Siempre Unidos

 

 

 

Capítulo III

“Redescubriendo el amor ”

Por: Lily Ramírez.

 

Esa noche fue mágica para ambos corazones, regresaron a su departamento tomados de la mano, habían caminado en silencio por las solitarias calles, las palabras no eran necesarias, ella sentía como una nueva llama se encendía en su interior, sin lograr entender el porque.

 

La convivencia diaria los acercaba más y más, ninguno decía abiertamente lo que sentía, pero cualquier persona se daba cuenta de que entre esos dos jóvenes el amor se había ido sembrando, alimentándose de detalles y caricias invisibles. Su vida seguía su ritmo, él no había recuperado su memoria del todo, tenía imágenes confusas, los dolores de cabeza de repente se presentaban con demasiada intensidad, pero no había logrado saber quien era.

 

Ella por su parte continuaba su labor, un buen día en que tomaba su descanso, recibió una nota, se alegro al ver que era de Stear y prosiguió a leerla.

 

Querida Candy.

 

Te sorprenderá esta misiva pero no dispongo de mucho tiempo, he decidido partir y encontrar mi camino, no te preocupes, no voy a la guerra he comprendido que puedo ayudar de otro modo desde aquí, aun no se a ciencia cierta lo que haré, pero ten por seguro que será lo correcto, antes de irme me gustaría verte, mi tren sale a las 7:00 p.m.

 

Alistear Cornwell.

 

-         Dios mío, es poco más de las 6, si quiero llegar a tiempo deberé irme ya, pediré permiso al director.

 

Fue así como llegó a la estación, el tren anunciaba su salida y ella bajó corriendo del carruaje, se aproximó al andén y busco a Stear por todos lados, lo encontró cerca del último vagón, se le veía distinto.

 

-         Si no me apuro te ibas sin decirme adiós.

 

-         Hola Candy, siento mucho haberte hecho venir de este modo, pero tu eres la única que puede entender mis motivos para hacer esto, he dejado varias cartas para los chicos y para la tía abuela, espero que el tío abuelo William no se enoje conmigo.

 

-         Claro que te entiendo, pero dime, ¿qué harás?

 

-         No lo sé, veré que oportunidades me ofrece la vida y las tomaré con gusto, quería darte esto antes de partir. Ábrelo una vez que el tren haya desaparecido de tu vista.

 

-         Gracias Stear, te deseo en verdad mucha suerte, así como también espero que Patty lo entienda. Encuentra tu camino pero mantente en contacto, quieres.

 

-         Seguro que si Candy, cuida mucho de Albert y despídeme de él.

 

El tren inicio su marcha y ella corrió despidiéndose de su amigo, como tiempo atrás él lo hiciera cuando había partido a Nueva York, algunas lágrimas escaparon ante la partida de un ser tan querido. En sus manos conservaba lo que él le diera y lo abrió. Era una hermosa cajita, dentro contenía el emblema de los Andrew y una notita.

 

Este broche pertenecía a Anthony, estoy seguro que te gustaría tenerlo, él quería dártelo el día de la presentación, pero hoy lo entrego yo en su nombre.

Stear.

 

Ella se sentía muy emocionada, nunca se imagino que su dulce Anthony quisiese hacerle ese obsequio. Se dirigió a su casa, donde un inquieto Albert paseaba de un lado a otro esperándole.

 

-         Pero Candy,¿dónde estuviste?, me tenías muy preocupado.

 

-         Lo siento, tuve que ir a despedir a Stear la estación.

 

-         ¿Qué dices?, acaso ese chico, ¿se enrolo?

 

-         No sé que hará Albert, pero casi podría jurarte que a la guerra no irá, al menos no ahora, empeño su palabra y no me defraudará. Desea encontrar su propio camino, no lo culpo, no quiere ser como le dicen, sino como siente que debe hacerlo.

 

-         Entiendo, si al menos yo pudiera recordar quien soy para definir mi camino.

 

-         No te preocupes Albert, has mejorado mucho, al menos recuerdas que tenías una hermana y eso es un avance.

 

-         Tienes razón, además, teniéndote a mi lado eso no me importa demasiado.

