me alegra que no haya sido así. Cualquier cosa pueden llamarme, soy su nuevo vecino.

 

-   Muchas gracias, Doctor?

 

-   Richard, Richard Roosevelt.

 

-   Hasta pronto y gracias.

 

El médico salió de la habitación y fue donde se hallaban los jóvenes.

 

-   No fue nada de cuidado seguramente el cuadro que se desprendió de la pared lo golpeó de tal manera que lo hizo desmayar, eso fue todo, no hay contusiones ni nada por el estilo.

 

-   Muchísimas gracias, fue una suerte el que usted sea nuestro nuevo vecino – decía gentilmente Candy.

 

-   No agradezcas, es mi deber. Con su permiso.

 

Ella lo acompañó a la puerta mientras Archie se dirigía donde Albert, quien ya se había incorporado y buscaba su ropa para cambiarse, él joven Cornwell le preguntó que si se sentía con ánimos para ir al baile, podían quedarse, que no habría problema, el respondió que se sentía perfectamente y lo dejo a solas para que se mudara de ropa.

 

Mientras tanto Archie le había comunicado a Candy que él estaba alistándose y que hiciera ella lo mismo pues el tiempo se les había venido encima y apenas tendrían tiempo de llegar al baile. Menos mal que la cita era a las 9 de la noche, que sino no tendrían la más mínima probabilidad de arribar a él.

 

Cuando todos estuvieron listos, partieron en el automóvil de Archie, las damas en la parte posterior y los caballeros adelante, arribaron puntualmente a la casa del Sr. Wallace, quien se encontraba recibiendo personalmente a sus invitados. Al ver el auto con el emblema de los Andrew no dudó un segundo en acercarse para recibirlos al pie de la escalera que conducía al salón donde se efectuaría la recepción.

 

-   Es un honor recibir en mi hogar a los integrantes de la familia Andrew.

 

-   El honor es nuestro señor – fue la respuesta de Archie.

 

-   Señoritas lucen muy bellas.

 

-   Muchísimas gracias.

 

-   Si los caballeros me lo permiten, me honraría mucho el poder conducir a tan bellas jovencitas al interior del salón.

 

-   Adelante señor Wallace, pero antes permítame presentarle a nuestro primo Albert – ante esto el rubio se sorprendió pero entendió que era lo mejor dadas las circunstancias.

 

-   Se nota que es un Andrew, la elegancia y el porte se heredan de padres a hijos, pasen por favor.

 

Fue así como los cuatro jóvenes hicieron su arribo a la recepción, todas las miradas de los presentes se dirigieron a la puerta principal cuando la familia Andrew fue anunciada, menos mal que los Leagan no estaba presentes aún sino lo dicho por Archie se habría ido por los suelos.

 

Poco a poco todos los invitados ocupaban sus lugares, en representación de William Albert Andrew había acudido George Jonson, la Sra. Elroy se encontraba en Lakewood preocupada por el bisabuelo y había preferido no ir al evento para no tener que seguir mintiendo ante la desaparición de su sobrino.

 

El evento sería todo un éxito, si al menos tuvieran la certeza de que la estrella de Broadway se presentaría, la compañía de teatro había arribado, el director y sus actores tenían la mesa adjunta a la del alcalde, quien también había sido invitado.

 

Hasta la mesa asignada a la familia Andrew llegó George, saludo cortésmente a las damas por ser las únicas presentes, ya que los jóvenes habían ido al bar por algo de beber.

 

-   Señorita Candy, es un placer saludarla, espero que todo este bien.

 

-   George, el placer es mío, dígame, como esta usted? Y el abuelo William?

 

-   Yo estoy muy bien, gracias por preguntar, el señor es quien se encuentra un poco enfermo, pero nada de cuidado, es por eso que la Sra. Elroy no pudo asistir el día de hoy.

 

-   Oh, lo siento mucho George, me encantaría estar a su lado para ayudarle.

 

-   Se lo haré saber señorita Candy, por cierto...

 

George no pudo seguir hablando, al ver al joven que acompañaba a Archie, las chicas voltearon y sonrieron, cuando intentaron hablar con el administrador lo notaron algo pálido.

 

-   George, George.. se encuentra bien?

 

-   Sí Señorita Candy.

 

-   Por su expresión me parece que no

 

-   Le aseguro que estoy bien, es sólo que últimamente hemos tenido demasiado trabajo

 

-   Debería usted descansar, mire le presento a Albert Andrew.

 

-   Andrew??

 

-   Así es George, por el momento el está con nosotros como un miembro más de la familia, por favor, no nos delate – pedía Archie como un favor.

 

-   Pero, Sr. Andrew?

 

-   George, permítame explicarle; Albert no recuerda su pasado, perdió la memoria en una explosión en Italia, por favor, no lo delates.

