Siempre Unidos
Por: Lily Ramírez.

Capítulo II
“Sanando
heridas”
Luego de aquella noche en el parque ambos habían regresado en
silencio al departamento, ella apoyaba su cabeza en el brazo de él mientras se
aferraba al mismo con ambas manos.
-
Que bien se siente estar así.
-
Es cierto Candy, se siente muy bien
– respondió mientras dirigía una tierna sonrisa a la chica.
-
Dime Albert, aún no has recordado
nada de tu pasado.
-
No, no he vuelto a recordar nada,
¿tiene eso mucha importancia para ti pequeña?
-
No, en realidad no tiene
importancia, pues estas vivo y tu esencia es la misma con o sin memoria.
Ambos volvieron a quedar en silencio, entraron al departamento,
se despidieron como de costumbre y se fueron a descansar a sus respectivas
habitaciones. Era la primera vez que ella conciliaba el sueño sin que algo la
perturbara, dormía tranquilamente, en su sueño, el príncipe de la colina la
llamaba desde lo alto, ella corría a sus brazos y el la recibía tan
cálidamente.
En su cuarto, Albert dormía placenteramente, de pronto...
-
Puppé, ven aquí.. aaaahhh – Albert
gritaba y de repente cayó al suelo.
Ella llegó rápidamente a ver que le había sucedido y se
sorprendió al verlo tirado en el piso, lo primero que hizo fue verificar su
pulso, al ver que solo se había tratado de un desmayo le acomodo un cojín bajo
la cabeza y corrió a buscar su botiquín de primeros auxilios. Albert volvía en
sí mientras que mil imágenes acudían a su cabeza, lo aturdían y sentía que la
cabeza le iba a estallar.
-
Tranquilo Albert, aquí estoy – le
decía ella una y otra vez mientras le tomaba la mano y acariciaba sus mejillas.
-
Lo siento pequeña, no quise
asustarte, ah!, me duele muchísimo la cabeza.
-
¿Qué fue lo que te pasó?
-
Creo que los recuerdos llegaron, pero fueron demasiados y tan rápidos que
no pude retenerlos en mi memoria, recuerdo un tren y una explosión, y...
-
No te esfuerces en recordarlo, creo
que esto es el primer paso, esperemos que el tiempo haga lo demás, vamos, recuéstate
de nuevo.
Así él volvió a quedarse dormido mientras era ella ahora quien
velaba su sueño y de vez en vez pasaba su mano sobre la frente del rubio para
ver sino tenía fiebre, pero todo estaba normal, así pasó el resto de la noche,
sin cambio alguno.
Los días seguían pasando y en el hospital las cosas seguían
igual, Albert aún tenía su empleo y los chicos seguían frecuentándolos muy a
menudo, realizaban pic-nics, iban a comer helados, cosa que a Candy fascinaba,
poco a poco ella iba superando su dolor, al menos eso parecía, debido a esto
sus amigos supusieron que lo que hubiese pasado entre ella y Terry ya se habría
arreglado, pues ella volvía a sonreir y sus ojos dejaban ver un brillo un tanto
especial. Cierto día llegaron Patty, Archie y Annie al hospital a visitarla,
Stear no había ido por quedarse con la tía abuela a petición de la misma, ella
se alegró por el detalle pero a la vez se extrañó, una vez que llegó con ellos
las chicas le dijeron que cerrara los ojos.
-
¿De que se trata chicos?
-
Es una sorpresa Candy – decía Annie
alegremente.
-
Listo Candy, abre los ojos – decía
Patty muy emocionada, al tiempo que entregaba a Candy un periódico.
-
Pero, ¿qué es esto?
-
Léelo, habla sobre Terry y de cómo
ha triunfado en la obra de Romeo y Julieta, felicitaciones Candy, tu novio es
un gran actor – Annie hablaba tan alegremente que pasó desapercibido el momento
en que su amiga veía el periódico mientras que su vista se nublaba.