 

Ante este comentario Candy se sonrojo visiblemente, él por su parte se sentía seguro con  lo que decía, pues era lo que el corazón le gritaba. Se acercó lentamente a ella y depositó un suave beso en su frente y la abrazo.

 

El tiempo se detuvo para ellos dos, la magia los envolvió y sin darse cuenta, el abrazo se fue intensificando, los labios de Albert tímidamente buscaron los de ella, se sorprendió al ver que éstos ya lo esperaban, un pequeño roce al principio, ella tenía sus ojos cerrados, disfrutando el momento, sus manos empezaban a desplazarse a lo largo de la espalda de él, temblaba, sus labios sintieron una presión a la cual no se pudo resistir, permitiéndole a él explorar su interior, era tan hermoso ese beso, nunca antes había recibido uno igual, dentro de ella un calor comenzó a invadirla.

 

Él por su parte acariciaba los rubios rizos, el beso fue finalizando lentamente, se resistía a dejarla, pero como hombre sabía que de continuar así, sus más íntimos y apasionados deseos terminarían por fluir. Beso sus mejillas, su nariz y su frente, luego descansó su mentón en la cabeza de la rubia, ella se aferraba a él, jamás había experimentado algo igual, al fin, su corazón abría sus puertas nuevamente al amor, sin que ella se hubiese podido percatar del momento en el que esto ocurrió.

 

-         Candy, te amo.

 

-         .......

 

-         No sé desde cuando, quizá de toda la vida, eso no lo puedo afirmar ahora, pero aquí, en este momento, TE AMO.

 

-         Yo, Albert, yo... las palabras se negaban a ser dichas, luego de un rato de silencio... Creo que también Te Amo Albert.

 

 

El abrazo se prolongó un poco más, ambos tratando de asimilar lo que acaban de decir, ella asombrada ante aquella revelación, él en cambio, feliz de ser correspondido, cenaron tranquilamente, mirándose de vez en vez, lo que provocaba sonrojos en ella, había tanto que decir, tanto que aclarar, pero eso lo harían poco a poco, lo importante era saberse amados.

 

 

רררררר

 

 

En Nueva York, todo pintaba para ser una noche más en la vida de Terry, nada especial, nada importante que llenara su vida, dirigía sus pasos pesadamente, tan pesados como la carga moral que sostenía, había tomado unos tragos como aliciente a su dolor, a pesar de todo el tiempo transcurrido, él no se había resignado a perder al amor, su linda pecosa seguía ocupando su corazón, su mente, todo su ser.

 

Apenas si habían compartido un beso de adolescentes, un beso que no olvidaba pero que había sido fugaz, robado, cuantas veces había soñado en volver a probar la miel de esos labios, esperando la misma respuesta, pero no lo había hecho, su instinto le decía que la abrazara y la besara ese día al recibirla en la estación, pero su conciencia le recriminaba un absurdo deber de honor con una mujer que había perdido una extremidad al salvarlo a él.

 

Hubiese sido feliz si el afectado en ese sentido fuera él, las vueltas de la vida nunca habían sido a su favor, siempre había algo que empañara su felicidad, siempre fue así, pero dentro de ese siempre existía una etapa que le brindó felicidad, dicha, sueños, deseos de triunfar, pero ahora, nada, sólo vacío, inmenso y profundo vacío albergando su alma, todo su ser.

 

Las 11 de la noche marcaba el reloj, no podía retrasarse más, aunque quisiese hacerlo, aunque quisiese evitar esa visita, su conciencia lo obligaba a “cumplir” lo que se había propuesto, mejor dicho, lo que “ella” le había pedido, porque de no haber sido por “ella”, en estos momentos las cosas serían diferentes, pero no son así la cosas, nunca más lo serán.

 

Al fin desistió de ir a esa casa donde siempre encontraba las dos caras de la moneda, por un lado, la dulce y frágil rubia de ojos azules, que le prodigaba amor, por el otro, la fría y amarga realidad de su existencia. Giró sobre sí mismo, pensando.

 

-         Hoy no Susana, hoy no.

 

El peso era demasiado, debía existir algún modo de aminorarlo, pero qué?, sin darse cuenta sus pasos lo habían guiado hasta un bar, se sentó al fondo del mismo, ordenando una botella de Whiskey.