 

-   ... – George continuaba impresionado al haber visto al joven heredero, así que no le quedó más que aceptar lo que le pedían, después de todo, no era mentira su relación con la familia, así que finalmente respondió – No hay ningún problema, esto lo hago por Mr. Andrew y por ustedes, sólo le pido Sr. Andrew que me permita estar a su lado cuando algún invitado se acerque, mi nombre es George Johnson.

 

-   Mucho gusto, Candy me ha hablado mucho de usted, sé que usted la ha ayudado mucho.

 

-   Es mi deber señor.

 

La platica en esa mesa era de lo más amena, todos estaban sorprendidos con la presencia de un Andrew hasta ahora no conocido por la sociedad, era el tema de conversación de las damas presentes, algunas comentaban lo apuesto que era y otras preguntaban por la chica que lo acompañaba. Nadie dudó ni por un instante que era un caballero, la velada pintaba para ser excelente, la ceremonia dio inicio oficialmente a la recepción.

 

Luego de unas palabras de bienvenida, se procedió a la cena, todo estaba bellamente decorado, los invitados elegantemente ataviados, pero sin duda alguna alguien que sobresaldría entre los demás sería la joven rubia de ojos verdes como las esmeraldas, ya que esa noche lucía más bella que nunca, con un vestido del mismo color de sus ojos, con un escote que la habían hecho ruborizar al contemplar su imagen en el espejo, su cabello lo llevaba totalmente suelto, apenas sostenido por un par de broches de color blanco, mismos que habían sido ocultados por el espesor de su cabello, sus zapatillas estaban bellamente forradas con el mismo material del vestido, ese había sido el primer regalo que recibiese por parte de sus amigos con motivo de su cumpleaños número 18 que sería al día siguiente y ellos no habían podido encontrar mejor excusa para hacerle tan bello obsequio.

 

Albert por su parte le regalo un sencillo juego de aretes y gargantilla de oro blanco que hacían juego con su atuendo, había juntado durante algún tiempo sabedor de la tan importante fecha que celebrarían.

 

La cena había estado por demás exquisita, pero Candy estaba algo inquieta, sentía que alguien la observaba, volteo a su derecha y se percató de que Neil no le quitaba la vista de encima, pero no era él quien la ponía así era alguien más, por más que busco a su alrededor no encontró a nadie, así que le resto importancia, pero no dejaba de sentir aquella penetrante mirada.

 

Al terminar la cena todos los invitados estaban atentos a la hora en que los donativos serían entregados, todas las asociaciones habían ido pasando así como los representantes de los hospitales y orfanatos a los cuales se designarían los fondos, la última en pasar fue Candy, quien representaba un hospital que se encontraba en uno de los sitios de más necesidad de la ciudad.

 

-   Nuestro siguiente y último donativo será destinado al hospital La Divina Gracia, en su representación lo reciben la señorita enfermera Candice White y el Dr. Daniel Stewart.

 

-   A nombre de todos nuestros pacientes les agradecemos enormemente.

 

Los aplausos no se hicieron esperar, cuando la joven enfermera y el doctor se disponían a bajar.

 

-   Un momento señorita White, a nombre de sus compañeros y el mío propio, queremos felicitarla por anticipado, sabemos que su cumpleaños numero 18  lo celebra mañana, por lo cual le pido nos haga el honor de abrir el baile.

 

-   Muchísimas gracias Sr. Wallace, gracias a todos – decía una ruborizada Candy, se sentía muy contenta pero a la vez nerviosa, con la mirada buscaba a Albert, como dándole a entender que quería que el fuese su compañero.

 

La música empezó a sonar, la iluminación se atenuó y todos los presentes se pusieron de pie, de entre las sombras, se abría paso un joven, el corazón de Candy comenzó a latir fuertemente, cuando él llegó le hizo una reverencia y le ofreció su mano, ella la tomo nerviosamente, él la besó caballerosamente, después ambos se dirigieron al centro del salón.

 

-   “Terry” – pensaba Candy mientras aspiraba nuevamente el suave aroma que emanaba de él – esto no es posible, seguro estoy soñando, no es él, no lo es – sus ojos los mantenía cerrados, sólo dejaba guiarse al compás del vals.

 

-   Candy, mi dulce pecosa, tan bella como una diosa, tan dulce como un ángel, no podría tener mejor reencuentro contigo, ni en mis más locas fantasías – pensaba él.

 

La gente comentaba la extraña aparición del joven actor, Robert estaba complacido de verlo por fin de buena gana en un evento así, otros más comentaban el mal gusto de haber felicitado a la enfermera de esa forma, en fin, todos de una u otra forma hablaban de la pareja que parecía no darse cuenta de que no estaban solos, todos, excepto un joven rubio de dulces ojos azules pero que en ese momento reflejaban ira, desencanto, celos........

 

 

 

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Nota de la autora:

            Este capítulo en especial se lo dedico a Elia, Maru y mi amiga Fabiana Tagle, a quien agradezco su amistad.

 

 

 

 

 

 

 

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