Candy empezó a llorar y ellos la miraban extrañados, al mismo
tiempo no entendían su cambio de actitud.
-
Pero Candy, no debes llorar, todo lo
contrario deberías estar feliz de que él este logrando esto, piensa que a tu
novio no le gustaría verte así – decía Patty.
-
Él ya no es mi novio, Terry y yo,
rompimos, terminamos hace mucho tiempo.
Todos estaban sorprendidos con la noticia, Archie lo primero que
hizo fue enojarse contra Terry a quien había logrado aceptar como el amor de
Candy, pero ahora esto, él no se la merecía, mucho menos merecía ella ponerse
así por un tipo como él, pero no era el momento adecuado para decirlo, la tomo
en sus brazos y la consolaba.
-
Ahora entiendo muchas cosas Candy,
tu mirada triste, tus pocos ánimos para salir, lamento mucho todo esto.
-
No, no se preocupen por mí chicos,
yo estoy bien – decía mientras intentaba dibujar una sonrisa y secaba sus
lágrimas.
-
No finjas Candy, no con nosotros,
sabemos que esto no debe ser sencillo y mucho menos si lo has estado llevando
tu sola.
-
No Archie en verdad, ya estoy bien,
si me disculpan debo continuar con mis obligaciones sino Mary Jean me retará,
nos vemos luego.
Salió corriendo y entro al hospital, ellos se habían quedado sin
habla, Annie rompió en llanto y Patty hizo lo mismo, Archie se cruzó de brazos
y maldecía a Terry internamente por todo el dolor que le había causado a la
pequeña pecosa, al reaccionar vio como ambas chicas lloraban y fue donde ellas
para consolarlas.
Pasaron varios días más y ellos no volvieron a tocar el tema, no
querían reabrirle la herida a su amiga, Archie se lo había comunicado a Stear
quien no se sorprendió con la noticia, luego le contó a su hermano como fue que
realmente había enfermado Candy, oculto los motivos por los que el estaba en el
andén ese día y debido al enojo que aún sentía Archie pasó por alto ese
detalle.
Cierto día que Candy regresaba a su departamento vio como a lo
lejos unos chicos molestaban a otro, intentaban asaltarlo y él parecía
demasiado asustado, aparte ya le habían propinado varios golpes, ¡Neil!
Reconoció enseguida al chico, decidida llegó a ellos y les habló duramente.
-
Dos contra uno, no les parece que es
demasiado ventajoso.
-
Vaya, vaya, así que te crees muy
ruda eh, anda muñequita, lárgate de aquí sino quieres completar el cuarteto –
decía con voz ronca uno de los delincuentes.
-
Ja! Así que creen que es muy fácil
pegarle a una chica como yo.
-
Candy – fue lo único que dijo Neil
al darse cuenta quien era la chica que lo estaba ayudando.
-
Mira preciosa, contigo luego nos
divertiremos, empieza si quieres dándome un besito – decía el segundo mientras
intentaba agarrarla.
Ella hábilmente se libró de él dándole un par de golpes al otro
tipo, salto como cual felino en su territorio y logró vencer a los chicos
quienes salieron huyendo del lugar amenazándola con que la volverían a
encontrar y que entonces las cosas no serían igual, ella volteó a verlo y le
ofreció la mano para que se levantara, él la acepto y al estar de pie, cual
niño engreído que era le dijo:
-
Si crees que te voy a agradecer por
lo que acabas de hacer ni lo pienses, yo tenía la situación bajo control, no
necesitaba de ti – dándose la media vuelta se alejo de ahí.
-
Si claro, como tu digas, que chico
tan raro – se decía al tiempo que emprendía el camino a su departamento.
Una vez que llegó le contó lo sucedido a Albert quien ya la
esperaba con la cena lista.
-
Que gente tan rara son los Leagan,
dime, ¿porque te odian tanto?