 

Una, dos, tres horas, el vaso intacto, el cigarrillo sin encenderse, el mesero lo observaba desde la barra, adivinando el dolor que aquél infeliz llevaba, pero la soledad a veces era la mejor aliada y compañera, siguió su labor.

 

Por instinto, extrajo de su saco una vieja armónica, la observó largo rato, recordando, al fin una sonrisa se dibujaba en su rostro, un rayo de esperanza empezó a encenderse.

 

-         Por ti Candy, por ti.

 

Al momento tomo la botella y la hizo estrellarse contra el suelo, lo mismo que el vaso, destrozó el cigarrillo y la cajetilla, pagó y salió de aquel lugar. El mesero sonrió y siguió su trabajo.

 

 

רררררר

 

 

Tres días habían transcurrido desde la noche en que dos jóvenes habían descubierto sus sentimientos, él era un caballero y aunque habitaban la misma casa, seguían ocupando sus respectivas habitaciones, sus labores cotidianas las disfrutaban más aún, él seguía trabajando en el zoológico y ella en el hospital Santa Juana. Pero no todo sería felicidad para ellos. Cierta tarde, al dirigirse a su apartamento, Candy fue interceptada por Neil.

 

-         Hola Candy, esperé mucho por ti.

 

-         Neil!!!

 

-         No pongas esa cara, no todas tienen la suerte como tú de verme en estas condiciones.

 

-         Ah si!, entonces debo sentirme halagada?, Que afortunada soy– dijo ella en tono sarcástico.

 

-         Por supuesto que si, toma, esto es para ti.

 

-         Que bellas rosas Neil, pero porque el detalle?

 

-         Como que porque, las aceptaste y ahora tienes que salir conmigo, eres mi novia.

 

-         ¿Qué estas diciendo?, si crees que con un ramo de rosas vas a borrar todos los malos ratos que me has hecho pasar estas muy equivocado, si lo que quieres es agradecer mi ayuda de la otra noche, no tienes porque, lo hubiera hecho por cualquiera. Adiós.

 

-         Espera Candy.

 

-         Déjame en paz.

 

-         Me volverás a ver Candy, te lo juro – gritaba mientras se alejaba, luego de haber tirado las flores y pasar sobre ellas.

 

-         Santo Dios!, que chico mas imbécil.

 

-         Ahora hablas sola Candy?

 

-         Albert!, ¿pero que haces aquí?

 

-         Bueno, creo que tu y yo tenemos una platica pendiente, la noche comienza y esta cálida, que te parece si cenamos y caminos un rato después.

 

-         Me parece buena idea.

 

Así ambos llegan a su apartamento y salen luego a caminar al parque cercano. La noche es bellísima, el cielo despejado y las estrellas brillan con todo su esplendor, una luna llena ilumina la banca donde ellos se sientan.

 

-         Candy, hace tiempo que he querido hablar contigo, decirte en realidad lo que siento.

 

-         Sssshhhh... no digas nada Albert, todo esta claro para mí.

 

-         Déjame terminar, prometo escucharte en cuanto yo termine.

 

-         Te escucho.

 

-         Desde el día que te vi en el hospital, por alguna extraña razón, mi corazón empezó a latir de forma distinta, me había negado a escucharlo, tu amabas a Terry y sabía que decírtelo podría costarme tu amistad, no podía, no podía hacerlo, necesitaba ver tu sonrisa todos los días, tus hermosos ojos que representan esperanza, vida. Todo eso aunado a mi frustración por no saber quien soy, me habían hecho reflexionar, así que decidí ignorar a mi corazón, sufrí, no sabes cuanto sufrí aquel día que partiste a Nueva York, pensé que jamás regresarías, así que había decidido alejarme definitivamente de ti, pero de algún modo, en mi interior sentía que no debía irme, que tu regresarías de nuevo, cuando Stear llamó avisándome de tu desmayo, fue como si yo mismo estuviera enfermo, agonizaba contigo, si tu hubieses muerto, en ese instante yo lo habría hecho también.

 

-         Albert...