-
La verdad ni yo lo sé.
-
Si que es raro este mundo, eh, pero
anda, ven a cenar que sino se enfría.
-
Si ya voy, sólo me lavo las manos.
Pasaron el resto de la cena comentando su día y se fueron a
dormir. Los días que siguieron al incidente fueron realmente muy extenuantes
para Candy ya que el hospital estaba saturado de gente, cierta noche en la que
ella salía cansadísima fue interceptada por un chico, ella se asustó pero al
reconocerlo respiro aliviada.
-
Stear, ¿que haces por aquí?
-
Hola Candy, sabes, lo pensé mucho
antes de venir a verte pero aquí estoy.
-
Y se puede saber para que, acaso
tuviste problemas con Patty y quieres que la haga de tu mensajera.
-
Caminemos y así te contare, pero no
se trata de nada de eso – le ofrecía su brazo para acompañarla el cual ella
acepto gustosa.
-
Vengo a despedirme Candy.
-
¿Cómo?, no te entiendo Stear.
-
Me voy, me enlistaré para servir a
mi país en el frente de guerra.
-
No has desistido de esa idea, ¿cierto?
-
No Candy, nada me hará desistir.
-
Ven, sentémonos en esa banca y
hablaremos.
-
Esta bien, pero no creo que lo digas
me haga cambiar de parecer.
Ella inició su conversación preguntándole el motivo por el cual
estaba ese día en la estación, él le respondió que estaba a punto de abordar el
tren que lo conduciría a Nueva York, pero al verla se había quedado, pero que
ahora que la veía bien nuevamente ya no tenía motivos para retrasar ese viaje,
la chica lloraba al recordar esos momentos, pero sus lágrimas eran más por la
tristeza de saber que su amigo de la infancia pensaba dejarlos, emprendiendo un
viaje por demás peligroso y para ella innecesario, prosiguió hablando y
diciéndole muchísimas razones por las cuales el no debía ir, él escuchaba
atentamente cada uno de sus argumentos, finalizaron después de llegar a un
acuerdo, él la llevo a su departamento en un carruaje, mismo que lo esperaba
para llevarlo a la mansión de los Andrew.
-
Buenas noches Candy, descansa y no
te preocupes más tendré todos los cuidados que me has dicho y pensaré
seriamente en tu proposición, es lo único que te puedo garantizar – decía Stear
mientras depositaba un tierno beso en su frente.
-
Para mi eso es suficiente, cuídate,
prométemelo.
-
Es una promesa.
רררררר
Eran las 11 a.m. y en el hospital se había presentado una
emergencia, todo era correr en los pasillos de un lado a otro. La prensa había
invadido el hospital y las enfermeras no sabían como hacerles entender que no
debían estar ahí. En la sala de operaciones la esposa de un reconocido bancario
luchaba entre la vida y la muerte, su auto había sido embestido por un
conductor que manejaba en estado de ebriedad, lo que le había provocado severas
contusiones, fracturas pero lo más grave era una hemorragia interna que parecía
no ceder, había sido ayudada por un chico que también había sufrido del
percance, pues el auto de la dama había empujado al de él, lo cual en parte
sirvió para detenerlo, el joven se había golpeado la cabeza pero nada de
seriedad, al menos aparente.
Las horas avanzaban, en el quirófano los médicos y las
enfermeras continuaban su labor, el Sr. Wallace había llegado presuroso al
enterarse de lo sucedido a su esposa, le contaron lo sucedido y se dirigió
donde estaba el chico que le había auxiliado.
-
Muchísimas gracias joven, no se como
agradecerle.
-
No tiene nada que agradecer, sólo
espero que haya servido mi ayuda.
-
Yo también lo espero caballero, su
nombre es?
-
Alistear Cornwell
-
De la familia Andrew supongo.
-
Así es señor.
-
Y usted ya fue revisado.
-
No aun no, otras personas resultaron
con lesiones mayores y estoy esperando mi turno.
-
La espera es muy dura.
-
No se preocupe señor una amiga mía
es enfermera y una de las mejores ella está dentro con su esposa, le aseguro
que todo saldrá bien.
-
Que así sea joven.
Stear fue llevado a un consultorio, le realizaron varios
exámenes sencillos para verificar su estado y afortunadamente todo salió bien,
él miraba con asombro y admiración como trabajaban arduamente los médicos y
enfermeras por los pacientes. Regresó a la sala de espera para acompañar al Sr.
Wallace. Pasaron varios minutos más cuando un doctor salió del quirófano y
preguntaba por los parientes de la señora.
-
Dígame doctor, soy su esposo.
-
La operación ha sido un éxito,
logramos detener la hemorragia interna y ahora solo queda esperar, se mantendrá
en observación 48 horas y veremos su
evolución.
-
¿Quiere decir que ella se
recuperará?
-
El peligro no ha pasado, le soy
franco, aunque la operación salió bien falta esperar que reaccione, estará en
el área de Terapia Intensiva.
-
Entiendo doctor, gracias, puedo
verla.
-
No por el momento, ella esta bajo
los efectos de la anestesia y habrá que esperar, con permiso, cualquier cambio
nosotros se lo informaremos.
El doctor se retiro y fue cuando Stear se acerco al señor, había
escuchado todo lo que dijo el galeno.
-
¿Necesita algo más señor?
-
No Sr. Cornwell, muchas gracias.
-
Stear.
-
¿Cómo?
-
Mis amigos me llaman Stear.
-
Gracias Stear, pero por el momento
lo único que queda es esperar.
-
Muy bien señor, voy por un café, ¿gusta
que le traiga uno?
-
No, mejor te acompaño por el.
Ambos se dirigieron a la cafetería del hospital donde
conversaron un largo rato.
רררררר
Era un hermoso día, Candy terminaba su turno a las 2 de la tarde
por haber cubierto horas extras durante los días pasados, caminaba rumbo a un
supermercado, al llegar entró y se dispuso a realizar sus compras.
-
Estas están perfectas, a Albert le
encantan las manzanas, por allá hay naranjas, que más hay, veamos – pensaba
mientras escogía la fruta.
-
Señorita, si desea algo y no lo ve
pregúntenme por favor – decía un apuesto mozo del super.
-
Gracias, lo tendré en cuenta.
Todo lo que necesitaba lo llevaba en un par de bolsas, iba
caminando por el parque, pensaba mil y un formas de prepararle la cena a Albert,
quería darle la sorpresa pues ambos habían tenido trabajo últimamente y apenas
y habían conversado de sus cosas, siempre el trabajo. Pero esta vez sería
diferente, estaba en medio del parque cuando de pronto...
-
Cuidado señorita – le gritaba un
hombre.
-
Pero, ¿qué?
-
Cuidado Candy.
Un rasguño fue recibido en el brazo de Albert, Candy gritaba
asustada, pero él la tranquilizaba con la mirada y le pedía que guardara
silencio, que todo estaba en orden.
-
Vamos amigo, no te haremos daño – le
decía a la fiera mirándolo fijamente a los ojos.
-
Vamos, acércate, déjame tocarte – el
animal seguí lanzando gruñidos mientras una asombrada y asustada Candy
contemplaban la escena, lo mismo que los encargados del zoológico de donde
había escapado el león.
-
Eso esta mucho mejor, tranquilo
muchacho, vamos, un poco más, aquí, bien, tienes hambre, estas enfermo, dime,
que puedo hacer por ti – a cada palabra daba un paso hacia la fiera.
-
Listo, ya ves, no te haremos daño,
vamos, sígueme.
Todos seguían con la vista al joven de rubios cabellos quien
guiaba al ahora manso animalito hacía su jaula, luego de haber pasado unos
minutos con el mismo y de haberse identificado, era increíble la hazaña del
chico, todos lo felicitaban a su paso pero el se fue directo a la chica que
continuaba muda.