 

-         Hice cuanto pude porque te recuperaras, pero mis esperanzas se esfumaban junto a tus pocas ganas de vivir. Cuándo más desesperado estaba, reaccionaste, en ese momento supe que la vida me daba una oportunidad para luchar por tu amor, no sabía a ciencia cierta que había pasado entre ustedes, pero sí tenía la certeza de que era mi oportunidad, he tratado de hacerte recuperar tu sonrisa, creo que lo he logrado, pero hay algo que necesito saber antes de seguir, dime, ¿Qué sientes por Terry?.

 

-         ¿Qué siento por Terry?, Oh Albert, si me hubieses preguntado esto hace tiempo podría haber jurado que lo seguía amando, pero no es así, mi corazón tiene un cariño muy especial por el, pero en mi mente su recuerdo es solo eso, un bello recuerdo de mi adolescencia, ahora sé que no lo amo, he estado pensando en esto durante mucho tiempo, estoy convencida que yo lo amé, pero no como se debe amar a una persona, de haberlo hecho, no lo habría dejado en esas escaleras, fue muy doloroso, pero nuestro destino no era el estar juntos, analizando todo lo ocurrido, me doy cuenta que nuestro destino no era el estar juntos, hubo demasiados obstáculos, demasiados.

 

-         Candy, gracias por ser tan sincera.

 

-         Entre tu y yo nunca ha habido secretos y nunca los habrá, ¿qué es lo que ibas a decirme?

 

-         Es verdad, aún no termino, sé que no estoy en condiciones para hacer esto, incluso ahora mismo siento temor de decirlo, pero tengo miedo de no recuperar mi memoria jamás, y si así fuera, estaría perdiendo demasiado tiempo – el se levantó y se colocó detrás de ella, su mirada dirigida al firmamento – no tienes que responderme ahora, puedes tomarte el tiempo necesario y cualquiera que sea tu respuesta, la aceptaré.

 

-         Albert, me estas poniendo nerviosa.

 

-         Candy, ¿aceptarías casarte conmigo?

 

-         ¿Cómo?

 

Ella se incorporó súbitamente, no esperaba esa petición, ni siquiera la había contemplado, si bien era cierto que amaba a ese hermoso chico de rubios cabellos y ojos azul cielo, también era cierto que tenía miedo. La vida la había separado del ser amado en dos ocasiones, temía que sucediera nuevamente.

 

-         Sé que es demasiado pronto, que no tengo un pasado, ni tampoco un apellido real, pero te amo, es mi única verdad.

 

-         Oh Albert, no sé que responderte en estos momentos, dame un poco de tiempo, por favor.

 

-         Por supuesto que sí, será como tu digas.

 

Él le abrazaba tiernamente, mientras depositaba un tierno beso en sus labios, la alegría que esa pareja irradiaba podía sentirla cualquier transeúnte.

 

רררררר

 

 

En ese mismo instante, en una estación de tren, dos viejos amigos volvían a encontrarse, el destino quizá, la casualidad dirían otros. Ninguno de los dos sospechaban tal situación, pero sucedió.

 

-         Disculpe, no lo vi– decía un apenado Terry, quien tras chocar con aquél joven había provocado que su equipaje saliera disparado, lo mismo que sus lentes y gorra.

 

-         Oh no se preocupe estoy bien – aceptaba el joven mientras con ayuda del actor recogía sus pertenencias, luego ambos se incorporaron – Terry, eres Terry verdad?

 

-         ¿Nos conocemos?

 

-         Tan pronto has olvidado a los amigos del colegio. Quién lo diría.

 

-         Stear, ¿en verdad eres tu?

 

-         Claro que sí.

 

Ambos se dieron un fuerte abrazo.

 

-         Dime, ¿qué haces en Nueva York?, te hacía en Chicago con tu familia.

 

-         En realidad, he dejado mi familia.

 

-         ¿Porqué?

 

-         Porque necesito encontrar mi camino, probarme a mi mismo que puedo ser alguien más que un miembro de la familia Andrew.

 

-         Me alegro por ti, de verdad.

 

-         Y tu?, ¿qué me cuentas de ti?

 

-         No gran cosa, soy un actor con una carrera prometedora, siempre y cuando no la descuide, además de eso, creo que no soy gran cosa.

 

-         Lo dices por Candy.

 

-         Lo sabes?, no me sorprende, supongo que tu estuviste a su lado, ¿cómo esta?

 

-         ¿De verdad quieres saberlo?

 

-         Sí, por favor.

 

-         Te invito un café.

 

-         Tengo una mejor idea, vayamos a mi apartamento.

 

 

Ambos chicos se dirigieron al edificio que el joven actor habitaba, Stear llegaba apenas a Nueva York, luego de que el tren en el que viajaba tuviera un retraso considerable por un problema en las vías.

 

-         Dime, ¿qué hacías en la estación?

 

-         Fui a despedir a mi madre.

 

-         ¿Tu madre?

 

-         Sí.

 

-         Pero que tus padres no viven en Inglaterra?

 

-         Sólo mi padre, mi madre vive en América, toda la vida ha vivido aquí.

 

-         La conozco?

 

-         Si, supongo que sí.

 

-         Dime quien es.

 

-         Es una larga historia, luego te la contaré, ahora si dime, ¿cómo está ella?

 

-         La verdad es que esta bien, bastante recuperada, después de su rompimiento creí que no se levantaría, pero lo ha hecho, no sabes de que forma. No sé si sea lo correcto, pero te lo diré, ella ha encontrado una nueva razón de vivir, alguien que la apoya, le da fortaleza, y sin exagerar, daría su vida por ella.

 

El rostro de Terry se transformo, su semblante palideció, apretó los puños con fuerza, no podía aceptar las palabras que escuchaba, era mentira, tenía que serlo.

 

-         Sé que no debe ser fácil para ti escuchar esto, pero tienes que saberlo, para que el día de mañana no te tome por sorpresa, ella tiene ese derecho.

 

-         Supongo que sí, pero ha pasado tan poco tiempo, aun duele su ausencia, sé que esto tenia que ocurrir, lo sé, pero mi corazón no puede aceptarlo, no ahora que las cosas han cambiado.

 

-         ¿De qué hablas?

 

-         ¿Sabes los motivos por los cuales rompimos?

 

-         .. Stear negó con la cabeza, pues nunca se había atrevido a preguntarle abiertamente esto a Candy.

 

-         Creo que tendré que contarte la historia, quizá sea tiempo de volver a confiar en alguien más.

 

 

La noche fue demasiado larga, Terry detalló a Stear todo lo ocurrido en aquella época, desde su regreso a Estados Unidos, hasta el día en que perdió la mitad de su ser en aquellas escaleras de hospital, a ratos, su vista se nublaba por las lágrimas, mismas que escaparon en varias ocasiones. Él joven de anteojos escuchaba atentamente, a ratos sorprendiéndose a ratos compadeciendo al joven actor.

 

-         Es por eso, que rompí mi compromiso matrimonial. La decepción de haber aceptado el chantaje y descubrir lo que había detrás de todo al final, me han dado la peor lección de mi vida.

 

-         Se a lo que te refieres, pero la vida suele ponernos pruebas difíciles que debemos superar, algunas veces perdemos, otras más, ganamos.

 

-         Si, pero hay quienes siempre perdemos.

 

-         Yo no pienso igual que tu, será porque no he tenido una vida como la tuya, más sin embargo, creo que la vida te ha sonreído hasta hoy, mírate, eres un gran actor, has amado y te han correspondido, la perdiste, cierto, pero lo vivido junto a ella esta dentro de ti.

 

-         Si, quizá tengas razón, pero tu no puedes quejarte, te va bien.

 

-         No creas, hay una dulce chica que me ama, pero no puedo corresponderle del mismo modo, la quiero, muchísimo, pero no de la forma en que se ama, el cariño y el amor son cosas totalmente distintas.

 

-         Te entiendo, ¿quién es la otra chica?

 

-         No te entiendo Terry.

 

-         Vamos Stear, sé que hay otra chica, lo veo en tus ojos.

 

-         No tiene caso hablar de eso, ella no lo sabe, no debe saberlo.

 

El actor calló, durante algunos minutos ambos se hundieron en sus propios pensamientos, peleando con sus propios demonios, el joven inventor pensando y recordando una dulce promesa, el actor tomando decisiones.

 

La noche siguió su curso, la conversación giro hacia otro lado, pues decir abiertamente la verdad, no los llevaría a ningún lado, además, quizá ya era hora de que ambos cerraran páginas en sus vidas, dando paso a una nueva historia.