-
¿Estas bien?, Candy, responde, ¿te
ocurrió algo?, reacciona pequeña.
-
Oh Albert!!, me asuste mucho –
sollozaba mientras se refugiaba en el pecho de él.
-
Lo sé pequeña, pero ya todo esta
bien.
-
Gracias Albert, siempre estas cuando
te necesito.
-
Y siempre lo estaré.
-
Oh Dios, estas herido, vamos a casa
para limpiar esa herida.
-
No fue nada, sólo una caricia.
-
Si pero si esa caricia no se cura
puede infectarse.
-
Esta bien tu eres la enfermera así
que yo obedezco – dijo esbozando una sonrisa lo cual hizo que ella sólo
hundiera su cabeza contra su pecho.
-
Un momento joven, en agradecimiento
a su ayuda queremos ofrecerle un puesto que hay vacante en el zoológico, claro,
si es que usted quisiera – le decía uno de los hombres que llevaría al león a
su hogar.
-
No lo sé, yo realmente no se si seré
capaz de hacerlo.
-
Vamos Albert, tu trabajaste en el
Blue River allá en Londres, seguro que eso te ayuda a recuperar tu memoria – le
animaba la chica.
-
Esta bien, pasaré a visitarlos y
hablaremos con más calma, ¿les parece?, ahora debo llevar a la señorita a casa.
-
Esta bien, su nombre es...
-
Albert White . se adelanto ella a
contestar.
-
Muy bien señor White, lo esperaremos
con los brazos abiertos, linda novia la suya eh – decía el hombre mientras se
dirigía a la camioneta.
Ellos se quedaron viendo entre sí mientras un rubor teñía sus
mejillas, para luego terminar riendo.
-
Ahora resulta que soy tu novia –
dijo al fin ella volviendo a reir.
-
No sería mala idea – dijo él pero en
un tono más serio, lo que a ella la hizo sentir algo extraño en su interior, un
calor que la hizo ruborizarse al máximo, lo cual no paso desapercibido por el
joven.
-
Es broma Candy – dijo él haciendo
que ella se turbara, la tomo de la mano y la dirigió a donde habían quedado las
bolas tiradas luego del susto.
Él notó como ella se había perturbado ante su comentario y
también como había vuelto a ser la misma con él, por primera vez le había
abierto su corazón un poco, esperando que ella captara el mensaje de lo que en
él había nacido, el amor.
Llegaron al departamento y ella le curó la herida, no era muy
profunda pero si había que limpiarla diariamente para evitar infecciones,
prepararon la cena entre ambos y se pasaron un agradable rato, ya había
avanzado la noche cuando ella se había quedado dormida en el sofá, él
suavemente la tomo en brazos y la depositó en su cama. La cobijo y quito rizos
de su frente, la cual beso tiernamente. Ella estaba tranquila, antes de que él
abandonara la habitación alcanzo a escuchar como ella mencionaba su nombre entre
sueños.
No tiene real medida
Lo que siento por ti
No importa el mundo
Tan solo por oir
Tu voz.. oh tu voz
Y esas dulces notas de mujer.
Perdido en los detalles que dibujan tu rostro
Y tus bellos ojos
Y el perfume suave de...
tu piel
Es tu piel
Pasión salvaje, fuego, sal y miel.
Por ti
Y lo que dan los tus labios
Por ti
Me importa cada amanecer
Por ti
Por ti
Daría hasta la vida amor
Por ti
Que ni la muerte será el fin
Que este cuerpo y esta vida
No son suficientes
Para ti
Por ti
Y como eres por dentro
Por ti
Me importa cada amanecer
Por ti
Daría hasta la vida amor
Albert había pasado parte de
la noche dando vueltas al mismo asunto, su memoria no regresaba y el necesitaba
confesarle a ella lo que sentía, no sabía a ciencia cierta lo que ella aún
sentía por Terry pero lucharía por ganarse su corazón y sanar de una vez y para
siempre la inmensa herida que en un día de frío intenso se abriera en su
corazón. Y aunque en un principio el recuperar o no la memoria había pasado en segundo
término, ahora su perspectiva era diferente, una y otra vez se preguntaba quien
era él, que podía ofrecerle a una chica
como ella, tan dulce y gentil, tan fuerte y tan frágil.
-
Candy, si supiera como hacer para
recobrar mi pasado lo haría, sólo por ofrecerte algo real, que te pertenezca
sólo a ti. Porque me he enamorado de ti y no deseo perderte nunca, eres mi
mundo, mi luz – con estos pensamientos logró conciliar el sueño.
Eran las 10 de la mañana, nada temprano, pero Candy ya estaba de
pie, era su día libre y quería ver de que forma lo pasaría, seguramente Albert
ya se habría ido, pero aún así quiso cerciorarse, toco despacio sin obtener
respuesta, por lo que abrió la puerta sin pensarlo, sus hermosos ojos se
abrieron enormemente al encontrar dormido al rubio, yacía en la cama con el
torso completamente desnudo, sólo usaba unos pantaloncillos, debido al calor
que ya se sentía en esas fechas el optaba por dormir así, ella lo miraba
embelesada, contemplando su cuerpo palmo a palmo mientras sentía una sensación
cálida que recorría su espina dorsal, él dormía boca arriba, sus cabellos
esparcidos en desorden sobre su almohada ambos brazos a los lados.
-
Que bien se siente que esos fuertes
brazos me sostengan – fue el pensamiento de ella mientras el rubor teñía sus
mejillas.
-
Dios mío, que cosas estoy pensando,
vamos Candy, no seas tonta, es Albert, tu amigo de siempre – movió su cabeza
para tratar de despejar los pensamientos y hecho esto se dirigió hasta el
chico.
-
Albert, Albert .. te encuentras
bien.
-
Mhm – fue lo único que escucho por
parte de él.
-
Vamos, te invito a almorzar.
-
Si señor, en un rato termino y sigo
con lo demás.
-
... – ella solo emitía una risita al
escucharlo hablar dormido, mientras salía de la habitación.
-
Candy, no te vayas, quédate conmigo
Ella volteó lentamente para
cerciorarse que el continuaba dormido, grande fue su sorpresa al encontrarse
con ese azul intenso que últimamente la inquietaba tanto. Él por su parte la
veía fijamente, sonriéndole a la vez y estirando su mano ofreciéndosela a ella.
Candy estaba como hipnotizada, se dirigió hasta la cama y tomo
la mano que le ofrecían, él la atrajo hacía sí mismo y la abrazo fuertemente,
hundía su cabello en la rizada y rubia cabellera. Era un momento mágico, tan
anhelado por él, ella sólo acertaba a acariciarle el cabello.
-
Candy, no sabes como te quiero –
pensaba él.
-
Albert, que es lo que me sucede –
pensaba para sus adentro.
-
Ah!!!
-
¿Qué te pasa Albert?
-
Mi cabeza.... Aaaaaahhhhh!!!!!
-
Recuéstate Albert, iré por algo.
Esos dolores de cabeza cada
vez eran más frecuentes, por lo que a ella le había preocupado, así que sin
preguntarle lo llevó al hospital para que lo revisara el médico que lo había
recibido cuando recién ingreso en el hospital. El médico los recibió media hora
después, extrañado de ver a la joven ahí, pues era su día libre y no había
motivo por el cual ella debería estar en su lugar de trabajo. Albert entró en
el consultorio mientras que ella se quedaba en la sala de espera, los minutos
pasaban y ella empezaba a inquietarse, pues le parecía eterno, dentro del
consultorio el rubio no la pasaba mejor que ella.