 

 

רררררר

 

Era una preciosa mañana, el mes de Mayo daba inicio, la primavera podía sentirse en el aire, el canto de los pájaros era una dulce melodía que deleitaba los sentidos. Hacía tiempo que tenía una conversación pendiente con su amiga, debería apresurase o llegaría tarde, como de costumbre.

 

El reloj apenas marcaba las 10:00, una joven morena, de cabello corto castaño, esperaba con impaciencia, llevaba media hora esperando, pero sabiendo su manía por los retrasos, decidió calmarse.

 

-         Candy, pensé que no vendrías.

 

-         Perdona Patty, anoche llegue exhausta del hospital. Pero aquí estoy.

 

-         Has recibido noticias de Stear?

 

-         Oh si Patty, al parecer aun no decide que hacer, porque?, acaso a ti no te ha escrito?

 

-         No, si lo ha hecho, pero son tan frías sus cartas, yo lo amo Candy, pero al parecer el no siente lo mismo por mi.

 

-         No digas esas cosas, estoy segura que el también te ama, solo dale tiempo para encontrar su camino, debe ser eso.

 

-         Tu crees?

 

-         Claro que sí.

 

De este modo la conversación entre las dos amigas siguió tocando otros temas, entre ellos, el hecho de sentir amar a Albert y haber dejado su pasado amoroso con Terry, las dudas que la atacaban y un sin fin de cosas más. La mañana transcurrió rápidamente, así que las amigas se despidieron para realizar sus cosas.

 

Como la rubia tenía su día libre, había planeado arreglar el departamento y prepararle algo rico a Albert, meditaba en el camino las razones que tendría su amigo Stear para haber cambiado con Patty, no encontró ninguna respuesta, por lo que se concentro en las compras que realizaría para la cena.

 

 

רררררר

 

 

Mientras tanto, las cosas para Albert no iban del todo bien, ese día había tenido uno de los más fuertes dolores de cabeza, que lo había desmayado, en el zoológico se preocuparon y lo llevaron al hospital St. Joseph, donde luego de que lo revisaron le recomendaron ir a casa a descansar. Así pues, él se dirigió al departamento, encontrando a una muy hacendosa rubia entretenida limpiando encima de una silla los candelabros mientras tarareaba una canción, sin pensárselo dos veces, se acerco donde ella y con un simple “buh”, basto para hacerla perder el equilibrio, cayendo graciosamente en los brazos del rubio.

 

-         Oye, si para tenerte en mis brazos debo hacer este tipo de apariciones, me lo hubieses dicho antes.

 

-         Albert, que susto que me diste, no te esperaba tan temprano, te pasa algo?

 

-         Bueno, en realidad tenía ganas de estar contigo y pedí permiso – diciendo esto la depositó en el suelo al tiempo que la abrazaba.

 

-         Esa es una mentira Albert, lo sabes bien.

 

-         No, siempre tengo ganas de estar contigo, lo sabes. En cuanto a lo del permiso, pues no fue un permiso precisamente, me sentí un poco mal y me enviaron a descansar.

 

-         Que sucedió?

 

-         El dolor de cabeza se acrecentó muchísimo y me hizo desmayar.

 

-         Vamos, te acompaño a tu cuarto a que descanses.

 

-         Pero Candy, quiero estar contigo.

 

-         Nada de peros, te acuestas un rato mientras termino el quehacer.

 

-         Pero yo te puedo ayudar.

 

-         No, dije que a descansar.

 

Ella prácticamente lo arrastró a la habitación, donde el se despojo de la chaqueta del trabajo y se acerco a la cama. Ahí, al borde de la misma él seguía rehusándose para descansar, así que empezaron a juguetear, en una de esas perdieron el equilibrio cayendo ambos sobre la cama, él quedó sobre la chica y el rubor cubrió las mejillas de ambos, la situación era bastante embarazosa, el embrujo de sus ojos azules habían envuelto a la rubia, perdiéndose en ellos, mientras que Albert se acercaba a sus labios.....

 

 

 

Regresar

 

 

Nota de la autora:

Este capítulo  lo dedico con sumo cariño a mi amiga Maryluz.. a quien extraño y quiero mucho.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1