-
Dígame Sr. Albert, ¿qué es
lo que recuerda?
-
No lo sé con exactitud,
recuerdo personas, lugares, nombres, pero no la relación entre ellos, recuerdo
una fuerte explosión y me veo corriendo detrás de puppé, pero luego todo se
torna confuso y los dolores de cabeza cada vez me aquejan con mayor fuerza.
-
Los dolores de cabeza en su
caso son normales, su memoria esta regresando, pero es paulatinamente, es un
buen indicio, puesto que luego de esto se puede esperar que de un momento a
otro todos su recuerdos encuentren su lugar.
-
¿Tardará mucho en ocurrir
doctor?
-
No lo sé con exactitud, la
ciencia aún no sabe mucho sobre la mente humana, no puedo darle un tiempo
preciso, estas cosas son impredecibles.
-
Lo entiendo doctor.
-
No lo veo muy animado Sr.
Albert.
-
No es eso, pero pensé que
sería pronto.
-
Lamento no poder darle una
fecha exacta, pero usted entiende.
-
Si doctor, yo lo entiendo.
Pasaron varios minutos más, el
doctor le hizo una revisión completa de su estado y le recomendó algunos
analgésicos para los dolores. Reviso su herida en el brazo y satisfecho sonrió
al ver el excelente trabajo que había realizado Candy. Salieron luego de 45
minutos, ella parecía muy preocupada, pero al verlos respiro aliviada.
-
Y bien doctor, ¿qué le
sucede a Albert?
-
Nada fuera de lo normal
Srita. Andrew, pero si le recomiendo que siga los medicamentos al pie de la
letra, no evitará los dolores pero al menos los hará más soportables. Bueno chico
te dejo en buenas manos, con permiso, eso sí, espero verlo por aquí en un mes.
-
No se preocupe doctor, yo
me encargo de que así sea – dijo la rubia mientras tomaba del brazo al chico.
Él sólo la secundó acariciando
sus manos mientras ambos se dirigían a la salida del hospital. Salieron
alegremente, sin percatarse que un par de ojos color miel los veía en la
distancia.
Llegaron al mismo restaurante
que habían visitado aquella ocasión en la que él la había invitado a cenar. Las
pláticas entre ellos solían ser muy amenas, agradables, pero de pronto ella se
quedó en silencio, pensativa. Él supuso entonces que la causa de eso tenía un
nombre.. Terry... pasaron un largo rato en ese incómodo silencio que se había
formado a su alrededor, él no quería removerle más ese sentimiento, mientras
que en su interior los celos empezaban a hacer estragos.
-
Si recuperas la memoria,
¿te iras, cierto? – fue lo primero que dijo Candy mientras sentía como un nudo
se le empezaba a formar en la garganta.
-
Pero Candy..... ¿ a que
viene eso?
-
No lo sé Albert, pero no
quisiera que me dejaras nunca, no se que haría sin ti, realmente no lo sé.
Y estallo en llanto mientras
él se aproximaba hacia ella y la tomaba en sus brazos, consolándola.
-
No pequeña, nunca me iré de
tu lado, yo tampoco sabría que hacer sin ti a mi lado, ¿por eso te has puesto
así?
-
Sí, lo siento Albert, pero
al recordar como ha sido tu vida, creí que volverías a tomarla en cuanto
recuperaras la memoria, siempre has sido un viajero y quizá decidieras volver a
ser igual.
-
No podría aunque quisiera
Candy, jamás me iría sin ti.
Fue lo último que dijo él
antes de estrecharla más contra su pecho, ambos sentían como sus corazones se
aceleraban a mil por hora con la presencia del otro. Poco a poco el lugar se
había ido quedando vacío y ellos salieron tomados de la mano, contentos de
estar así, sin saber lo que el futuro les tenía deparado.
Notas de la autora: La letra que incluí aquí es de un grupo de rock orgullosamente mexicano llamado CODA y la canción se titula POR TI.